17 septiembre 2001

Su programa se emitía en la ABC de Disney desde 1997

Bill Maher es despedido como presentador en la ABC (Grupo Disney) por afirmar que los asesinos del 11-S «No eran cobardes, como sí son los que disparan misiles»

Hechos

En la emisión del programa Politically Incorrect  de la cadena ABC News de EEUU, su presentador Bill Maher, consideró que no se podía llamar ‘cobardes’ a los autores de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

Lecturas

Maher asumió el rol de presentador de «Políticamente Incorrecto» con Bill Maher , un programa nocturno de tertulias políticas que se emitió en Comedy Central de 1993 a 1997. Comedy Central es una cadena de televisión propiedad del Grupo Viacom (CBS). En 1997 finalizó su relación con Viacom y su programa pasó a hacerse en la cadena ABC, la cadena propiedad del Grupo Disney de Michael Eisner.

ABC decidió no renovar el contrato de Maher para Politically Incorrect en 2002, después de que hiciera un controvertido comentario al aire seis días después de los ataques del 11 de septiembre, el 17 de septiembre de 2001. Estuvo de acuerdo con su invitado, el comentarista conservador Dinesh D’Souza , en que los terroristas del 11 de septiembre no actuaron de manera cobarde (en refutación a la declaración del presidente Bush llamándolos cobardes). Maher dijo: «Nosotros sí hemos sido unos cobardes. Lanzar misiles de crucero a 3.200 kilómetros de distancia. Eso es cobardía. Permanecer en el avión cuando impacta contra el edificio. Digan lo que quieran al respecto. No es cobardía. Tienen razón». Maher aclaró posteriormente que su comentario no era antimilitar en absoluto, haciendo referencia a su bien documentado y prolongado apoyo al ejército estadounidense. Tras recibir quejas, FedEx y Sears retiraron sus anuncios del programa, lo que le costó importantes ingresos.

Las declaraciones de Maher tras el 11-S no fueron la primera vez que desató controversia en «Políticamente Incorrecto» . Ese mismo año, expresó su profundo arrepentimiento y se disculpó tras ser ampliamente criticado por comparar a sus perros con niños con discapacidad mental. El programa fue cancelado el 16 de junio de 2002; Sinclair Broadcast Group había retirado el programa de sus estaciones afiliadas a ABC varios meses antes. El 22 de junio de 2002, seis días después de la cancelación de » Políticamente Incorrecto» , Maher recibió el premio del presidente del Club de Prensa de Los Ángeles (por «defender la libertad de expresión»).

 

 

30 Septiembre 2001

Fin de la tregua

Luis Oz (Felipe Sahagún)

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Los ataques kamikaze contra el World Trade Center y el Pentágono tuvieron un efecto anestésico en la radio estadounidense. Durante días los programas más populares (la llamada talk radio, mezcla de tertulia y llamadas de oyentes) cogieron el fusil, eliminaron toda crítica del Gobierno y se apuntaron al patriotismo.

Han pasado ya 19 días y «la radio ha recuperado el pulso de la nación a medida que los estadounidenses vuelven a las ondas para descargar sus emociones sobre lo sucedido el 11 de septiembre», escribe desde Los Angeles para Reuters Sue Zeidler.

«La primera semana todos querían ir a la guerra», dice a la agencia británica David Lawrence, director y presentador de uno de los programas de más éxito en la CNET Radio y Online Tonight. «Ahora ya vuelven a escucharse los antibelicistas».

Hugh Hewitt, con más oyentes que Lawrence, niega que se haya censurado a los disidentes, pero reconoce que las voces críticas nunca han sonado tan estúpidas y que algunos profesionales han perdido sus empleos y sus audiencias por salirse del redil.

Se refiere, sobre todo, a Bill Maher, destituido fulminantemente como presentador del programa Politically Incorrect por provocar a sus oyentes, a la Casa Blanca y, sobre todo, a los anunciantes que lo mantenían diciendo que los secuestradores no han sido unos cobardes. «Lo cobarde sería que los EEUU lanzaran misiles crucero contra objetivos a miles de millas», dijo.

Phil Boyce, programador de la WABC neoyorquina, afirma que en muchas emisoras se han visto obligados a suspender temporalmente programas y a improvisar talk radio en directo.

Aunque va recuperándose el lenguaje vitriólico típico del género, dirigido a varones blancos conservadores, la mayoría evita toda incitación al odio. «Cuando un oyente culpa a todos los árabes de los ataques, le respondo que Bin Laden no es todos los árabes y le entrenaron los militares estadounidenses», comenta Doug Stephens, cuyo programa, Good Day, se emite en 300 importantes ciudades de EEUU.

