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La revista DESTINO es propiedad de Jordi Pujol

El catalanista Miquel Roca protesta en la revista DESTINO contra las críticas de EL PAÍS al nacionalismo catalán

HECHOS

El editorial del diario EL PAÍS sobre el nacionalismo catalán el 1.09.1976, motivó una respuesta del dirigente catalanista D. Miquel Roca a raíz de un artículo en la revista DESTINO.

01 Septiembre 1976

AUTONOMÍAS Y NACIONALIDADES

Un tema sobre el que es preciso reflexionar sin sentimentalismos es el de la actual política catalana. Ya parece fuera de duda que el Consejo de Fuerzas Políticas de Cataluña -el Consell- no asistirá a la reunión convocada para el día 4 en Madrid por Coordinación Democrática. Josep Tarrádellas, presidente de la Generalidad en el exilio, se ha opuesto a una negociación conjunta entre el Consell y Coordinación. Su línea política pasa por una negociación entre las fuerzas políticas catalanas y el Gobierno por medio de la Generalidad. Aún más, pretende sustituir la representación del Consell por una Asamblea Nacional Provisional de Cataluña. Y el señor Tarradellas designaría los delegados de esa Asamblea de entre las ternas que le presentaran los partidos políticos catalanes. La propuesta deja traslucir un mundo -ilusorio, onírico, irreal- en el que nunca puede caer la verdadera política.El señor Tarradellas merece todos los respetos, es un caballero honorable que permanece en el exilio en redendose en bandera de la catalanidad. Los ingredientes sentimentales del legitimismo catalán tan injusta y, torpemente tratado. deben ser reconocidos y asumidos por todos. Pero resulta inadmisible -debe serlo también para los propios catalanes- que el señor Tarradellas se revista con los ropajes de un bonzo de la política e interfiera con intransigencia notoria la negociación entre los partidos democráticos del Estado español y los partidos autonómicos de ese mismo Estado.

Sin ese pacto previo, poco o nada cabrá negociar en la difícil negociación Gobierno o posición que el Gabinete Suarez pretende llevar a cabo. En cualquier caso, la actitud del señor Tarradellas la reverencia de quienes acuden a París a reconocer su autoridad son la anécdota de un problema más grave, muy necesitado de análisis el de las mismas nacionalidades del Estado español.

No es caso recordar. por sabido el torpísimo tratamiento que los pueblos vasco y catalán recibieron durante los últimos cuarenta años. Desde 1936 se pretendió. no ya acallar. sino hasta acallar unos sentimientos unas culturas. unas lenguas que fueron holladas. El resultado de tan arbitraria política es visible: la radicalización de unas posiciones contra el poder estatal que ahorase revela en sus extremos más sorprendentes, desde el separatismo andaluz hasta el irrecientismo asturiano.

De repente, en este país hemos comenzado a hablar y escribir de lasnacionalidades del Estado español. Aquella prensa que ha podido hacerlo -como la catalana-, ha remitido la información de España a sus últimas páginas. en tanto inunda las primeras con las noticias de los Países Catalanes.

Pero de eso a derrumbarse por la pendiente de la disgregación gratuita del Estado español media un abismo caen el que, a lo que parece, a algunos no les importa caer. Conviene, sin embargo repasar algunas nociones del bachillerato y recordar que antes de la España del siglo XV no existieron en este país nacionalidades de ninguna especie a menos que tengamos por tales a unas monarquías patrimoniales a lineas a las elementales líneas del Estado moderno.

La realidad del Estado español tiene quinientos años como entidad colectiva y no puede arrumharse alegremente. No se encuentran, por otra parte. precedentes de Estados modernos que hayan puesto a votacion la integridad de su territorio ni de naciones que regresado a la fórmula federal a partir de una situación unitario clásica. Nada impide que se considere en forma Inteligente -no va generosa, por cuanto aquí generosidad alguna que repartir la autonomía de regiones del Estado español que pretendan tener a ella.

