4 agosto 1919

En junio impuso el 'terror rojo' por el que fueron ejecutadas cientos de personas

Derribado el dictador comunista de Hungría, Bela Kun, que huye del país tras dos meses de brutal represión

Hechos

El 1.08.1919 Bela Kun dimitió como jefe de Gobierno de Hungría y abandonó el país.

Lecturas

La experiencia comunista en Hungría ha finalizado. El régimen comunista húngaro había sido proclamado en marzo de 1919 con el deseo de imitar el ejemplo de Lenin en Rusia.

El pasado día 31 de julio se anunció la dimisión del gobierno; un día después la Entente (la coalición internacional formada por Francia, Reino Unido y los Estados Unidos) exigió la dimisión incondicional del dictador soviético húngaro. FInalmente el día 2 de agosto Bela Kun presentó la dimisión. Un nuevo gobierno integrado por socialistas y sindicalistas (no comunistas) presidido por J. Bendel, se ha hecho cargo por completo del poder.

Sin embargo, la proximidad de tropas rumanas, que comenzaban a penetrar en los arrabales de Budapest y la amenaza de la Entente, aseguran el fin de la comuna de Budapest en pocos días. Los dirigentes soviéticos abandonan el país incluido el propio Bela Kun camino a la Unión Soviética (Rusia) ante la certidumbre del fracaso. En total, los soviets han gobernado durante algo más de cuatro meses.

La presión internacional, la falta de preparación de la clase obrera y campesina para la revolución, unido al conservadurismo imperante han hecho fracasar la experiencia.

No volverá a haber un régimen comunista en Hungria hasta la invasión / liberación del país por la URSS y la llegada de Mátyás Rákosi.

El Análisis

Béla Kun: del mesías rojo húngaro al anonimato de una purga estalinista

JF Lamata

En agosto de 1919, tras apenas cinco meses de gobierno, caía estrepitosamente el régimen comunista instaurado en Hungría por Béla Kun, aquel joven ideólogo que había pretendido erigirse como el «Lenin del Danubio». Su caída fue tan fulminante como su ascenso. Las promesas de justicia social y reforma revolucionaria pronto se vieron empañadas por una ola de represión brutal conocida como el Terror Rojo húngaro, que dejó cientos de víctimas entre opositores, religiosos, liberales y campesinos. La esperanza de transformar una Hungría humillada tras la Gran Guerra en un Estado comunista ejemplar se transformó en una pesadilla sangrienta. La entrada del ejército rumano en Budapest selló su destino y el de su efímera república soviética.

Acusado de crímenes, desorden y abuso del poder, Béla Kun encontró refugio en la única patria que le abría los brazos: la Unión Soviética, cuna del comunismo y, paradójicamente, sepulcro de muchos de sus hijos. Durante un tiempo, trabajó como funcionario del Komintern, creyendo seguir sirviendo a la revolución mundial. Pero el idealismo de Kun no lo salvó del despiadado engranaje del poder soviético. Cuando Stalin consolidó su dominio absoluto en los años treinta, purgó sin titubeos a todos los revolucionarios que podían recordarle la vieja idea del internacionalismo o la posibilidad de pensar más allá del Partido. Kun, que soñó con ser el segundo Lenin, fue ejecutado como un traidor más en 1938.

La historia de Béla Kun es la tragedia de un revolucionario que confundió la utopía con el dogma, y la justicia social con el autoritarismo. Su fracaso en Hungría selló la imposibilidad de replicar la revolución rusa en Europa Central en aquel momento, y su ejecución en Moscú evidenció que el comunismo no perdonaba a sus propios hijos cuando dejaban de ser útiles. Lo que comenzó como un grito contra la humillación nacional y la miseria, terminó como un capítulo más del ciclo de represión que marcaría al siglo XX. Kun no fue Lenin. Ni siquiera fue Trotksy. Fue, al final, una advertencia silenciada por su propio bando.

J. F. Lamata