Search
Los directivos del Grupo PRISA, ANTENA 3, TELECINCO o el banco Banesto entre los 'espíados' por agentes de seguridad del Grupo Godó liderados por Miquel Ruiz 'El Lobo'

Desarticulada una red de escuchas ilegales vinculadas al diario LA VANGUARDIA: ¿Espió el Conde de Godó a sus competidores?

HECHOS

El 16.11.1993 la policía desarticuló una red de espías que, oficialmente, eran trabajadores de TISA (Grupo Godó – LA VANGUARDIA).

Desarticulada en Cataluña un grupo de empleados del Grupo Godó encabezados por D. Mikel Lejarza Eguía acusados de haber realizado espionajes ilegales a trabajadores y directivos tanto de este grupo como de grupos competidores. Citándose entre los espiados a D. D. Alberto Garrofé Pardo, D. Carlos Fajardo Ricomá, D. Jesús Polanco Gutiérrez, D. Mario Conde Conde, D. Valerio Lazarov o D. Manuel Martín Ferrand.

El diario El País y el diario La Vanguardia salieron en defensa de dueño del Grupo Godó, D. Javier Godó Muntañola, presentándole como una víctima más de los espías, mientras que El Mundo en Madrid y El Periódico de Catalunya fueron los que más difusión dieron al caso especulando que Godó Muntañola podía ser el máximo responsable de las escuchas. El Periódico bautizaría aquel escándalo como ‘caso Godó’. La hostilidad del Sr. Franco Estadella se debía a haber comprobado que habían espiado conversaciones de él con su amigo D. Carlos Pérez de Rozas Arribas.

La Vanguardia no fijará posición hasta el 17 de febrero de 1994 cuando publicara el editorial en defensa de su editor D. Javier Godó Muntañola y con reproches, sin citarles, a El Mundo, El Periódico y El Observador.

garrofe_fajardo Los ex directivos del Grupo Godó, D. Alberto Garrofé y D. Carlos Fajardo denunciaron haber sido ‘espiados’.

A pesar de haber quedado fuera de la televisión el conde de Godó continuaba teniendo una nada despreciable influencia mediática a través de LA VANGUARDIA (periódico del que era presidente-editor) y como socio del Imperio. A finales de 1993 el periódico iba a sufrir uno de sus mallores escándalos: el de las escuchas. El primer episodio se había producido diciembre de 1991, cuando los ex empleados del Grupo Godó, don Carlos Fajardo y don Alberto Garrofé denunciaron “pinchazos telefónicos”. Tanto el Sr. Fajardo como el Sr. Garrofé habían despedidos

de sus cargos al descubrirse que estaban maquinando la creación de un nuevo periódico catalán EL OBSERVADOR, como alternativa pujolista a LA VANGUARDIA que – desde la llegada de don Juan Tapia a la dirección – se había distanciado levemente de la Generalitat para aproximarse al PSOE.

Entre los maquinadores de aquel periódico se encontraba también don Joan Piqué Vidal, que fuera abogado del Sr. Pujol en el caso Banca Catalana encarcelado años después por el “caso Estevill”. EL OBSERVADOR tuvo una vida corta y para finales de 1993 ya había desaparecido. Pero el escándalo de las escuchas subió un peldaño cuando el 15 de noviembre de 1993 la policía desarticuló una red de espías y escuchas ilegales que se había montado en torno al periódico catalán. Los miembros del equipo de seguridad de LA VANGUARDIA habían estado espiando a directivos del Grupo Godó, pero también de Antena 3 TV, de Telecinco y del Grupo PRISA. “Antonio Herrero es el que descubre que nos están espiando porque se lo dice el Lobo” – recuerda el Sr. Martín Ferrand – “Lo que nunca quedó claro es si nos espiaba Godó, si nos espiaba el CESID o si nos espiaban los dos. Tenían los planos de mi casa, en un Volvo que yo tenía había cuatro micrófonos”.

lobo_garrofe EL MUNDO Publicó una foto del encuentro entre D. Alberto Garrofé (antiguo empleado del Grupo Godó, con el jefe de los espías Miquel Ruiz ‘El Lobo’.

