25 julio 2003
Comisión Tamayazo – Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, los diputados expulsados del PSOE son interrogados por una Comisión de Investigación ante las cámaras de TELEMADRID
Hechos
- El 24 y e 28 de julio de 2003 D. Eduardo Tamayo Barrena compareció ante una Comisión de Diputados.
- El 28 de julio de 2003 Dña. María Teresa Sáez Laguna compareció ante una Comisión de Diputados.
Lecturas
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25 Julio 2003
Tamayo se retrata
El diputado tránsfuga Eduardo Tamayo no se apartó ni un milímetro, en su primera comparecencia ante la comisión que investiga su defección en la sesión constitutiva de la Asamblea de Madrid, del guión esbozado durante su intervención en el debate de investidura frustrada de Rafael Simancas: todo se debe a la situación interna de la Federación Socialista Madrileña (FSM) y no hay trama inmobiliaria alguna tras su decisión.
Tamayo sacó de nuevo a relucir un supuesto pacto por el que debería entregarse al grupo Renovadores por la Base, del que formaba parte, el 40% de los cargos del hipotético gobierno formado por Simancas con Izquierda Unida y cuyo incumplimento le llevó, junto a la diputada María Teresa Sáez, a dar la espantada. Que no le dieran lo que consideraba suyo y encima pretendieran dárselo «a los comunistas» en un «pacto oculto y humillante» parece que removió en Tamayo su «conciencia política», impulsándole a desencadenar una crisis institucional sin precedentes.
Pero esa explicación endógena -un asunto interno de la FSM que Tamayo se empeña en ofrecer como causa única de su deserción y que avala el PP- saltó ayer por los aires, tras sus primeros interrogatorios. Tamayo no aportó prueba alguna, salvo recortes de prensa, de la entrega del posible Gobierno PSOE-IU en la Comunidad de Madrid a «los comunistas», ni pareció interesarse por su formación, al admitir expresamente que entre el 27 de mayo y el 6 de junio no asistió a las reuniones de la FSM en las que se informó de las negociaciones en curso. Incluso se vio impelido a admitir que, como miembro de la Ejecutiva socialista de Madrid, había dado su visto bueno tanto a las listas como al programa electoral que luego utilizaría para justificar su fuga. La coartada de Tamayo para su incalificable actuación quedó, pues, desmontada. Y a falta de una buena explicación, caben todas las explicaciones, incluida la de una trama de intereses urbanísticos que hasta ahora no se ha podido probar.
Tamayo no pudo negar ni dar tampoco explicaciones convincentes sobre el fluido trato telefónico en esas fechas previas a su deserción con el abogado próximo al PP José Esteban Verdes. Es posible que esa relación sea el hilo del que tire el PSOE en próximas comparecencias para encontrar esas otras causas -exógenas en este caso- que aclaren lo ocurrido el 10 de junio en la Asamblea de Madrid. Tamayo se ha definido como «un hombre de principios, sincero y de tranquila y limpia conciencia». Pero ese retrato corresponde a alguien bien distinto al personaje contradictorio que compareció ayer ante la comisión de investigación.
30 Julio 2003
OPERACIÓN ANTIDEMOCRÁTICA AL DESCUBIERTO
Las sesiones de la Asamblea de Madrid, atan solas, tan burdas, tan ávidas, además de consagrar a Tamayo superstar, han dejado al descubierto la operación antidemocrática que contra el pueblo de Madrid preparaba la Federación Socialista Madrileña. Balbás lo dejó ayer todo más claro que las aguas en las que bebía la zagala montaraz de Góngora. Hay que enviar enseguida al libro Guinnes de los récords algo que parecía imposible. Por fin, una comisión de investigación ha servido para algo. Los madrileños otorgaron en las elecciones de mayo el 7% de los votos al Partido Comunista, disfrazado tras la máscara de Izquierda Unida. Democráticamente, los comunistas sólo tenían derecho al poder correspondiente a ese 7%. Simancas, gentilmente, les entregó el 50% en la Comunidad, otorgándoles las consejerías clave. Balbás y Tamayo reaccionaron seguramente no tanto por la sangrante operación antidemocráticamente no tanto por la sangrante operación antidemocrática como por el hecho de que les fueran sustraídas las consejerías con ellos comprometidas para cedérselas al Partido Comunista-ladrillista.
Traidores, pues, al pueblo madrileño y a su propio partido han sido Simancas, Porta y sus compañeros de viaje, que estuvieron dispuestos a alterar el resultado electoral, la voz intocable de las urnas.
Los populares, tan panolis y dilectos como siempre, andan defendiéndose de no sé qué trama en la que no cree nadie en lugar de denunciar la tropelía antidemocrática que estuvo a punto de consumarse. Simancas, Porta y sus cómplices se han llenado la boca al asegurar que e estaba desvirtuando con la abstención de Tamayo y Sáez, la voluntad popular. Aguirre no ha sabido replicar de forma reiterada para que lo repitan hasta las ranas del estanque del Retiro, que el único desvirgamiento de la voluntad del pueblo madrileño era el que, en secreto, pactó Simancas con IU, dándoles a los comunistas el 50% del poder en la Comunidad madrileña cuando sólo habían recibido el 7% de los votos.
Luis María Anson