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La revista es el buque insignia del grupo Hachette Filipacchi de Arnaud Lagarde

Despedido el director de la revista PARIS MATCH, Alain Genestar, tras airear las infidelidades de la esposa de Nicolás Sarkozy, Cecilia

HECHOS

En junio de 2006 se hizo público el despido del director de la revista PARIS MATCH.

lagardere_arnaud Arnaud Lagardere, propietario del Grupo Lagardere acuya división mediática Hachette Filipacchi pertenece la revista PARIS MATCH y, se da la circunstancia de que es amigo personal de Nicolas Sarkozy.

02 Julio 2006

La política contamina a la prensa francesa

Rubén Amón

La competencia de los periódicos gratuitos y el impacto de internet han asfixiado a la prensa escrita francesa, aunque semejante coyuntura, común a muchos otros países, coexiste con los extremos de una verdadera invasión política. Nunca había ocurrido que un primer ministro acusara de difamación a cuatro periodistas -acaba de hacerlo Villepin-, como tampoco había sucedido desde 1968 que los trabajadores de Paris-Match se declararan en huelga.

Lo hicieron el pasado jueves para rebelarse contra la decapitación de Alain Genestar, director de la revista desde 1999 y víctima de una operación que ha ido cuajándose lentamente desde que aparecieron en agosto de 2005 las fotografías de la mujer de Sarkozy con su amante. El ministro del Interior protestó ante Arnaud Lagardère, gran patrón de la prensa francesa, amigo personal de Sarko y propieatrio de Paris-Match, aunque las presiones no se concretaron hasta el 29 de junio.

Fue entonces, también, cuando los redactores de la revista divulgaron un comunicado que denunciaba «las razones políticas» de la maniobra, que advertía de la «desestabilización de la redacción» y que mencionaba «la necesidad de respetar la independencia informativa».

El ya difunto padre de Arnaud Lagardère, Jean-Luc, se enorgullecía de haber dejado en herencia a la redacción parisina el lema de «Ni censura ni complicidad», pero la proyección política de Sarkozy, candidato favorito al trono de Chirac, ha cambiado las reglas del juego en un contexto particularmente difícil para los medios escritos: Le Monde retrocede en las ventas, Le Figaro resiste lejos de sus mejores tiradas, France Soir permanece al borde de la desaparición y Libération acaba de prescindir de la referencia patriarcal de Serge July.

No ha pesado su condición de fundador del diario ni le han valido 25 años en el puesto de director. Citizen July se despedía el viernes de los lectores augurándose que el periódico pudiera sobrevivir sin las contaminaciones de la política ni de las altas finanzas.

Las expectativas tendrían mayor verosimilitud si no fuera porque Edouard de Rothschild, símbolo del capitalismo francés, es el principal accionista del periódico (38,8%) y el promotor de un cambio de rumbo que pretende rescatar a Libé de los números rojos -perdió 14 millones de euros en 2005- y de una línea editorial demasiado vinculada a su director.

Los trabajadores han aceptado el recambio porque el patrón promete una inversión de 10 millones de euros, pero no van a «permitirle actuar como si tuviera un cheque en blanco».

La contaminación política de la prensa parece responder a las sensaciones de un cambio de guardia. Seguramente porque la agonía del chiraquismo implica un escenario de nuevos equilibrios, muchos de ellos relacionados con la candidatura pujante de Sarkozy. Arnaud Lagardère se ha apresurado a reforzar el pacto de amistad con el ministro del Interior, cuya vocación inquisitorial ya había adquirido dimensiones sorprendentes cuando consiguió que le editorial francesa First se abstuviera de publicar las memorias apócrifas de su esposa.

Dominique de Villepin no ha podido evitar que salieran al mercado artículos y libros que le relacionan con el escándalo Clearstream, pero ha llevado a los tribunales a sus autores porque le atribuyen un papel conspiratorio en la trama de los paraísos fiscales luxemburgueses.

También le acusan de haber urdido un plan para teminar con la carrera de Sarkozy. Incluso le reprochan haber escondido el informe que probaba la inocencia de Sarko. La decisión de querellarse no ha gustado en el seno del propio Gobierno. Empezando por el ministro de Empleo Jean-Louis Borloo, consternado porque Villepin quisiera amordazar a la prensa tal como hizo Chirac recientemente al recomendar el sacrificio de un periodista de Canal Plus: Karl Zero que cometió la torpeza de dedicar un filme en clave irreverente al presidente de la República.

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