4 marzo 1983
Su elección supone una derrota para el primer ministro, Begin, del Likud
Chaim Herzog, del Partido Laborista, Jefe de Estado de Israel
Hechos
El 22.03.1983 el Parlamento de Israel designó a Chaim Herzog nuevo presidente del Estado de Israel.
Lecturas
El anterior Jefe de Estado fue Navon en 1978.
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DERROTA PARA BEGIN
23 Marzo 1983
Haim Herzog, intelectual, ex militar y laborista, nuevo presidente de Israel
La elección de Haim Herzog, que será el sexto presidente del Estado de Israel, constituye una victoria de la oposición laborista y, por la misma razón, un serio revés contra la coalición gubernamental, Likud. El primer ministro, Menájem Beguin, puso todo su prestigio en la balanza y pidió el voto para su candidato, el juez del Tribunal Supremo Menájem Elon. Herzog sucede a Isaac: Navon, que decidió no presentarse a la reelección.
El fracaso político de la coalición es tanto más agrio por cuanto que constituye su tercera derrota, en el Parlamento (Knesset), en las últimas semanas. El Gobierno fue recientemente derrotado en el debate sobre el tema de la prolongación de los mandatos de los grandes rabinos de Israel y ahora con la elección del nuevo presidente del Estado.Siete diputados de la coalición gubernamental -generalmente se cree que se trata de seis liberales y del ministro Saharon Ouzan, del partido Tami- votaron por el candidato laborista. Este quebrantamiento de la disciplina del voto por parte de miembros de la coalición, que constituye un desafío directo contra Beguin, fue posible por el escrutinio secreto, hecho bastante raro en el Knesset, donde las votaciones suelen ser casi siempre a brazo alzado.
Esta defección en la coalición gobernante fue duramente criticada por varios miembros del Likud. El vicepresidente de la coalición, Ron¡ Milo, que se comprometió a pagar un millón de shekel (moneda nacional) a un fondo para la defensa si Haim Herzog resultaba elegido, dimitió de su puesto. El diputado Yusef Rom propuso elecciones anticipadas, «dada la falta de lealtad de algunos miembros de la coalición».
Por parte laborista proliferaron las felicitaciones por la derrota gubernamental y se pide la dimisión de Beguin y su Gabinete.
«C’est la vie» («Es la vida»), dijo Menájem Beguin en francés, tras conocer los hechos, inmediatamente después de lo cual felicitó al diputado laborista victorioso, Herzog.
Haim Herzog, de 65 años, Judío nacido en Belfast, Irlanda del Norte, pertenece a una familia muy religiosa. Su padre fue gran rabino askenazi en Israel en los años veinte y treinta. Brillante abogado, Herzog cuenta con un excepcional expediente militar. Enrolado en el Ejército británico desde la apertura de hostilidades con el régimen nazi en 1939, ascendió velozmente por el escalafón militar y concluyó la guerra con el grado de mayor. Miembro del Haganá, ejército clandestino judío, tras la independencia de Israel fue nombrado jefe de la inteligencia militar y, después de la guerra de junio de 1967, general comandante de Jerusalén.
Herzog fue un notable embajador de Israel ante la ONU. Laborista desde la primera hora, fue diputado en 1977 y, de nuevo, en 1981. Yerno de Nisim Gaon, multimillonario y presidente de la Federación Mundial del Judaísmo Sefardí, Haim Herzog habla perfectamente el árabe.
El Análisis
El 22 de marzo de 1983 el Parlamento israelí designó como nuevo presidente del Estado a Chaim Herzog, miembro del Partido Laborista, en sustitución de Isaac Navón. Herzog llegaba al cargo con un perfil sólido: general retirado, jefe de la inteligencia militar durante años decisivos, diplomático con experiencia en la ONU y un hombre de reconocida autoridad en la vida pública israelí. Su prestigio personal y su imagen de moderación y consenso fueron decisivos para imponerse al candidato oficialista, el juez Menachem Elon, respaldado por el primer ministro Menahem Begin y el Likud.
La elección de Herzog representó un revés político para Begin, no tanto por el papel ejecutivo del presidente —en Israel meramente simbólico—, sino porque evidenció fracturas en el bloque gobernante. El hecho de que varios diputados del propio Likud votaran a favor del laborista mostró la erosión de la disciplina interna y el desgaste de Begin en plena tormenta política y social tras la guerra del Líbano. Fue una señal clara de que, incluso con mayoría parlamentaria, el carisma del primer ministro ya no lograba imponer unidad ciega en sus filas.
Más allá de los equilibrios partidistas, la llegada de Herzog al cargo reforzó la imagen institucional de Israel. Como presidente, supo actuar como un referente moral, garante de la convivencia política y puente entre comunidades. Pero el trasfondo de su elección sigue siendo revelador: en Israel, incluso los puestos simbólicos pueden reflejar las tensiones reales del poder, y el triunfo de Herzog en 1983 fue, en gran medida, la advertencia silenciosa de que la era de Begin se acercaba a su fin.
J. F. Lamata