Los responsables de las red de escuchas eran precísamente el Lobo (el ex espía Miquel Ruiz Lergarza) y el coronel del CESID en excendencia, don Fernando Rodríguez González. Aquella investigación empezó a subir de nivel cuando personas cada vez más cercanas al presidente-editor iban siendo detenidas implicadas en las escuchas, su propia secretaria doña Gemma Guillén, su chofer don Salvador Daroqui o el jefe de seguridad de LA VANGUARDIA don Miguel Izquierdo estrecharon el cerco sobre el conde de Godó. El tratamiento de los periódicos hacia el papel del conde en el escándalo era claramente diferente. En el diario EL PAÍS se presentaba al conde de Godó como una víctima más de las escuchas, al igual que en la propia LA VANGUARDIA, mientras que en EL MUNDO se le señalaba como el responsable directo de haberlas ordenado. El equipo de investigación de don Melchor Miralles, experto en escarbar en la intimidad, aseguraba que el conde de Godó había encargado investigar a su tercera esposa por si le engañaba con otros hombres y logró una fotografía de una reunión entre “El Lobo” y el Sr. Garrofé cuando este aún era hombre de confianza del presidente-editor de LA VANGUARDIA.

El 19 de noviembre EL PAÍS acusaba a “un popular periodista radiofónico” de ser el introductor de la red de espías en LA VANGUARDIA. EL PAÍS estaba apuntando a don Antonio Herrero, el locutor de la COPE, que respondía ese mismo día a aquellas acusaciones desde los micrófonos (recuadro). Por aquel caso debería sentarse en el banquillo de los acusados el conde más toda aquella tropa de supuestos espías. El Sr. Martín Ferrand fue el único de los “espiados” que presentó una acusación particular. Durante el juicio don Javier Godó tuvo

Que reconocer que, tras romper con don Mario Conde, había contratado al coronel Rodríguez González por recomendación del propio director del CESID, don Emilio Alonso Manglano para que se uniera al equipo que había formado “El Lobo”. Aquel caso de las escuchas se cerró en enero de 1995 con condenas minúsculas para el coronel y el espía. Mientras que el conde de Godó, su secretaria y los demás acabaron absueltos.

Telecinco no quiso personarse como acusación particular en aquel caso aunque el director general de la cadena, don Valerio Lazarov, confesó que tras llegar don Mario Conde a Antena 3 TV quiso extremar las precauciones, por lo que hicieron un barrido en todo el edificio central llegando a encontrar dos escuchas ilegales de aquella red de espías: uno de ellos en un falso techo y el otro en el tocadiscos del propio Sr. Lazarov. “Es lamentable que no se respeten los derechos de las personas y los secretos empresariales. Espero que la policía y la justicia pongan coto definitivo a estos impresentables que viven del espionaje” dijo el entonces máximo mandatario del canal del Sr. Berlusconi. Los directivos de Telecinco negaron haber sido chantajeados por “El Lobo” y su grupo y lo situaron dentro de la nueva competencia entre canales privados.

EL GRUPO ZETA AIREA EL ESCÁNDALO Y LO BAUTIZA COMO ‘CASO GODÓ’:

PeriodicocasoGodo002 PeriodicocasoGodo001 El diario EL PERIÓDICO de Catalunya del Grupo Zeta, dirigido por D. Antonio Franco aireó el escándalo recogiendo todas las especulaciones que, desde Madrid, señalaban a D. Javier Godó como cabecilla de la trama, hasta el punto de referirse a aquel caso de espionaje, recurrentemente como ‘caso Godó’. Se daba la circunstancia de que el Sr. Godó, como presidente del Grupo Godó era editor de LA VANGUARDIA y, por tanto, principal competidor de EL PERIÓDICO de Catalunya que editaba D. Antonio Asensio.

