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Federico Jiménez Losantos calificó al periodista religioso de 'hijo de puta', mientras que César Vidal le acusó de tener una esposa alcohólica y un hijo delincuente

Brutales ataques de César Vidal a Luis Fernando Pérez Bustamante, excolaborador suyo y ahora director de INFOCATÓLICA

HECHOS

El 26.12.2012 el director del digital INFOCATÓLICA, D. Luis Fernando Pérez Bustamante dedicó un artículo a replicar las alusiones que le hacían en el libro “La Libertad tiene un precio. Conversaciones”.

En 2012 D. César Vidal Manzanares publica junto a D. Federico Jiménez Losantos, ambos locutores de EsRadio y LIBERTAD DIGITAL el libro titulado  “La Libertad tiene un precio. Conversaciones”. El libro consistía en una conversación transcrita entre ambos comentaristas. En esa conversación se incluía un ataque a D. Luis Fernando Pérez Bustamante, el director digital de INFOCATÓLICA que, en el pasado, había sido colaborador del Sr. Vidal Manzanares y ahora, desde ese digital le criticaba como réplica a los ataques del Sr. Vidal al catolicismo.

Concretamente el ataque era el siguiente:

Jiménez Losantos : Yo pienso mucho peor de los españoles que tú, pero me gusta discutir y, además, como no tengo que defender a la Santa Sede, de la que tengo la peor opinión…Después de haberte visto tanto tiempo creyendo en ese amigo que tenías [Luis Fernando Pérez Bustamante] y que dirige esa página web católica… [InfoCatólica]

César Vidal: No. Yo nunca creí en él, pero es mucho peor de lo que yo pensaba. Hombre, le di de comer mucho tiempo, sí. Años.

Jiménez Losantos: Todavía peor. Es un vago redomado, y tú, en lugar de instarle al trabajo, a la virtud y al esfuerzo, le dabas de comer.

César Vidal: Lo hice muchas veces y-aquí reconozco mi error- pensaba que en algún momento se pondría a trabajar.

Jiménez Losantos: Eso es una idea providencialista cercana al estatismo.

César Vidal: No, no es eso, pero creía que una persona que tiene tres hijos y una mujer alcohólica, en algún momento, instándole a que busque algún trabajo…

Jiménez Losantos: Yo no entiendo cómo alguien que te debe tanto puede ser tan hijo de puta.

César Vidal: (…) Hay dos clases de ingratos: los que se olvidan del bien y los que se vengan. Éste forma parte del segundo grupo.

D. Luis Fernando Pérez Bustamante replicó con un artículo en INFOCATÓLICA el 26 de diciembre de 2012.

En noviembre de 2013 D. César Vidal Manzanares escribe sus memorias en las que es aún más duro contra el Sr. Pérez Bustamante, al que llama ‘Hernando’, al contar más detalles personales sobre su vida personal.

26 Diciembre 2012

La libertad (y el deber) tiene un precio. Bien lo sé

Luis Fernando Pérez Bustamante

Federico Jiménez Losantos y César Vidal han escrito un libro titulado “La Libertad tiene un precio. Conversaciones”. Llevan unas semanas presentándolo por acá y por allá, en su medio de comunicación, en centros comerciales, etc. Hoy un buen amigo me llamó por teléfono y me dijo: “¿No sabes lo que dicen Losantos y Vidal de ti en su último libro?“. “Pues no“, respondí. Entonces me resumió lo que ustedes van a leer ahora. Le pedí que me lo transcribiera (C= César Vidal, F= Federico Jiménez Losantos).

Bien, como ese amigo soy yo, creo necesario hacer unas cuantas aclaraciones:

1- Sí, César Vidal me ha ayudado bastante en una etapa larga de mi vida. Pero siempre a cambio de trabajo. Es decir, nunca, literalmente nunca, me dio un euro a cambio de nada. Me pagó los servicios de chófer que le hacía cuando viviendo en Zaragoza venía a Madrid -yo era trabajador autónomo con furgoneta entonces-. En vez de gastarse el dinero en taxis, me lo daba a mí. Y luego nos pagó muy bien, tanto a mi mujer como a mí, los trabajos de transcripción (sobre todo de bibliografías, pero también búsqueda de material) que hacíamos para sus libros. Unos trabajos que siempre realizamos a tiempo y bien y que cobramos realizando la consiguiente factura legal. A todo lo más que llegó en un par de ocasiones es a adelantarnos un dinero a cambio de los trabajos que le haríamos después. Punto final.

