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Catarata de críticas por no incluir preguntas sobre el 'caso Urdangarín', Corina o la caza en Botsuana

TVE emite una entrevista al Rey realizada por Jesús Hermida para hacer balance de su reinado al cumplir 75 años

HECHOS

El 4.01.2013 TVE emitió una entrevista a S. M. el Rey Juan Carlos I realizada por el periodista D. Jesús Hermida.

julio_Somoano_tve El Director de Informativos de TVE, D. Julio Somoano, apareció por primera vez ante las cámaras desde su nombramiento para introducir la entrevista.

05 Enero 2013

Malos tiempos para la campechanía

Ricardo de Querol

El Rey se muestra cercano y preocupado por los suyos, pero un formato encorsetado impide arrancarle confidencias. Ya que no cabía una entrevista agresiva, se habría agradecido una charla más relajada. Manda la prudencia.

Nadie esperaba una entrevista impertinente. No tocaba un cara a cara como el de Ana Pastor con Dolores de Cospedal tras el cual el PP pidió la cabeza de la periodista; mucho menos algo similar a cuando Iñaki Gabilondo dio las buenas noches y espetó en frío a Felipe González: “¿Organizó usted los GAL?”. No íbamos a ver esta noche a un monarca acorralado por preguntas incómodas, porque ya de entrada se dijo que esta entrevista se planteaba como un diálogo sosegado dentro de un programa especial sobre el Rey y su generación, y que los asuntos más espinosos (Urdangarín, Botsuana) no serían planteados. Con eso contábamos, pero anoche la primera frase del entrevistador Jesús Hermida fue «permítame que le felicite» y el tono permaneció así de amable en los 22 minutos de diálogo. “Vuestra majestad”, se dirigía repetidamente el respetuoso periodista, al que el monarca tuteaba como acostumbra.

Si no esperábamos una entrevista agresiva, al menos habríamos agradecido una conversación relajada. Pero tampoco. Todo fue medido, encorsetado. Planos muy calculados, sobrios, no daban opción a que la cámara capture un gesto, un detalle que delate algo. Las preguntas, todas del tipo “de qué está más orgulloso” o “qué nombre pondría a su generación”, fueron en algún momento repetitivas, lo que es difícil de perdonar en una charla tan breve y con tantos temas ausentes.

Sin duda, el Rey gana en las distancias cortas. Llegaba a la entrevista en el momento más complicado de su mandato y seguramente cumplió sus objetivos: mostrarse cercano al ciudadano que sufre la crisis, solidarizarse con su penuria, reivindicar la obra política de la Transición y los beneficios del consenso y lanzar alguna advertencia contra el rupturismo catalán. Don Juan Carlos explota su simpatía personal, eso que llaman campechanía, aunque con la edad y las operaciones se le ve corporalmente más rígido, tiene la voz más ronca y, claramente, es más prudente en lo que comparte con la audiencia. Ya no grabaría un documental como el que le hizo en 1992 para la ITV británica Selina Scott, quien se metió tanto en la intimidad de la familia real que acabó ayudando al monarca a arrancar su moto.

El tiempo corre en contra de la campechanía. Un país desmoralizado por el empobrecimiento súbito no encajaría del mismo modo nada que pudiera entenderse como una frivolidad de su jefe de Estado. Los consensos sociales de la transición en torno a la figura real se han debilitado; la República ya no es tabú en el debate. En la estrategia real que siguió al traspié en África, y que pasó por una petición de disculpas sin precedentes, don Juan Carlos se dedica a preocuparse por sus compatriotas e inyectar algo de esperanza. Un rey más concienciado. Más cuidadoso.

Jesús Hermida, que es una institución del periodismo español -el hombre que nos contó la llegada del hombre a la Luna, el primer gran corresponsal televisivo, modernizador del medio en la pública y la privada- no necesita más medallas, pero ayer no ganó ninguna nueva. Chirrió que TVE presumiera tanto en la introducción de su director de informativos, Julio Somoano, de haber logrado una entrevista que su redacción persigue «desde hace una década”. Fue en 2000, al cumplirse 25 años de reinado, cuando Victoria Prego entrevistó al rey por última vez en la televisión pública y logró arrancarle confidencias más interesantes sobre la transición, el golpe de Estado o su relación con los presidentes del Gobierno.

