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El veterano columnista no aceptó que la composición de la última página se modificara para igualar sus artículos con los del director, Francisco Marhuenda

Se anula la colaboración diaria e Alfonso Ussía en LA RAZÓN tras un enfrentamiento personal con Francisco Marhuenda

HECHOS

El 25.03.2020 D. Francisco Marhuenda confirmó en la cadena ESRADIO que la columna diaria de D. Alfonso Ussía había finalizado por desavenencias con él.

Dos versiones sobre el fin de una colaboración

D. Alfonso Ussía era colaborador diario del diario LA RAZÓN desde el año 2004, indiscutiblemente el principal columnista de opinión de ese periódico, escribiendo en la última página en solitario. Según el director de LA RAZÓN, D. Francisco Marhuenda la ruptura se produjo por la negativa del Sr. Ussía a aceptar que su última página pasara a ser dividida en dos para compartir su espacio con el del director, Sr. Marhuenda.

El Sr. Ussía desmiente esa versión y asegura que su marcha se produjo porque fue censurado por el Sr. Marhuenda por sus críticas al PP, a LA SEXTA y al Conde de Godó.


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26 Marzo 2020

Alfonso Ussía, el último caricato

Antonio Miguel Carmona

El conocido caricato, Alfonso Ussía, ha protagonizado en las últimas horas el enésimo incidente con su grupo editorial. Tratando además de dejar al director de La Razón como si fuera un censor en potencia. Y nada más lejos de la realidad. La paciencia del Grupo Planeta, del diario La Razón y de su director, el profesor Francisco Marhuenda, ha llegado a límites infinitos tras aguantar al más pera y fantasma de los juntaletras de la patria.

Si no fuera por viejo, desdentado y halitósico, dicen, sería más explícito en este artículo de uno de los más frívolos periodistas españoles según sus propios compañeros. Confieso que sus familiares me pedían favores de su parte, siendo el que suscribe cargo público. Pero, pobre de él, jamás moví un dedo a tamaña desvergüenza más propia de un tahúr que de un caballero. No digo que llegaran al delito, pero conservo pruebas por si acaso, de su recomendación vana.

Les voy a relatar una historia. Dentro del debate y la polémica de los cambios de nombre de las calles de Madrid, comenté a Manuela Carmena, entonces alcaldesa, que el nombre del dramaturgo Muñoz Seca, vilmente asesinado, debía permanecer en nuestro callejero. Para un buen amigo, el imbécil de Alfonso Ussía, como le llaman en alguna redacción, el nieto de don Pedro, me dedicó un artículo insultante de esos que, si interpongo querella, la indemnización no sería corta. Confundido como un saltasopas, probablemente por falta de riego, me acusaba de querer destronar de las calles de Madrid al autor de Los extremeños se tocan.

Mientras me insultaba, como un gañán, defendía la prudencia de Carmena en forma de relación en busca imagino de vaya usted a saber. Estuve tentado en llamarle, por presunto bobo, pero los calificativos que vertió sobre mí me hicieron esperar a que yo dejara de ser cargo público para responderle. Y ha llegado el momento.

Todo esto, como digo, mientras el supuesto falandeiro de Ussía, me había hecho la pelota hasta el vómito y había enviado a familiares (cercanos) a pedirme favores siendo yo diputado. A estos familiares (pero muy cercanos) que venían de su parte les mandé por el mismo sitio por el que se abría la puerta de mi despacho.

Pero, además, este sinvergüenza (a decir de él mismo), dicen sus allegados que es un defraudador de hacienda, confeso y sancionado. Como si fuera un caradura de los de mayor bellaquería que roba a los españoles evadiendo impuestos. No por cocorobochindo, que pudiera serlo, sino por presunto ladrón.

Contratado por La Razón, insultó al grupo Planeta, a su director, Francisco Marhuenda; provocó que su propia editorial tuviera que pagar ingentes cantidades de dinero por las demandas siempre perdidas de este supuesto fané, anticuado y asmático de ideas. Harto, dice Paco Marhuenda de él, de sus imprecisiones, de su deslealtad (sic), de sus sentencias condenatorias, ahora, por fin, se va, o más bien le mandan, a trepar por las inmediaciones del propio orto.

Dicen que este escuchapedos va de estirado por la vida, como si fuera a mandar un batallón, más parecido a un viejo tarado que no sabe vivir más que de sueños, fraude como persona y tonto útil para aquellos que solo desean su beneficio propio. Como si fuera un zambullo hueco que no tiene ni gracia cuando trata de parecerse a su abuelo.

Por todos es sabido que Ussía es lo más parecido a un peonzo y que su forma atropellada de construir frases agramaticales, pésimo escritor, le ha causado más de un disgusto. Un amigo común me dice que, “en el fondo es un yocu, más soso que un pan sin sal, pero peligroso”. Capaz de insultar a Messi y, por vaquilla brava, perder una demanda y tener que pagar una pasta al argentino (que éste a su vez donó a Médicos Sin Fronteras).

