18 noviembre 1994
Era Consejero de Política Territorial de la Generalitat y figura destacada de Convergencia Democrática de Catalunya
Dimite Josep María Cullell (CiU) como consejero del Gobierno de Pujol acusado de beneficiar los negocios de su cuñado
Hechos
El 18.11.1994 Dimitió el Consejero de Política Territorial de la Generalitat de Catalunya, D. Josep María Cullell.
Lecturas
El cuñado de D. Josep María Cullell, D. Juan Vilaró puso en marcha en Sant Peré de Torelló unas operaciones con fines especulativos que le supusieron un enriquecimiento rápido.
19 Noviembre 1994
Amargo aniversario
La dimisión del consejero catalán Josep Maria Cullell es justa y es necesaria. Su compañero de partido, Miquel Roca, ha sostenido la tesis exactamente contraria. Y el presidente de la Generalitat, Jordi Nijol, no ha dudado en defenderle aun poco antes del anuncio de la dimisión ante el Parlamento catalán. Les honra a ambos la defensa cerrada del dimisionario, que hay que interpretar más en clave moral, de no hacer leña del árbol caído, que como expresión de realismo político. Pero la dura realidad de las cosas es que es justo que dimita quien mantiene sobré sí serias dudas, respecto a la existencia de tráfico de influencias.Y también que es necerario que dimita quien debe concentrarse en defenderse a sí mismo y a su familia, evitando a la vez que su caso contamine el conjunto de la actividad del Gobierno. Cullell obré acertadamente presentando su dimisión el 8 de noviembre, al día siguiente de que se publicara la transcripción de una grabación telefónica que podía implicarle en un caso de tráfico de influencias. El ex consejero ha ido más lejos, sugiriendo la formación de una comisión de investigación que estudie la actuación de la Administración autonómi en el caso de los terrenos vendidos por su cuñado después de ser recalificados para construir. viviendas sociales. Pero la generosidad de su gesto no tiene visos de ser suficiente, ni para blanquearle de sus responsabilidades, cuestión que puede ser en último término tarea de los jueces, ni para frenar la sangría abierta en el flanco del Gobierno catalán. El caso Cullell es, a fin de cuentas, una minucia comparado con el escándalo De la Rosa, pero sitúa sobre la mesa un tipo de comportamiento que desgraciadamente afecta a todo el espectro político y a todas las admistraciones: en el más tibio de los casos, se trata de una presión más .O menos explícita de responsables políticos sobre la Administración para obtener ventajas personales.Es nuestra pequeña -o no tan pequeña– tangentópolis. Afecta de forma mucho más abrumadora a los partidos que llevan más tiempo en el poder, como es el caso de Convergècia Democrática, la organización hegemónica en Cataluña, que mañana celebra precisamente su 200 aniversario presentando la cabeza cortada de uno de sus más insignes fundadores. Esta amarga celebración permite observar un enorme paralelismo entre los dos partidos, amigos, CDC y PSOE, que se hallan ambos a punto de morir de éxito, tal como explicó en frase premonitoria el propio Felipe González.
Pero la mayor peculiaridad catalana es la ausencia de alternativas al Gobierno de Pujol. Los socialistas se hallan atados a su propio desgaste en la gobernación del Estado. Los populares no cuentan con fuerza más que para seguir practicando la erosión. Esquerra Republicana es todavía un deseo, así como Iniciativa per Catalunya es una nostalgia. Los jóvenes pujolistas, cultivados con devoción por el presidente catalán, deben crecer todavía. Sólo queda la incógnita de la propia capacidad de regeneración y de maniobra de Unió Democrática de Catalunya, el pequeño partido socio, que se ha beneficiado de 14 años de poder sin apenas desgaste. A menos que se produzca un brusco e inteligente golpe de timón, todo permite pensar que también en Barcelona empieza, ahora una larga agonía.