EL MUNDO A SACO

XomindgoGodo En la prensa de ámbito nacional fue el diario EL MUNDO el que más atacó por el caso al presidente-editor LA VANGUARDIA, D. Javier de Godó, llegando a insinuar en un amplio reportaje de D. Xavier Domingo que el escándalo podía suponer el fin de la saga Godó. Aquel artículo costó al Sr. Domingo ser despedido como tertuliano de ANTENA 3 RADIO, puesto que el Conde de Godó era accionista de referencia de la citada emisora.

17 Noviembre 1993

Teléfonos intervenidos

Editorial (Director: Juan Tapia)

En el caso puntual de LA VANGUARDIA, donde deben esclarecerse todavía algunas circunstancias de una tela de araña en la que probablemente participaban desde el chófer del editor, Javier Godó

La detención de varios sujetos presuntamente implicados en escuchas telefónicas y espionaje a personas de los medios de comunicación y a empresarios de otros sectores, actualiza el inquietante tema de la intromisión en la vida privada. La gravedad del problema no se ciñe al caso puntual de LA VANGUARDIA, donde deben esclarecerse todavía algunas circunstancias de una tela de araña en la que probablemente participaban desde el chófer del editor, Javier Godó, hasta la cúspide del equipo de seguridad del diario. Las víctimas de las escuchas seguro que son muchas más, a juzgar por el abundante y sofisticado material de grabación de los detenidos; y los fines podrían ser políticos, comerciales, o simplemente para poner hacerles chantaje.

Como el primer hilo de este ovillo de estiró en 1991 no cabe aplaudir la velocidad de la investigación, aunque sí el desenlace. Pero preocupa que salten a la luz tan pocos casos de escuchas ilegales desbaratadas cuando en muchos sectores es vox populi que esa práctica existe, que se puede hacer fácilmente y que se ejerce de forma mucho más generalizada de los que se cree. Es un fenómeno moderno que permiten las nuevas tecnologías, y es también bastante reciente la figura delictiva que las sanciona. Pero es imprescindible una actuación policial sistemática mucho más enérgica que la actual para reprimirla. La proliferación de las llamadas compañías de seguridad industrial o cosas por el estilo, que saben obtener datos por todo tipo de vías, si no se canaliza en el respeto a la ley es una amenaza. No para unas cuantas personas, sino para todos y cada uno de los ciudadanos.

19 Noviembre 1993

Un periódico hecho noticia

Lorenzo Contreras

La errática y entreguista política editorial de Javier Godó, potenciada por el espíritu militante, con o sin carné socialista de Juan Tapia, ha llevado a LA VANGUARDIA a un peligroso nivel de descrédito.

Lo que faltaba en medio de nuestras tormentas sociales y políticas es que el propietario de uno de los principales periódicos de España, concretamente LA VANGUARDIA, se vea implicado en un asunto de espionaje telefónico sobre personas de relevancia pública, y ello ejecutado por antiguos agentes del CESID. No está demostrado todavía que Javier Godó respaldara, ordenara o promoviera estas lamentables actividades. Si fue ajeno a ello, su pecado fue de incompetencia, pues hasta su secretaria, como interlocutora de los autores de los “pinchazos”, ha sido detenida. Y si estuvo al corriente de lo que sucedía, malo también. De todos modos es difícil evaluar que falló es más grave.

La verdad es que LA VANGUARDIA no se merecía tan deficiente conducción. Uno recuerda aquel gran periódico barcelonés y trae a su memoria no sólo a los Godó que se sucedieron en una era brillante, sino a varios de sus directores, entre ellos Manuel Aznar, Echarri, Sainz Guerrero, Francesc Noy… Entran ganas de hacer una relación de grandes figuras periodísticas, muchas de ellas todavía en nómina y posiblemente perjudicables por una cita elogiosa en un clima parcial y enrarecido.

