15 abril 1993

Fue asesor de Alberto Oliart para hacer frente a las tensiones en el Ejército tras el 23-F

El alcalde de Madrid Álvarez del Manzano (PP) nombra al General Manuel Fernández-Monzón Altolaguirre nuevo Jefe de la Policía Municipal de Madrid

Hechos

En abril de 1993 D. Manuel Fernández-Monzón Altolaguirre fue nombrado Inspector Jefe de la Policía Municipal de Madrid.

Lecturas

16 de abril de 1993. El alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano y López del Hierro, incorpora al general Manuel Fernández-Monzón Altolaguirre, de 58 años, como nuevo inspector jefe de la Policía Municipal de Madrid, un cuerpo de aproximadamente 5.400 agentes. El nombramiento había sido comunicado oficialmente a los mandos dos días antes y Fernández-Monzón toma posesión como funcionario interino, sustituyendo a Pedro Cabrero Llorente, que desempeñaba provisionalmente la jefatura. El Ayuntamiento justificó la elección por su experiencia de mando y, especialmente, por un currículo que combinaba carrera militar, estudios civiles, periodismo y experiencia en los órganos políticos del Ministerio de Defensa.

Fernández-Monzón había ingresado en 1950 en la Academia General Militar de Zaragoza, alcanzado el empleo de teniente en 1954 y obtenido posteriormente el diploma de Estado Mayor. Su trayectoria, sin embargo, resultaba bastante menos convencional que la de un militar exclusivamente dedicado al mando de unidades. Había desarrollado actividades relacionadas con información, comunicación y periodismo y durante la Transición quedó vinculado a los sectores militares próximos a los gobiernos de UCD. En 1980, siendo teniente coronel, fue nombrado director del gabinete y portavoz del ministro de Defensa Agustín Rodríguez Sahagún y continuó desempeñando esas funciones con Alberto Carlos Oliart Saussol, convirtiéndose en uno de sus colaboradores durante el delicadísimo período posterior al intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Posteriormente ascendió a general de brigada, mandó la Brigada Mecanizada Maestrazgo nº 3, fue gobernador militar de Murcia y Cartagena, inspector de Infantería y subdirector de la Escuela Superior del Ejército. En 1991 pasó a la reserva activa.

Precisamente aquella trayectoria hacía difícil encasillarlo. Fernández-Monzón había estado próximo a dirigentes centristas como Pío Cabanillas Gallas, Agustín Rodríguez Sahagún y Alberto Oliart, y se había situado durante la Transición del lado de quienes defendían la subordinación del Ejército al poder civil y la consolidación del nuevo sistema constitucional. Él mismo rechazaba en 1993 que pudiera calificársele de «ultra» y se definía como conservador y liberal, reivindicando precisamente su colaboración con aquellos ministros como prueba de ello.

Pero el Fernández-Monzón que llegaba a la Policía Municipal conservaba también una fuerte cultura militar y una inequívoca identificación con buena parte de su pasado. Para sus críticos, su trayectoria durante el franquismo y determinadas opiniones políticas lo convertían en una elección excesivamente conservadora para dirigir una policía local. El antiguo coronel y entonces dirigente de Izquierda Unida José Ignacio Ibáñez Inglés llegó a atribuirle posiciones «ultras». Fernández-Monzón rechazó esa caracterización, aunque admitía sin problemas su conservadurismo: consideraba que Ejército, Policía y magistratura eran instituciones «por naturaleza conservadoras» en cuanto basadas en orden y disciplina.

La controversia, sin embargo, no era solamente política. UGT, Comisiones Obreras y el Gobierno socialista de la Comunidad de Madrid cuestionaron el procedimiento utilizado para contratarlo, porque la plaza no había sido cubierta mediante el correspondiente concurso u oposición. El Ayuntamiento lo incorporó como funcionario interino, circunstancia que permitía además cesarlo con facilidad. La Comunidad acabaría recurriendo el nombramiento por considerar que vulneraba la legislación de coordinación de policías locales.

Fernández-Monzón tardaría poco en confirmar que pretendía imprimir a la Policía Municipal una concepción particularmente disciplinaria. En junio criticó el «excesivo protagonismo» sindical dentro del cuerpo y sostuvo que los sindicatos intervenían en materias de organización, destinos y promociones que no les correspondían. UGT consideró aquellas palabras propias de planteamientos anteriores a 1975 y el propio Álvarez del Manzano terminó revocando su polémica circular.

