16 noviembre 1979
Bolivia: Lydia Gueiler asume la presidencia temporalmente para restablecer el orden
Hechos
El 16.11.1979 Dña. Lydia Gueiler asumió la jefatura de Estado en Bolivia.
Lecturas
Juan Pereda fue derrocado en noviembre de 1978
Con el nombramiento por el Congreso de Lydia Gueiler como presidente de Bolivia y el alejamiento del coronel Alberto Natusch, que se hizo con el poder hace quince días, el país retorna a su siempre amenazado orden constitucional, pues no en vano es el país latinoamericano en el que se han producido más golpes de estado en los últimos 100 años.
Lydia Gueiler, diputada del MNR, presidenta de la Cámara, sucede en el Gobierno – tras el breve interregno de Natusch – a Walter Guevara Arce, designado también por el congreso, al no haber obtenido la mayoría ninguno de los candidatos que se presentaron a las elecciones de julio.
El Parlamento dio a Guevara un año de plazo – que de todos modos se mantiene para convocar nuevos comicios y dar así una salida constitucional a la crisis.
El Análisis
Desde la caída de Juan Pereda en noviembre de 1978, Bolivia ha transitado un tortuoso camino de gobiernos efímeros y golpes militares. Primero fue el general David Padilla, que asumió con la promesa de devolver la democracia mediante elecciones, abriendo un paréntesis de relativa calma. Pero la fragilidad institucional del país pronto volvió a evidenciarse. Tras los comicios de 1979, sin un resultado claro y en medio de la pugna entre el MNR de Víctor Paz Estenssoro y la izquierda de Hernán Siles Suazo, irrumpió el general Alberto Natusch Busch, quien encabezó un golpe sangriento en noviembre, dejando más de un centenar de muertos en apenas dos semanas de represión.
La dictadura de Natusch, breve y feroz, se desplomó ante la resistencia popular, sindical y universitaria, así como la falta de respaldo de amplios sectores militares. Fue en ese vacío de poder que el Congreso, presionado por la necesidad de encontrar una salida civil, designó a Lidia Gueiler Tejada como presidenta interina. Gueiler, militante histórica del MNR y figura respetada por su honestidad y temple, se convierte así en la primera mujer en gobernar Bolivia, con el encargo expreso de conducir al país hacia nuevas elecciones generales. Su presidencia, por tanto, no es el inicio de un nuevo régimen, sino un puente precario para evitar que la nación se hunda definitivamente en la espiral golpista.
El desafío es monumental: Gueiler deberá resistir la permanente injerencia de los cuarteles, recuperar la confianza de una ciudadanía traumatizada por la violencia reciente y abrir paso a un proceso electoral limpio que permita estabilizar la vida institucional. En medio de un continente marcado por dictaduras militares —de Pinochet a Videla, de Stroessner a Somoza—, Bolivia ensaya una salida distinta, depositando en una mujer civil la responsabilidad de encauzar la democracia. Su éxito o fracaso marcará no solo su destino personal, sino la posibilidad de que Bolivia rompa, al fin, con el círculo vicioso de golpes y contragolpes.
J. F. Lamata