10 julio 1964

Congo: El antiguo secesionista Moshe Tshombe nombrado Primer Ministro

Hechos

El 10 de julio de 1964 Tshombe fue nombrado primer ministro de El Congo.

Lecturas

Lumumba fue asesinado en 1961

El ex jefe de Gobierno secesionista de Katanga, Moshé Tshombe, ha sido designado primer ministro de El Congo por el presidente de la república, con el encargo de formar un nuevo gobierno.

Antoine Gizenga, uno de los antiguos compañeros del asesinado Patrice Lumumba, ha recuperado la libertad después de permanecer encarcelado durante dos años y medio, y se ha alineado junto a Tshombe.

A pesar del creciente poderío militar de las autoridades centrales del Congo, las guerrillas han conseguido importantes triunfos.

Mobutu tomará el poder de manera definitiva en el Congo en 1965

El Análisis

El regreso de Tshombe: pacificador improbable o pirómano reciclado

JF Lamata

La designación de Moshe Tshombe como primer ministro del Congo es una jugada tan inesperada como arriesgada. El hombre que hace apenas unos años encabezó el intento de secesión de Katanga —con apoyo de mercenarios y guiños de potencias occidentales— y cuya región fue el escenario del brutal asesinato de Patrice Lumumba, vuelve ahora a Kinshasa no como rebelde, sino como jefe de Gobierno. Su nombramiento, auspiciado por el presidente Kasavubu, parece ser un intento desesperado de contener la creciente ola de inestabilidad, integrar a los sectores separatistas y presentar ante Europa una cara conocida y confiable para las cancillerías. Tshombe, que en su exilio encontró refugio tanto en Zambia como en la España franquista, regresa a un país convulso, con un pasado que aún sangra y con un presente que no deja de incendiarse.

Tshombe es un personaje marcado por la ambigüedad: para unos, un líder pragmático capaz de dialogar con el mundo occidental; para otros, un oportunista sin principios que alentó la balcanización del país y contribuyó a uno de los magnicidios más trágicos de la África postcolonial. Su retorno al poder no representa reconciliación, sino una nueva fase de las intrigas congoleñas. Con Mobutu aún moviendo los hilos en las sombras del ejército, y con la población dividida entre la esperanza de estabilidad y el rencor por su pasado, la pregunta es si Tshombe podrá gobernar el país o si, por el contrario, será víctima de su propia historia. El Congo necesita estadistas, no supervivientes expertos en golpes de efecto. El tiempo dirá si este viraje político es una estrategia de pacificación o el prólogo de un nuevo acto de caos.

J. F. Lamata