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Se creo una firma y perfiles en redes sociales del personaje ficticio y dirigentes del PSOE y Podemos se apresuraron en promocionarle para que hasta 19.000 personas le siguieran. A los cuatro días todo quedó cancelado al descubrirse que era un personaje ficticio

Desenmascarada la firma ‘Miguel Lacambra’ el ‘influencer’ ficticio promocionado por la izquierda para defender al Gobierno ante la crisis del coronavirus

HECHOS

El 25 de marzo el periódico LA MAREA publicó un artículo firmado por ‘Miguel Lacambra’.

El 14 de marzo de 2020, con el país en plena pandemia y la población encerrada, entraba en las redes la firma de ‘Miguel Lacambra’ que se presentaba como periodista y aseguraba que había elegido ese momento para empezar como tuitero y publicar artículos en favor del Gobierno y negando que el ejecutivo hubiera retrasado las medidas de prevención contra el coronavirus (Covid19) y, en especial, negando que la celebración de la manifestación del 8-M. Algo que ninguna firma destacada de los periodistas afines de la izquierda se estaba atreviendo a hacer hasta ese momento.

Sorprendentemente,  apenas a pesar de que el periodista no era conocido, su cuenta de twitter recién creada fue rápidamente promocionada por destacadas figuras de la izquierda política y mediática como D. Antonio Maestre, del digital LA MAREA, el Sr. Quique Peinado de LA SEXTA, D. Pablo Echenique de Podemos, Dña. Ana Vidal Triviño o hasta la cuenta oficial del PSOE. Con todos estos apoyos la cuenta del Sr. Lacambra logró alcanzar la cifra de 19.000 suscriptores.

Su punto máximo fue cuando LA MAREA, el digital coordinado por D. Antonio Maestre le publicó un artículo en LA MAREA defendiendo la tesis absolutoria del Gobierno en relación al 8-M.

La cuenta oficial del PSOE se apresuró a retuitear el artículo de ‘Miguel Lacambra’ de LA MAREA.

Pero tras las publicación de aquel artículo muchos seguidores de twitter empezaron a interrogar quién era ese ‘periodista Sr. Lacambra’, hasta descubrir que el rostro era un bot falso y que en realidad la identidad del Sr. Lacambra no existía. Eso llevó a la cancelación de la cuenta de ‘Miguel Lacambra’ y a la desaparición de todos sus tuis. El PSOE también borró su tuit recomendando a Lacambra. LA MAREA mantuvo el artículo pero añadiendo un párrafo en el que reconocía que ‘Miguel Lacambra’ no era un nombre real.

D. Antonio Maestre, el principal señalado como ‘fomentador’ del Sr. Lacambra, justificó el anonimato y la fabricación de perfiles falsos en Linkedin y otras redes en que «por su trabajo tenía que publicar con heterónimo». Y calificó a los que atacaban la operación de ser ‘hijos de puta de la peor condición’.

EL USO DE SEUDÓNIMOS EN DIGITALES

No es la primera vez que un digital era acusado de usar bots. No mucho antes, en octubre de 2019, el periódico ELDIARIO.ES denunció que su rival PERIODISTA DIGITAL estaba publicando artículos de gran dureza firmados por los seudónimos Paula Dumas, Ivan Rastik y Francisco Lorenson (cuyos artículos aparecían decorados con fotos de modelos extranjeros de bancos de imágenes de Internet), apodados por la redacción de este medio como ‘la redacción paralela’ y cuyos textos eran atribuidos al director del medio, D. Alfonso Rojo o al Redactor Jefe, D. Luis Balcarce.

25 Marzo 2020

¿Ha influido el 8-M en el incremento de los casos de Covid-19?