En la etapa que ahora conoce ésta y otras crisis inmeidatas que le precedieron, LA VANGUARDIA ha perdido seriedad. Es seguro que tan imporante nave no naufragará, pero necesita otra tripulación. La tendencia del señor periódico catalán a cultivar el actual poder socialista le ha restado credibilidad. La dejación de la crítica o su alarmante amortiguación bajo la dirección de ese personaje de la beautiful people socialistallamado Juan Tapia, tan celoso de la independencia de los demás pero no de la suya propia, forma parte de una política de sometimiento periodístico que no responde a una línea concreta ni una lógica de la institución.

Hace más de diez años, con los felipistas recién llegados al poder, fui invitado como conferenciante a un curso de verano patrocinado por el Ayuntamiento de San Roque, frente al Peñón. Mi tesis fue la peligrosidad que encerraba la colusión (no colisión, por favor) de intereses entre el poder constituido y algún periódico de gran influencia, en la medida en que ello por encima del deber de imparcialidad que hay que observar ante los hechos, podía conducir a un abandono de la crítica indispensable y, de este modo, al atenazamiento de la opinión y su práctico secuestro moral en muchísimos casos. Yo no me refería entonces a LA VANGUARDIA, que todavía se mantenía en un rumbo más o menos expectante, pero abrigraba graves sospechas respecto a la línea de EL PAÍS. Sospechas que tiempo después, sin tardar mucho, se confirmaron a plenitud. Algún ilustre personajes presente en aquel acto me preguntó si es que los socialistas tenían que renunciar a su victoria, cuando en realidad lo que yo quería indicar era la gravedad de un contubernio de intereses en perjuicio de un mundo lector.

Tengo para mí que la errática y entreguista política editorial de Javier Godó, potenciada por el espíritu militante, con o sin carné socialista de Juan Tapia, ha llevado a LA VANGUARDIA, sin perjuicio de esta o aquella concesión a la Generalidad, a un peligroso nivel de descrédito, cuya corrección sería siempre deseable. Con el ex asesor de Boyer e íntimo amigo de Narciso Serra al frente de la dirección del periódico los errores de Javier Godó tienden a potenciarse. Es decir, se suman errores y parcialidades que ahora, a la vista de esos espionajes telefónicas todavía por esclarecer, contribuyen a hacer del gran diario barcelonés todo un ‘caso’, esperemos que sólo temporal

Lorenzo Contreras

28 Noviembre 1993

El escándalo del CESID

José Oneto

La llamada "red Godó", en la que aparece como principal implicado el editor y propietario de LA VANGUARDIA, Javier Godó, conde de Godó. El que varios agentes del CESID aparezcan implicados en el escándalo de las escuchas telefónicas.

El CESID (Centro Superior para la Información del a Defensa) Está viviendo estos días su crisis más seria desde su creación en 1981 por el ex vicepresidente del Gobierno, el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado.

El CESID, que ha vivido incidentes periódicos a lo largo de estos 12 años de existencia, nunca había conocido un escándalo de las proporciones del que desde hace días está ocupando importante espacio en los periódicos a raíz del descubrimiento de la llamada «red Godó», en la que aparece como principal implicado el editor y propietario de LA VANGUARDIA, Javier Godó, conde de Godó. El que varios agentes del CESID aparezcan implicados en el escándalo de las escuchas telefónicas y el que el jefe de la red de espionaje sea un importante miembro de los servicios de información, el coronel Fernando Rodríguez González, dan una especial gravedad a un tema que ha producido preocupación y hasta pánico en algunas esferas oficiales, que temen no controlar el affaire.

La lista de espiados es tan abultada que en ella aparecen periodistas, jueces, empresarios, financieros y políticos. Existen decenas de cintas grabadas, docenas de informes confidenciales con todo tipo de datos, incluidos los más íntimos y secretos y hroas y horas de conversaciones grabadas con métodos ilegales con la que han llegado incluso a hacerse chantajes económicos y profesionales.