2- Además de trabajar para César, en aquel entonces lo hice en varias empresas de mensajería de Madrid (p.e, Servimax) y/o haciendo portes teniendo como base una serrería de la capital de España. Una vez en Aragón, llevé durante un tiempo la línea de Correos de Huesca a Boltaña y trabajé en una empresa de chóferes con cónductor de Zaragoza en horario nocturno, con un turno de 10 horas al día que en no pocas ocasiones aumentaba hasta las 12-14 horas. También montamos un pequeño negocio familiar -tienda de ultramarinos- que fracasó.

3- Durante un año, por mediación precisamente de César Vidal, trabajé como director en Religión en Libertad cuando ese medio de comunicación estaba en Libertad Digital. En todo ese tiempo no recibí queja alguna de mi trabajo ni por parte de Losantos ni de Vidal. De hecho, no me pagaban ellos sino mi editor, Álex Rosal.

4- Efectivamente tengo tres hijos y una mujer alcohólica. Pero esta ha dejado de beber hace cinco años. Sin más ayuda que la de Dios. Ha sido la gracia divina la que, literalmente, ha conseguido que no pruebe una gota de alcohol en todo ese tiempo. Su salud está bastante quebrada, pero mi esposa es hoy un testimonio vivo de como Dios puede obrar milagros en aquellos que se dejan guiar de su mano. Está a punto de acabar la diplomatura en Ciencias Religiosas y es catequista muy querida en nuestra parroquia. Para ser alcohólica… no está mal, ¿verdad?

Aclarado eso, algunos de ustedes se preguntarán a qué viene que yo tenga el privilegio de ser llamado hijo de puta por el señor Losantos y de vago, ingrato y vengativo por parte del señor Vidal. Es muy simple. Hace unos meses, César Vidal dio comienzo a una serie de artículos sobre el papel del catolicismo en la historia de España. Se publicaron en Libertad Digital. En los mismos repetía todos los típicos tópicos de la leyenda negra de la Iglesia y de mi país. Entonces cometí el “delito” de criticarle, de replicarle y de acusarle de estar haciendo una labor anticlerical y sectaria contra mi Iglesia.

Parece ser que para el señor Vidal, la amistad está por encima del amor a la Iglesia de Cristo. Parece ser que entiende la amistad como esa relación en la que un amigo puede decir públicamente cualquier barbaridad sin que el otro tenga derecho a señalarle su error e incluso criticarle públicamente. Desde que ocurrió tal cosa, InfoCatólica pasó de ser, en sus propias palabras, “el mejor medio de comunicación católico de España” a ser el medio dirigido por un malvado ingrato del que se pueden sacar los supuestos trapos sucios de su vida personal, cosa que ya ha hecho en varios artículos y ahora en un libro.

El señor Losantos empieza el ataque contra mi persona afirmando que él no necesita defender a la Santa Sede. Ahí está el “problema». Que yo sí defiendo a la Iglesia cuando veo que se la maltrata desde un medio de comunicación, como fue el caso de César Vidal y Libertad Digital. Para mí el amor a Cristo va unido siempre al amor a su Iglesia. Sin que eso signifique aceptar acríticamente todo lo que se haga desde ella, como bien saben los que me leen desde hace años. Pero si la patean, si mienten sobre ella, si la tratan como si fuera una cualquiera -que es lo que hizo el señor Vidal-, no me callo. Y me importa bien poco si el que la ataca es amigo, enemigo, familiar o lo que sea. Primero Cristo, segundo Cristo y después, Cristo. Y si Cristo, también la Iglesia, que es su Cuerpo.

Es curioso que quienes escriben un libro sobre el precio de la libertad, paguen con insultos y desprecio a quien, como yo, cometió la osadía de defender su presencia en la Cadena Cope. Aquí en este blog siguen publicados los artículos que el propio Losantos citó cuando escribió sobre su salida de la cadena de los obispos. El “hijo de puta” te defendió, Federico. El vago, ingrato y vengativo os defendió, Federico y César. Pero como un día osé contradeciros, como un día decidí que antes que la amistad está al amor a la verdad, pasé a formar parte del grupo de aquellos que pueden ser objeto de vuestros ataques personales. Y todo ello en un libro que van a leer miles de personas.