Miguel Lacambra (Coordinador Editorial de La Marea: Antonio Maestre)

La polémica alrededor de la supuesta irresponsabilidad de permitir las manifestaciones del 8-M en medio de la epidemia del coronavirus está constantemente en boca de los sectores más críticos con la gestión de esta crisis. Algunas de estas voces incluso criminalizan a quienes organizaron la convocatoria y a quienes la permitieron con el argumento de que esta contribuyó a la expansión del virus. A priori, estas afirmaciones pueden parecer intuitivas y difíciles de desmontar con evidencias. No obstante, los datos de los que disponemos actualmente y que hemos ido acumulando en los últimos días, permiten realizar un análisis más factible sobre si el 8-M influyó en la expansión del virus o no y, en última instancia, en qué medida lo hizo.

Para empezar, vamos a poner en contexto el tiempo que tarda el virus desde que comienza actuar sobre las personas (contagio) hasta que aparece en nuestros datos (informes públicos del Ministerio de Sanidad). Según los últimos informes de la Organización Mundial de la Salud, el periodo de incubación del SARS-COV2 va de 2 a 14 días con una media de 5,2 días (y con un intervalo de confianza del 95% entre 4,1 y 7,0 días). Esto significa que, entre las personas contagiadas en un momento dado, los primeros síntomas aparecerían entre 4 y 7 días después.

Una vez aparecidos los primeros síntomas, pueden pasar entre 1 y 5 días (dependiendo de si el paciente pertenece a un grupo de riesgo o no, o de la velocidad a la que los síntomas se desarrollen) hasta que el paciente ve empeorar sus síntomas y se estima que es oportuno realizarle la prueba del Covid-19.

Una vez realizada la prueba –en el caso de que pudiera realizarse–, los resultados pueden tardar entre 1 y 5 días (en los próximos días los test empezarán previsiblemente a tardar menos), resultados que si dan positivos pasan a engrosar las cifras que, al día siguiente si son más de las once, serán informados por el Ministerio de Sanidad.

En resumen, desde que el contagio se produce hasta que el paciente se incluye en los datos, se calcula un mínimo de entre 7 y 14 días. Teniendo en cuenta estos datos, podemos ver si en ese periodo de tiempo después del 8-M se ha visto un aumento significativo de los casos en comparación con días anteriores.

En las curvas que representan los valores absolutos es prácticamente imposible percibir la velocidad a la que la curva crece en esos puntos. Para ello, lo que se hace es «derivar» la curva, es decir, calcular los incrementos de cada uno de los puntos con respecto al punto anterior, o lo que es lo mismo, traducido al caso: calcular el incremento de contagiados en un día con respecto al total de contagiados del día anterior. Esos datos de cada día los mostramos en el siguiente gráfico en forma de porcentaje (aplicando una media móvil de dos periodos para apreciar mejor la tendencia) para que nos hagamos una idea de la velocidad a la que crece la curva de contagiados en cada uno de los puntos:

Como se observa en los gráficos, no existe en ese periodo un incremento inusual de los casos en comparación con los periodos anteriores, más bien al contrario, la curva crece más despacio de lo que crecía durante la semana anterior, periodo en el que lo hizo a tasas que superaron el 50% varios días. Estos casos detectados entre el día 7 y el 14 de la epidemia, que supusieron la explosión de la curva (y la razón por la que los valores absolutos se mueven por encima de los de otros países, como Italia, véase el gráfico siguiente), son contagios que se dieron durante la última semana de febrero o principios de marzo, cuando todavía en España contábamos con menos de cien casos confirmados y nadie en toda Europa contemplaba el cierre absoluto de las fronteras y el confinamiento total del país.

Número de casos detectados en España e Italia

Como anteriormente, lo vemos más claramente si obtenemos las velocidades de crecimiento de las curvas, como hicimos anteriormente:

Estas tasas de crecimiento tan altas durante esos días nos indican que, a finales de febrero, en España ya se estaba propagando el virus sin que lo supiéramos, lo que en China llamaban las «cadenas invisibles de contagio», que no son más que personas sin síntomas que pueden transmitir el virus. Todo apunta a que cuando los primeros casos empezaron a aparecer en Lombardía, el virus ya estaba instalándose en numerosos focos invisibles alrededor de toda Europa.