02 Octubre 2001

El patriotismo del censor

Richard Reeves

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En la primera encuesta publicada por la compañía Gallup tras la desastrosa invasión de Cuba por la Bahía de Cochinos en 1961, se podía apreciar que el respaldo de la opinión pública estadounidense al presidente John F. Kennedy había ascendido 10 puntos porcentuales, hasta alcanzar un 83%. El entonces Comandante en Jefe contempló esas cifras -sólo desaprobaba su actuación un 5%- y dijo: «Cuanto peor lo hago, más popular soy».

No era exactamente así. Pero como el presidente Bush ha podido comprobar por sí mismo, en que la tasa de respaldo a su gestión alcanzaba un 90%, los estadounidenses nos arremolinamos alrededor de la bandera cuando las cosas empiezan a complicarse. Aún cuando creemos que, como individuos, somos ferozmente independientes, la historia demuestra nuestra decidida inclinación por el espíritu de equipo cuando los EEUU se enfrentan a alguna crisis.

En otros lugares, cuando las cosas no van bien, los ministros presentan su dimisión y a los directores generales se les despide. En Washington, tras lo que se ha considerado como un colosal fracaso de los servicios de Inteligencia, el presidente se presentó en la CIA para decirles allí mismo a sus muchachos que agradecía enormemente el gran trabajo que estaban llevando a cabo. Kennedy también lo hizo, y en público, pero después de despedir a toda aquella gente pocos meses después del fiasco de Cuba, que había sido una operación de la CIA de principio a fin.

Siempre ha sido así. Tras presenciar en Albany el desfile del Día de la Independencia de 1831, Alexis de Tocqueville, escribió: «En el normal intercurso de la vida, no hay nada más molesto que este irritante patritismo de los estadounidenses. Un extranjero también se mostraría de acuerdo y estaría muy feliz en alabar a este país, pero también exigiría tener la posibilidad de criticar algunas cosas, algo que aquí le rechazarían absolutamente».

De hecho, esta especie de regla no sólo es de aplicación a los extranjeros. Uno de los hombres más populares de la historia de este país, William Jennings Bryan, tuvo que pagar un alto precio por hacerlo. El llamado Gran Comunero, tres veces candidato a la Presidencia por el partido demócrata, presentó su dimisión como secretario de Estado del presidente Woodrow Wilson en junio de 1.915, debido a que creía que el presidente estaba planeando en secreto involucrarnos en la Gran Guerra que entonces se extendía por Europa. Inició una gira de discursos por todo el país para promover la paz y la neutralidad. Pero no consiguió acabar su campaña: insultos, maldiciones y tomatazos le obligaron a apartarse de la escena política nacional.

No es necesario que sea usted como ese gran hombre para que pueda perder su trabajo o para verse amenazado por la Casa Blanca si no cierra la boca. En esta ocasión, una de las primeras víctimas ha sido Dan Guthrie, un columnista de The Daily Courier, de Grant Pass, Oregón, que acusó al presidente Bush y a algunos de sus asesores de «esconderse en un agujero de Nebraska» inmediatamente después de que fuera derribado el World Trade Center y el Pentágono bombardeado. Por su parte, el Texas City Sun, publicó una opinión del editor, Tom Gutting, quien escribió una columna bajo el título Bush ha fracasado a la hora de liderar a Estados Unidos.

Ni siquiera la gente del espectáculo se libra del control que ejerce el patriotismo. Bill Maher, presentador de Políticamente Incorrecto, se ajustó al título de su programa al decir: «Nosotros hemos sido los cobardes, lanzando misiles crucero desde 2.000 millas de distancia». El pasado miércoles, Ari Fleischer, portavoz de la Casa Blanca, atacaba al señor Maher tanto como advertía a otros, cuando decía «Los estadounidenses […] necesitamos observar lo que dicen, observar cuanto hacen, y […] no son estos momentos para hacer comentarios de tal naturaleza; nunca es un buen momento para eso».

Nada de esto es nuevo, realmente. Somos una nación autocreada, obligada a defender su obra maestra. Ser estadounidense no depende de factores geográficos o de una cuestión de ascendencia. América es una cuestión de ideas, de rechazo de un Viejo Mundo lleno de paradigmas que entendimos que eran corruptos. De Tocqueville, un visitante procedente de ese Viejo Mundo, lo había dicho ya, también, en su diario: «Durante cincuenta años, los habitantes de los Estados Unidos han venido diciendo, repetida y constantemente, que ellos son el único pueblo religioso, iluminado y libre. Ellos … tienen una opinión de sí mismos inmensamente alta y no están lejos de llegar a creer que forman una especie aparte del resto de la raza humana».

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Richard Reeves es escritor, autor del libro «President Nixon: Alone in the White House» (Presidente Nixon: solo en la Casa Blanca).