18 julio 2011
Fue junto a su hijo y acabó teniendo altercados con las mujeres del local y con los policías que fueron a tomarle declaración
Casimiro Curbelo dimite como senador del PSOE tras el ‘caso de la sauna’, pero continuará como presidente del Cabildo de La Gomera
Hechos
El 18.07.2011 D. Casimiro Curbelo dimitió como Senador del PSOE después de que el 14.07.2011 fuera detenido en Madrid tras ser expulsado de una sauna y acusado de insultar a los policías.
Lecturas
El dirigente del PSOE canario D. Casimiro Curbelo Curbelo, presidente del Cabildo de La Gomera y senador es protagonista de un escándalo el 14 de julio de 2011 cuando fue acusado de provocar altercados en una sauna a la que había asistido en compañía hijos y donde fue acusado de agredir verbalmente tanto a las profesionales de la sauna como a los agentes de la policía que tuvieron que intervenir. El 15 de julio de 2011 D. Casimiro Curbelo Curbelo da una rueda de prensa para dar su versión de los hechos.
–
El 18 de julio de 2011 D. Casimiro Curbelo Curbelo acepta dimitir como senador a petición de la dirección nacional del PSOE, pero seguirá ocupando el cargo de presidente del Cabildo de La Gomera.
16 Julio 2011
«Os deseo a todos los policías que os muráis de cáncer»
El senador socialista y presidente del cabildo de la Gomera, Casimiro Curbelo, detenido el pasado viernes de madrugada en Madrid tras agredir a un agente después de ser expulsado de una sauna, no sólo golpeó con sus puños a los agentes. De su boca salieron insultos, amenazas y graves ofensas, según consta en los informes policiales: «Soy senador y voy a ir uno por uno a por vosotros. Me quedo con vuestras caras, voy a acabar con vuestras carreras y os voy a hacer la vida imposible»; «Soy senador y vosotros, más que policías, sois terroristas»; «Os vais a cagar, estáis pagados por los putos fachas del Partido Popular, sois unos putos vendidos», y «Me voy a dedicar el resto de mi vida a arruinaros la vida, os deseo a todos los policías que estáis que os muráis todos de cáncer, y yo veré con mis ojos cómo se mueren vuestros putos hijos. Os habéis arruinado la vida por detenernos».
Casimiro Curbelo y su hijo fueron apresados el viernes, de madrugada, por atentar contra agentes de la autoridad. Los senadores gozan de inmunidad parlamentaria. Sólo pueden ser apresados si son sorprendidos cometiendo un delito flagrante.
Esa noche, el senador, su hijo Adays -de 26 años- y otro amigo, cenaron en un restaurante. Después, el trío se desplazó a una sauna erótica en la calle de Orense, frente al Bernabéu. El camarero del local declaró a los agentes que la actitud del senador y sus acompañantes fue «agresiva, grosera y chulesca hacia las camareras del establecimiento». Según el testimonio del trabajador a la Policía, los tres profirieron repetidamente todo tipo de insultos a las mujeres del local. «Yo me meo en las putas, yo no pago a las putas», escuchó el camarero de boca de los tres clientes. Luego entraron en un reservado, donde nuevamente se produjo un incidente, y finalmente fueron echados a la calle.
Tras salir de la sauna, el trío dirigió sus pasos hacia la comisaría de Azca, a unos 50 metros del local. Según los agentes que los recibieron, los tres «presentaban estado de embriaguez, dificultad en el habla, ojos vidriosos, pupilas dilatadas y halitosis etílica». El grupo pretendía presentar una denuncia por el trato recibido en la sauna, pero cuando uno de los agentes trató de explicarles el proceso, el senador profirió a gritos: «Eres un absoluto pringao y estas hablando con un senador». El agente quiso conocer la identidad del político, pero éste se negó a dársela.
En ese momento, el hijo agredió a un policía y fue detenido. Su padre -el senador- reaccionó colérico: «Esto es un abuso, os voy a denunciar por detención ilegal, sois unos borrachos, hijos de puta, estáis pagados por los putos fachas del PP. No sabéis con quien estáis tratando».