Esta vez no tocaba ninguna revelación sorprendente. Escuchamos al Rey y entendimos su mensaje sin aprender nada nuevo sobre él. No cabía esperar una entrevista tan explosiva como la que el mismo Juan Carlos I dio a Newsweeken abril de 1976, en la que se escribía: “En opinión del Rey, Arias es un desastre sin paliativos, que se ha convertido en el soporte de los leales a Franco, conocidos como el búnker”. Eso sí que era un titular.

06 Enero 2013

Tan cercano

Carlos Boyero

El martilleo publicitario durante toda la semana sobre el celestial acontecimiento había sido excesivo. Y entiendes que los jefes de prensa y los estrategas de ese regalo del que disfrutamos tanto los españoles llamado monarquía perciben que las cosas andan chungas para la divina familia cuando necesitan vender con tanto alboroto una entrevista en televisión al patriarca del clan. Hacen su trabajo, con la convicción de que el deprimido pueblo llano volverá a amar al casquivano cuando este les muestre su intimidad, su lado más cálido y humano, sus entrañables recuerdos familiares, su espontaneidad relatando las cosas de la vida, su honda preocupación por el estado de las cosas, su inalterable confianza en que juntos podemos (imagino que no le van a pagar derechos de autor a Obama por el exaltante “podemos”) salir de la crisis y, en fin, esas cositas tan originales.

Julio Somoano, aquel aguerrido centurión de Esperanza Aguirre, se siente en la obligación de aparecer de cuerpo entero haciendo de introductor a esas excepcionales confesiones. Nos ilustra sobre la personalidad del entrevistador Hermida definiéndolo con afanes arqueológicos como “un rostro histórico de esta casa” y asegura que esta entrevista ya forma parte desde hoy de la historia de España. O sea, todo es histórico. Si la capacidad expresiva del tal Samoano es limitada, la de su Majestad tampoco invita a lanzar cohetes cuando no le han escrito el texto. ¿ Y su interlocutor, el rostro histórico?. Pues en su línea. Para mi deplorable gusto, tan melifluo, sobreactuado y estomagante como siempre.

En la matraca de frases comunes le escucho más de una vez al monarca su certidumbre de que la España de hoy es moderna, democrática y solidaria. Vale, ya no es paleolítica ni dictatorial (qué progreso tan rápido y sublime para estar en 2013), pero ignoro los datos que posee su Majestad para asegurar que es solidaria. Imagino que se refiere a que en algunas casas todos los parados de la familia se alimentan con la jubilación del abuelo. La justicia social es prescindible cuando existe la solidaridad familiar. Y, por supuesto, el entrevistador no va a ser tan maleducado como para preguntarle por corrupciones y paquidermos. Que natural resulta todo, que emotivo, que revelador, que bonito. Deberían mantener esta tradición en cada cumpleaños de su Majestad.