En la comisión del pecado de defenderles llevo ahora la penitencia. Doy gracias a Dios por abrirme los ojos respecto a la verdadera naturaleza de estos dos liberales. Uno agnóstico y el otro protestante.

Varios amigos me han sugerido que les denuncie en los tribunales. No tengo la menor intención de hacerlo. Primero, porque no dando mi nombre -aunque es claro que me identifican- no creo que sea posible. Pero, sobre todo, no tengo la menor intención de usar la justicia humana para algo de esta naturaleza. Me basta y me sobra con confiar en la justicia divina. A ella me acojo, implorando de Dios, eso sí, que no les tenga en cuenta lo que han hecho.

Y si lo que ha pasado es, como creo, consecuencia de mi condición de hijo de la Iglesia, mayor razón tengo para dar gracias al Señor por el privilegio de permitirme haber recibido este ataque. La libertad de ser católico está aparejada con el deber de defender a la Iglesia de Cristo de sus enemigos. Ojalá pueda acabar mis días como Santa Teresa de Jesús, diciendo: “Por fin, muero, hija de la Iglesia».

Luis Fernando Pérez Bustamante

No vine para quedarme

César Vidal

2013

Conocí a ‘Hernando’ [Luis Fernando Pérez Bustamante] hace más de una década. Era un podre muchacho al que la desgracia había golpeado vez tras vez. Su padre había fallecido en un accidente de avión que algunos consideraron atentado terrorista; su madre era una mujer no muy equilibrada, amiga de acudir a videntes y adivinas; su esposa era una muchacha amargada al a que había dejado embarazada siendo los dos unos novios muy jóvenes y con la que se había casado forzado por las circunstancias. Durante la primera parte de su matrimonio no faltaron los insultos, golpes, agresiones y ataques de ira mientras se sumergía en sectas ufólogas. Unos años más tarde es más que posible hubiera terminado en la cárcel condenado por violencia doméstica, no fue entonces el caso. Tuvo la suerte de conocer a un misionero evangélico que comenzó a visitar a la familia y logró arrojar algo de paz en aquel hogar.

[Pérez Bustamante] ni siquiera había terminado el bachillerato y no sólo no sabía hacer nada, sino que tampoco tenía especial disposición para ganarse la vida. La primera vez que me encontré con él, un conocido común me suplicó que intentara hallarle alguna ocupación. Su falta absoluta de cualificación convertía la tarea en punto menos que misión imposible, pero, tras darle muchas vueltas, decidí – todavía vivía yo en Zaragoza – alquilarlo como conductor por horas para que pudiera dar de comir a su familia. Fue aquella una tarea nada fácil. Era sucio y olía mal; su automóvil era en realidad una modesta furgoneta no más limpia que él, su esposa ya se había convertido en una alcohólica y su hijo mayor era objeto de maltratos y siempre iba con manchas en el atavío y un aspecto deplorable de hambre y descuido.

Durante aquella época intente convencer a [Pérez Bustamante] para que concluyera el bachillerato y procura encontrar otro trabajo. En un momento determinado me dijo que se había enamorado de una extranjera a través de Internet acepté prestarle dinero para que fuera a visitarla. El viaje no llegó a producirse por una curiosa circunstancia. Un día se me ocurrió decirle que uno de los peligros de los enamoramientos a través de internet era que muchas cosas se ocultaban como, por ejemplo, si una persona no utilizaba desodorante. He pensado luego si no se dio por aludido porque abandonó inmediatamente la idea de conocer a aquella mujer de la que, supuestamente, se había prendado. Su hijo le robaba dinero a su padre para comprar cosas con las que sobornar a sus compañeros de clase y así tenerlos cerca. Privado de afecto en su hogar, la desdichada criatura había llegado a la conclusión de que si deseaba tenerlo en el colegio no le quedaba otra salida que comprarlo.

