12 febrero 1922
El cardenal italiano Aquiles Ratti es elegido nuevo Papa de la Iglesia católica con el nombre de ‘Pío XI’
Hechos
El 6.02.1922 El Vaticano proclamó a Pío XI como nuevo Papa.
Lecturas
La Iglesia católica ha elegido un nuevo Papa. Tras numerosos turnos de votación, el cónclave eligió a Achile Ratti, arzobispo de Milán, como sucesor de Benedicto XV, Monseñor Ratti adoptó el nombre de Pío XI. Sustituye en el cargo al fallecido Benedicto XV.
El nuevo Papa, que nació en Desio hace 65 años, ha sido profesor de teología, antes de ser nombrado nuncio en Polonia en 1919.
Miembro del ‘ala política’ de la Iglesia, el ahora pontífice llegó al cardenalato hace sólo un año.
El Análisis
El cónclave reunido en la Capilla Sixtina no ha deparado sorpresas esta vez: la tradición no escrita se ha mantenido y, como viene sucediendo desde hace siglos, la tiara pontificia ha recaído nuevamente sobre una cabeza italiana. El cardenal Achille Ratti, arzobispo de Milán y antiguo bibliotecario del Vaticano, ha sido elegido como sucesor de Benedicto XV y ha tomado el nombre de Pío XI, en una clara evocación a los pontífices que enfrentaron con firmeza las convulsiones del mundo moderno. Su elección no ha sido fulgurante: han sido necesarias varias votaciones y no pocos equilibrios entre corrientes. Pero finalmente, el colegio cardenalicio ha optado por una figura de saber, disciplina y temple diplomático.
Ratti, de 65 años, no es un prelado de sacristía: ha vivido de cerca los dolores de Europa. Durante la guerra fue nuncio en Polonia, donde vio los estragos del bolchevismo y la fragilidad de las jóvenes naciones surgidas tras el Tratado de Versalles. Conoce bien los desafíos que enfrenta la Iglesia en los tiempos actuales: la secularización, el auge del comunismo, el creciente anticlericalismo y los movimientos nacionalistas que, a menudo, ven a Roma como un estorbo. De temperamento reservado, pero intelectualmente brillante, ha hecho carrera más en los archivos que en los púlpitos, pero su paso por la diócesis de Milán le ha dotado del contacto pastoral que muchos deseaban en el nuevo Papa.
En su primera bendición Urbi et Orbi, desde lo alto de San Pedro, Pío XI ha dejado ver que su pontificado podría no ser pasivo. Los desafíos son muchos: el Reino de Italia y el Papado aún viven separados por la Cuestión Romana, y el nuevo Papa deberá decidir si persevera en la línea de sus predecesores o busca una fórmula de reconciliación. Más allá del Tíber, el mundo observa con interés cuál será el papel de la Iglesia frente al comunismo en Rusia, los totalitarismos nacientes, y la lucha entre tradición y modernidad. Por ahora, el Papado se mantiene italiano, pero el mundo que lo rodea ha dejado de serlo. Y el nuevo Pontífice deberá mostrar si su saber humanista es también apto para conducir el timón de Pedro en mares cada vez más procelosos.
J. F. Lamata