Furioso, Curbelo golpeó a un agente y fue inmediatamente detenido. Uno de los funcionarios era de piel muy morena, por lo que el hijo del senador le inquirió: «Tu cara no la voy a olvidar en la vida, ni tú la mía, ni tu familia de Ceuta, que tú eres moro». Mientras, el padre se negó a declarar y continuó profiriendo insultos. Fue puesto en libertad la tarde del jueves.
Ayer, Curbelo ofreció una rueda de prensa. Los papeles de la historia se invirtieron: negó haber insultado o agredido a los policías y remachó que fue él el «único agredido, maltratado y humillado». Curbelo lamentó la tergiversación producida y explicó que lo del «erotismo y las saunas» es mentira y el origen de los hechos se encuentra en una denuncia que su hijo quiso interponer ante la Policía por el trato recibido en un local de ocio, después de que el grupo fuese agredido por un camarero.
Su hijo, mantuvo Curbelo, reiteró al agente su deseo de denunciar y el policía le dijo que se marchase. A un empujón del policía el hijo reaccionó usando su brazo para protegerse, lo que fue entendido como un intento de agresión y provocó la detención del joven.
Según Curbelo, fue entonces cuando él mismo salió en defensa de Adays, ante lo que consideró una detención «ilegal y desproporcionada». Curbelo incidió también en que los agentes trataron a Aday como a un «terrorista».En ese momento cuatro policías se abalanzaron contra él, lo tumbaron boca abajo y, rompiéndole las gafas y el teléfono móvil, le esposaron.
El grupo del PP en el Senado exigió ayer por «dignidad», la renuncia al escaño del senador.
19 Julio 2011
Castigo y perdón
Pongámonos primero de acuerdo sobre el porqué debemos castigar como opinión pública a Casimiro Curbelo. Luego vendrá el cómo
¿Le castigamos por hacer un consumo irresponsable del alcohol? ¿Por practicar sexo con profesionales?
Tal vez prefiramos castigarle por compartir con su joven hijo esta clase de esparcimientos. O quizás nos sintamos más proclives a hacerlo por la chulería y prepotencia con que, dice el atestado policial, se condujeron hijo y /o padre con las que llamaron simple y llanamente putas.
¿Debe ser juzgado por comportarse como la clase más zafia de machista? ¿O le involucramos en la lacra de la explotación sexual de mujeres en situación de exclusión social y en la trata de blancas?
¿Castigamos a Casimiro Curbelo por lo que pueda haber hecho él o también por el comportamiento de su hijo? ¿O lo hacemos por salir a defenderle en lugar de reprenderle en su mal comportamiento?
¿Se merece el castigo por desobedecer a la autoridad y utilizar e la violencia verbal y física con la Policía? ¿O debe tener su merecido por extorsionador y xenófobo y por hacer un uso abusivo de la autoridad que le dan sus cargos?
¿Le castigamos por hipócrita, por actuar en contra del sistema de valores que implica la militancia socialista? ¿O lo hacemos por perjudicar a su partido?
Defraudar gravemente la confianza depositada en él por los ciudadanos y perjudicar con su comportamiento a las instituciones también son buenos motivos para el castigo. Lo mismo que menoscabar aún más la escasa credibilidad que tiene entre la población el sistema político y de partidos.
¿Sería más grave que todo lo anterior que se demostrara que ha mentido para negar su lamentable actuación.
Razones de toda índole para la represión moral no faltan. ¿Deben entonces castigarle las instituciones más allá de las responsabilidades penales y/o administrativas? ¿Se merece la reprobación del Senado o ser sometido a una moción de censura por parte de sus compañeros socialistas en el Cabildo?
¿Está en manos del PSOE el castigo en forma de exclusión de las listas electorales a las cámaras legislativas? ¿O deberán ser los ciudadanos los que emitan sentencia con su voto?
¿Y si dice: tengo debilidades como beber e ir de putas y se me ha subido a la cabeza el cargo; como he montado un escándalo, me voy a mi casa? ¿Podríamos perdonarlo?