[Pérez Bustamante] siempre fue un ignorante enciclopédico. De hecho creo que era difícil encontrar en una enciclopedia algo que no ignoraba, pero, a la vez, le encantaba discutir de todo y dar la impresión de que sabía de lo que hablaba. En un momento determinado, le dio por la teología y decidió integrarse en la iglesia ortodoxa. Surgió el problema de su esposa no estaba dispuesta a tragarse un culto dominical de dos horas en una lengua que no conocía. De repente, un día anunció que había decidido hacerse católico o, más bien, regresar al seno de la iglesia donde había sido bautizado cuando era un bebé. Recuerdo que solté una carcajada al enterarme de su anuncio porque siempre había pensado que lo más que podíamos pedir a Dios era que cuando su cabeza dejara de dar vueltas, teológicamente hablando, por lo menos quedara mirando hacia delante. En apenas unas semanas se casó por el rito católico, vendió un piso que su madre le había dejado al morir en el barrio de Salamanca y decidió emprender una nueva vida en un pueblecito de Aragón. En su mente acentuadamente inmadura había llegado a la conclusión de que el dinero del piso de su madre le permitiría vivir sin tener que trabajar ya que sus hijos – ya tenía dos o tres – iban a ser mantenidos por el Estado que les pagaría la educación y las comidas que realizaran en el centro escolar. No dudo de que la idea de no volver a trabajar – ¡cuando apenas se ha cruzado la raya de los treinta años! – y de pasarse las horas muertas navegando en internet no pueda tener un cierto atractivo, sobre todo, cuando lo único que se puede contemplar en varios metros a la redonda es la suciedad acumulada porque la esposa se bebe una botella de pacarán al día y no está para muchos labores y Pérez Bustamante no tenía tampoco la menor intención de asear el hábitat. Con todo, debe reconocerse que o era muy realista.

Un día, un avispado católico [Alex del Rosal] – la adscripción religiosa es fundamental para comprender el resto de la historia – me telefoneó a la COPE. Había concebido el proyecto de crear una página web [RELIGIÓN EN LIBERTAD] y necesitaba a alguien que se ocupara de asumir el cometido de machaca cuelga noticias. No es que le fuera a pagar mucho, por supuesto, ya que estaba empezando, pero algo sí podía darle. No terminaba yo de saber que pito podía tocar en aquel concierto cuando la persona me dijo que había pensado en Pérez Bustamante para ocuparse del tema y que deseaba conocer mi opinión. Por un instante me asaltó la duda. Pérez Bustamante era un ignorante sin formación y le podía armar una zapatiesta de las que dejan huellas en los anales. Por otro lado, la verdad es que no le vendría mal tener el primer trabajo fijo de su existencia.

Me equivoqué de lleno. Pérez Bustamante se puso más contento que los compases iniciales de ‘En un mercado persa’, pero, desde el principio comenzó a hacer de las suyas. Convencido de que tenía el mundo en sus manos – y es que no hay cosa peor que darle a un tonto dos galones – no tardó en pontificar sobre todo lo divino y lo humano en la página web. Esta había sido concebida para llevarse bien con los obispos y ganar dinero con la publicidad de objetos religiosos. Pérez Bustamante la convirtió en una barbacana desde la que disparar dogmáticamente sobre todo lo que no se movía según los rígidos criterios del integrismo católico más espeso. No sólo eso. Aprovechó para dedicarse a dar la lata a su obispo o pretender que dominaba la situación como el alumno chulo domina el patio de un colegio.

Una mañana me llamó alarmado el dueño del invento [Alex del Rosal] para decirme que estaba muy preocupado con Pérez Bustamante. Pegaba un disparate tras otro en la página, se dedicaba a pontificar sobre cuestiones de las que no tenía la menor idea y lo peor es que también había dado albergue a un grupo anónimo que atizaba día sí y día también a los obispos catalanes. Me proponía, si a mí me parecía bien – ¿Y quién era yo para que me pareciera bien  o mal? – la idea de sacar a Pérez Bustamante del pueblo donde seguía viviendo y pagarle una beca en Madrid a fin de que aprendiera. Por supuesto, continuaría pagándole, pero sólo regresaría a ocuparse de la página cuando tuviera la debida formación. Le dije al dueño de la página que no me parecía mala ocurrencia su propuesta.

Pérez Bustamante no tenía la menor intención de abandonar una vida rural en que se dedicaba toda la jornada a navegar por internet para irse a estudiar a la capital, y por añadidura, menos deseo tenía de abandonar el pabellón desde el que podía lanzar a los cuatro vientos sus mensajes apocalípticos. Me imaginé que el episodio iba a acabar como el rosario de la aurora y volví a acertar. El dueño de la página arrojó a Pérez Bustamante a las tinieblas exteriores y, como nunca lo había tenido contratado como trabajador, no pudo percibir ni desempleo ni indemnización.