Por eso, resulta equívoco el empleo indiscriminado del vocablo nacionalidades. Si con la nacionalidad se propone el levantamiento de fronteras allí donde se den unas condiciones étnicas, lingüísticas, gráficas o historicas. Europa occidental puede generar en este mornento mas de un centenar de nacionalidades. Si de lo que hablamos es de entes de derecho. resultado de una serie de pactos históricos, cuyo resultado es la soberanía plenaría y legítima, no existen en la Península lbérica más que tres nacionalidades, a saber: España. Portugal y Andorra.

Si Cataluña fuera libre de optar, de espaldas a la realidad, por su autodeterminación por qué negar igual derecho al Ampurdán respecto de Cataluña? ¿Por qué negárselo a Figueras respecto del Ampurdán»

Del centralismo torpe y justamente odiado no podemos pasar a un periferismo disgregador, cantonalista y paleto. Si el pueblo catalán -como otros pueblos del Estado español- desea un régimen de autonomía. habra que ir a por ello como ya se hizo antaño. Pero, hoy por hoy. arbolar sin encomendarse ni a Dios ni al diablo la bandera autodeterminadora, y pretender ir con ella hasta las puertas de la Presidencia del Gobierno a ricoociar, no pasa de ser el fruto del sueño de la razón.

Por ahí no se va a la reconciliación nacional, ni a la construcción de la democracia para todos, ni a la reforma, ni a la ruptura pactada, ni a ninguna parte. Por ahí no se va ni a la autonomía. Por ahí se va al pretexto. tan frecuentemente alentado por los servicios secretos. para que alguien decida poner orden en el manipulado Y artificioso «caos nacional».

02 Septiembre 1976

EL PAÍS NO ES 'EL PAÍS'

Miquel Roca i Junyent

Si seguimos a este ritmo, los catalanes no vamos a ganar para sustos. Primero fueron las declaraciones del presidente don Adolfo Suárez a la revista francesa ‘Paris-Match’ las que nos quitaron el hipo. Pero cuando justamente empezábamos a sobreponernos de la impresión, nos viene EL PAÍS y nos lanza un ataque en profundidad de lo más serio y no reparando en pequeñeces: los catalanes han perdido el sentido común, se interfieren negativamente en el camino de la democracia y están hecho un lío cuando hablan de nacionalidades y autonomías. Aquí – según EL PAÍS – no hay más que una realidad, que es la de España, y todo lo demás son tonterías.

Más o menos el discurso de EL PAÍS va por aquí y ello es lamentable. Un periódico, para ser libreal, para ser abiertamente democrático, no tiene únicamente que decirlo y proclamarlo, sino que, además, tiene que parecerlo. Y el estilo del editorial de EL PAÍS está en la línea del más puro respeto a las exigencias del viejo corte fascista y totalitario de cierta prensa del país cuando juzga por igual rasero al problema catalán, a la democracia, la masonería y el comunismo. La caza de brujas, este viejo y enraizado deporte, ha encontrado en EL PAÍS a un buen practicante; nuestro catalanismo es disgregador, léase separatismo y estamos fomentando ‘el caos nacional’. ¡Tiemblen los dem´coratas, que el próximo editorial de EL PAÍS a ellos irá dedicado!

Vayamos por partes. Al magnífico periódico madrileño el presidente Tarradellas no le cae bien. Esto no es censurable; nadie desde Cataluña está imponiendo a nadie que se acepte su personalidad. Pero de esto a calificarlo como un bonzo y estimar como reverenciales las visitas de los políticos catalanes al presidente, media un abismo: el del respeto democrático, el de la convivencia. Democracia es una forma de aceptar la realidad y Cataluña forma parte de esa realidad, con Tarradellas y con los partidos reverenciales. No es con una terminología como la que EL PAÍS utiliza, la mejor manera de avanzar en la comprensión de esta realidad compleja, diversa y encontrada que es España.