19 Julio 2011
El alegre Curbelo
Confieso que hasta la presente desconocía la existencia del senador Curbelo. Reconozco, asimismo, que cuando la primera noticia que se tiene de un político es que acostumbra a celebrar los plenos yéndose con su hijo a una sauna en la que el currículum de las masajistas se circunscribe a sus medidas, es inevitable cogerle a ese señor una cierta tirria. No obstante, y dejando aparte el retortijón estomacal, creo firmemente que cada uno es muy dueño de hacer en su tiempo libre lo que le dé la gana, y que, fuera del Senado, Casimiro Curbelo puede pasar el rato tirándose en parapente o dándose al linfático desenfrenado. Lo digo porque quienes critican la decisión del PSOE de darle una jubilación anticipada –el ex ministro socialista Jerónimo Saavedra entre otros– invocando la intachable carrera política del alegre senador –según Wikipedia, la única que ha ejercido en toda su vida, lo cual explica muchas cosas– alegan precisamente eso: que cada uno puede darle a su cuerpo alegría, Macarena, siempre y cuando sea fuera del horario laboral. No es ésa la cuestión; la cuestión es que desde el momento en que organiza un escándalo público, agrede a la Policía y tira del rancio «usted no sabe con quién habla» para intentar hacerse un «simpa», Curbelo ha dejado de ser un político de bien. España no es EE UU y aquí, los líos de faldas y pantalones de nuestros políticos nos la traen al fresco. No es por el bar de alterne, senador Curbelo, es porque su estilo de macarra de discoteca poligonera ha sido el de un impresentable que, evidentemente, no puede seguir representando a nadie.
24 Julio 2011
DON "CURBELONE" EL AMO DE LA GOMERA
No hay pueblo en Europa con las aceras más limpias que San Sebastián de la Gomera. El mérito es de las decenas de isleños que, a media mañana, pasean por sus calles envueltos en chalecos con el logo del cabildo. De vez en cuando, uno se agacha, recoge un papelito y lo deposita en una bolsa de plástico. Todo ocurre a cámara lenta: para qué apresurarse si apenas hay faena para tantos limpiadores.
La estampa explica el inquebrantable éxito de Casimiro Curbelo, el amo de La Gomera. Hoy, su cabildo emplea 800 isleños para tareas inanes como esta. Cada seis meses, alguien les sustituye, ellos se apuntan al paro durante un semestre… y vuelta a empezar. Con estos rimbombantes «planes de empleo», el socialista ha logrado limar el paro entre los 22.000 gomeros a sólo 1.378 personas.
El presidente firma en persona todos estos contratos-limosna. Luego estrecha la mano de cada beneficiario. Y este verano, planea visitarles uno a uno. Quiere mirarles a los ojos. Que sepan que está de su parte. Y, de paso, que entiendan que su sustento depende de la buena fe del presidente.
«Hace poco, vi un documental sobre Corea del Norte en el que salían decenas de personas barriendo carreteras sin un solo coche», dice el alcalde de uno de los seis municipios de la isla. «Al principio, me llamó la atención. Hasta que, de repente me dije: «¡Coño, si es igualito que La Gomera!»».
La hipérbole tiene su puntito de verdad. Cierto, aquí no hay murales de adoración al líder. Pero algo hermana a los gomeros con los norcoreanos: la ubicuidad del jefe en la vida de sus gobernados. Todo lo que ocurre en isla se cocina en el luminoso despacho de Dios, Papi o El Padrino, como le conocen los vecinos. Aunque, últimamente, muchos se decantan por un apodo más malicioso: Curbelone.
Si te hacen esperar para una operación, él te monta un viaje a una clínica privada. Si toda tu familia se queda en paro, él te busca una chapucilla mileurista. Si te ahoga la hipoteca, él llama el director del banco para que aplace las letras. Pero, claro, si estás casada, te han visto flirteando con otro y pones en peligro la armonía del pueblo, quizá recibas una llamada del presi recomendándote discreción.
