14 agosto 1988
El Gobierno y el nuevo ministro de Interior, José Luis Corcuera, justifican que no pueden permitir que se financie el terrorismo
Carta de la hija del industrial secuestrado por ETA, Emiliano Revilla, contra el Gobierno del PSOE por dificultar el pago del rescate
Hechos
El 14 de agosto de 1988 se publicó una carta abierta de la hija de D. Emiliano Revilla.
Lecturas
CARTA ABIERTA DE LA HIJA DE EMILIANO REVILLA
La tortura en un secuestro insoportable
Estas líneas no están escritas desde la libertad. Nadie puede escribir lo que piensa cuando su propio padre lleva casi seis meses secuestrado. A pesar de no poder decir todo cuanto quisiera, sí me he comprometido conmigo misma a no decir nada que no quiera decir. Ése es mi pacto antes de redactar estas líneas. Callar todo lo que un chantaje de esta naturaleza impide manifestar, pero no decir una sola palabra que no responda a la verdad.He tomado la determinación de escribir estas líneas después de una meditada reflexión. Ya no aguantamos más. No se puede pedir a nadie que, más allá de lo humano, siga día a día, noche a noche, esperando la llegada de quien sufre privación de libertad y de quien no se tiene noticia alguna sobre su estado de salud y sobre su situación personal. Es una tortura para todos difícilmente superable. Casi medio año sin saber nada. Casi medio año con la mirada pendiente de la puerta y el oído atento al teléfono, sin que ningún amanecer, hasta ahora, haya puesto final a esta pesadilla.
Sería vano el intento de ocultar quién es el responsable directo de esta situación. Poco puedo decir por ahora de quienes tienen en su poder a mi padre. En nombre de unas ideas que no entro a calificar se practica un atentado contra los derechos humanos difícilmente superable. Hemos hecho todo cuanto se nos ha exigido. ¿Puede alguien entender a quién beneficia el prolongar más esta inhumana situación? ¿Puede ser bandera de enganche de alguna causa la dominación sobre un ser indefenso? ¿Ennoblece algún ideal un récord de humillación que ya ha conquistado su sitio en la lista de los Guinness?
Cada día que pasa, la herida se hace mayor. Cada día que pasa se destruye algo más de esta familia. Cada minuto que discurre sin que mi padre vuelva a casa se hace más firme la marca irreparable en esta historia sin sentido. Sólo un ruego: ¡basta ya! Hagan el favor de devolver a mi padre su condición de ciudadano.
Cambio de Gobierno
A Emiliano Revilla le privaron de su libertad cuando Madrid estaba poseído por el frío del invierno, en pleno corazón del mes de febrero. Nos ahogamos en los calores de agosto y seguimos sin tener ninguna noticia directa de su estado de salud, de su equilibrio emocional. ¡Medio año! en una prisión cuyas reglas no se conocen. Sin permisos de visita. Sin siquiera paseos por el patio de la cárcel… Para él, sin duda, la peor parte. Pero no es el único. Mi madre ha dejado en este medio año mucho de sí misma, que difícilmente podrá recuperar. Todos nosotros hemos sustituido nuestra existencia por una espera que comienza a ser interminable. Nuestras vidas se han parado esperando el regreso de alguien que no sabemos dónde está.
Aquí ha habido un cambio de Gobierno. No dijeron adiós quienes se fueron y han tardado en decir hola, mucho tiempo, los que acaban de llegar. El presidente del Gobierno ha interrumpido sus merecidas vacaciones en tierras andaluzas para despacharse con una frase amable en la que, por toda información, afirma no saber si mi padre está vivo. El ministro del Interior que conoció mi padre en libertad ya no se dedica a ese negociado y planifica la televisión privada para el próximo curso. El nuevo, José Luis Corcuera, ha anunciado su disposición al diálogo con ETA. Pero a nosotros nadie nos cuenta nada.