Decir que de repente hemos comenzado a hablar y escribir de las nacionalidades del Estado español es desconocer la historia. No será necesario remorarnos a Garcían, ni recordar a Prat de la Riba, ni citar a los tratadistas políticos que podrían desmentir esa simplificación subjetivo y apasionada. Pero decirnos a los catalanes, en las vigilias del 11 de septiembre que antes de la España del siglo XV no existieron en este país naiconalidades de ninguna especie, nos suena a tremenda burla. Hasta el 11 de septiembre de 1714, Cataluña vio respetadas sus libertades y derechos, en un contexto que definía una nacionalidad integrada – en esta gran realidad que es el Estado español. Nosotros no podremos inventarnos la historia; pero si se diera el caso que todo cuanto defendemos es pura invención, sería cuestión de preguntarse si no es emocionante comprobar como un pueblo ha inventado toda una historia y un pasado, para ser hoy una realidad como es Cataluña.

Dice EL PAÍS que autonomía pase, pero autodeterminación ni hablar. El confunsionismo no puede ser involuntario; parece querer decirse que los catalanes queremos más que la autonomía: otra vez el fantasma del separatismo. La autodeterminación de los pueblos – reconocida en las Declaraciones Universales de los Derechos Humanos – es el fundamento de nuestra autonomía; no es lícito hablar, para decir luego que sus derehcos no existen. Aceptemos precisamente el valor que tiene que los catalanes de nuestro derecho a la autodeterminación – en un nivel teórico – lo hemos concretado en la práctica en la autonomía que el Estatuto de 1932 nos reconoció. No nos extraña que en su pretendida rectificación EL PAÍS se adelante y diga que está en contra de un Estado federal. ¡Señores, que esto del Estado federal, en su versión más reciente, ha sido fundamentalmente acuñado por los amigos demócratas de Madrid!

Y ahí está lo grave. Se nos acusa de disgregación, de fomentar el caos nacional, y de entorpecer la democracia. Y para tanta acusación un lejano estímulo: el Consell no fue a la reunión de Coordinación Democrática en Madrid. Pues bien, EL PAÍS no es el país que Coordinación Democrática ampliamente representa, porque ésta en su declaración constituiva habla de estas nacionalidades que los catalanes nos hemos inventado. Fue Coordinación la que en su primer contacto con el Consell y la Asamblea reconoció la vigencia y validez de nuestras instituciones, aceptó el restablecimiento provisional e inmediato de la Generalitat desde el mismo momento de la ruptura y ha venido coincidiendo con las fuerzas políticas catalanas en el tratamiento adecuado del futuro institucional del Estado español.

Aquí no hay separatismo; el dilema no está entre Cataluña sí o Cataluña no. El dilema, la alternativa real está entre Democracia sí o Democracia no; y Coordinación está por la Democracia y el país está por la Democracia. Y en la lucha por la Democracia, Cataluña puede enorgullecerse de haber contribuido de manera decisiva y, en alguna ocasión tristemente solitaria. ¿A dónde va EL PAÍS? Porque el país real va hacia otros derroteros.

Se nos acusa de que ‘por ahí no se va a la reconciliación nacional. ¡Qué coraje! En Cataluña y entre los catalanes hace muchos años que esta reconciliación se ha conseguido y se practica. Desde 1969 – cuando en el resto de España no existía ni por asomo esta poblicidad – se creaba una plataforma unitaria que levantaba el bloqueo de los comunistas. Y este once de septiembre – si la autoridad no lo permite – desde la derecha hasta la izquierda, vamos a dar pública manifestación de nuestra voluntad democrática y catalana.

Si EL PAÍS está irretado porque el Consell no fue a Madrid, pase. Todo es opinable e incluso enmendable. Pero si la crítica alcanza a nuestra propia razón

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