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Antonio Gibello recuerda que los asesinos del poeta eran democristianos (CEDA), mientras que los falangistas trataron de protegerle

Enfrentamiento entre la prensa democristiana (YA) y la falangista (ARRIBA) por la memoria del asesinato de Federico García Lorca

HECHOS

A partir de una pequeña nota de D. Luis Apostua del YA el 24.03.1972 se publicaron una serie de artículos sobre el asesinato de D. Federico García Lorca.

El incidente logró que D. Luis Rosales rompiera su silencio y tras anunciarlo en el diario ABC concedió una entrevista al Sr. Soler Serrano a la televisión única, RTVE, en la que dio su versión sobre el asesinato de D. Federico García Lorca.

UN PROPAGANDISTA CATÓLICO, Y NO UN FALANGISTA

 Ramón Ruiz Alonso

El periodista falangista D. Antonio Gibello consideró que era una provocación que el periódico de la Editorial Católica, YA, considerara que los falangistas tenían responsabilidad en la muerte de D. Federico García Lorca, cuando fue precisamente un grupo de activistas democristianos, de Acción Popular y la CEDA, encabezados por Ramón Ruiz Alonso, los que ajusticiaron a Lorca.

24 Marzo 1972

El séptimo punto

Luis Apostua

Otros actos políticos de importancia fueron la toma de posesión como consejero de Estado, del arzobispo primado monseñor González y el descubrimiento de una lápida conmemorativa del acto fundacional de la Falange Española en la fachada del teatro de la Comedia, donde ahora se representa una obra de Federico García Lorca, muerto en 1936. El retorno al a escena activa de Falange es bien visible

Luis Apostua

24 Marzo 1972

García Lorca y Luis Apostua

Antonio Gibello

Don Luis Apostua mantiene contra el espíritu, la doctrina, la obra y los hombres de la Falange, una activa beligerancia dialéctica comprensible, habida cuenta de que – acaso por constitución glandular – no puede pasar a más. Don Luis Apostua inclina sus preferencias políticas a favor de las connivencias habituales de la D. C., que postula para España los mismos felices días de gloria, de pacífica y ordenada convivencia que su homónima está consiguiendo desde hace años en Italia.

Ambas tentaciones serían disculpables en don Luis Apostua – cada uno elige el modo de pensar y de ser que mejor cuadra con su propia personalidad – si no cometiera los errores de apreciación que, de vez en cuando, HOY MISMO, comete desde las páginas de YA. Y digo error porque a Luis Apostua, que ha demostrado suficientemente en otras ocasiones sus malas artes polémicas, no se le puede negar, en modo alguno, inteligencia.

Lo que tan rastreramente insinúa don Luis Apostua en su comentario de hoy en YA, a propósito del descubrimiento de una lápida conmemorativa de la Fundación de la Falange, en la fachada del teatro de la Comedia de Madrid posiblemente haga gracia a algún degenerado y resentido pero en modo alguno a quienes alienten en su alma el más mínimo sentido de su dignidad humana y de la hombría de bien. Porque, además, don Luis Apostua es sumamente torpe y se nos aparece al trasluz de sus palabras como un falseador de la verdad histórica, queremos suponer benévolamente, que por ignorancia o indocumentación, pecados ambos de cierta gravedad para quien, como él, presume de bien informado y se inviste hipócritamente, de árbitro de los buenos modos.

Ayer se descubrió la placa conmemorativa en el teatro de la Comedia. Sí. Y en el teatro de la Comedia se representa, felizmente con todo éxito, una obra de Federico García Lorca, muerto en 1936. ¿Pero qué genero de relación quiere establecer don Luis Apostua, al decir que ‘el retorno a la escena activa de Falange es bien visible’? ¿Acaso una relación causal entre la muerte de Federico García Lorca y la Falange?

Pues que don Luis Apostua saca el tema a relucir, vamos a agarrarle al toro por los cuernos.