–

EX CORONEL IBÁÑEZ INGLÉS (IU): «MONZÓN TIENE IDEAS ULTRAS»

El ex Coronel Ibáñez Inglés, que tras ser expulsado del Ejército se integró en la coalición Izquierda Unida dentro del partido Izquierda Republicana, acusó al Sr. Monzón de no estar capacitado para el cargo » a parte de sus ideas políticas ultraconservadoras, nunca ha sobresalido en sus diferentes facetas profesionales, sobre todo en el Ejército».

15 Abril 1993

Un militar con la pluma cargada

Javier Casqueiro

Leer

El general Manuel Fernández-Monzón de Altolaguirre, de 58 años, tiene un currículo civil envidiable, pero una ideología militar que le ha colgado la etiqueta de ultraconservador. El hombre que accedió en plena transición al puesto clave en las relaciones informativas entre el Ministerio de Defensa y la sociedad, ve cuestionada ahora su valía por un nombramiento relativamente menor y fuera de la milicia. Manuel Fernández-Monzón, nacido en Madrid de ascendencia vasca y padre de dos hijos, vivió muy de cerca el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. En aquella jornada -ya trabajaba en Defensa- estuvo permanentemente junto al general Alfonso Armada -condenado después como uno de los principales golpistas-, y no ha tenido reparos en proclamar su excelente concepto de este militar. Tiempo después de la intentona, y coincidiendo con el juicio a los implicados, publicó en el diario ABC un artículo donde exponía su «drama sentimental» ante lo ocurrido. Y escribía, entre otros párrafos: «Muchos de nosotros -pienso que la inmensa mayoría- no nos hemos solidarizado con los actos que se cometieron aquel nefasto día de febrero ni con los motivos que los inspiraron, y por eso, por nuestra disciplina, se frustraron. Pero estoy seguro de que casi todos, por no decir todos, nos solidarizamos desde entonces con la desgracia de los que ahora van a sentarse en el banquillo. Su dolor y el de sus familias es nuestro dolor». (ABC 20-II-1982).

Fernández-Monzón levantó también la polémica en los años de la transición cuando se aproximó desde sus artículos a la postura de la ultraderecha según la cual los Ejércitos deben depender directamente del Rey y de la cadena de mando militar, y no del ministro de Defensa y del presidente del Gobierno.

El general Fernández-Monzón no ha respondido a las invitaciones de este periódico -cursadas a través de personas allegadas- para actualizar la vigencia o no de sus opiniones. El teléfono de su domicilio particular no fue atendido en dos días.

Manuel Fernández-Monzón, porte marcial, nariz achatada por un accidente de tráfico, reúne todos los requisitos exigibles para el cargo. La inesperada estrella de cuatro puntas que le proporcionó su ascenso al generalato en octubre de 1988 desbordaba en realidad los galones militares que se precisan para su nuevo empleo. Juan Barranco, por ejemplo, nombró como inspector a un coronel: Javier Lobo.

Ascenso inesperado

Nadie se esperaba ya que el entonces coronel Fernández-Monzón fuese ascendido -hace ya cinco años y a propuesta del ministro Narcís Serra-, a general de brigada. Serra agrupó a Fernández-Monzón, de clara imagen conservadora, con Alberto Piris, catalogado como un militar de ideología abierta. Los dos militares fueron los últimos de la novena promoción que alcanzaron este elevado rango. Fernández Monzón se quedó ahí, no fue ascendido a general de división y tuvo que pasar a la reserva cuatro años después.

El general Fernández-Monzón, además, es periodista, terminó por libre la carrera de derecho y estudió sociología.

Agustín Rodríguez Sahagún y Alberto Oliart, ambos en Gobiernos de la Unión de Centro Democrático (UCD), le reclamaron como asesor y más tarde responsable del departamento de prensa del Ministerio de Defensa (entre 1980 y 1982). Anteriormente, estuvo destinado, en los servicios de documentación (Seced) de la Presidencia de Gobierno, organizados durante el gobierno de Franco y del almirante Carrero Blanco.