Pero el asunto destacable que creo fundamental en este artículo es que no hace falta (aunque tampoco sobra) irse a todos estos datos para entender por qué es imposible que el 8-M, con 120.000 asistentes en Madrid, según la Delegación del Gobierno, provoque ningún efecto perceptible en la evolución del coronavirus dentro de España. La razón es muy sencilla, y basta con tomar como ejemplo la Comunidad de Madrid, uno de los focos más activos, y ver lo que ocurrió durante la semana previa a la manifestación del 8-M (y, por extensión, las semanas anteriores y los días inmediatamente posteriores). No son pocas las personas que quisieron defender esta convocatoria comparándola con partidos de fútbol, teatros, cines, eventos, etc., pero lo cierto es que no hay que ir a esos números para contemplar la insignificancia de estas concentraciones en lo que al virus se refiere, más meridianos son los siguientes:

Según los datos públicos de la web del Metro de Madrid, en marzo de 2019 pasaron 61,5 millones de personas por sus vagones. Esto suma un total de 13,9 millones de personas en el metro durante la semana previa al 8-M, lo que se traduce en millones de personas compartiendo botones, asientos, barras y espacios reducidos y cerrados todos los días (otros más de 2 millones de personas, casi diecisiete veces más que en el 8-M, lo hicieron el 9 de marzo).

Además, según los datos de la Consejería de Educación de Madrid, durante el curso 2018-2019 hubo 1,2 millones de alumnos matriculados en enseñanzas no universitarias, lo que significa que más de 1 millón de personas asistieron diariamente a sus clases, algunos gatearon juntos, otros hicieron deporte, otros bebieron de los mismos grifos y otros utilizaron las mismas instalaciones y las mismas herramientas que cientos de sus compañeros (1,2 millones de alumnos, diez veces más gente que la que se concentró el 8-M, volvió a ir a clase el 9 de marzo).

Ni siquiera hace falta comentar los millones de personas que diariamente coparon los bares, los restaurantes, las terrazas, los teatros, las discotecas (casi una semana después del 8 de marzo se organizaban fiestas multitudinarias en muchas de ellas), cifras que aunque millonarias son más complicadas de calcular con precisión.

Las diferencias son tan grandes que ni siquiera los datos comparten el mismo orden de magnitud.

Por todo esto, creo que es hora de que la conversación pública abandone determinados clichés y deje de lado la criminalización y el enjuiciamiento de todo aquel que se le cruza por delante. Debemos sacar al 8-M (y a Vistalegre, cómo no) de las ecuaciones, y empezar a pensar en las verdaderas razones por las que esta crisis está golpeando en todo occidente como lo está haciendo y haya dejado a los países con una capacidad de reacción limitadísima. Quizá así se nos quiten por un momento las ganas de apuntar con el dedo constantemente a nuestros enemigos y, quién sabe, nos entre un ligero (ligerísimo, seguramente) impulso de abrazarles.

Miguel Lacambra

27 Marzo 2020

El podemita Maestre ‘cazado’ usando una cuenta fake de Twitter para defender al Gobierno socialcomunista

OK DIARIO (Director: Eduardo Inda)

El documentalista podemita Antonio Maestre se ha convertido en las últimas horas en el protagonista absoluto en las redes sociales por la polémica en torno a Miguel Lacambra, un supuesto periodista con perfiles falsos que ha firmado un artículo en La Marea. El autor del artículo en realidad no existe con ese nombre.

La sucesión de hechos es la siguiente. En los últimos días Miguel Lacambra se había convertido en el tuitero revelación. Muchas cuentas de izquierda en esta red social estaban promocionando a este supuesto experto que se definía como «periodista interesado en economía y política, persigo los datos y los interpreto». Difundían así su supuesta información, textos siempre muy favorables al Gobierno de PSOE y Podemos y a su gestión en la crisis del coronavirus. Para salvar a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias mantenía la tesis de que la manifestación del 8M no fue importante a la hora de difundir el virus.