Sobre la muerte de García Lorca se ha escrito mucho y de muy mala fe. El aparente misterio que rodeó su muerte ha sido desvelado sin embargo, hace ya muchos años, y testimonios escritos existen, igual que existen personas con nombres y apellidos, que pueden señalar también con nombres y apellidos a los más directos responsables – acaso a los propios ejecutores – de un crimen estúpido y torpe sobremanera, por más que todos los crímenes sean torpes y estúpidos.

Y lo que de la muerte de García Lorca está claro es que el poeta vivió los confusos y agitados días de julio de 1936 escondido en la casa del jefe de la Falange granadina, quien le tenía bajo su protección para evitar los desmanes de ciertas escuadras de las Juventudes de Acción Popular, cuyo fervor ‘fascista’ se demostraba con el asesinato y el saqueo en la retaguardia. Bastó una ausencia del jefe de la Falange granadina para que una de estas ‘escuadras’ jopistas, tan sentimental e ideológicamente ligadas a don Luis Apostua, cometiera el canallesco asesinato, que después se intentó desde ese piadoso ala de la democracia cristiana cargar sobre la conciencia histórica de la Falange y la Guardia Civil.

Esta fábula – lo de que la muerte de García Lorca fue ejecutada por la Guardia Civil y por la Falange – es una historia desacreditada, falta de rigor y desmentida por todos los historiadores que, con un mínimo de interés y de documentación, han buscado más allá de la falaz propaganda de verdad sobre el fin del gran poeta granadino, hacia quien la Falange no tenía ningún agravio, entre otras razones porque como poeta era amigo personal de José Antonio.

Esta verdad, que es la VERDAD sobre la muerte de García Lorca, la puede comprobar don Luis Apostua en cuanto lo desee con sólo ponerse al habla con historiadores solventes, españoles y extranjeros. La otra, la ‘verdad inventada’ para justificar o encubrir el asesinato perpetrado por personas tan ajenas a la Falange como eran los jóvenes gilroblistas de la J. A. P., puede ser grata a don Luis Apostua por razones de connivencia ideológica con los jopistas, y los diputados cedistas, pero resulta de una indocumentación, ignorancia y falacia del peor cuño.  Más cerca del señor Apostua debería buscar el señor Apostua a los asesinos… Siga, siga la pista desde YA, verá que fa´cilmanete la encuentra… En los aledaños granadinos de la misma empresa, se sobreentiende.

24 Marzo 1972

Vísperas de vacaciones

Luis Apostua

Si EL ALCÁZAR de hoy vendiese los ejemplares que vendía cuando yo lo dirigí empezaría a preocuparme por los sistemáticos ataques a mi persona. Pero mientras malgasten páginas en esa prosa, creo que el comprador dejará quietos los ejemplares en el kiosko. El insulto nunca es sucedáneo del acierto.

El último artículo – ‘García Lorca y Luis Apostua’ – constituye un paso más, con la única novedad de subir el tono del epíteto. Si, con otra orientación, su director quiere acumular méritos para los grandes premios del periodismo español, convénzase que Luis Apostua es muy pequeño objetivo para ganar puntos.

Mi participación en su cólera – que si fuera justa sería bíblica – es haber señalaod una coincidencia absolutamente gráfica, que está en las fotos publicadas: en la fachada del teatro de la Comedia conviven estos días la recién puesta placa conmemorativa  del acto fundacional de Falange Española con el letrero luminoso de ‘Yerma’, la obra de Federico García Lorca, muerto en 1936. EL resto de las asociaciones de ideas corre a cargo de EL ALCÁZAR, con una interpretación de intenciones tan absurda como gratuita.

Tan es así, que yo no puedo ni pensar en imputar a la Falange granadina aquella tragedia porque conozco desde hace muchos años la verdad. Y sería estúpido conciendo la verdad, que podría volverse contra mí, intentar falsearla.