Así lo comprueba Crónica en su visita al todopoderoso despacho del presidente. En media hora, recibe una decena larga de llamadas. Un vecino le pide una silla de ruedas. Otro, una cama articulada. Un tercero, que le adecenten el acceso a casa… Curbelo atiende todas las solicitudes con encomiable paciencia. Apunta los detalles -nombre, teléfono y petición- con letra pulcra y diminuta en un cuaderno tamaño folio. Al colgar, llama a uno de sus empleados, le explica el caso y suelta su coletilla predilecta. «Que lo arreglen. Inmediatamente».
Hace 10 días, esta misma muletilla fue su perdición. Hacia las tres de la mañana del 14 de julio, al senador lo echaron de un local de alterne madrileño, la sauna Gola, tras una trifulca con un cliente. Ante la insistencia de su primogénito, Aday, que celebraba su licenciatura de ingeniero junto a su padre y un amigo, el trío se plantó en una comisaría. Que lo arreglen, reclamó el senador a los agentes. Y, cuando le ignoraron, soltó la ristra de amenazas que le ha catapultado a la portada de los periódicos.
-Sois unos terroristas, borrachos, hijos de puta, sinvergüenzas, soy senador y voy a ir uno a uno a por vosotros… Que estáis pagados por los putos fachas del Partido Popular…-, reza el atestado.
El resultado de este presunto desbarre fue su detención y, este lunes, su renuncia como senador por La Gomera. El todopoderoso barón jamás había sufrido tamaña vergüenza. «Se creyó que en Madrid podía mangonear igual que en la isla», explica un antiguo compañero de partido y de correrías nocturnas. «Aquí su cohorte le tapa sus vergüenzas. La capital es otra cosa».
«ES UNA CACERÍA»
De vuelta a su despacho, sin embargo, el Senador Torrente, como le ha apodado la prensa, tiene ganas de pelea. Una y otra vez, mantiene su versión sobre aquella madrugada. Que es inocente. Que los policías se extralimitaron. Y que, diga lo que diga el atestado, no visitó un puticlub. «Sólo espero que la sentencia resarza todo lo que se ha publicado sobre mí», recalca en una entrevista exclusiva con Crónica.
-Dice que se siente víctima de una cacería política…
-¿Qué es si no?
-Eso le pregunto.
-Lo sabremos a su debido tiempo… Otra cosa es que la oposición, que lleva perdiendo las elecciones desde 1983, quiera ganar así. Que trabajen más. Que se levanten temprano, se acuesten tarde y trabajen por la gente, no por ellos.
En realidad, no sólo la oposición, sino la isla al completo, está conmocionada por el Saunagate. Sus fieles claman contra el «linchamiento» de su ídolo. Sus enemigos ansían que le empapelen, aunque sea por una mera escapadilla erótica. «A fin de cuentas, a Al Capone lo pillaron por delito fiscal, no por asesinato», bromea un vecino, que exige absoluto anonimato.
No es el único que reclama esta garantía. La presencia de Curbelo se siente en cada esquina de esta isla volcánica de 370 km². «A estas alturas, ya le habrán informado de que estoy hablando contigo», coinciden tres fuentes -por separado- a los pocos minutos de encontrarse con el reportero.
Hace 55 años, cuando nació en la aldea de Vegaipala, nadie habría imaginado que el pequeño Casimiro se convertiría en una especie de Gran Hermano canario. El benjamín de siete hermanos se acostumbró a subsistir con lo que surgía la tierra: patatas, cereales, fruta… «Era casi un pastor», recuerda un compañero de clase. «En el bachillerato, la gente se reía de él. De ahí viene su resentimiento a la gente con más clase, con más cultura. Y su afán por el reconocimiento».
Casimiro supo sobreponerse a esta desventaja y se convirtió en el único hermano que obtuvo una licenciatura: Filosofía y Letras en La Laguna (Tenerife). Ya entonces era un líder nato, carismático e hiperactivo. Pero, en aquellos años del posfranquismo, la política le resbalaba. Prefería jugar al fútbol, siempre en la portería, desde donde organizaba el juego de todo el equipo.
