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Dimite como miembro de la ejecutiva, diputado y abandona el partido

Crisis en Ciudadanos: El veto impuesto de Albert Rivera a pactar con el PSOE causa las salidas de Toni Roldán y Javier Nart

HECHOS

El 24.06.2019 D. Antonio Roldán anunció su dimisión como diputado de Ciudadanos, como miembro de la ejecutiva del partido y su baja en la formación.

DESPEDIDA CON REPROCHES A LA DIRECCIÓN

 El Sr. Toni Roldán dio una rueda de prensa para anunciar su marcha en la que reprochó que habían dejado de ser un partido centrista al establecer que ‘sólo podían pactar’ con el PP. «No podemos romper la dialéctica entre azules y rojos, si al final nos volvemos azules». Lamentó que no intentaran un pacto estable con el PSOE frente al independentismo y que prefirieran entenderse antes con el bloque PP-Vox que con los socialistas.

DIMISIONES DE APOYO

Ante la dimisión de D. Toni Roldán, se celebró una sesión de la ejecutiva de Ciudadanos en las que cuatro miembros, D. Luis Garicano, D. Javier Nart, D. Fernando Maura y D. Francisco Igea, defendieron ‘reconsiderar’ el veto al PSOE, pero los 24 miembros restantes mantuvieron su respaldo a la posición de D. Albert Rivera. En aquella votacióon hubo tres abstenciones: D. Ignacio Prendes, Dña. Orlena de Miguel y Dña. Marta Martín que quisieron expresar así su distanciamiento con D. Albert Rivera, pero sin llegar a alinearse con el Sr. Roldán.

 El eurodiputado D. Javier Nart anunció que dimitía como miembro de la ejecutiva de Ciudadanos como señal de solidaridad hacia el Sr. Toni Roldán.

 El líder de Ciudadanos en Asturias, D. Juan Vázquez anunció que se retiraba del partido ante lo que considera un ‘giro a la derecha’ de la formación.

 En julio D. Francisco de la Torre, diputado y secretario de Programas de Ciudadanos anunció a finales de julio que también abandonaba el partido decepcionado con el veto a dialogar con el PSOE del Sr. Rivera.

Otro de los fundadores del partido D. Xavier Pericay anunció que abandonaba la ejecutiva y la afiliación desengañado con la evolución del partido y, en particular, en Baleares. Igualmente otro de los fundadores, D. Francesc de Carreras, tras años alejado de la dirección, anunció que se daba de baja por el veto de Ciudadanos a negociar nada con el PSOE.

25 Junio 2019

El coste interno de un compromiso

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

LA SORPRESIVA marcha de Toni Roldán ha abierto una crisis en Cs, que está pagando los costes internos de su estrategia de competición por el centroderecha al precio de desairar al ala más progresista del partido. Roldán pertenecía al núcleo duro de la Ejecutiva y era portavoz económico además de responsable de Programas: se trata por tanto de una baja sensible, que fue pronto seguida por la del eurodiputado Javier Nart. Los motivos aducidos en un caso y otro son los mismos: discrepancia con el rumbo estratégico decidido por Albert Rivera. Un giro motivado por el movimiento previo de Pedro Sánchez para alcanzar La Moncloa: la moción de censura pactada con separatistas y populistas. En aquel instante quedó truncada la relación entre el sanchismo y Cs, y esa ruptura fue elevada a compromiso electoral por la Ejecutiva, que la aprobó por unanimidad.

También Roldán votó a favor del veto en aquella reunión, como recordó Arrimadas en su comparecencia, y no cabe dudar de que la estrategia se reveló exitosa en términos electorales. Sin embargo, la correlación de fuerzas resultante obligaba a los liberales a entenderse aun de forma indirecta con la derecha radical de Vox para conquistar poder territorial. Y ese entendimiento, en tanto se mantenía el veto al PSOE, ha generado un malestar entre algunos dirigentes críticos que ha terminado cristalizando en dos importantes dimisiones. Roldán reivindicó la idea original de bisagra ajena a frentismos y reconoció la valentía de Rivera, pero acto seguido se despachó con dureza contra la pérdida de identidad que a su juicio acarrea la nueva estrategia, pese al crecimiento del partido. Y lo hizo sin miramientos hacia la formación de cuya dirección ha formado parte hasta ayer.