Es más, para que vea el articulista que conozco la verdad y él no, le hago una pequeña rectificación: la persona o personas a las que califica de miembros de la J. A. P. (que en esa fecha ya no existían) no pertenecían ni pertenecieron nunca a ella. Y en cuanto a su vinculación con el diario de allí, se le garantiza al comunicante que tampoco es verdad. Esa alusión es injusta, injuriosa y hasta puede ser calumniosa.

Por tanto, precisamente porque conocemos la verdad, es tendenciosa y grautita la interpretación de que yo ‘echo la culpa’ a la Falange granadina, pues la única y honrosa participación de algunos de sus dirigentes fue tener escondido y protegido a García Lorca.

Lo mismo sucede con la Guardia Civil, al a que nadie sabe por qué el articulista de EL ALCÁZAR cita tan a destiempo y sin venir a cuento, cuando tampoco tuvo nada que ver. Y ya en plena lucubración demencial, relaciona mi frase de que la Falange vuelve a la actividad política con la muerte del poeta. ¿Qué tiene que ver una cosa (1972) con la otra (1936)? El retorno a la vida política de los grupos falangistas lo hemos registrado – con interés y aplauso – en otras ocasiones porque creemos que el porvenir de España depende del funcionamiento, a la luz del día, de los equipos auténticos. Para constatar lelo basta con leer YA con asiduidad.

¿Puedo irme de vacaciones?

Luis Apostua

25 Marzo 1972

¿Qué pretenden?

ARRIBA (Director: Félix Morales)

El ayuntamiento de Madrid ha querido fijar en una lápida sobria y sencilla al acto fundacional de la Falange Española. Esto es, la Corporación local ha fijado en piedra un hecho que por su propia naturaleza está inscrito en las páginas más diáfanas y gloriosas de la Historia de España. Un numeroso grupo de falangistas, sin convocatoria expresa, asistió a la ceremonia, que tampoco revistió caracteres de mitin, unas palabras del Alcalde de Madrid y otras del Gobernador Civil que, en su calidad de Jefe Provincial del Movimiento, agradecía el homenaje. Los periódicos han publicado la referencia y algunas fotos, y he aquí, que un comentarista, en un periódico, ha manipulado las circunstancias anecdóticas de que en el teatro de la Comedia se representase una obra del malogrado poeta Federico García Lorca, para mezclar, no sabemos con qué extraños propósitos, uno y otro acontecimientos, y para intentar empañar el brillo de una ceremonia que se caracterizó por la sencillez y el buen estilo.

Resultaría ocioso – y casi ofensivo para los lectores – insistir ahora en las precisiones de un acontecimiento lamentable – el fusilamiento de Lorca – acaecido en el torrente convulso de una España que ardía por sus cuatro costados y que lo mismo descerrajaba un tiro sobre la nuca de un político, honesto y eminente, confiado al honor de los representantes de la autoridad, que segaba la vida sutil y fecunda de un gran poeta. Sería ocioso, repetimos, incidir en el relato de unos hechos que están sometidos al juicio inexorable de la Historia, pero rechazamos la maliciosa y sutil manipulación con que se descarga esa empresa periodística que está perdiendo – y eso nos alarma – la serenidad y enturbia como ahora la convivencia nacional. Con dolor y añoranza evocamos la figura egregia del cardenal Herrera Oria, a quien, acaso, hubiera sacado de quicio, mucho más que a nosotros estas torpezas.

Ahí está la tergiversación de un hecho histórico y el intento de enturbiar un acto que no era estrictamente político, sino municipal y que no tenía otro valor ni otras emociones que las de guardar memoria para un acontecimiento que resultó trascendente en la vida de nuestro pueblo y para la figura inmarchitable, diáfana y augural de quien la protagonizó: José Antonio. Nos llena de alarma que quienes con vehemencia y aparato dialéctico reclaman limpia concurren de criterios y se proclaman insertos en el sistema rompan la norma.