19 Noviembre 1994
Sin la publicación de las conversaciones, Cullell seguiría en la Generalitat
José María Cullell, dimitió ayer de su cargo de conseller. Dijo que lo hacía para defenderse legalmente y para salvar a la Generalitat de «una polémica diabólica». En realidad, no tenía otro remedio que coger la puerta, dada la contundencia de las pruebas que demostraban su actuación irregular. Sus conversaciones con el alcalde de Sant Pere de Torelló, eran elocuentes, v.gr.: «Hazme un favor. Mi cuñado está arruinado y cada día: «Ahora tengo un dolor aquí, ahora tengo la presión así…» Escucha, si en esto no sacamos agua clara, no llegaremos a tiempo de salvar a la familia Vilaró». Todos los grupos han sido unánimes en felicitarse por su marcha -o dicho de otra forma, han elogiado su «valentía»-. Pero los mismos partidos que se expresaban así rechazaban la publicación de grabaciones telefónicas, en alusión al «caso Cullell». Si EL MUNDO no las hubiera publicado, Cataluña seguiría teniendo a un conseller cuya conducta ha sido, cuando menos, impropia e inmoral. Los grupos políticos aún están a tiempo de evitar, en el trámite del Senado, que prospere la reforma del Código Penal que penaliza la difusión de información en función de su origen.
01 Diciembre 1994
El dilema de Pujol
CONVERGÈNCIA I Unió escenificó la semana pasada una situación de ruptura con el Gobierno. La dimisión de Josep Maria Cullell como consejero del Gobierno catalán y la celebración en Montserrat del 200 aniversario de la fundación de Convergéncia Democrática de Catalunya fueron la ocasión para que dirigentes nacionalistas ex presaran serias dudas sobre la conveniencia de mantener su apoyo al Gobierno de González. Una vez creado el efecto, tanto Pujol y Roca como el democristiano Duran i Lleida han desmentido la posibilidad de una ruptura. Al menos de momento.La realidad es que hay sólidas razones para que CiU siga apoyando al PSOE. Unas son objetivas: es bueno garantizar la estabilidad en un momento de recuperación económica. Otras tienen que ver con intereses de partido: es difícil imaginar que Pujol vuelva a contar con circunstancias tan favorables para influir sobre un Gobierno, e incluso para gobernar por personas interpuestas como sucede ahora, contando con una fuerza parlamentaria tan escasa. Es obvio que ello no se daría en el caso de un Gobierno del PP con mayoría absoluta; pero incluso con una mayoría popular insuficiente sería de prever un periodo bastante largo de adaptación y conflictos. Es lógico que CiU intente apurar al máximo la situación actual de gobierno por procuración.
Ello no excluye la necesidad de exhibir periódicamente la lista de reivindicaciones nacionalistas agrupadas bajo el capítulo de profundización de la autonomía, como sucede ahora mismo. Pero el auténtico programa de apoyo se refiere sobre todo al presupuesto y cuestiones conexas: flexibilidad del mercado de trabajo, lucha contra el déficit público, estímulos a la inversión, apoyo a las pequeñas y medianas empresas… Lo cual se proyecta también, en el terreno político, en forma de alternativa a un eventual acuerdo de los socialistas con Izquierda Unida.
Desde medios nacionalistas se sostiene que los escándalos que vienen afectando a la Generalitat son consecuencia del apoyo a los socialistas, insinuando que por ahí podría venir el argumento para romper. Es dudoso que casos como el del financiero De la Rosa hubieran dejado de surgir con otra política de alianzas. Sea como sea, Pujol descartó ayer -en su entrevista en la cadena SER- que ésa pueda ser una causa de ruptura: «Nunca romiperemos por miedo a ser atacados», dijo.
Un argumento por la continuidad del pacto es que probablemente la actitud de los socialistas catalanes habría sido más dura de no haber tenido las manos amarradas. Y los nacionalistas no tendrían ocasión de seguir presentando escándalos como el del caso Cullell y el incipiente de Subirá como fruto de la acción de agentes ajenos a Cataluña y como resultado de la generosidad de Pujol con González y con la estabilidad política.