La dimisión de Roldán y Nart no puede desligarse de la campaña de presión orquestada para lograr que Rivera se desdiga del compromiso contraído con sus electores y facilite la investidura de Sánchez. La dirección naranja no solo mantiene sus posiciones sino que Rivera ha llegado a rechazar la invitación a Moncloa, invitación que sí atendió Pablo Casado aun para reiterarle por tercera vez su negativa a abstenerse. Más allá de una vaga «disposición a llegar acuerdos» ofertada por José Luis Ábalos para explotar la grieta abierta en Cs, lo cierto es que Sánchez no se ha movido un milímetro hacia el centro. A Rivera le asiste la razón cuando censura maniobras como la de Navarra, entregada por Sánchez al nacionalismo con el aval de los abertzales. Si ya ha elegido los mismos socios que en la moción, no debería seguir confundiendo a la opinión pública con cebos retóricos, desmentidos por los hechos allí donde el PSOE opta sistemáticamente por el nacionalismo como aliado. Pero si existiera un resquicio sincero para el entendimiento constitucionalista, en aras de la estabilidad y la moderación, Sánchez y Rivera deberían explorarlo con valentía por el bien de todos.

25 Junio 2019

Fuego y cenizas en Ciudadanos

Jorge Bustos

Nadie se irá del PSOE por los pactos con Bildu como se ha ido Toni Roldán de Cs por entenderse con Vox. Del enfado del marianismo con Casado tras su giro conservador solo supimos por una filtración periodística. El bipartidismo lleva años sin que uno de los suyos lave los trapos sucios en público. Pero precisamente ese superior nivel de exigencia justificó el nacimiento y la expansión de un nuevo partido de centro reformista, que soñó con la pureza como todos los adolescentes. El problema de la virginidad en política es que mantenerla demasiado tiempo lo único que consigue es aumentar la expectativa de su pérdida. Y cuando sucede, apareces en la portada de todas las revistas.

Roldán se ha subido a un atril y ha hecho lo único que jamás hace un político profesional: soltar todo lo que lleva dentro. La cruda honestidad de su discurso de despedida demuestra, de hecho, que él entró en Cs sin que la mentalidad de partido llegara a entrar en él. Es de los muy pocos que estaba en el hemiciclo perdiendo dinero y un brillante futuro en la universidad o la empresa. No necesita el sillón: se va porque se niega a seguir tragando los sapos de la estrategia de competición por la derecha. Es verdad que ya se los tragó cuando votó a favor del veto a Sánchez en la Ejecutiva, y que estuvo en Colón –de donde salió con mal cuerpo, como la mayoría de dirigentes de Cs–, y que contribuyó decisivamente a armar el Gobierno de la Junta de Andalucía que acaba de aprobar unos buenos presupuestos con el apoyo de Vox, mucho más barato de lo esperado. Pero se ha imaginado cuatro años –¿ocho?– de oposición al sanchismo desde el flanco derecho y no ha podido resistirlo. «Al final uno se tiene que poder reconocer en el espejo cada mañana», explicaba el hoy ex diputado a quien le preguntaba por los rumores de su inminente salida.

Roldán no se ha ido en silencio sino dando un portazo. El académico de la London School contra el político de raza callejera que es Rivera, cuyo blindado liderazgo es incompatible con veleidades deliberativas de campus. El líder de Cs trabaja con votos, y su rumbo fue premiado con 57 escaños hace dos meses, pero Roldán trabaja con ideas y no puede asumir el coste reputacional de una foto con Abascal. No le ha importado que el momento y el tono de su adiós agraven la crisis de Cs: si su aldabonazo no sirve para abrir la vía de la negociación con Sánchez, al menos él dejará de pagar los peajes de una carretera de dos únicos sentidos en la que no cree.

La cuerda se rompió por donde tenía que romperse. Roldán nunca abjuró de su cuna progresista. Ha recibido presiones ajenas a otros compañeros que hoy están dolidos con él. A ninguno le gusta Vox, pero tampoco se engañan respecto de Sánchez, que nada ha hecho por contar con Cs salvo para una abstención gratuita. En el partido lamentan el creciente aislamiento del líder: dicen que ya no hace equipo como antes ni responde a mensajes, sobre todo si encierran una crítica. Pero también hay decepción con Roldán, cuyo discurso parecía dirigido a un grupo de extraños más que a cofrades de penas y alegrías.

