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El atentado a la AMIA: matanza a la comunidad judía de la Asociación Mutual Israelita Argentina causa 85 muertos

HECHOS

  • El atentado a la AMIA fue un ataque terrorista con coche bomba (suposición) que sufrió la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el lunes 18 de julio de 1994.

20 Julio 1994

Bomba antijudía

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

BUENOS AIRES se ha convertido nuevamente en el escenario de un monstruoso atentado contra la comunidad judía del país. Cerca de una treintena de muertos es la brutal cosecha de este bombazo. En marzo de 1992, una canallada de características semejantes segó la vida de 24 personas en la Embajada israelí de la capital bonaerense. Al día de la fecha, nada se sabe de culpables, inductores o implicados en el caso., El presidente Menem ha prometido ahora justicia ejemplar y no dejar piedra por remover para encontrar a los responsables. Ya va siendo hora.Dos comunidades ferozmente contrapuestas hunden profundamente sus raíces en el suelo argentino, cuya patria fue un día la emigración. La comunidad judía, sionista o no, de Argentina tiene una raíz antigua. Cerca de medio millón de hebreos, israelitas, como en muchos casos les gusta llamarse, son argentinos de pleno derecho. Entre ellos han abundado escritores, científicos, hombres públicos. Pero apenas ha habido judíos en las Fuerzas Armadas argentinas; presidente de la nación sólo podía serlo, históricamente, el ciudadano que estuviera bautizado católico, y durante la dictadura militar de Videla y sus sucesores la comunidad judía sintió que se la singularizaba en ocasiones en la represión.

Paralelamente, al término de la II Guerra Mundial, Argentina recibió a no pocos nazis, algunos de ellos de gran notoriedad e identidad camuflada, como el infame Mengele, el doctor de la Muerte del campo de Auschwitz. El régimen del general Perón, que había coqueteado con el Eje durante la contienda, jamás le hizo ascos a la emigración de verdugos y criminales de la. Alemania hitleriana.

Ha existido desde antiguo un antisemitismo autóctono en Argentina, como lo conocemos también en Europa, pero que es separable de cualquier problema en Oriente Próximo. Las investigaciones de la policía argentina apuntan, sin embargo, a determinadas responsabilidades de los grupos más fanáticos del universo islamista: miembros de Hezbolá; presuntamente radicados en el sur de Brasil. Ha habido ya vanas detenciones, las de un marroquí y un iraquí, aunque no haya ninguna pista clara que permita establecer conclusiones. Las autoridades de Israel, por su parte no han vacilado en señalar la existencia de una conexión de esos supuestos terroristas que lleva hasta Teherán. El Gobierno iraní ha rechazado semejante acusación.

El atentado en sí mismo, cualesquiera que sean sus autores, ofrece una oportunidad para que los enemigos de la paz en Oriente Próximo, dentro y fuera de Israel, se revuelquen en su vicioso odio. Ningún pueblo, ninguna cultura, ningún Estado de derecho es capaz de impedir que sus nacionales o emparentados traten de asesinar la esperanza. Por eso mismo, cualquier acusación ligera o infundada séria un crimen político.

Todo ello hace especialmente urgente que las autoridades argentinas extremen su celo, escasamente presente hasta la fecha, por resolver este y el anterior atentado. Descubrir a los culpables es la única forma de no permitir que las sombras oscurezcan el horizonte.

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