19 marzo 1965

Nicolaeu Ceaucescu le reemplazará al frente del partido único y Chivu Stoica como nuevo Jefe de Estado

Muere el dictador comunista de Rumanía, Gheorghe Gheorghiu-Dej, que mantuvo a su país bajo la órbita de la Unión Soviética

Hechos

El 19.03.1965 falleció Gheorghe Gheorhiu-Dej, Secretario General del Partido Comunista de Rumanía y Jefe de Estado de la República Popular de Rumanía.

Lecturas

En 1952 fue la purga de Ana Pauker. 

¿DICTADURA BICÉFALA O PERSONAL?

ceaucescu_1966  Nicolae Ceaucescu, nuevo líder del Partido Comunista de Rumanía

Para sustituir al dictador fallecido se han designado a dos personas diferentes para los cargos que ocupaba Gheorghiu-Dej. Para reemplazarle como Secretario General del Partido Comunista de Rumanía ha sido designado Nicolae Ceaucescu, mientras que para reemplazarle como Jefe de Estado del país (Presidente del Consejo Supremo) ha sido designado Chivu Stoica. Tradicionalmente en los países comunistas quien detenta el poder absoluto es quien controla el partido, el tiempo dirá si el ‘tandem’ Ceaucescu-Stoica será real o una vez más, acabará siendo un Gobierno supeditado al partido único.

Ceaucescu en 1967 pasará a ser también Jefe de Estado.

20 Abril 1965

Ha fallecido el presidente de Rumanía

ABC (Director: Torcuato Luca de Tena)

Leer

Gheorghe Gheorghiu Dej supo maniobrar con sorprendente hailidad después de la muerte de José Stalin. Hasta entonces, él y su país habían sido considerados como principales sostenes del Kremlin. El personaje era secretario general del Partido Comunista, es decir, uno de los responsables de la dictadura implacable que desarrollaba Ana Pauker, de entera confianza de Stalin, a tal punto que se dice ésta podía llamar en cualquier momento, por hilo directo, al despacho del georgiano en el Kremlin. Gheorghiu Dej diría luego que no le quedaba más remedio que aullar con los lobos, para no ser sospechoso de titoísmo y correr la misma suerte trágica que el húngaor Laszlo Rajk. Pero en cuanto se sintió libre de la terrible presión staliniana cambió de repente y radicalmente de táctia. Supo aprovechar los errores cometidos por Pauker y dar al nuevo régimen un aspecto rumano, mucho menos sometido a la voluntad de Moscú que en la era anterior. No cabe duda de que rumanizando el comunismo ha sabido crear una atmósfera más aceptable para numerosos elementos que desean ante todo una atmósfera en que se pueda respirar algo más libremente. En este sentido el jefe rumano ha ido en su antiestalinismo y su oposición a la injerencia moscovita, incluso más allá que el propio Tito.

Desde hace un año, aproximadamente, Bucarest hace todo lo posible para hacerse independiente de la URSS en los asuntos económicos y culturales. Incluso se puede hablar de un continuo coqueteo con el mundo occidental – pensemos en el viaje a Francia del jefe de Gobierno Maurerr sexagenario como el presidente – y la ausencia de delegados rumanos en el reciente Congreso comunista convocado por el Kremlin, cuyo fracaso indica que la culpa de la tensión con Pekín no la tenía Kruschev, sino la China roja. Es probable que en adelante se siga hablando de Gheorghiu Dej con cierto respeto, como político de posibilidades necesariamente limitadas y de su buena voluntad por devolver a su país el carácter rumano. Incluso es posible que su inclinación hacia Pekin haya obedecido al anhelo de reincorporarse a su país la provincia de Besarabia, actuando al lado de China que, a su vez, reivindica a parte de la Siberia Oriental y de Asia Central.

El Análisis

Dej, el Stalin rumano que se creyó reformista

JF Lamata

Gheorghe Gheorghiu-Dej se marcha de este mundo dejando atrás dos décadas de manual del dictador comunista modelo soviético. Durante sus primeros años al mando de Rumanía, muchos pensaban que la verdadera jefa era Ana Pauker, la “dama roja” que ponía cara y verbo al régimen. Pero a principios de los 50, Dej supo jugar sus cartas: aprovechó el antisemitismo final de Stalin para purgar a Pauker, a Vasile Luca y a Teohari Georgescu, con lo que eliminó a todos los posibles rivales y se quedó solo en el trono. Un golpe maestro digno de cualquier manual de intrigas del bloque del Este.

La jugada fue tan buena que, cuando Jruchov inició la desestalinización tras 1953, Dej vendió la purga de Pauker como si él hubiera sido un pionero de la limpieza anti-Stalin… aunque todos sabían que había gobernado como un “pequeño Stalin” de provincias. Quienes se atrevieron a decirlo, como Iosif Chișinevschi y Miron Constantinescu, terminaron siendo los purgados de turno. Mientras tanto, los intelectuales que molestaban, como Constantin Noica o Alexandru Paleologu, acabaron con juicios y condenas ejemplares.

En sus últimos años, ya con el traje de “nacional-comunista” a medio hacer, dejó entrever cierta autonomía respecto a Moscú, algo que en aquel contexto parecía un acto de rebeldía, aunque sin llegar a las rupturas radicales de Tito o Hoxha. Y, como buen patriarca del partido, dejó designado a su heredero: Nicolae Ceaușescu, que pronto demostraría que la dictadura rumana aún tenía mucha cuerda… y poca compasión. Dej muere con la aureola de superviviente político, pero también con el título, nada oficial, de uno de los mejores expertos en purgas de los «paraisos socialistas».

J. F. Lamata