En este punto, otros tuiteros lanzaron la alarma: no existía rastro alguno en Internet de este periodista en las semanas anteriores. Finalmente, descubrieron que detrás de Miguel Lacambra había una clara estrategia de mentir a los lectores.

Foto y perfiles falsos

El periodista Miguel Lacambra no existe. Engañando a los internautas, su perfil usaba la foto de un hombre joven creada artificialmente con un software de generación de rostros fakes. Además de publicar en La Marea bajo este nombre falso, creó cuentas falsas en la red profesional LinkedIn y en Twitter para seguir ahondando en la mentira.

Después de todo, La Marea se ha visto obligada a rectificar y ha admitido que Miguel Lacambra no existe. Así lo ha añadido en el artículo suyo que habían publicado inicialmente.

Tras destaparse los hechos, Antonio Maestre ha estallado: «Sois gentuza. Hijos de puta de la peor condición. No todos pueden dar la cara como hacemos otros sin que les perjudique laboralmente. La campaña de acoso a un tipo anónimo que ha publicado un análisis sobre el 8M muestra el tipo de malnacidos que hay por aquí».

Defensa de Podemos

Del mismo modo, políticos de Podemos como Pablo Echenique han salido en defensa del ‘fake’ Miguel Lacambra. El dirigente podemita ha aprovechado para seguir difundiendo su artículo sobre el 8M y ha criticado a la «ultraderecha»: «Las cuentas de ultraderecha están enfadadas porque no pueden rebatir la argumentación del artículo y eso les dificulta seguir atacando a las mujeres. Por eso están haciendo énfasis en un escándalo terrible: ¡Oh Dios mío! ¡Miguel Lacambra es un pseudónimo!». 

Sin embargo, como han recordado muchos tuiteros a Echenique, Miguel Lacambra no puede ser un psudónimo, algo que se caracteriza por ser motes que obviamente no son nombres reales que se hagan pasar como tal. Es el caso de Barbijaputa o Liberal Enfurruñada. El periodista ‘fake’ Lacambra trataba de llevar su engaño hasta el final dando por hecho que sí era una identidad real cuando no lo era.

29 Marzo 2020

Miguel ‘fake’ Lacambra, el defensor del Gobierno

Daniel Ollero

Sábado, 14 de marzo, 4.48 p.m. Mientras España anda colgada del televisor y las redes sociales a la espera de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, explique en qué consistirá el estado de alarma, Miguel Lacambra debuta en Twitter. Pero no será hasta 12 días después, el 26 de marzo, cuando el desconocido tuitero se convertirá en una revelación mediática gracias a un artículo suyo titulado: «¿Ha influido el 8-M en el incremento de los casos de Covid-19?». Pero Lacambra, que alcanzó los 20.000 seguidores en Twitter, no es un articulista al uso. «Miguel Lacambra no existe», ha reconocido él mismo. Su nombre no arroja resultados en el motor de búsqueda de Google. «Es un heterónimo», justifica. Tampoco es posible encontrar nada escrito bajo esta firma (fuera de su perfil de Twitter) y su fotografía está generada por inteligencia artificial a partir de un algoritmo que elabora imágenes de perfil de alta calidad mezclando los rasgos de distintos modelos retratados en un estudio.

El viernes 27, tras dos días de intensa polémica, memes y dedos acusadores apuntando hacia el periodista y rostro Antonio Maestre —una de las caras más conocidas de la izquierda mediática española—, el misterio se resolvió. La persona que se ocultaba tras la identidad de Miguel Lacambra decidió desenmascararse. Se trata de Diego Álvarez Miguel, un ingeniero asturiano con varios libros de poesía a sus espaldas.

El artículo rubricado por Lacambra, publicado en el digital La Marea (con el que colabora Maestre), recurre a una serie de gráficas elaboradas a través de fuentes abiertas para defender la tesis de que «debemos sacar al 8-M (y a Vistalegre, cómo no) de las ecuaciones, y empezar a pensar en las verdaderas razones por las que esta crisis está golpeando todo Occidente». Las tesis expuestas por Lacambra chocaban frontalmente con las críticas de la oposición, que tilda de irresponsable la celebración de estos actos multitudinarios. De ahí que sus detractores hayan visto el polémico artículo como un capote al Ejecutivo.