08 Enero 2013

La ley como provocación

Hermann Tertsch

Las almas tiernas del nacionalismo del noreste se ha sentido heridas. Dicen que las han querido provocar desde este pueblo manchego y mesetario, mitad cuartel, mitad caverna. Desde Madrit, desde donde se les niega el pan, la sal y el derecho a decidir, se les ha provocado. Y en la Epifanía. Encima. El pecado no ha sido al parecer esta vez del Rey Juan Carlos, que estuvo breve en su tercera alocución pública en quince días. Con sus dos discursos oficiales importantes, el de Nochebuena y el de la Pascua Militar, algunos creemos que la entrevista organizada por la Casa Real en TVE1 era prescindible. Por cuanto sólo podía decepcionar a muchos y satisfacer a pocos. Había majaderos que le pretendían exigir «confidencias» al entrevistado. Y otros que querían que Jesús Hermida se comportara con el Rey como un interrogador faltón de la izquierda trata habitualmente a Esperanza Aguirre. Al final, Hermida se portó con el Rey como era de esperar. Como lo haría un Jordi Evole en entrevista al exjuez, delincuente prevaricador y santón izquierdista Baltasar Garzón. Es decir, como amigos y con más complicidad de la que tolera una entrevista para merecer tal nombre. En fin, no seré yo quien se ponga a discutir si ese activismo de la Casa Real es absolutamente necesario. O si hubiera sido suficiente con los dos buenos discursos institucionalmente prescritos en estas fechas. En todo caso, no ha sido el Rey el acusado ahora de herir las hipersensibilidades de quienes, encastillados en una institución del Reino como la Generalitat, no parecen tener en cuenta sensibilidades ajenas cuando no dejan pasar un día sin ofensa a España, al Estado o a su pueblo. Ni pierden una oportunidad de desprecio a las leyes comunes. Esta vez es el ministro de Defensa, Pedro Morenés, el que es reprendido por los partidos separatistas catalanes, por subrayar, con mucha razón, que en España «los militares cumplen sin atender absurdas provocaciones». Era una mínima coletilla para dejar constancia que existen esas provocaciones contra la unidad de España y contra la Constitución que la garantiza. Que los militares no las atienden es una obviedad. Quien tiene que atenderlas y actuar en justa y medida correspondencia, es el Gobierno del que forma parte el ministro Morenés. Y aun no lo ha hecho con la claridad que para muchos millones de españoles exige el momento y la procacidad con que se prepara la violación de todas las leyes en ese fantasmal, ilegal e imposible “proceso de transición” hacia la independencia. Cómo y cuándo va a poner el Gobierno pie en pared para poner fin a este delirio no lo sabemos. Pero sí sabemos que tiene la obligación de defender a los españoles en Cataluña y fuera de ella ante las evidentes intenciones de secuestro por parte de un proyecto golpista y de alta traición. No sabemos si todavía tiene el Gobierno alguna esperanza en que Artur Mas recupere un mínimo de sentido común y de realidad. Y alguna autonomía frente al socio indeseable al que, en su desesperación tras su grotesca operación electoral fallida, ha unido su destino. Si así fuera, haga el Gobierno con Mas o con quienes puedan sustituirle una reconducción de la situación hacia la legalidad. Pero si no fuera así, el Gobierno habrá de actuar. Nadie se agite. Nada indica que vayan a hacer falta los militares. Pero la Constitución está ahí, toda ella es ley y toda aplicable. La ley y la constitución no son la provocación. Lo es su violación y la agresión al orden constitucional, el golpismo desde el nacionalismo, en suma. Toda Europa y todo el mundo civilizado entienden esto.

12 Enero 2013

Corinna y el elefante

Salvador Sostres

Los reyes disparan y retozan con cortesanas, y hay que celebrar que el nuestro sea capaz de hacer las dos cosas a la vez. Corinna y el elefante. ¡Pam! ¡Qué dos buenos disparos! Esto es una monarquía y lo demás son tonterías. En nuestros tiempos tan bobos, y tan destruidos por la corrección política, se compara la vida de un elefante a la de una persona, al toreo se le llama tortura y la turba se escandaliza porque un rey tenga cortesanas. ¿Dónde iremos a parar?

De tanto dejar el nivel del debate en manos de socialdemócratas y de cobardes -valga la redundancia-, de tanto querer igualar por debajo y de tanto pensar que el público siempre tiene la razón cuando no hay nada más ignorante e incompetente que el público, hemos acabado tratando al rey y a la monarquía como si fueran la chacha.

Que nuestro rey a su edad vaya todavía de safari tendría que ser motivo de orgullo para los españoles, y tendría que ser recibido entre vítores por ser todavía capaz de calzarse a una dama de la clase de Corinna. Pero hemos caído tan bajo como pueblo y como sociedad que todo lo despreciamos y no somos capaces de admirar nada. No sabemos reconocer la grandeza, ni el estilo, ni la belleza. Nos merecemos la vulgaridad de la república, con esa insoportable ordinariez de confiarle a la democracia la elección del jefe del Estado. ¡Con lo emocionantes que son las dinastías! ¡Qué zafios nos hemos vuelto, qué rabiosos, qué miserables!

El rey Juan Carlos está que se sale pese a sus achaques. Se podía haber ahorrado la entrevista con Hermida, o bien calzárselo como a Corinna, pero aquella escena de salón fue cursi y barata.

Un rey no da explicaciones. Un rey retoza y dispara, y el pueblo agradecido aplaude y paga. Su Majestad está interpretando su papel con la dignidad y la altura que de él esperábamos y esperamos los que pensamos que lo sagrado es lo fundamental, que lo hereditario tiene que prevalecer ante el capricho de la masa iracunda, y que no hay nada peor que doblegarse a la terrible estupidez de la corrección política que todo acaba por destrozarlo.

Larga vida al Rey, y largas damas.

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