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El libro de Cacho incluye un ataque a su propio director, Pedro J. Ramírez, al que presenta como alguien que entregó a una de sus fuentes, el General Sabino Fernández Campo, a cambio de congraciarse con el Jefe del Estado

El columnista de EL MUNDO, Jesús Cacho publica el libro ‘El Negocio de la Libertad’ contra el Grupo PRISA y el Rey Juan Carlos I

HECHOS

En enero el diario LA RAZÓN publicó el artículos como reseña del libro ‘El Negocio de la Libertad’, D. Jesús Cacho.

 «Ese libro me causó infinitos disgustos. Me plantee un objetivo muy ambicioso, pasé muchas noches con pesadillas. Me encontré con la sorpresa de que Plaza & Janés, con los que yo había acordado el libro y que me había adelantado una generosa suma, no quisieron publicar el libro cuando vieron los cuatro primeros negocios. Me exigían mutilar el 50% del libro. Me negué, me fui a D. Ramón Akal  [editorial Foca] y él se prestó a publicarlo».

El libro del Sr. Cacho incluye un ataque a su propio director,  D. Pedro J. Ramírez, al que presenta como alguien que entregó a una de sus fuentes, el General D. Sabino Fernández Campo, a cambio de congraciarse con el Jefe del Estado, el Rey Juan Carlos I.

14 Enero 2000

¡QUÉ CACHO DE PERIODISTA!

Luis María Anson

No son pocas las discrepancias que me suscitan algunas interpretaciones de Jesús Cacho en su libro ‘El Negocio de la Libertad’. Son mucho más las coincidencias con un texto de minucioso rigor, investigación aséptica, deslumbrantes hallazgos. ¡Qué cacho de periodista!

En España hay media docena de profesionales del periodismo que conocen cabalmente el tejido interno de lo que ha ocurrido en los últimos años en la vida política, económica e institucional de nuestra nación. Uno de ellos es Jesús Cacho. El autor de ‘El Negocio de la libertad’ ha rastreado fuentes ocultas y seguras, hontanares desapercibidos, manantiales en las alturas. Ha contrastado luego la noticia recibidas, las ha valorado, ha recreado minuciosamente los ambientes, los despachos, la vestimenta de los interlocutores, para redactar unos diálogos de fácil comprensión y que hubieran podido producirse tal y como Cacho los narra. El periodista, además, ha hecho escuela y tiene docenas de imitadores. Ninguno le ha superado. A la búsqueda tenaz y científica de la noticia une Cacho una sagacidad mental capaz de penetrar los albañiles más cerrado de la realidad. Nadie como él ha puesto cerco a los vertederos, ha asediado a las estrellas enfermas. Su barco ha fondeado en las calas más inhóspitas para despejar las brumas invernales de tanta mentira y desenmascarar la palabra tórpida. Como diría Marsé, Cacho tiene cara de andar con pies de plomo. Sabe adentrarse en el laberinto de los poderes y buscar el hilo de Ariadna para regresar a la libertad sin que le empitone el Minotauro. Y no se asusta. Tiene la tinta imprudente, la sangre fría, la palabra audaz, el adjetivo macho. ¡Qué tío!

Solo un botón de muestra de un libro de 600 páginas. Felipe, Polanco, Prado, Conde y De la Rosa, el antiguo póker de ases. Los dos últimos en la cárcel. Prado, según Cacho, la ha eludido hasta ahora porque buscó con lucidez el árbol adecuado para ahorcarse. Y eligió a Polanco. Imploró de hinojos su protectorado. Y lo consiguió a cambio de hacerle partícipe de una serie de secretos. Ahora, en opinión de Cacho, Prado y sus secretos como rehenes de Polanco. Esos secretos los conocemos Sabino Fernández Campo, tal vez yo, también alguna otra persona. Los conoció a medias Antonio Herrero. Resulta que lo sabe Jesús Cacho. Con alguna diferencia. Yo nunca acepté en ABC que Prado representaba lo que él decía que representaba para que le defendiéramos. Por eso empleamos, en noviembre de 1995, en la crisis entre Javier de la Rosa y Prado el célebre titular que recoge Cacho: “Trifulca entre financieros”.

Luis María Anson

31 Enero 2000

LIBERTAD COMO NEGOCIO (A Jesús Cacho)

Antonio García-Trevijano Forte

Las libertades sólo pueden ser un negocio lucrativo cuando son apariencias de libertad. Las libertades de la democracia miden su rentabilidad en grados de potencia de nobleza de alma. La Constitución conserva, más que constituye, un poder oligárquico que usa las libertades como mercancía de los negocios de Estado A los que sólo pueden acceder los chulos de los gobiernos y de los partidos estatales. Todo conocedor de la relación histórica entre la oligarquía en las instituciones y la corrupción en las costumbres, podía haber escrito ‘El Negocio de la Libertad’ antes de que empezara el proceso narrado en esta primera Historia Real de la Transición. Pues, al decir de Homero, sólo los tontos se instruyen con el acontecimiento. Pese a la diversidad de asuntos tratados, Jesús Cacho desarrolla, como en la tragedia griega, el destino inexorable de un Rey: la fatalidad de que (sin un proceso constituyente de la democracia y con la codicia y la ambición de poder desatadas) confluyeran en la vida emocional de un Monarca las figuras que más se destacaran en la pasión de corromperse que se despertó a la muerte del Dictador.