Decir que en política el talento está peor recompensado que la docilidad no solo es un tópico de tertulia, sino una vieja ley de hierro que enunció Michels para describir la tendencia natural de los partidos a la oligarquía. Con los años uno asume que solo los partidos pueden cambiar algo las cosas, y que a veces hay más responsabilidad en la aceptación de una militancia pragmática que en el placer solitario de tener razón. Los que siguen en Cs aguantan las inevitables contradicciones porque aún creen que su trabajo puede mejorar la sociedad. Sin un Rivera no hay roldanes que valgan, y en el partido lo saben. Por eso el adiós de Roldán, tras la sorpresa y la zozobra, acabará aglutinando a los que se quedan a pie de trinchera, soportando el fuego.

La nave naranja presenta vías de agua, pero mantendrá el rumbo: pactos autonómicos por la derecha y negativa a facilitar la investidura de Sánchez. Si de lo que se trata es de cumplir el compromiso electoral, esa estrategia sigue siendo la acertada porque a Cs hace tiempo que lo vota clase media ex PP y no un puñado de selectos editores de sir Isaiah Berlin. Pero Rivera podría haberse ahorrado la desmoralización de la tropa explicándose mejor. Le han votado para oponerse a Sánchez pero su partido está siendo bombardeado sin piedad por la izquierda y la derecha, por sindicatos y patronal. Y no todos aguantan como él o Arrimadas. La mayoría de sus nuevos votantes comparten el veto al sanchismo, pero la mayoría de los antiguos esperan aún que proponga a Sánchez, al menos para retratarlo, un Gobierno de coalición con el Pacto del Abrazo como guía.

El partido adolece de mala comunicación hacia fuera, pero también hacia dentro. Incluso la política la hacen personas, y levantar la moral del grupo importa más cuando arrecia el napalm de la presión. Dentro no se entendieron bien algunos fichajes mediáticos al precio de sacrificar a diputados comprometidos como Fernando Navarro; ni la derrota en primarias de Xavier Pericay; ni la pronta renuncia a gobernar Castilla y León con el PSOE, tras décadas bajo control popular. Todo tenía sus razones, pero Rivera carece de paciencia para la pedagogía y alguien como Roldán estaba obligado a deducirlas y acatarlas.

La política no opera en el éter angélico de los think tanks sino en el barro tribal de la partitocracia. Es una historia de quijotes triturados que cuenta Ignatieff en Fuego y cenizas. El escaño del diputado catalán lo ocupará Carina Mejías, que militó en el PP: elocuente relevo.

Roldán se va pero su programa se queda. Para que las medidas de ese programa puedan un día materializarse, primero hay que alcanzar el poder. Y eso no se hace hablando de la mochila austriaca. Como dice Juan Claudio de Ramón, los españoles piensan posicionalmente: en España no te califican por tu programa sino por tus compañías. La de Vox se le hizo insoportable a Roldán. A los sanchistas no les incomoda la de Bildu. Es cuestión de pituitaria: nadie ganó una guerra sin mancharse. Sánchez está hasta las cejas pero duerme en Moncloa y se le perdona todo. De la absolución de Rivera solo tendremos noticia la próxima vez que se abran las urnas.

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25 Junio 2019

Malo para España y ya no digamos para Cs

Arcadi Espada

Es difícil saber en qué momento exacto un hombre o una organización pierden el contacto con la realidad. Y mucho más señalar las razones de la desconexión. Por desgracia para mí, y 4.136.599 españoles más, Albert Rivera no es el presidente del Gobierno. Ni lidera la oposición. Qué duda cabe que hubo un momento en que esto pareció probable. Pero la intromisión indigna y falaz de un juez en la política y su inmoral aprovechamiento por Sánchez propiciaron la moción de censura que acabó con la presidencia de Rajoy y las aspiraciones inmediatas de Rivera. Una desgracia, insisto. Y que Rivera ha multiplicado exponencialmente al negarse a leer los periódicos. Es urgente que alguien le lleve la doble noticia en mano.