El joven no descubrió la cosa pública hasta que regresó a La Gomera. En 1982, el triunfo de Felipe le abrió el apetito de poder. Al año siguiente, le nombraron candidato para la alcaldía de San Sebastián. Y ejecutó la primera pirueta de su carrera política: tras ganar por minoría, orilló a sus aliados naturales, los comunistas, para pactar con Alianza Popular. Lo que fuera por el bastón de mando.
Curbelo apenas aguantó en el cargo. Enseguida se metió en un lío por la detención ilegal de dos vecinos. Al principio, logró esquivar a la justicia con una triquiñuela: cada vez que pretendían procesarlo, sufría un oportuno cólico nefrítico. Hasta que el tribunal, harto de tanto escaqueo, le juzgó en la cama del hospital. «Como no me ganaron en las urnas, pretenden eliminarme con un chanchullo», dijo entonces. Un calco de su actual defensa.
Inhabilitado por un año, Curbelo purgó su condena en el Parlamento Canario. Hasta que, en 1991, reconquistó la isla como presidente del cabildo, una rica institución con 35 millones de presupuesto. Y allí tejió el curbelismo, un embriagador cóctel de caciquismo español y populismo a lo Hugo Chávez.
Dos décadas después, el pueblo gomero le sigue apoyando. El 22-M, obtuvo el 53% de los votos: una cifra estimable, aunque lejana al 70% que cosechó en otras convocatorias. Todo gracias a dos secretos: su compulsiva dedicación de trabajo -16 horas diarias, domingos incluidos- y su infalible olfato para las iniciativas más populistas.
Un claro ejemplo es su política funeraria. El cabildo gasta 421.000 euros al año en que todos los isleños, mueran donde mueran, disfruten de un entierro gratuito. «Se me ocurrió en Venezuela, cuando vi a un gomero debajo de un puente y pensé que si se moría iban a comérselo los perros», recuerda hoy Curbelo. [Sobra decir que el presidente va a todos los entierros, manda una corona de flores y es el primero en dar el pésame a la familia, aunque el difunto fuera su enemigo].
A GOLPE DE OCURRENCIA
Lo mismo ocurre con libros de texto, gratuitos en toda la isla. O con los viajes para la tercera edad. O con el nombramiento del silbo gomero como Patrimonio de la Humanidad. El socialista funciona a golpe de ocurrencia, aunque muchas de sus ideas -financiadas en gran parte por la UE- se abandonen casi antes de inaugurarse, como una quesería o dos fábricas de miel que yacen semiabandonadas.
El reverso de este paternalismo es la dependencia patológica a la que ha condenado a los gomeros. Él decide todo, coloca a todos y sofoca cualquier iniciativa ajena al cabildo, la mayor -y casi única- empresa de la isla. «Ha creado un ejército de gandules que trabaja seis meses, subsiste con 800 euros al mes, se fuma unos porritos y, encima, se cree que el presi les hace un favor», denuncia un antiguo compañero de partido.
Curbelo, sin embargo, desdeña estas críticas con ira contenida: «¡Qué quieren! ¿Que vea un drama y no haga nada? No lo hago para que me voten. Lo hago porque me siento incómodo si no ayudo»
Tanta dependencia, claro está, genera arbitrariedad. Dicen sus enemigos que no hay nada más temerario que enfrentarte a Curbelone. El presidente se entera de inmediato de todas las rebeldías. Sus espías le alertan de cualquier crítica. Tiene los móviles de todo el mundo. Y no duda en llamar personalmente al sedicioso para apaciguarle. «Te adula, se pone encantador, pero te queda claro que no debes volver a meterte con él», dice la receptora de uno de estos recados.
TELECURBELO
En cambio, nadie controla al presidente. Apenas hay periodistas independientes. Los pocos que aguantan se sienten amedrentados por su temible gabinete de prensa. Y, por si fuera poco, el cabildo cuenta con una radio y una tele que glosan sin descanso las andanzas de Curbelone. «Eso sí, el día de su arresto, abrieron los informativos con un torneo de fútbol sala», denuncia el líder ecologista Rubén Martínez.