No era fácil reducir a basura, en tan poco tiempo, las ideas y los comportamientos tradicionales de la izquierda, la banca, la prensa, la magistratura y la alta cultura. Tal empeño requería la concurrencia de audaces líderes de la degeneración en cada una de las manifestaciones del civismo y la educación. La transición a la posmodernidad los produjo en todos los sectores sociales. Y un mismo imán los atrajo al centro de poder fáctico donde se desahogan las pasiones de la frivolidad al calor de la segura irresponsabilidad. Allí los ha sorprendido Jesús Cacho, llegando desde distintos sitios de mérito al lugar de la catástrofe común. Pero hace 22 años, ‘El Negocio de la Libertad’ no podía incluir, como ha hecho ahora, el índice de nombres de la Acomodación a la Monarquía financiera. Salvo el Rey, Adolfo y Felipe, que eran invariantes en la quiniela de 1978, los demás partidarios de la desventura nacional, del crimen de Estado, del negocio de la libertad y del pensamiento rasante, han tenido que ganarse, con las deslealtades y desmanes que aconseja siempre la impunidad, los célebres nombres propios que jalonan junto a los Magistrados del Príncipe, el sórdido sendero de las repentinas fortunas y delitos políticos de la transición monárquica.

Cacho ridiculiza a los oficiales de la Santa Transición. Sobre todo a sus intelectuales. Contra lo que pueda parecer, la acción dramática principal no es la de Jesús Polanco, sino la del propio Rey Juan Carlos. A partir de la irrefutable investigación del honesto periodista (en la parte vivida por mí su veracidad es absoluta) se seguirán diciendo las mismas bobadas sobre el papel del Rey en el 23F, pero a sabiendas de que son exactamente contrarias a la terrible verdad. Lo cual no debe ser motivo de satisfacción para nadie. Un moderno republicano no debe rechazar el régimen monárquico por sus vicios o escándalos (la publicación del ‘Negocio de la Libertad’ provocaría la caída del Régimen en cualquier otro país europeo), sino por la única razón de que sus reglas de juego no son democráticas. Los negociantes de la libertad sitúan los signos del progreso en el enriquecimiento del monopolio de su ‘pirámide del miedo’. No les basta con tener un Rey impuesto por el Dictador. Tienen que hacerlo además, en tanto que árbitro entre ricos oligarcas, riquísimo. Me admira mucho el sentido de la realidad con el que el autor ha podido llevar, a partir de unos indicios equívocos, al desvelamiento de la verdad. No menor debe ser nuestra gratitud hacia Ramón Akal. Quien, como hábil ariete de la libertad de expresión, ha metido una goleada de escándalo al tricéfalo cancerbero del infernal negocio de la libertad del poder.

Antonio García Trevijano

01 Febrero 2000

Un rey para un pueblo

Luis María Anson

Antonio García Trevijano ha sido siempre republicano. Lo sigue siendo. Estuvo circunstancialmente al lado de Juan III cuando creyó que, en torno a él, podía aglutinarse la oposición democrática contra la dictadura de Franco. Después, mantuvo siempre enhiesta, frente a las descalificaciones personales de que le hicieron víctima, su bandera republicana. Nadie le puede acusar de incoherencia.

En la glosa que ha hecho en estas páginas liberales de LA RAZÓN en torno a un libro de Jesús Cacho, recoge la anécdota para atacar directamente al Rey. Tiene derecho a hacerlo, la libertad de expresión es el principio sustancial de este periódico como tengo yo derecho a decir lo que pienso.

En Don Juan Carlos se concentraron en 1975 todos los poderes de la dictadura. Conforme a lo que siempre había defendido mi padre, realizó, en solo tres años, la asombrosa tarea de devolver la soberanía nacional al pueblo español, que en eso consistió la Transición. Cedió, sin el menor forcejeo, todos sus poderes y firmó la Constitución que la voluntad general libremente expresada votó. Desde entonces ha actuado, sobre todo el 23-F, como un Rey escrupulosamente constitucional. España ha pasado de ser un país apestado con Franco a integrarse en las instituciones claves europeas y mundiales. El Rey es hoy uno de los Jefes de Estado más respetados a izquierda y a derecha. Si para resolver un conflicto internacional se buscara un árbitro, el Rey sería una de las dos o tres personas elegidas.

Juan Carlos I van a cumplir veinticinco años en el Trono. Gracias a él se pasó de la dictadura a la democracia sin traumas. Con él se ha vivido un periodo extenso de paz, de libertad y de prosperidad. España es hoy una de las primeras naciones del mundo en calidad de vida. El Rey cumple sus bodas de plata respaldado por el pueblo español. La gente le quiere. Tiene conciencia de lo que ha hecho. Tiene conciencia de la abnegación con que trabaja por todos. Ha sido, lo será por muchos años, un Rey para un pueblo.

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