6 marzo 1931
Consejo de Guerra contra los firmantes del Pacto de San Sebastián liderados por Alcalá Zamora
Hechos
En marzo de 1931 se celebró el Consejo de Guerra contra los firmantes del Pacto de San Sebastián (diciembre de 1930)
Lecturas
El pacto de San Sebastián fue firmado en agosto de 1930. Su líderes fueron detenidos tras los sucesos de Jaca en diciembre de 1931.
El 19 de marzo de 1931 se celebra el Consejo de Guerra contra los líderes republicanos españoles firmantes del Pacto de San Sebastián, a los que se le responsabiliza de los sucesos revolucionarios de diciembre de 1930.
El Consejo de Guerra está presidido por el general Burguete, D. Guillermo García Parreño como juez instructor y D. Valeriano Villanueva como fiscal.
Los acusados son D. Niceto Alcalá Zamora, D. Miguel Maura Gamazo, D. Francisco Largo Caballero, D. Fernando de los Ríos Urruti, D. Álvaro de Albornoz Liminiana, D. Santiago Casares Quiroga. (En rebeldía son juzgados D. Manuel Azaña Díaz, D. Marcelino Domingo Sanjuán, D. Diego Martínez Barrio y D. Nicolau D´Olvert).
Entre los abogados defensores destacan D. Ángel Ossorio Gallardo (defensore de los Sres. Alcalá Zamora y Maura), D. Felipe Sánchez Román (defensor del Sr. Largo Caballero), D. Francisco Bergamín (defensor de D. Fernando de los Ríos), D. Luis Jiménez Asua (defensor del Sr. Casares Quiroga) y Dña. Victoria Kent (defensora de D. Álvaro de Albornoz Liminiana).
El 23 de marzo de 1931 se establece la sentencia: 6 meses de un día de prisión para todos los acusados, con lo que, al haber cumplido ya ese tiempo en prisión durante la instrucción, quedan todos en libertad.
Hubiéramos lamentado una condena ineludible. Todas las condenas son lamentables y más lamentables cuanto más duras. (ABC, 24-3-1931)
El Análisis
El reciente consejo de guerra contra los firmantes del Pacto de San Sebastián ha terminado con penas leves que, más que un castigo, han resultado un altavoz político para los acusados. En plena precampaña de unas elecciones municipales que cada vez se perfilan con más sabor plebiscitario, esta vista judicial ha brindado a los líderes republicanos una plataforma perfecta para reafirmar su causa y presentarse como víctimas de una monarquía debilitada que intenta, sin éxito, frenar el viento de cambio. Lejos de minar su credibilidad, la sala del tribunal militar les ha servido de escenario para convertir sus argumentos en discurso público.
Sin embargo, esta victoria simbólica no resuelve el gran dilema político que se cierne sobre el futuro de España. Porque si bien la causa republicana gana terreno en las grandes ciudades y en la opinión publicada, el arraigo de la monarquía sigue siendo profundo, especialmente en el mundo rural, donde persisten fidelidades tradicionales, redes clientelares y un imaginario político que aún ve en la Corona un orden social conocido. En ese sentido, los principales líderes republicanos del pacto —Alcalá Zamora, Lerroux, Azaña— no parecen tener, por sí mismos, un respaldo popular que justifique su acceso directo al poder en caso de caída del régimen. Paradójicamente, el partido que sí parece gozar de un verdadero crecimiento de apoyo social es el PSOE, cuyo empuje entre la clase obrera y sectores populares ha aumentado notablemente desde que ha vinculado su suerte al bloque republicano. Pero esta fuerza real en votos no se está traduciendo en poder negociador equivalente. Por estrategia —o por prudencia— los líderes socialistas como Prieto y Largo Caballero han preferido ceder el protagonismo institucional a los republicanos burguesa, confiando en que una transición tranquila y de rostro centrista facilitará la consolidación del nuevo régimen.
¿Se está comprometiendo el PSOE con un proyecto que no le pertenece? ¿Será esta moderación una muestra de responsabilidad histórica o un sacrificio de la autonomía política? Por ahora, lo cierto es que el pacto republicano ha sobrevivido a su primera gran prueba de fuego —el consejo de guerra— y sale fortalecido ante la inminente cita electoral. Pero la pregunta clave persiste: ¿quién representará realmente al nuevo régimen si este llega, y en nombre de quién gobernará? La historia parece estar girando, pero no todos los protagonistas ocupan todavía el lugar que les corresponde por peso social.
J. F. Lamata