Desde que se publicó el día 25, el artículo de Lacambra ganó notoriedad a gran velocidad en Twitter. En gran medida, gracias a que Maestre actuó como prescriptor suyo. No era la primera vez que el polemista recomendaba los contenidos de Lacambra. En los días previos, ya había retuiteado varias gráficas colgadas en el perfil del misterioso autor. Además de él, distintas cuentas vinculadas a movimientos feministas compartieron el artículo mientras que tuiteros de signo político contrario expresaban su escepticismo.

El estallido de la polémica se produjo el jueves 26, cuando tuiteros simpatizantes con la derecha comenzaron a investigar el perfil de Lacambra. Comprobaron que había algo extraño con su foto y que su nombre no tenía una correspondencia real, y sospecharon de su falta de producción literaria hasta la fecha empleando ese nombre. Y «Miguel Lacambra» se convirtió en trending topic nacional.

Cuando el nombre se encontraba en el ojo del huracán, La Marea publicó una apostilla dentro de su artículo aclarando que se encontraba firmado bajo pseudónimo. Lacambra hizo lo propio en su perfil de la red social del pajarito.

«Nos dimos cuenta de que algo raro pasaba al comprobar que el articulo funcionaba muy bien. Aupado por colectivos feministas y por la ultraderecha, se hizo viral. Cuando caímos en el error [de que estaba firmado por un pseudónimo sin reflejarlo], pusimos la aclaración en el artículo», aseguran a Crónica fuentes de la cooperativa de La Marea. «Pedimos disculpas por ello», añaden.

Diego, la persona tras la identidad de Miguel Lacambra, contactó con la cooperativa periodística a través de Maestre. «Antonio llevaba varios días siguiéndole en Twitter. Hablamos con él, comprobamos quién estaba detrás de ese perfil y tres personas comprobaron los datos que empleaba en el artículo. Pensamos que se trataría de un texto más de los que publicamos. No ponía que era un heterónimo porque no pensamos que fuera a tener una mayor trascendencia», añaden las mismas fuentes.

Pero con España confinada delante del móvil o del ordenador, la rectificación no fue suficiente. El artículo se ha interpretado en clave de apoyo al Gobierno en un momento de fuertes críticas, y los memes y los chistes proliferaron. Decenas de perfiles tomaron la foto de Lacambra y le crearon nuevas identidades ficticias. Agobiado por las críticas, Diego desactivó el perfil de Lacambra (y el suyo propio) en la red social durante unas horas. Pero entonces, el portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, Pablo Echenique, salió en su defensa: «Las cuentas de ultraderecha están enfadadas porque no pueden rebatir la argumentación del artículo y eso les dificulta seguir atacando a las mujeres», escribió.

La polémica ha llamado la atención del propio Twitter. Al introducir el link del artículo en el buscador, arroja el siguiente mensaje de advertencia bajo el título Conozca los Hechos: «Asegúrese de tener la mejor información sobre el coronavirus. Conozca los recursos disponibles del Ministerio de Sanidad en España», acompañado de un enlace a la cuenta del Ministerio.

CNI Y PERFILES FALSOS EN POLÍTICA

El uso de las redes sociales para manipular a la opinión pública, tanto con la difusión de bulos y noticias falsas como con la creación de personalidades ficticias que puedan servir de referencia, mantiene ocupados al CNI y a Seguridad Nacional, que han desarrollado métodos muy detallados (incluido un algoritmo) para detectarlos. Son trucos que inicialmente fueron utilizados en el contexto empresarial y publicitario pero que han acabado siendo utilizados por los partidos políticos.