La lectura del comentario del señor Apostua y la lectura del texto que acompaña a las fotografías del acto del teatro de la Comedia nos han llenado de tristeza, porque parecen destinadas a excitar o a incitar contra quienes desde la limpia lealtad del 29 de octubre – los falangistas – constituyen una muchedumbre serena y dispuesta  aportar su esfuerzo y su presencia para que el retablo político del Régimen camine hacia el futuro. Y vamos a decirlo sin rodeos, un Régimen suma solidaria de muchas fuerzas nacionales, entre las que no es ajena la Editorial Católica y en el que, como un sumando más de ese bloque solidario, los falangistas han ofrecido generosamente, resueltamente, su servicio a la totalidad. ¿Qué desea ahora YA o sus inspiradores? ¿La fractura de ese bloque?… Mediten, si con ello no se dispara contra el supremo interés del pueblo español.

No; no es ese el camino. Es hora de sumar y no de restar; es hora de contemplar a España como una empresa que reclama esfuerzos comunes y no dispersiones atolondradas. Y quede claro que no nos referimos, en exclusiva, a las palabras que con malicia hilvana el señor Apostua en cada edición del YA. Nos referimos a algo bastante más serio y digno de consideración: a la actitud de un periódico y de una empresa editorial.

26 Marzo 1972

Esto pretendemos

YA (Director: Aquilino Morcillo)

¿Qué pretenden? Nos pregunta ARRIBA…

¿Qué pretendemos? Nada oculto, sino lo que con absoluta lealtad venimos manifestando desde hace mucho tiempo: pretendemos paz, por los caminos que señalan las leyes vigentes, que estimamos bastante más adecuados que los que parece recomendar ARRIBA; porque pudiera ocurrir que los criterios cerrados sean los que nos puedan llevar más directamente a traer todo lo que nadie quiere; pretendemos que esas leyes se cumplan totalmente en su letra y en su espíritu, y también las palabras de Franco cuando, en la apertura de la última legislatura de las Cortes, reconoció que necesitamos todavía andar el camino final que dé a nuestro sistema, a nuestras estructuras, a nuestra realidad, toda la perfección operativa que, completando lo hecho, consolide definitivamente la vía de una firme esperanza futura”, pretendemos que, quienes deben hacerlo, se den cuenta a tiempo de la oportunidad única que para el cumplimiento de ese mandato tenemos todavía; que confíen en el pueblo español y no lo desafíen con recelos tan injustos como torpes; y presentarnos como a unos dinamiteros de la legalidad, cuando lo que pedimos es precisamente el cumplimiento de esa legalidad, que tanto incomoda en el fondo a los que nos acusan.

27 Marzo 1972

La Guinda

Emilio Romero

La temperatura sosegada y el mar de la cultura no tienen ninguna energía visible. Pero de Madrid me ha llegado un tremendo ‘tantarantán’. Luis Apostúa, relevante comentarista de YA, señaló la nota curiosa de descubrir una placa conmemorativa de la fundación de la Falange Española en el teatro de la Comedia, donde se representa una comedia de Federico García Lorca. Era más bien una curiosidad para extranjeros. EL ALCÁZAR, pienso que por medio de esa pluma de acero y de ese vigoroso profesional de su director, Antonio Gibello, entendió que había alguna molesta reticencia, y tiró a descuartizar a Apostúa. Parece que no hubo tal cosa, en función de la réplica del comentarista de YA. Yo creo que no la hubo. Es ya un testimonio indiscutible que los falangistas de aquella Granada de 1936, lejos de asesinar a Federico, lo ocultaron. Estuvo en la casa de los hermanos Rosales. El admirable poeta y académico Luis Rosales debe contar otra vez todo esto, y de una vez, a las nuevas generaciones, y acabar con las susceptibilidades. Pero sin nombres, que esto sería muy feo. Que la Historia lo diga después de que acaben estas generaciones. En las dos zonas de nuestra guerra hubo el exceso de apasionamiento y de la venganza, los ideales y los resentimientos exacerbados, al tiempo que heroísmos y virtudes incompatibles. La convivencia en el futuro tiene que hacerse sobre el olvido de las páginas infames.

