12 septiembre 1914
Deberá afrontar el reto de una Europa destrozándose por la Primera Guerra Mundial
El arzobispo de Bolonia (Italia), Santiago Della Chiesa, es elegido nuevo Papa Benedicto XV de la Iglesia
Hechos
El 6.09.1914 El Vaticano proclamó a Benedicto XV nuevo Papa.
El Análisis
En pleno fragor de la Gran Guerra, cuando Europa entierra a sus hijos en trincheras embarradas, el Espíritu Santo ha querido que la Silla de San Pedro sea ocupada por el cardenal Giacomo della Chiesa, ahora Benedicto XV. Diplomático de carrera en la Curia, hombre de verbo sobrio y mirada penetrante, el nuevo pontífice hereda no sólo la tiara, sino el peso insoportable de un continente roto. Su elección parece haber sido una sabia síntesis entre continuidad y necesidad: un pastor que conoce el aparato eclesial, pero también la política de los pueblos.
A diferencia de su predecesor, San Pío X, de raíz profundamente pastoral y antiliberal, Benedicto XV no ha mostrado signos de inclinación al combate teológico frontal. Más bien se intuye en él una voluntad de tender puentes, de no perder a la Iglesia en guerras ideológicas mientras el mundo se desangra. Su experiencia en la Secretaría de Estado le da un bagaje útil, acaso imprescindible, para los equilibrios diplomáticos que exige esta guerra. No será un papa guerrero, sino un papa mediador. Y eso, en estos días, puede ser el mayor acto de valentía.
¿Es su pontificado una ruptura? En lo doctrinal, no parece que vaya a mover los pilares que Pío X reforzó con tanto celo. Pero en lo humano, sí es posible prever un cambio de tono. De la rigidez combativa a una discreta ternura de estadista. Y quizás, en ese cambio, haya una esperanza: que la Iglesia, aun no pudiendo detener las balas, sea la única voz que todavía hable de paz cuando todos los demás gritan victoria. Benedicto XV nace como Papa en el mismo mes en que Europa pierde su juicio: su labor será la más ingrata y acaso, la más necesaria de su siglo.
J. F. Lamata