Va de viejo farragás, para algunos estafador del erario público, pero es un hombre sin carrera (comenzó pero no terminó dos). Joaquín Sabina, dada la ignorancia de este cacique del periodismo, le dedicó una canción en la que señala que “Don Mendo no se hereda”.

Despedido de ABC, uno de sus episodios más sangrantes fue las risas que tuvo a cuenta de diversas tragedias, al tiempo que, por otra parte, defendía una intervención militar en el País Vasco.

Otros señalan que este viejo morrongón, no piensa las fascistadas que suelta, es simplemente un obseso del dinero y un obeso de la tontería. Que no lo digo yo. Lo que se ha venido en llamar, con más tino que demérito, un gilipollas. En la familia, me consta, le tienen como un peinaovejas, de esos a los que hay que dejar que desvaríe desde el primer Jack Daniels.

Sobrino del golpista Milans del Bosch. Si bien “Muñoz Seca no se hereda”, sí heredó su actitud violenta ante la democracia y ante la vida. En un tuit llamó a la conformación del gobierno del PSOE, vencedor en las urnas, golpe de estado. Y se quedó tan ancho. Tan violento que, si estuviéramos en el siglo XIX probablemente me hubiera retado en duelo, como él diría, y yo, encantado le hubiese dado a elegir lugar.

Antonio Miguel Carmona

27 Marzo 2020

Alfonso Ussía, fiel a su estilo

Enric Sopena

El periodista y escritor, que no se cansó de insultar desde su columna, pega la espantada contando medias verdades

Lo que podía ser una simple lucha de egos, el periodista y escritor Alfonso Ussía decidió que se transformara en un escándalo mayúsculo en el periódico La Razón. Publicó un tuit en el que aseguraba: “Me acaba de comunicar mi director, que mañana, por primera vez en 15 años, no saldrá por censura interior mi artículo en La Razón”.

La situación recuerda mucho a la vivida en 2004, cuando Ussía dejó el periódico ABC , al que llevaba vinculado veinte años, después de que la cabecera no le publicara un artículo titulado El cerdo vasco. Ese mismo año, fichó por La Razón. Desde la contraportada, ha escupido odio e insultos a diestra y siniestra, sin que se le pusiera límite. Ni siquiera las sentencias condenatorias que han costado mucho dinero al periódico, según reconoce el director Francisco Marhuenda, impedían que continuara con su estilo faltón, machista y homófobo. Por eso, cuando publicó su tuit, muchos se llevaron las manos a la cabeza y se preguntaron qué podía haber escrito, teniendo en cuenta que anteriormente había publicado barbaridades y no había sido censurado jamás por su periódico.

La explicación es que el contenido del artículo no tiene nada que ver con la espantada. No se trató de censura, sino que Ussía, fiel a su estilo, se negó a compartir contraportada con Marhuenda. Porque él lo vale. Incluso en estos momentos graves, siguió mirándose el ombligo y no aceptó que se dividiera la contraportada en dos, para incluir su artículo y el del director del periódico. Esa es la explicación que dio Marhuenda en la radio.

La historia no terminó allí. Después de que se negara a compartir espacio, de todas maneras, mandó su columna habitual. En ella, según el director, había datos falsos, de esos que cuestan dinero en forma de querella, cosa que le hizo saber al periodista. En ese momento, Ussía decidió publicar su tuit lleno de veneno.

“En lo personal no quiero saber nada más de él”, declaró Francisco Marhuenda, lo cual hace suponer que la andadura de Ussía en La Razón ha tocado a su fin. Llama la atención que alguien se sorprenda, incluido Marhuenda, por semejante actitud. Un señor que ha alimentado el odio durante años, ha insultado, ha faltado y ha hablado con desprecio de todo lo que se desviara un milímetro de su sectario pensamiento, no iba a cambiar a la hora de morder la mano de quien le da de comer.

Francisco Marhuenda, por su parte, en lugar de detenerse en este asunto, debería rectificar la portada del pasado martes, en la que se aseguró que “Un informe del CSIC alertó en enero de que el virus era letal”. La información es falsa, según palabras del propio CSIC, que salió a desmentirla y aseguró, desde su cuenta oficial de Twitter: “Reportamos al Gobierno la investigación y recursos movilizados frente al virus”. Sería bueno que la energía de Marhuenda fuera canalizada hacia esa rectificación.

Si Ussía hubiera aceptado de buen grado la partición de la página, al menos mientras durara la crisis, nada de esto habría pasado. Pero como vive de la provocación, esta vez no iba a ser la excepción. En el pecado está la penitencia.

Enric Sopena

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