Hemos sabido que algunos policías franceses han sido condecorados por las autoridades españolas por intervenir a ETA el dinero que pagaron los Revilla por la libertad de su padre. No está mal. Brillantes servicios, sin duda. Pero han apretado el nudo por donde más corre. Y, encima, da la sensación de que nos acusan de algo innoble. ¿Algún hijo haría otra cosa si su padre estuviera secuestrado? ¿Cómo actuarían los hijos del presidente del Gobierno si su padre perdiera, como el mío, su libertad?
Las razones y los intereses de Estado son causas que siempre se esgrimen como nobles. A veces, hasta lo son. Pero, ¡qué fácil es aplicar la doctrina noble en carne ajena!
Da la sensación de que la sociedad española se está acostumbrando a la «normalidad» de que un hombre esté secuestrado en el corazón de España durante seis meses sin que nadie tenga que dar otra solución que la de tratar de impedir el pago del rescate. Y esto sucede en la España del crecimiento económico, de la OTAN y de la incorporación a Europa.
Que nadie se piense que nos referimos a un suceso lejano de las calles de Beirut o de un país al margen de las vías de desarrollo. Pero que nadie pretenda tampoco que las responsabilidades del Gobierno se agotan con perseguir a los Revilla cada vez que intentan pagar por la libertad de su padre. Si ése es el planteamiento que se intenta vender, no hay actitud de un cinismo más irresponsable. La primera y más importante responsabilidad del Gobierno es devolver a mi padre su libertad, al margen de no haber sido capaces de evitar su secuestro.
No abandonamos
Es difícil condensar lo que se siente en una situación como ésta. Cuesta trabajo medir lo que se quiere decir y se puede decir. Seguimos esperando cada noche el amanecer, pensando que ése puede ser el día que mi padre cruce de nuevo el umbral de su casa.No perdemos la esperanza de que sea hoy mismo cuando se acabe la locura de esta tortura. Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos, siguiendo las instrucciones de los secuestradores. Cada día que pasa sin una solución, a nuestra pena hay que añadir un esfuerzo sobrehumano por contener una ira que empieza a desbordarse. Pero hay que ser prudente cuando no se es libre, y que nadie tenga la ingenuidad y la debilidad de confundir la prudencia con la cobardía.
Aunque pueda parecer un ridículo y obligado añadido en esta triste e insoportable historia, los medios de comunicación, unos con mejor fortuna o intención que otros, están ayudando, sin duda, a que los ciudadanos superen la amnesia de nuestros gobernantes y recuerden que un hombre bueno, que ha trabajado mucho y que siempre, incluso este año que no ha podido firmar personalmente su declaración, ha pagado sus impuestos, sigue sufriendo una terrible privación de libertad.
Entre todos no podemos permitir que esto se olvide, y algo tenemos que hacer para poner fin a esta horrible pesadilla.
Margarita Revilla
14 Agosto 1988
Interpelación sobre un secuestro
LA CARTA con la que Margarita Revilla acaba de dirigirse a la opinión pública, cuando pronto van a cumplirse los seis meses del secuestro de su padre por ETA, no sólo es un documento que pone ante la mirada de todos la situación de angustia y de zozobra en que está sumergida su familia; es también una denuncia sin contemplaciones del innoble proceder de los raptores de su padre, incapaces de cumplir sus propias reglas -«Hemos hecho todo cuanto se nos ha exigido», dice la hija de Revilla-, y una seria interpelación al Gobierno respecto de su actuación a lo largo del secuestro.El calvario que viven desde hace ya casi seis meses los familiares de Emiliano Revilla no es un hecho menor en toda esta historia, por más que pueda parecerlo en relación con la indudable gravedad de una acción terrorista que desafía al propio Estado y pone en peligro la seguridad y la convivencia de los ciudadanos. Aunque pueda parecer una obviedad, no está de más recordar algo que desde la omnipotencia del Estado se puede olvidar con facilidad: el ciudadano de carne y hueso tiene derecho a toda la protección de la ley y a no ser sacrificado en aras de supuestos o reales intereses superiores. En todo caso, no debe extrañarse nadie de que quien es así tratado se levante y proteste e interpele a los que se arrogan un poder tan discutible sobre la suerte de los demás. Todas las cuestiones que en este sentido plantea públicamente Margarita Revilla no sólo son humanamente comprensibles; también tienen tina fuerte base lógica y política, y no deberían ser desechadas sin más. Por el contrario, deberían servir al menos para la reflexión.