Y sobre el pretexto de esta anécdota ARRIBA y YA, los periódicos que representan y encarnan a dos de los sectores más fértiles de la España contemporánea, han reverdecido – ojalá que no duraderamente – sus viejas discrepancias históricas. Durante la República no se entendió el sector católico con la Falange. En la primera crisis ministerial de la posguerra, en la que comenzaba el debilitamiento político del os falangistas, y que fue la de 1946, el sector católico fue desconsiderado y triunfalista con la Falange. En la década de los setenta, se obtuvo una soldadura discreta. Ahora, en los setenta, los puentes están tendidos y levantados a un tiempo. En realidad como ocurre siempre en la vida política, la convivencia y las discrepancias, son en su mayor parte de personas más que de sectores.

Emilio Romero

29 Marzo 1972

Carta de Luis Rosales a Torcuato Luca de Tena

Luis Rosales

Señor director de ABC:

Mí querido amigo: Exhortado por el artículo del ilustre periodista don Emilio Romero, aparecido en el periódico de su dirección, PUEBLO, para que dé mi testimonio público y personal sobre la muerte de Federico García Lorca quiero decir:

Que este doloroso acontecimiento ha influido de manera decisiva en mi vida y en mi modo de ser. A él le debo mi experiencia más radical. Por consiguiente nada he deseado tanto desde el año 36 hasta ahora como hacer dentro de España una declaración completa e incondicionada de aquellos hechos, como hice más de una vez fuera de mi país.

Agradeciéndole mucho la publicación de estas líneas, le saluda cariñosamente.

Luis Rosales

30 Marzo 1972

La Guinda

Emilio Romero

Luis Rosales, uno de los grandes poetas de nuestra generación ha atendido mi invitación sobre el esclarecimiento de la muerte de Federico García Lorca (Los hermanos Rosales, falangistas entonces, le ocultaron y alguien le arrancó de aquel generoso cobijo). Lo ocurrente es que haya hecho el ofrecimiento mediante una carta dirigida al director de ABC. ¿Qué pito toca en todo esto Torcuato Luca de Tena, compañero de Luis Rosales en la Real Academia de la Lengua y mío en el oficio periodístico, si ese periódico no se ha referido al asunto? La invitación ha salido de PUEBLO. Huertas, 73.

El precedente de Luis Rosales podría acarrear delirantes incoherencias. Mi diálogo con YA podría tener lugar en LA VANGUARDIA, o mi repulsa a una sandez de EL CORREO DE ANDALUCÍA podría anunciarse  en LE MONDE, añadiéndose que estaba dispuesto a contestarla alguna vez en Iglesia-Mundo. A no ser que Luis Rosales haya centrado su correspondencia en ABC, extremo que sería útil conocer. Por si acaso voy a anticiparme. Con esta fecha escribo al director de ABC para que tenga a bien solicitar al poeta Luis Rosales que me envíe un estupendo poema que en ocasión inolvidable leyó en los salones de PUEBLO. No hay un solo reproche en estas líneas al poeta y académico, sino cordialidad con alguna muestra de regocijo. Estoy seguro que tampoco ha habido desconsideración de Luis Rosales con este periódico. Mi sorpresa no tiene recámara, sino afecto. Pero quiero animarle un poco más por lo que digo a continuación.

Me leen la carta de Rosales porque me llegan tarde las noticias y los rumores escritos en el lugar donde me encuentro. (Los rumores me llegan vía Barcelona y las noticias de Madrid). La carta de Rosales a ABC, es breve y sustanciosa, como la mitad de un soneto. Pero me he quedado con el sonido de una cosa escrita al revuelo del capote. Se lo voy a preguntar cuando llegue a Madrid y si fuera lo que la carta invita a sospechar se lo cuento a los lectores a ver qué nos parece a todos. Ya no son cosas de Lorca, sino de Rosales. Los poetas son capaces de decir en tres versos lo que los prosistas necesitamos fundamentar en muchas páginas.

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