22 noviembre 1981
Según la policía congregaron a 120.000 personas en memoria de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, aunque también se elogió al golpista Antonio Tejero
Concentración de franquistas en la Plaza de Oriente encabezados por el diputado Blas Piñar y la popular Carmina Ordoñez, ex esposa del torero Paquirri
Hechos
El 22 de noviembre se produjo una manifestación en memoria de las figuras de D. Francisco Franco y D. José Antonio Primo de Rivera a la que asistió Dña. Carmen Ordóñez, popular por ser esposa del torero D. Francisco Rivera ‘Paquirri’ que está afiliada a la formación política Fuerza Nueva.
El Análisis
La concentración celebrada el 22 de noviembre de 1981 en la Plaza de Oriente, convocada por Blas Piñar en memoria de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, volvió a mostrar la paradoja de un integrismo político que logra reunir multitudes en la calle, pero apenas encuentra reflejo en las urnas. El líder de Fuerza Nueva, convertido en símbolo de la nostalgia franquista, reúne fieles que corean lemas de otro tiempo, pero su representación parlamentaria es mínima: un único escaño que evidencia cómo incluso quienes simpatizan con su discurso prefieren, llegado el momento electoral, el voto “útil” a Suárez, Fraga o a las opciones ya plenamente democráticas.
Lo que sí resultó llamativo en este tipo de actos fue la presencia de rostros conocidos de la sociedad española, entre ellos Carmen Ordóñez —popular por su matrimonio con el torero Paquirri, aunque ya separada desde 1979— y la modelo Maribel Lozano. Ambas, jóvenes y con proyección pública, se mostraron con gesto inequívoco de adhesión a un integrismo que, en plena transición consolidada, es cada vez más marginal. Para algunas de estas figuras, educadas en la fidelidad al franquismo más rígido, mantener la militancia en Fuerza Nueva puede verse como un gesto de coherencia y hasta de valentía personal. Pero en términos sociales y profesionales, se trata de una apuesta arriesgada y poco realista.
En el caso de Carmina Ordóñez, ser fotografiada con el brazo en alto en un acto ultra puede marcar su relación con los medios de comunicación y con la opinión pública en adelante. Lo mismo vale para Maribel Lozano y cualquier joven vinculada al espectáculo o la moda que se muestre en tales ambientes. En una España donde la inmensa mayoría de los viejos franquistas han pasado a proclamarse demócratas de toda la vida, militar abiertamente en un integrismo condenado a la marginalidad parece más un gesto de inconsciencia que de estrategia. Y, con ello, se corre el riesgo de que la adhesión personal a una causa nostálgica se convierta en un lastre que condicione de forma irreversible la carrera pública de quienes hoy aún se atreven a sostenerla.
J. F. Lamata