Todo ello no significa que haya que descartar la ruptura a medió plazo. Por una parte, la dinámica electoral favorece la ruptura: las municipales de mayo harán aumentar la tensión entre convergentes y socialistas; las autonómicas catalanas en 1996 marcan un ritmo y un calendario que pueden aconsejar a Pujol dar fin a la alianza con margen temporal suficiente. Por otra, la tensión entre CDC UDC -y entre los propios líderes del partido de Pujol- puede alimentar una dinámica que Conduzca a una conclusión del pacto.
En medio juegan también las encuestas. A fin de cuentas, el argumento para durar era que peor no podemos estar. Si empieza un repunte -para unos o para otros dentro del bloque de gobierno-, es fácil que surja la tentación de aprovechar el vientecito antes de que regrese la tempestad. Y, sobre todo, Pujol no quiere exponerse a que, por efecto de algún cambio en la dirección del viento, sea González quien en un momento dado decida acortar la legislatura. Quiere retener el poder de decidirlo, y eso puede llevarle a hacerlo antes de lo previsto.
LA CONVERSACIÓN ÍNTEGRA.
(Fue reproducida por EL MUNDO y EL TRIANGLE)
Dispuesto a todo para lograr 159 millones en dinero público para el arruinado hermano de su esposa, Josep María Cullell, conseller de Política Territorial de la Generalitat, coaccionó a la esposa del alcalde de Sant Pere de Torelló a fin de lograrlo.
El cuñado de Cullell, Joan Vilaró, había vendido por 69 millones al Ayuntamiento de Sant Pere, en 1991, 56 de las 65 hectáreas de la finca llamada La Riera, terreno de importante valor ecológico y paisajístico, no urbanizable.
Pero, en 1992, Vilaró segregó nueve de las 65 hectáreas, que, tras una modificación de las normas subsidiarias efectuada por el Ayuntamiento, pasaron a ser urbanizables. Vilaró pidió por ellas 90 milones de pesetas. En este momento, las ocho hectáreas en cuestión eran propiedad de una sociedad-pantalla llamada «Estilo y Decoración del Vallés Occidental S.L.», a la que Vilaró vendió el terreno por 3 millones. En nombre de dicha «sociedad», Adelaida Lozoya ofreció al Ayuntamiento de Sant Pere el terreno, por los citados 90 millones.
Como sea que Ramón Vaqué, alcalde de Sant Pere y payés astuto y desconfiado, no mostrara excesivo entusiasmo por la compra, Joan Vilaró fue a Sant Pere a fin de «trabajarlo». Pero Vaqué se escondió. Vilaró entonces habló telefónicamente con Cullell para que interviniera. Cullell llamó al alcalde a su casa y, no encontrándole, mantuvo una larga conversación con su esposa, Dolors Cruselles, en la que, sin el menor recato, compromete a la propia Generalitat en el «pelotazo», además de someter a Cruselles a presiones que rozan el chantaje.
Esta es la transcripción de la conversación telefónica:
DOLORS CRUSELLES.-Diga…
JOSEP M. CULLELL.-¿Está el señor alcalde?
D.C.-No. ¿Quién pregunta por él?
J.M.C.-He llamado al cuartelillo de la Guardia Civil y me han dicho que sí que estaba en casa. Soy el diputado Josep María Cullell. (Miente cuando dice que ha llamado al cuartelillo. Sólo ha hablado con Vilaró).
D.C.-No está en este momento.
J.M.C.-Pues la Guardia Civil me ha dicho que sí que está.
D.C.-¿La Guardia Civil?
C- Sí.
D.C.-¡Ah!, pues oye, aquí en casa no está.
J.M.C.-¿Dónde lo puedo encontrar?
D.C.-Chico, no lo sé. Se ha marchado con Planas, y no sé dónde estará ahora. ¿No está en el Ayuntamiento?
J.M.C.-Yo soy Cullell, ¿eh? ¿Me conoces?
D.C.-Sí; bueno, más o menos.
J.M.C:-¿Más o menos? (La tremenda vanidad del conseller sufrió un golpe).
D.C.-De la televisión.