A él, desde luego, todo aquello le traía sin cuidado porque estaba en otras cosas. Volviendo al caso concreto de su trayectoria, debo decir que, al cabo de unos días de ser despedido, había reunido a un grupito de integristas a cuyo lado Torquemada hubiera parecido un despendolado heterodoxo y se había lanzado a la aventura de crear una nueva página web [INFOCATÓLICA]. Intenté ayudarle no porque el invento – que me daba escalofríos – tuviera bondad alguna sino porque su familia me inspiraba mucha, muchísima compasión. En una suma creciente de delirios y fanatismo, una mañana Pérez Bustamante me llamó rutilante de satisfacción porque acababa de crear con otras personas de su cuerda una entidad que iba a ser según sus palabras ‘como el Santo Oficio’. ¿Qué persona en su sano juicio podía encontrar grata la idea de resucitar la Inquisición a inicios del siglo XXI? Por supuesto, Pérez Bustamante y sus cuates. Yo le presté dinero para su hijo, que tenía problemas con la Justicia.

Cuál no sería mi sorpresa cuando una mañana me informaron de que había iniciado una serie en su página web destinada única y exclusivamente a insultarme. Tras unos días, pasó de la injuria a pedir públicamente desde el mismo medio el boicot a mis libros – reconózcase el odio que sienten por mis escritos los enemigos de la libertad – y no tardó en llamar a la gente a dejar de escuchar EsRadio mientras Federico Jiménez Losantos y Alberto Recarte no me echaran. El muchacho, ignorante, desgraciado, abrumado por problemas domésticos al que yo había conocido tiempo atrás había terminado por convertirse en un verdadero monstruo. Amedrentado ante la idea de tener que ganarse la vida honradamente e incapaz de solucionar situaciones domésticas muy dolorosas había acabado por abrazar una visión totalitaria que le permitiera disparar sobre otros le resentimiento, la frustración y quizá la envidia de años. Gente de su misma catadura había formado parte de las S. A. de Hitler y del NKVD de Stalin.

Le escribí una nota breve por correo electrónico manifestándole mi pesar por su transformación y suplicándole que evitara ponerse en contacto conmigo en el futuro. Lo reconoció alegando que se había limitado a defender a la iglesia católica. Yo le envié el último cheque por el último trabajo innecesario que le había encargado a la vez que me preguntaba por las raíces de la ingratitud humana.

El Análisis

INGRATITUD VS GROSERÍA

JF Lamata

Después de su ruptura con D. Alex del Rosal y LIBERTAD DIGITAL/RELIGIÓN EN LIBERTAD, el Sr. Pérez Bustamante había intentado hacerse fuerte con INFOCATÓLICA, con un digital que parecía buscar ser defensor de las esencias de la cristiandad. Por tanto, cuando el Sr. César Vidal se puso a atacar al catolicismo desde LIBERTAD DIGITAL (lo cual era un tanto raro en un ex locutor de la radio propiedad de la Iglesia católica), INFOCATÓLICA respondió con virulencia. Si es cierto que el Sr. Vidal había prestado ayuda al Sr. Pérez Bustamante en momentos difíciles, la actuación del director de INFOCATÓLICA no merece otro nombre que el de ‘ingrata’.

Lo malo no es que el Sr. Vidal le acusara de ingrato, lo malo es que el Sr. Jiménez Losantos elevara y por escrito, el listón a decir que era un ‘hijo de puta’ y que el Sr. Vidal desvelara datos de la intimidad familiar del Sr. Pérez Bustamante. Lo primero es una grosería indigna de alguien con una trayectoria como la del Sr. Losantos, lo segundo no me atrevo a calificarlo. La ventaja que tienen los señores Vidal y Losantos es que una mera conversación ya da para un libro que pueda reportarles cuatro perras. Pero hay cosas que, si en una conversación informal pueden resultar hasta dicharacheras, por escrito en un libro publicado merecerían otro tipo de adjetivos.

El hecho de que el Sr. Vidal ampliara detalles íntimos para atacar al Sr. Pérez Bustamante en sus memorias – «No vine para quedarme» – muestra hasta que punto le había cogido inquina a su ex colaborador hasta descender al barro grosero más absoluto.

J. F. Lamata

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