El aspecto que ofrece el núcleo dirigente de Ciudadanos es el clásico de esta enfermedad de la visión. Un príncipe cada vez más ensimismado y solitario y a su alrededor cuatro personas (Arrimadas, Hervías, Villegas y Del Páramo) que comparten sus decisiones antes de ser anunciadas. Extramuros, una difusa discrepancia que cuaja como tal en los derrumbes que ayer empezaron a manifestarse: Roldán, Nart, Váz-quez… El núcleo comparte la decisión y una característica: su férrea vigilancia ante cualquier manifestación de intelectualismo, la peor amenaza de la política contemporánea. Pericay, Nart, Garicano, Roldán, Igea, Maura, Prendes o Rivera de la Cruz son personas que, con aciertos y no, llevan años pensando en términos políticos. Al apiñado grupo dirigente no le dio tiempo: como el propio Rivera (en su caso, gracias al orden alfabético) pasaron de la nada al poder, sin pasar por la política. Y en algunos casos con la arrogancia propia del que evita molestas burocracias intermedias. Esta es una de las razones que explica cómo un político de la importancia de Valls no ha podido convertirse en un importantísimo valor de Cs. O como Giménez Barbat, la creadora de Euromind (ese foro ejemplar que pretende llevar la ciencia a la decisión política) solo cosechó desprecio en su pretensión de repetir como eurodiputada.

La ignorancia del principio de realidad y la insolvencia analítica han llevado a Cs a tomar una mala decisión respecto a las mayorías surgidas del 28-A. Y lo más asombroso ha sido el razonamiento subyacente, que incluso muchos de sus críticos han abonado: la idea de que una oferta de Gobierno a Sánchez sería mala para el partido, aunque pudiera ser buena para España. Ahí están los hechos a disposición, en primer lugar, de la analítica señora Arrimadas. Todo es especulación obligada respecto a lo que de bueno pudiera tener para España el acuerdo con Sánchez. Pero ya no cabe duda de lo malo que está siendo para Cs que sus dirigentes hayan tomado la decisión de evitar, incluso, el mero contacto físico, como así lo prueba la renuncia de Rivera a acudir a La Moncloa después de la llamada del presidente.

La peligrosidad política del Inescrupuloso está de más describirla. Llegó al poder a hombros de una mentira (los ciudadanos merecen un gobierno que no les mienta) y la mentira es una metástasis. Urge controlarla. Las elecciones otorgaron a Cs la posibilidad de hacerlo desde el Gobierno. Digo bien: desde el Gobierno. No hay mejor lugar para encadenar al Inescrupuloso. No hay mejor altavoz desde donde hablar a los españoles. Ni se trataba ni se trata ni se tratará de que Cs diese un flácido asentimiento a la investidura, y que luego con él (y su geometría y, sobre todo, su moral, variable), hiciese el Inescrupuloso lo que le pareciese conveniente. Es estúpido asentir a los planes que van a diseñar y gestionar otros. Muy distinto habría sido que Cs hubiese ofrecido a los españoles, en primer lugar, y luego al PSOE –y luego a Macron, traducido–, un minucioso programa de Gobierno y las condiciones para ejecutarlo, incluido el reparto de responsabilidades que le pareciese idóneo. La realidad, sin embargo, es que ese trabajo no está hoy al alcance de los dirigentes de Cs: no han sido capaces de concebir su potencia. No es nuevo: lo que impidió que Arrimadas se presentara a la investidura en Cataluña no fue una decisión estratégica, sino la pura impotencia intelectual y política.

Dicho todo esto, las mentes lúcidamente discrepantes de Cs deben aplicarse el cuento que predican para el pacto con Sánchez. Y no deben dejar a Rivera a sus anchas. Al contrario, deben permanecer a pie firme en sus responsabilidades, sean pocas o muchas, y propiciar un debate que permita la regeneración de un proyecto político imprescindible para la superación de una crisis española que Cs vio antes que nadie y mejor que nadie –y desde luego mucho antes y mucho mejor que Juan Luis Cebrián, que ayer enterraba el partido con gran pompa española–, porque de ella nació.

14 Junio 2019

Querido Albert

Francesc de Carreras

Ciudadanos fue clave para enfrentarse al golpe de Estado en Cataluña, ahora es clave para dar estabilidad al Gobierno de España

Cuando en julio de 2006, por sorpresa, fuiste elegido en el congreso fundacional como primer presidente de Ciudadanos pensé que, aún siendo una persona muy valiosa, como habías demostrado cuando Cs era solo un partido en construcción, todavía no te había llegado el momento: eras muy joven, te faltaba experiencia. Pero rápidamente cambié de opinión: ciertamente eras joven, 26 años, pero enseguida diste pruebas de ser muy maduro.