El escándalo es de tales proporciones que tanto el ministro de Defensa, Julián García Vargas, como el propio director de centro tendrán que comparecer días ante el Parlamento para aclarar las implicaciones del espionaje español en una autentica red de extorsión y chantaje.

EL CESID que tiene copia de todas las cintas que a lo largo de tres años ha venido grabando la llamada red GOdó y que durante todo este tiempo ha venido manejando directa o indirectmante la red, se encuentra, pues, en uno de los momentos más comprometidos de su corta historia.

17 Febrero 1994

LA VANGUARDIA, en el punto de mira

Editorial (Director: Joan Tapia)

LA VANGUARDIA quiere proclamar bien alto que ni su editor ni ninguna persona de su entorno o de esta empresa infringieron la ley. Declaraciones que se movilizaron sumas de millones de pesetas para apoyar a diarios [EL OBSERVADOR] cuya única finalidad era combatir a LA VANGUARDIA, porque su línea informativa no gustaba en algún despacho,

Cuando en noviembre de 1993 la policía descubrió una red de escuchas ilegales en el entorno de LA VANGUARDIA y se levantó una gran polvareda. Se dijo que la red espiaba y grababa a ministros y a altas personalidades de la política, que peligraban secretos de Estado e, incluso, que podía haber delitos de coacción y cohecho. Anteriormente, para poder ‘pinchar’ legalmente lo teléfonos de la red, la policía había asegurado al juez Bueren, de la Audiencia Nacional, que se estaba ante un posible delito de terrorismo.

Ahora, cuando el fiscal hace público su escrito de calificación, toda aquella polvareda de las escuchas telefónicas se resume en peticiones de pena de tres meses de arresto. Sin embargo, la novedad es que aparece otro delito  en la modalidad de continuado y sobre el que en el transcurso de la instrucción ni el juez ni el fiscal mostraron mayor interés – de falsificación en documento mercantil. Lo grave ahora ya no es la ‘red de escuchas ilegales’ sino que se pagara a dicha red a través de unos documentos mercantiles – vulgarmente facturas – fiscal y mercantilmente en orden, en los que el concepto que se alegaba no se correspondía con el servicio prestado. Los abogados de LA VANGUARDIA dirán en el momento procesal oportuno lo que piensan acerca de esta acusación que, generalizada, podría tener consecuencias imprevisibles en muchas empresas y administraciones de este país. Pero lo primero que hay que poner de manifiesto hoy es que el escrito del ministerio fiscal deja bien claro que ninguna de las acusaciones tremendistas que algunas fuentes interesadas divulgaron hace meses tenía ninguna base. Por el contrario, se echa de menos en el escrito del fiscal un estudio más atento de las presiones y el espionaje del que pudo haber sido víctima el editor de LA VANGUARDIA, Javier Godó, hasta el extremo de considerar accidental una escucha probada en su despacho que duró dieciséis meses.

Hoy, como hace quince meses, LA VANGUARDIA quiere proclamar bien alto que ni su editor ni ninguna persona de su entorno o de esta empresa infringieron la ley. Pero quince meses después, cuando declaraciones ante el propio fiscal Mena realizadas hace pocas semanas dejan bien claro que se movilizaron sumas importantes – un solo testimonio habla de 1.000 millones de pesetas – para apoyar a diarios cuya única finalidad era combatir a LA VANGUARDIA, porque su línea informativa no gustaba en algún despacho, parece obvio que la preocupación por lo que se podía estar tramando en algunos sectores no sólo no era ninguna exageración, sino que seguramente era una exigencia profesional y defensiva de un diario que quería – y quiere – mantener su independencia. El ministerio público tiene como misión acusar y no se le puede reprochar que cumpla con su deber, aunque creemos que esta vez no lo ha hecho con particular acierto. La defensa del editor de LA VANGUARDIA presentará en su momento sus alegaciones y esta Casa confía plenamente en la Justicia. Pero por encima de avatares y zancadillas jurídicas – demasiado frecuentes en la vida de la prensa – nuestros lectores pueden estar seguros de que nada nos apartará de nuestra cita diaria en el quiosco, al servicio de una información veraz, rigurosa y plural.