J.M.C.-¿Sólo de la televisión?
D.C.-Sí.
J.M.C.-Escucha, ¿puedes darme el teléfono del Ayuntamiento? Veré si está.
D.C.-El del Ayuntamiento es el 8564024.
J.M.C.-Mira, hazme un favor luego. Mira, es que nosotros… Me parece que tu marido… Nos hemos metido en un merdé en el que parece que nunca nos aclararemos. Lo que yo quería es hablar con…
D.C.-¿Cuál merdé?
J.M.C.-No, que no tomamos… (El plural indica que el alcalde y los suyos no toman). Que no nos atrevemos a tomar ninguna decisión. Lo que queremos es saber…
D.C.-¿Por todo eso de las casas?
J.M.C.-Sí. Me parece que él no tiene ningunas ganas.
D.C.-No. Esto no es así.
J.M.C.-Yo querría que él me lo dijera, ¿entiendes?
D.C.-No. Mira, Ramón, lo que es para mejorar Sant Pere, demasiado que trabaja. Yo estoy enfadada.
J.M.C.-No, si yo no le critico. Lo que digo es que le da algo de angustia, que el asunto le viene grande, por decirlo así. Yo quisiera que, con toda sinceridad, lo dijera. Yo querría saber si el hombre fuerte del pueblo es el juez de paz, que no recuerdo cómo se llama.
D.C.-Casalí. [Un hombre del clan Vaqué, único hombre fuerte de San Pere].
J.M.C.-Eso, Casalí. Yo quisiera tener una reunión con tu marido, con Casalí y con la Generalitat, y tranquilamente decidir si lo hacemos o lo dejamos. Lo que no podemos estar, de cara a mi cuñado, que hoy ha subido a Sant Pere… Ya buscaremos otra solución; si no, se puede hacer a través del Ayuntamiento. Ya encontraremos otra. Lo que no haremos es ir alargándolo, alargándolo. Lo que pasa es que yo veo a Ramón poco decidido, en el sentido ese que yo le comentaba, que le viene todo un poco grande. [Cullell no conoce a Vaqué, hombre con fama de astuto y sumamente desconfiado].
D.C.-Mira, a mí eso de que no tiene ganas… No es así. Porque si es por Sant Pere, todo le apetece, y lo que tiene es demasiada voluntad y demasiado interés. Porque él lo hace todo desinteresadamente. No hay Ramones como él, y no porque sea mi marido…
J.M.C.-Me da la impresión… Te seré muy sincero. Me da la impresión de que ha ido diciendo que sí, que sí, que sí, un poco porque éramos nosotros, porque era el Vilaró, porque era lo que tú quieras, cuando esto a él…
D.C.-No, no, no.
J.M.C.-Porque no tenía demasiadas ganas.
D.C.-No, no, no. No es por falta de ganas. Es porque debe haber algún tipo de problema. Cuando me dijo que se iba a hacer esto allí, yo me enfadé mucho. Porque dije: ¿oye, no teneis suficientes cosas para hacer?
J.M.C.-Bueno, bueno, escucha. Quizá le hayas hecho ver las dificultades tú.
D.C.-No, porque yo no sé nada. Yo sólo sé los hartones de trabajar que se pega.
J.M.C.-Sí, mujer, claro.
D.C.-Yo le dije: ¿ahora tienes que embarcarte en más cosas, teniendo tantas por hacer? Si teneis un programa superlleno… Pero mira, a él le gusta tanto la actividad…
J.M.C.-A él le gusta, y yo lo que creo es que es una oportunidad para mi cuñado, pero también es una oportunidad para Sant Pere, y muy importante.
D.C.-Si es lo que decía antes: todo lo que sea mejorar Sant Pere, Ramón está dispuesto a hacerlo. Todo le gusta, todo le hace ilusión, y no tiene pereza a la hora de trabajar.
J.M.C.-Yo no digo que tenga pereza.