He dicho que fuiste elegido por sorpresa y el primer sorprendido por la elección fuiste tú. Lo recuerdo bien porque aquel día estaba a tu lado esperando que se anunciara el resultado, no quisiste decirme nada sobre la persona elegida, solo balbuceaste, hecho un manojo de nervios, que tú no tenías la culpa. No entendí nada pero inmediatamente se anunció la lista que tú encabezabas y los asistentes, entre desconcertados y contentos, pidieron que pronunciaras unas palabras. Estas palabras no podían estar preparadas con antelación, para nada esperabas aquel nombramiento. Pero subiste decidido a una improvisada tarima para dirigirte a la concurrencia.

No fue una simple alocución de compromiso, como hubiera parecido normal, sino un largo y bien articulado discurso de veinte minutos, en el que abordaste todas las cuestiones de fondo: el significado del partido, su ideología no nacionalista y el bilingüismo, su vocación liberal y socialdemócrata, la necesidad de ocupar un espacio electoral entonces vacío, el convencimiento de que si las ideas de Cs lograran darse a conocer se conseguirían unos escaños en el Parlamento desde donde poder discrepar de la política nacionalista, trasversal a los demás partidos. En conclusión, transmitiste muy bien, con orden y claridad, el mensaje de que Cs era una fuerza política capaz de dar voz a catalanes que se habían quedado sin partido. El entusiasmo fue general: de repente te convertiste en el líder que andábamos buscando.

Pero hubo más. Al día siguiente te presentaste a primera hora ante tu jefe en la asesoría jurídica de La Caixa para pedirle una excedencia hasta las próximas elecciones ya que habías sido designado presidente de un nuevo partido político y debías entregarte por entero a esta tarea. Ahí diste prueba de tu responsabilidad y sentido del deber, no podías fallar a quienes te habían elegido. Todo se confirmó: eras joven pero suficientemente maduro.

Cuatro meses después, Cs obtuvo 90.000 votos y tres escaños. Tu primer discurso en el Parlament fue pronunciado, con naturalidad, en castellano y catalán. Parecía que, en Cataluña, lo que era normal en la calle empezaba también a serlo en las instituciones. Un gran paso, un gran alivio, una esperanza.

Los años siguientes fueron duros, difíciles, con aciertos, con errores, en soledad. Pero aguantaste bien. Si Cs ha llegado a ser lo que es, lo debe sobre todo a ti. Hacia 2013 irrumpió en el resto de España. Esta es otra historia, la conozco mucho menos, pero es una historia de éxito. El último, obtener hace poco más de un mes 57 diputados que junto a los 123 del PSOE suman una mayoría absoluta de 180 escaños, capaz de sostener un Gobierno coherente y estable en los próximos cuatro años, algo imprescindible para afrontar un complicado futuro. Cs fue clave para enfrentarse al golpe de Estado en Cataluña, ahora es clave para dar estabilidad al Gobierno de España.

No entiendo que ahora nos falles, Albert, que nos falle Cs, que el joven maduro y responsable se haya convertido en un adolescente caprichoso que da un giro estratégico de 180 grados y antepone supuestos intereses de partido a los intereses generales de España. Es ir contra toda tu trayectoria política, contra la trayectoria de Cs. Se te acusará, con razón, que por tu culpa arrojas al PSOE a pactar con Podemos y con los nacionalistas, precisamente aquello que Cs debía impedir.

Si rectificas pierdes credibilidad, en los últimos meses has dicho hasta la náusea que nunca pactarías con los socialistas. Pero muchos votantes de tu partido, y también de otros, creen que este país necesita un Gobierno sólido y si Cs contribuye a ello olvidarán esta desgraciada campaña. Estás a tiempo de rectificar. Si en 2016 acordaste con el PSOE un buen programa de gobierno, no hay motivo para que ahora no se repita tal operación. Recobra, Albert, la capacidad de liderazgo que has tenido en todos estos años y afronta con valentía la adversidad. Rectifica. Muchos no desean que a Cs les una solo un melancólico recuerdo.

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