En las pasadas elecciones, PP y PSOE se acusaron mutuamente de utilizar este tipo de métodos para potenciar sus mensajes. Las Fuerzas de Seguridad sostienen que, efectivamente, ambos partidos los emplearon. Se trata de inventar una personalidad falsa que difunda un mensaje de forma interesada y ataque al contrario. Los menos sofisticados ni siquiera adjuntan una foto pero los más sofisticados cuelgan en los perfiles fotos obtenidas por métodos informáticos que guardan la armonía suficiente como para parecer reales. No son de nadie.

Los servicios de inteligencia tienen instrumentos para distinguir una cara fabricada de forma artificial. Los perfiles ficticios suelen acumular muchos seguidores en muy poco tiempo de vida, son incoherentes a la larga en cuanto a sus mensajes y la mayor parte de sus seguidores son ficticios.

27 Marzo 2020

La increíble historia de Miguel Lacambra

LA MAREA (Coordinador: Antonio Maestre)

Antes que nada, volvemos a explicar –como ya hicimos ayer en un comunicado– que Miguel Lacambra es un heterónimo usado por el autor del texto para preservar su identidad y vida privada. Y pedimos nuevamente disculpas por no haberlo especificado en un primer momento. 

Era jueves. Como cada mañana, nos reuníamos a través de una videoconferencia, como tantos trabajadores y trabajadoras hacen estos días de coronavirus. ¿Qué está pasando con la convocatoria de oposiciones en Madrid? ¿Cómo va el tema de las personas que han liberado en los CIE? ¿Se sabe algo sobre las mujeres que no podrán interrumpir voluntariamente su embarazo? ¿Alguna nueva medida de las empresas del IBEX? Venga, sí, podemos dar hoy un nuevo capítulo sobre Iraq. Y la situación de las limpiadoras en Apuntes de Clase. ¿Qué pregunta mandamos hoy a la rueda de prensa de Moncloa?

Tras finalizar la ronda, para animarnos un poco en estos tiempos en los que el periodismo está pidiendo más ayuda que nunca, revisamos los temas más leídos. El del 8-M y el Covid-19 estaba funcionando muy bien en visitas y en el top 10 seguía Carta a mis padres… (aún vivos), una reflexión sobre el papel de las generaciones más mayores y el sacrificio que llevan acumulado durante décadas para sacar a sus familias adelante. Dimos por finalizada la reunión y nos pusimos cada uno con nuestras tareas asignadas.

De repente, al final de la mañana, vemos que Miguel Lacambra, el autor del artículo del 8-M y el Covid-19, era TT en Twitter. “¿Qué ha pasado?”, nos preguntamos en un primer momento de manera ingenua. No pensamos que un texto basado en datos públicos y cuya conclusión era bastante obvia, que dejáramos de hacer política con un tema tan serio –“Debemos sacar al 8-M (y a Vistalegre, cómo no) de las ecuaciones, y empezar a pensar en las verdaderas razones por las que esta crisis está golpeando en todo occidente como lo está haciendo y haya dejado a los países con una capacidad de reacción limitadísima”–, pudiera estar teniendo tanto impacto.

De lo que nos dimos cuenta más tarde es que el fondo de la cuestión era ese: las manifestaciones del 8-M, el uso político y ese rearme en la sombra que la ultraderecha está llevando a cabo en estos días de locura e incertidumbre en los que solo miramos –con razón, por supuesto– a un virus microscópico. Todas y todos tenemos ya familiares y amigos afectados por el coronavirus, amigos que no han podido despedir a sus familiares muertos.

Al principio del revuelo pensamos que era mejor no avivar un falso debate creado por la ultraderecha. Pero cuando comenzamos a leer difamaciones sobre nuestro medio, empezamos a entender de qué iba realmente la increíble historia de Miguel Lacambra. Antes que nada, volvemos a explicar –como ya hicimos ayer en un comunicado– que Miguel Lacambra es un heterónimo usado por el autor del texto para preservar su identidad y vida privada. Y pedimos nuevamente disculpas por no haberlo especificado en un primer momento.