D.C.-Lo que hace Ramón por el pueblo sólo me lo puedo creer yo, porque nadie se lo cree. Fíjate, hoy mismo han pasado unos papeles, estos de Esquerra [ERC], bueno, los de Esquerra y un grupo de gente, de vecinos de Sant Pere que ya hace tiempo que existe, y uno de los puntos es la compra de la Riera; bueno, la urbanización de la Riera. Otro punto era el de la térmica. Y yo le digo: «¿Sabes lo que es esto, Ramón? Esto es sinónimo de… Fíjate, se ha vendido la Riera; caray, Ramón, se ha forrado. Que se hace la térmica, ¡claro, Ramón.! Todo el mundo se lo cree…». Y Ramón no ha tocado ni un duro. Y como en eso vuestro, en todo. [Este párrafo de Dolors permite fijar con toda certeza la fecha de la conversacion: el 20 de octubre de 1992]).
J.M.C.-Yo, cuando fui conseller [de Economía]…
D.C.-Tú me estás llamando a casa para discutir una cosa que a mí ni me va ni me viene.
J.M.C.-¡Oye! No discutimos, hablamos.
D.C.-No, es que estoy enfadada.
J.M.C.-¡Ah! ¿Estás enfadada?
D.C.-Sí, estoy enfada por todo.
J.M.C.-Oye, conmigo no…
D.C.-Con todos en general.
J.M.C.-Yo te encuentro muy simpática y muy amable (zalamero).
D.C.-No contigo, pero con todos en general. Te digo la verdad.
J.M.C.-Te entiendo.
D.C.-Llegará un momento que no contestaré a nadie.
J.M.C.-Lo entiendo.
D.C.-Porque es como un confesionario.
J.M.C.-Me lo imagino.
D.C.-A veces tengo que escuchar a personas y cosas… Mira Dolors, que sólo vendremos un momento y nos has de escuchar.
J.M.C.-Oye, guapa, ese es el trabajo de la alcaldesa; a otro nivel, pero a Marta Ferrusola [esposa de Jordi Pujol] le pasa lo mismo y aguanta rollos.
D.C.-No, a veces me doy un hartón de reír por ciertas cosas…
J.M.C.-Son un poco… Las cosas de la política, que es un rollo. Bueno, ¿te parece que lo puedo encontrar en el Ayuntamiento?
D.C.-Es que no lo sé. Prueba a ver si están allí.
J.M.C.-Por favor, y te lo pido personalmente a ti, porque yo de lo que tengo miedo es que… Mi cuñado está arruinado, y cada día «ahora tengo un dolor aquí, en el brazo izquierdo -es un poco hipocondríaco-, ahora tengo la presión así…». Escucha: si de esto no sacamos agua clara en un momento determinado, no llegaremos a tiempo de salvar a la familia Vilaró. Te lo digo sinceramente.
D.C.-¡Venga ya! Va, no fotis.
J.M.C.-Te lo digo sinceramente.
D.C.-Escucha, ¿es que será por culpa nuestra?
J.M.C.-No, no, no. No digo esto…
D.C.-¡Por favor!
J.M.C.-No te enfades, que enseguida saltas. No te digo eso; lo que pido es sacar agua clara, porque si esto no puede ser, porque Ramón tiene a la oposición encima, porque…
D.C.-Tú sabes que Ramón por todo esto ha hecho muchas cosas. Yo sé que se hizo un pleno en el que se debía aceptar eso, y la oposición también… [Se trata del pleno en el que se cambiaron las normas urbanísticas].
J.M.C.-Y lo aceptaron.
D.C.-Y pusieron muchas trabas y al final lo aceptaron. Has de pensar que Ramón hace las cosas cuando las ve claras y muy bien.
J.M.C.-Lo único que te pido, por favor, a ver si me haces este favor, que me llame esta noche a la hora que sea. Para ver si nos podemos ver y que él tenga el apoyo de Casalí, si es que confía en él, que no sé si confía.
D.C.-Pues claro que confía.