Sin embargo, el Saunagate ha abollado la invulnerable coraza política de Papi. Tras las presiones de Ferraz, tuvo que renunciar a su acta de senador. Un sacrificio crucial si, como se rumorea, resurgen varios casos que dormitan en los tribunales. El presi ya no será aforado, un privilegio que le protegía de las indagaciones más dañinas.
En La Gomera circulan numerosos dossieres sobre sus presuntos conchabeos con los empresarios locales. Uno de estos informes, de la Guardia Civil, acabó con la imputación por prevaricación y tráfico de influencias de Javier Trujillo. Es decir, su mano derecha en el cabildo hasta que, antes del 22-M, se pasó al PP. Curbelone, por ahora, ha salido indemne.
Lo que hoy nadie duda es que aquel chaval de campo ha prosperado. En el Registro figuran 17 propiedades a su nombre, sin contar a su esposa Remedios, sus tres hijos -Aday, Almudena y María- o posibles empresas. Eso sí, resulta imposible conocer los detalles: el registrador de La Gomera veta el acceso «por la ley de protección de datos». Algo que no ocurre ni siquiera con las propiedades de ZP.
Esta opacidad alimenta las especulaciones sobre su fortuna. «Tiene 40 millones de euros de patrimonio», sostiene el abogado Alonso Trujillo, ex socialista y uno de sus enemigos jurados. Curbelo repudia las acusaciones con displicencia. «¿Y por qué no 80 o 100 millones?», se burla. «El que diga eso es un osado», añade. Y luego zanja el tema: «Esa es una forma interesada de hacerme daño, no requiere ni un comentario mío».
Hasta la fecha, el PSOE canario no ha querido hurgar en este runrún. A fin de cuentas, es el mismo partido que lo mantuvo como senador -unos 5.000 euros al mes- pese a que su única intervención en la presente legislatura fue recoger su acta. A Curbelone le encantaba viajar a Madrid, regatear inversiones por los ministerios y compadrear con los poderosos. «Es el día más feliz de mi vida», dicen que confesó en 2005, cuando ZP visitó su isla.
Juan Fernando López Aguilar fue el único que intentó descabalgarle. Sin embargo, desistió al constatar el tirón electoral de su compañero. En la isla pocos dudan de que Curbelo seguiría arrasando en las urnas aunque se presentara como independiente. Aquí no se vota socialismo; se vota curbelismo.
A cambio de sus votos, el PSOE se lo perdona todo. Incluso su afición a la farra. Al presi le encanta el whisky caro y el buen Ribera. Así, a pocos les ha sorprendido que la Policía le acuse de ir tocado. «Ya le tuvimos que sacar de un pleno al que acudió totalmente borracho, aunque él insistía en que iba perfectamente», recuerda Pedro Medina, portavoz de Coalición Canaria.
Y los primeros que le perdonan son los gomeros. Todos saben que si se repitieran las elecciones, lo eligirían de nuevo. Sus detractores lo achacan a la personalidad plácida y algo sumisa del pueblo gomero, una tierra de señores desde la Reconquista. «Hace décadas, el cacique te despreciaba», dice el ecologista Rubén Martínez. «Ahora se acerca a ti, te pregunta por tu familia, te invita a un vaso de vino… Esa es su fuerza: el populismo».
-Ya no saben qué decir -replica Curbelo-. Los gomeros me quieren, me aprecian, porque saben cómo soy. Y yo me tomo mi trabajo como una novia a la que hay que cuidar, pasear, mimar…
Eso sí, la sumisión tiene sus límites. Los mismos detractores comparan a los gomeros con el volcán sobre el que viven: dormitan durante décadas hasta que estallan sin previo aviso. Como en la Rebelión de los Gomeros (1488) cuando se alzaron contra la tiranía del señor Hernán Peraza, a quien ajusticiaron.
Cinco siglos después, el humo empieza a asomar por los cráteres de La Gomera. Ahora es Curbelone quien ve peligrar su imperio.