Así, las referencias que la hija de Revilla hace en su carta sobre determinadas actuaciones oficiales en relación con su familia o con los policías franceses que interceptaron el rescate pagado a ETA por la libertad de su padre podrán ser tachadas de subjetivas. Pero serían necesarios argumentos de peso para rebatir la cuestión que arroja sobre el tapete: que nadie pretenda que las responsabilidades del Gobierno se agotan con perseguir a los Revilla cada vez que intentan pagar por la libertad de su padre. Sin duda, éste es el nudo del problema, y no hay por qué dudar de que el Gobierno está haciendo lo que está en su mano para desenredarlo, aunque hasta ahora ha dado muestras de destreza y perspicacia para interceptar los rescates y de ineficacia en la liberación del secuestrado. Sin embargo, en una escala de prioridades en un caso de secuestro la principal obligación de los gobernantes de un Estado asentado en la razón y el derecho es la liberación con vida de la persona secuestrada y, si es posible, la detención de sus captores y su puesta a disposición de la justicia; también, desde luego, impedir que se produzca el pago exigido y evitar que con el dinero así obtenido se pueda seguir matando y organizar otros secuestros. Pero tras los casi seis meses de secuestro de Emiliano Revilla no es nada extraño que sus familiares tengan la sensación de que se pone más empeño en dificultar sus intentos de pagar el rescate que en buscar el lugar donde haya sido encerrado su padre y liberarlo. El Gobierno debe hacer todo lo posible para impedir que esa sensación comience a traspasar los muros de la casa de los Revilla.
Por lo demás, los interrogantes que Margarita Revilla plantea a los secuestradores de su padre, por más cargados de razón que estén, es dudoso que sean escuchados y comprendidos por una organización terrorista cuya lógica interna no es otra que la de utilizar en sus acciones métodos tan criminales como son sus fines. Ello no obsta para que ponga en evidencia el poco respeto que ETA tiene, cuando le conviene, por sus propias reglas: los secuestradores prolongan el cautiverio del industrial y en su inhumanidad no se dignan siquiera transmitir alguna noticia esperanzadora sobre su estado de salud. Porque del mensaje lanzado por Margarita Revilla sobre el secuestro de su padre queda claro que sus familiares han cumplido todas las exigencias de los terroristas. Ahora – sólo queda que éstos devuelvan la libertad a, quien se la arrebataron a la fuerza y no añadan más horror a su inhumana actuación.
20 Agosto 1988
La tortura en una secuestro insoportable
He leído tu carta abierta y deseo contestarte incluso con el mismo título, pero con diferente lectura. Con la que me sale desde la libertad de mi corazón, que no con la que hace tantos años nos han secuestrado junto a nuestros derechos como Pueblo Vasco.
De esto han pasado ya muchos inviernos y veranos. Dices que el atentado contra la libertad de tu padre es difícilmente superable.
Parece que has olvidado muchos suceso recientes y cercanos (Nani, GAL, etc.) y además has leído mal el libro de los récords. Hay presos nuestros que llevan años. Puedes darte una vuelta por Euskadi o por cualquier parte del mundo o tal vez no muy lejos de tu residencia, por alguna comisaría, cárceles o por algún barrio marginal de tu Madrid. Podrás sentir, si eres sincera con tu sensibilidad, la cantidad de derechos que se pisan cada día, lo más elementales y básicos del ser humano.
También en Euskadi seguimos esperando cada larga noche que llegue ese amanecer cuando mi compañero y todos los demás salgan de las cárceles y vuelven del exilio. Por eso me cuento entre los que no nos podemos permitir que todo esto se olvide. Todavía está pendiente todo lo referente a la guerra sucia del GAL. No tengo dinero para que mi carta salga en todos los periódicos del Estado o sea noticia en las radios y televisiones.
Laura