J.M.C.-Bien. Eso es lo que me dicen. Pues nos reunimos. Casalí, Ramón… Y yo traeré a quien creo que le puede dar más confianza que es el Ventura, el director general de Arquitectura de la Generalitat. Hacemos una reunión, vemos las condiciones que pueden tranquilizar más a Ramón, para sacar esto adelante, que no se quede colgado. Que Ramón tiene reticencias, porque no sé qué, por lo que sea, porque… Porque no lo ve claro. Pues bien, cerremos. Y así, yo busco rápidamente otra solución para mi cuñado. Lo único que no puede continuar es estar «puede que sí, puede que no, ahora no, ya lo pensaremos más adelante…».
D.C.-Ya, ya…
J.M.C.-¿Me explico? Pues es esto, sólo esto. Por favor, que esta noche mismo, a la hora que sea, que me llame, porque a mí me gustaría mucho hacer esta reunión. El, Ramón, Casalí… Que yo pudiera traer a Ventura. Díselo. Y si podemos hacerla mañana por la tarde… Si quiere en Vic en Vic, si en Barcelona, en Barcelona. Donde a él le vaya bien, ¿eh? Apunta, por favor. ¿Cómo te llamas? Perdona.
D.C.-Dolors.
J.M.C.-Dolors, apunta mi teléfono. Supongo que lo tiene, pero… [Le da su teléfono, que omitimos]. A ver si esta noche me llama. No para discutir, no hay nada que discutir esta noche; para fijar cuándo nos va bien, para hablar el día 10, si podemos hacerlo en Vic. Me parece que lo que quería era… Yo le hice una carta; bueno, no yo, a través de Rovira. ¿Sabes quién es? El abogado… [Pep Rovira, asesor jurídico de Vaqué].
D.C.-Sí.
J.M.C.-Rovira hizo una carta en la que la Generalitat se comprometía a una serie de cosas. Ahora parece que a Ramón no le basta con eso, porque cree que no dice nada. Pues bien, que la redacte el mismo Ramón, la carta, en la que diga lo que quiere; una carta en la que la Generalitat se comprometa a ayudarlo.
D.C.-¿Ahora le toca escribir cartas? Yo no sé. Me ha hablado de unas cartas y me ha dicho: «Es que te desanimas. Es que me dicen que no, que nada de nada».
J.M.C.-Lo que pasa es que… ¿Me permites que con todo cariño haga una pequeña crítica a tu marido? Con todo cariño, ¿eh? No te enfades… Es un poco cul d’ en Jaumet [culo de mal asiento] ¿Estás de acuerdo? ¿Sí o no?
D.C.-¿Por qué?
J.M.C.-Sí, un poco, porque eso del puente que le han denegado… [Un puente sin el cual no hay paso al grupo de viviendas] Oye, deja que yo lo pida, ¡coño! No te muevas tú por abajo, que yo ya te lo pediré por arriba, y lo conseguiremos si Dios quiere. Pero no hagas nada hasta que yo te lo diga. Porque ahora, con él no… Ya lo conseguiremos también, pero ya es más difícil si hay un «no». Por tanto, déjame asegurar que cuando tú presentes el expediente ya esté todo lo suficientemente tocado, todas las teclas, para que digan que sí. ¿Me entiendes lo que quiero decir?
A veces él no se encomienda a nadie, baja a Barcelona y ¡pam!, presenta papeles. Esto sí que se lo critico. Hombre, Ramón, ténme confianza, que a mí no me conviene… Primero, que mi cuñado se vaya a la mierda, no me conviene. Segundo: que, evidentemente, esta operación, si se hace, no acabe bien, no me conviene nada, ni políticamente, porque saldré en el 9 nou. No me interesa. [El 9 nou -el «Nueve nuevo» es un periódico que se publica los lunes y viernes en Vic].
D.C.-Oye, no sé…
J.M.C.-¿Ya hemos salido?
D.C.-No lo sé.
J.M.C.-Sí, hemos salido.
D.C.-¡Ah!, ¿ya ha salido?