La Marea había contactado con él –cuya identidad ha acreditado con documentación personal– tras conocer sus análisis de datos en Twitter. En conversación telefónica, nos explicó que preparaba uno sobre el 8-M. Cuando nos lo mandó, nos pidió que lo publicáramos bajo seudónimo. El nombre escogido, Miguel Lacambra, es en realidad su heterónimo, el que figura en Twitter (su foto ha sido creada artificialmente, algo que desconocíamos en La Marea en el momento de publicar su texto). Tres personas comprobamos que los datos eran correctos, una práctica habitual en este medio. Y lo publicamos. Hasta aquí, la historia documentada de Miguel Lacambra**.

Teorías de la conspiración

Ahora viene la increíble, la que se ha inventado la ultraderecha para desprestigiar, en primer lugar, al Gobierno; en segundo lugar, al periodista Antonio Maestre; y, en tercer lugar, a La Marea. Una campaña ruin en mitad de una tragedia con miles de muertos. Alguien que ‘suplantaba’ –sí, rizando el rizo– a Miguel Lacambra decía lo siguiente en un hilo en Twitter: “Bueno, amigos, esto ha sido divertido. Pero. Más allá de lo anecdótico, hemos vuelto a comprobar que las Redes Sociales son, antes que nada, espacios donde se libra una batalla crucial por la construcción de «relatos» […] “Ahora sabemos que basta un Trending Topic para terminar de socavar la reputación de uno de esos voceros de ‘prime time’. A partir de mañana, ¿qué credibilidad van a tener Antonio Maestre y sus compañeros de periódico? ¿Van a estar legitimados para hablarnos de ‘fake news’?”.

Olvida esta persona –que ha sabido cómo crear el mismo usuario que Miguel Lacambra –@mglcambra– usando una ‘i’ en mayúscula para simular una ‘l’– que nada tiene que ver una fake new con un heterónimo. Pero su objetivo no es el periodismo. Su estrategia consiste en eso, en embarrar, en manipular y en mentir. No interesaba saber que se trataba de un heterónimo, una figura, por otra parte, utilizada desde siempre en el periodismo.

A mediodía ya había corrido la increíble historia de los bots, la increíble historia de que Iván Redondo, jefe del Gabinete de la Presidencia del Gobierno de Pedro Sánchez, nos la había colado. Y había dos versiones: una, que Moncloa nos usaba a través de nuestro colaborador Antonio Maestre para colar su mensaje –”¿Qué mensaje? ¿Unos gráficos comentados?”, nos preguntábamos incrédulos. “Pues lo suyo hubiera sido que nos hubiera colado un Watergate”, bromeábamos incluso–; y dos, que alguien que nos tenía muchas ganas quería destruir nuestro trabajo y dañar nuestra cabecera.

Después vinieron una ristra de mentiras, hechos no probados –como una supuesta cuenta de Miguel Lacambra, periodista, en Linkedin– e incluso infamias, como que La Marea se había inventando el perfil para beneficiar al Gobierno, como decía este tuit de la diputada del PP @almudenanegro: “Han pillado a @lamarea_com de @AntonioMaestre inventándose no una noticia, sino a un periodista”.

Y el mismo tuit explica, sin pretenderlo, de qué va esto: lo importante, que es la noticia, es lo de menos. En este punto intentamos ponernos en sus mentes: ¿Para qué nos íbamos a inventar un periodista con todos los seudónimos que podríamos utilizar y todo el trabajo que tenemos por delante? Con la tranquilidad que te da saber que has hecho bien tu trabajo, repasamos las portadas de nuestra revista y los artículos críticos con este Gobierno y todos los gobiernos, sobre las puertas giratorias de todas las formaciones políticas sin distinción. También nos acordamos de las personas que se dieron de baja como suscriptoras por leer artículos críticos con determinadas actuaciones de partidos políticos de izquierda o que nos pedían que ‘despidiéramos’ al mismo Maestre por las críticas al indepedentismo que realizaba desde otros medios. Ni entonces ni ahora nos moveremos de donde estamos: el periodismo.

