23 diciembre 1948

Ejecutado Hideki Todo, que fuera primer ministro de Japón durante la Segunda Guerra Mundial

Hechos

El 23 de diciembre de 1948 fue ejecutado Hideki Tojo.

Lecturas

El ex presidente del Gobierno de Japón, Hideki Toko, que había sido condenado a muerte por el Tribunal Internacional de Justicia Militar del Lejano Oriente, fue ejecutado esta mañana en Tokio.

La Corte, que juzgó a los gobiernos japoneses que se sucedieron en el poder desde 1928 encontró culpables de crímenes de guerra a Tojo y a otros seis altos jefes militares japoneses, que han sido también ejecutados este 23 de diciembre de 1948.

Para el Tribunal, Tojo y los demás jefes militares habían tenido la responsabilidad efectiva de la guerra desatada por Japón.

El antiguo embajador japonés en Berlín, Hiroshi Oshima, junto a otros 15 altos dignatarios fueron condenados a cadena perpetua.

El Análisis

El espejo deformado del imperialismo

JF Lamata

La madrugada del 23 de diciembre de 1948 fue ahorcado en Tokio Hideki Tojo, antiguo primer ministro japonés y rostro más reconocible de la maquinaria bélica nipona durante la Segunda Guerra Mundial. Para muchos, Tojo fue el Hitler asiático: líder de un militarismo fanático, promotor de un expansionismo que llevó la guerra a todo el Pacífico y cerebro del ataque a Pearl Harbor. Su muerte pone el broche final a los juicios de Tokio, pero también abre una reflexión más incómoda: ¿hasta qué punto el imperialismo japonés fue una réplica distorsionada del colonialismo europeo? Tojo, al igual que otros líderes de su generación, creía cumplir una misión histórica: liderar un «orden nuevo» en Asia frente a siglos de humillación occidental. Pero lo hizo a través del sometimiento, el saqueo y la masacre, emulando y superando en brutalidad a quienes decía combatir.

La paradoja amarga es que Japón invadió territorios como China, Filipinas, Indochina o Malasia invocando la «liberación asiática», mientras actuaba como una potencia ocupante incluso más cruel que las europeas. Las promesas del panasiatismo quedaron sepultadas bajo las atrocidades de Nankín, los campos de prisioneros, los trabajos forzados y las matanzas de civiles. Así, lo que pudo haber sido un gesto de afirmación anticolonial se convirtió en una tragedia regional que dejó a millones de víctimas añorando, en ocasiones, a los viejos colonos frente a los «libertadores» japoneses. Tojo no fue un visionario, sino un militar que confundió grandeza con dominación. Con su ejecución desaparece un símbolo, pero no el dilema de fondo: ¿Cuánto del horror japonés fue un eco de los métodos que Occidente había normalizado en Asia?

J. F. Lamata