J.M.C.-Sí, hemos salido, pero muy así, así. Hay esta operación y además está el hijo de García, que lo conozco, y, en fin…
D.C.-Una vez hubo una polémica en la que también estaba el hijo de García, y yo le dije: «Ramón, todo este merdé lo ha organizado él».
J.M.C.-Claro, ¿sabes por qué?
D.C.-Porque era el defensor de aquí, de la Riera.
J.M.C.-Y, además, están enfadados porque la querían para ellos. [Aquí, Cullell miente, según Josep María García Ginebra, hijo de un antiguo aparcero de la Riera, que instaló en un terreno de su propiedad una colonia infantil. En esto, otro cuñado de Cullell, Francesc Xavier Vilaró, fue su socio. En un momento dado quisieron ampliar la colonia y propusieron la compra de un pequeño montículo de la Riera, lindante con su pequeña propiedad. Joan Vilaró se negó a vender por no confesar que la Riera estaba hipotecada. «Le pierde el orgullo», dice García, que, por supuesto, está muy lejos de poder ser un millonario comprador].
D.C.-Yo no lo sé. Hubo comentarios, y entonces la Asociación de Vecinos convocó una reunión en la que hablaría de estos puntos y estos temas, y yo le dije a Ramón: «Escucha, yo casi aseguraría que este García es el que lo lleva todo».
J.M.C.-Me dice mi cuñado que ya ha hablado con García, y que esto está parado. Parece que ya está arreglado. Eso me ha dicho. [Se refiere a la negativa de Vilaró de vender unas pocas hectáreas por estar hipotecadas].
[Dolors informa entonces a Cullell de que «hoy mismo» ha sido distribuido por el pueblo un volante anónimo. El «hoy mismo» permite fijar con toda exactitud la fecha de las conversaciones: 21 de diciembre de 1992].
J.M.C.-¿Qué dice esta carta? [Se refiere al volante].
D.C.-Pues que el Ayuntamiento es un ladrón, que no hace otra cosa que cobrar subvenciones. Bueno, bueno, que ponen el cazo.
J.M.C.-Comisiones, ¿no?
D.C.-Eso, comisiones. No subvenciones, comisiones. Y que cobran de aquí y de allá, y cosas así. A mí me la han traído, me la he leído y yo me quedo tan tranquila, porque todo lo que dicen aquí, que vengan y lo comprueben. Y no sé qué de las gasolineras. Y yo digo: «Coño, las horas que Ramón se pasa en la gasolinera y no cobra ni cinco, porque esta gasolinera rinde, pero faltaría otra persona fija y no la pueden tener, y Ramón hace muchas suplencias. [Petrocat instaló en Sant Pere una gasolinera, de la cual concedió la franquicia al alcalde Vaqué].
J.M.C.-Mira, un día que acabábamos de hablar de esto de las casas, que parecía que salía adelante, me dijo: «Oye, a ver si ahora, además, vamos a ver a Vilalta [conseller de Medio Ambiente], a ver si me consigues un crédito de 100 millones de pelas para hacer una incineradora». [Conviene recordar que Sant Pere tiene solamente 2.000 habitantes]. Y yo le dije: «No tengo influencia con Vilalta». Bueno, Dolors, le dirás sobre todo que me llame por la noche, ¿eh?. Sólo para quedar, pero en serio, para ver cuándo podemos vernos y que yo traería a Ventura. A ver si somos capaces de hacer esta operación con calma y tranquilidad. Las condiciones que él fije.
D.C.-Mira, yo no sé. Puede que Ramón… Las cosas las hace poco a poco. El quiere hacer cada cosa cuando toca, y yo creo que tiene razón. De la misma manera que ha tenido cojones cuando ha habido gente que le ha ido en contra, porque ha tenido problemas. Yo digo: «Ramón, si tú te hubieras desviado un poco, te hubieran enganchado y te hubieran… Bueno, bueno, a buscar lo que es y lo que no es. La suerte es que él siempre ha seguido una línea recta y se ha portado bien. Ahora parece que la cosa ha cambiado, pero ha pasado una temporada… Bueno, tú ya sabes.
J.M.C.-Sí, sí.