Desde estos servicios participó en la operación promesa, con la que una facción de aquel sistema intentó una salida controlada al franquismo. Esta aparente apertura no le retraía a la hora de publicar sus escrutados artículos en el periódico ABC desde 1965: todavía en septiembre dé 1980 rubricó uno en el que se pronunciaba en contra de la amnistía para los militares de la extinta Unión Militar Democrática (UMD), que se habían opuesto a la sangrienta dictadura del general Francisco Franco. Fernández-Monzón siempre ha sido consciente de que sus artículos periodísticos eran examinados de manera especial, y disfrazaba su disgusto con acusaciones generales contra la prensa: «Antimilitarismo es considerar con lupa todos los discursos, declaraciones o intervenciones públicas de las autoridades militares o de Defensa buscando de forma malévola, inconsciente o morbosa cuanto pueda servir para crear o mantener suspicacias en relación a la actitud corporativa de las Fuerzas Armadas con respecto a la actualidad nacional» (Anuario de EL PAÍS de 1982).

Su posición inequívoca a favor de la integración de España en la OTAN y de la utilización de armas nucleares tácticas de medio alcance le hicieron acreedor de numerosos enemigos y reforzaron su imagen conservadora. Los atentados en el País Vasco -él usaba la denominación franquista Ias Vascongadas»- le hacían perder la ambigüedad, como cuando reclamaba veladamente el estado, de excepción: «Esta hoguera ya no se puede reducir con ‘normas legales’ solamente. El enfermo no responde al tratamiento democrático y de Derecho porque ambas cosas -democracia y ley- les importan un rábano a los integrantes de este cuerpo tocado del mal secesionista… Personalmente ya no puedo imaginar a qué se reconoce en esta España nuestra como ‘excepción’ o ‘excepcional’. Hay un estado de tal reconocido en la Constitución y regulado por una ley que desarrolla el artículo 116. Y si este drama, culminado con los ‘Incidentes’ de la víspera de la Virgen en San Sebastián, no es excepcional, ¿qué lo será?». (ABC 19-VIII-1983).

Tras su cese en Defensa, aparecería también en los periódicos como portavoz y directivo de la compañía aérea privada Spantax cuando esta empresa quiso saldar sus deudas con Hacienda -antes de quebrar- cediendo aviones a las Fuerzas Armadas.

La capacidad de pluriempleo de Fernández-Monzón también fue denunciada antes, porque, además de ocupar un puesto en el gabinete técnico del ministro de Defensa, estaba relacionado, con varias empresas privadas y en una de ellas efectuaba estudios sociológicos para el partido de su ministro (UCD). En esa época disponía de despacho como asesor en la agencia EFE, de la que era presidente Luis María Ansón -actual director de ABC-, y colaboraba en varios medios informativos.

El Análisis

EL MISMO GENERAL, DOCE AÑOS DESPUÉS

JF Lamata

Pocas trayectorias explican mejor la relatividad de las etiquetas políticas que la de Manuel Fernández-Monzón Altolaguirre. En 1981, un militar procedente del Ejército de Franco que trabajaba como hombre de confianza del ministro Alberto Oliart podía aparecer, frente a quienes conspiraban contra la democracia, situado en el sector «liberal» o aperturista de las Fuerzas Armadas: aceptaba el sistema constitucional, colaboraba con UCD y defendía la autoridad del Gobierno civil en unos cuarteles donde todavía existían quienes consideraban aquello una traición. Doce años después, consolidada la democracia y desaparecida aquella amenaza militar, el punto de comparación era completamente diferente. El mismo hombre podía aparecer ante sindicatos y sectores de la izquierda como un general excesivamente conservador, marcado por una formación franquista de la que nunca había considerado necesario renegar y por una concepción de la disciplina poco compatible con la cultura sindical de una administración civil. Fernández-Monzón no necesitaba haber cambiado demasiado para que cambiara radicalmente el lugar que ocupaba en el mapa político: en 1981 bastaba defender la Constitución frente a los golpistas para encontrarse en el lado aperturista del Ejército; en 1993, cuando defender la Constitución había dejado de ser una peculiaridad y se había convertido en obligación elemental de cualquier militar, eran sus restantes ideas las que pasaban al primer plano.

J. F.