Hasta ahora, ningún periodista que ha publicado alguna información sobre la increíble historia de Miguel Lacambra en su medio, como El Español –que incluso miente y manipula quitando referencias al mitin de Vistalegre incluidas en el artículo– o asociaciones de periodistas como Mujeres Periodistas de Navarra, ha llamado a La Marea para contrastar la información que ha publicado en su periódico o en sus redes sociales.

Es decir, hay medios y periodistas que están publicando fake news generadas por la ultraderecha dando, además, lecciones de periodismo. ¿Eso es responsabilidad de la ultraderecha? No, eso es responsabilidad de los medios, del periodismo. Porque ¿qué es la prensa “seria”? Así se han referido algunos periodistas, en mitad de esta increíble historia, a grandes cabeceras –que han publicado mentiras en portada, por cierto– para diferenciarse de los medios creados tras los despidos llevados a cabo por esas grandes cabeceras.

Esa ‘prensa seria’ que ahora pide auxilio al ver que desaparece la publicidad de la que vivía sin importar de qué empresas venía, esa ‘prensa seria’ que ni siquiera cita cuando copian nuestros artículos o basan sus presuntas investigaciones en ellos. Esa ‘prensa seria’ que decide jugar en la misma liga que la ultraderecha de Vox. Su líder, Santiago Abascal, escribía ayer en un tuit: “No sé de donde sale el bulo extendidísimo de que estaré esta noche en TVE. Ni me han invitado ni ganas de que lo hagan.  Si no la encendéis, mejor, os ahorraréis la manipulación” [sic]. Su propio partido lo retuiteó con esta ingeniosa frase: “Ha sido Miguel Lacambra”.

Al verlo, recordamos la campaña que vivimos cuando publicamos la exclusiva de Antonio Maestre del vídeo en el que Javier Ortega Smith ensalzaba a José Antonio Primo de Rivera.

En los siete años y medio que hemos cumplido, en La Marea no hemos recibido ni una sola demanda por nuestra información. Y, en este caso, comprobamos nuevamente que los datos sobre el 8-M y el Covid-19 no han sido el problema. El problema es que La Marea hace un periodismo comprometido con el feminismo, con la laicidad, con la defensa de lo público, con la economía social, con el republicanismo, con la memoria histórica, con el medio ambiente y, sobre todo, con los derechos humanos. Eso es lo que no gusta y escuece a quienes no comparten los valores democráticos, no el nombre de quien firma un artículo. Hemos pecado de ingenuos, sí. Y hemos aprendido mucho sobre campañas, modus operandi y bots en las últimas horas –el propio Miguel Lacambra eliminó su cuenta en Twitter durante unas horas por los ataques que estaba recibiendo, lo que avivó aún más una teoría de la conspiración que ha salpicado incluso a compañeros de otros medios a los que no citamos para no contribuir a la desinformación–.

La comunidad de La Marea ha reaccionado bien, intentamos contestar a todos pero es difícil. Nuestro código ético para la publicidad hace que esta sea insignificante en nuestras finanzas y también que no hayamos alcanzado la sostenibilidad. Reconocemos que ataques de este tipo nos lo ponen más complicado. Nunca se nos han caído los anillos ni nos achantamos. Nada cambiará nuestra forma de entender el periodismo y seguiremos trabajando para mejorar. Si tenemos que cerrar por falta de ingresos por esta campaña difamatoria, lo haremos. Pero tenemos la tranquilidad de que quien diga que La Marea ha creado un perfil falso no es que esté mintiendo, es que sabe que está mintiendo.

Queremos mandar un mensaje de agradecimiento a todos los periodistas que nos han llamado para preguntarnos cómo estamos, algunos preocupados porque los siguientes pueden ser ellos. La ultraderecha no parará. La misma cuenta falsa que parodiaba al Miguel Lacambra ‘original’ escribía: “Y en todo esto, el humor ha sido fundamental. El ‘meme’ es una estrategia fantástica para poner en ridículo fácilmente al farsante, al tertuliano moralista o al periódico que te recuerda día a día que todo lo haces mal”.

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