Los espías de Godó

Luis Herrero

Una de las piezas maestras del puzle que reconstruye la caída de Mario Conde sigue siendo, todavía hoy, su relación con la red de escuchas ilegales creadas alrededor del presidente de LA VANGUARDIA, Javier de Godó.

Recientemente tuve la oportunidad de escuchar el testimonio de uno de los espías de la red que reclutó Miguel Ruiz ‘El Lobo’, a raíz de su contratación como jefe de seguridad de LA VANGUARDIA. Su historia es apasionante.

“Yo era guardia civil y estando en el País Vasco me hirieron en un atentado. No me mataron de pilagro. Me fui de allí tan pronto como pude. En 1986 creamos un grupo para darle protección al promotor de Prodiecu. En octubre de 1990, Miguel formó un equpo con ‘El Truji’, Santos y otra gente. Me llamaron para que hiciera un estudio sobre ANTENA 3 y Manuel Martín Ferrand. En la investigación utilizamos sistema para fotografíar el chalet de Martín Ferrand por dentro… Toda la información que elaborábamos iba al ‘Servicio’ (CESID), Miguel me dijo que estábamos trabajando para ellos (para el CESID), nunca dijo nada de que era un trabajo para LA VANGUARDIA. Mi implicación más directa en esa red de espionaje consistió en plagar de micrófonos LA VANGUARDIA. Eran micrófonos muy buenos, de unas frecuencias muy especiales. Los adquirí en Mataró. En una noche pusimos siete micrófonos ambientales en siete despachos diferentes y pinchamos seis teléfonos. Al poco tiempo me olí que ‘El Lobo’ podía estar haciendo doble juego: a nosotros nos decía que trabajábamos para ‘el Servicio’, pero en realidad le pasaba los informes a la gente de LA VANGUARDIA, que era quien los pagaba. Un día lo seguimos hasta el hotel Ritz y lo fotografiamos junto a un directivo de LA VANGUARDIA que se llamaba Garrofé. Era la prueba definitiva de que nos estaba engañando. Ese mismo día fui a verlo para darle el informe que me había pedido sobre ANTENA 3 y, para quitarle de en medio, le dijo que me había salido otro trabajo. Luego supe que alguien le filtró a Conde el informe que yo había hecho sobre ANTENA 3 para que pudiera utilizarlo como elemento de presión contra Godó. Ya no supe más. En vista de cómo se estaban poniendo las cosas, decidí quitarme de en medio…”.

Entre las cintas descubiertas tras el desmantelamiento de la red de escuchas ilegales conocidas como ‘la trama Godó’ figuran dos, según fuentes políticas de absoluta solvencia que reproducen conversaciones telefónicas entre Mario Conde y el Rey. Y según rumores no confirmados, Conde pudo adquirir en el mercado negro algunas otras cintas de conversaciones protagonizadas por personalidades de la alta política nacional. Entre otros, Miguel Roca y Narcís Serra.

La verdadera razón por la que aflora la existencia de la red de ‘espías de Godó’ nunca ha estado del todo clara. La versión más verosímil, avalada por fuentes políticas bien informadas, es que fue el producto de una lucha interna en el Ministerio del Interior durante el tramo final del mandato de José Luis Corcuera. Antes se había filtrado desde el CESID La existencia de conversaciones entre Rafael Vera, siendo responsable de la Seguridad del Estado y elementos de la banda terrorista ETA. Ahora, como represalia contra los que habían tratado de arruinar (con éxito) el futuro político de Vera, la policía involucraba al CESID en una trama de espionaje ilegal. Conde, en este caso, no tenía nada que ver (que se sepa), pero era una víctima indirecta de la lucha del poder desatada en uno de los enclaves neurálgicos del Gobierno.

by BeHappy Co.