30 junio 1960
El primer jefe de Estado del Congo será Josep Kasavuba mientras que Lumumba será el jefe de Gobierno
El Congo se proclama independiente de Bélgica en un clima de máxima tensión: Lumumba carga contro los antiguos colonialistas
Hechos
El 30 de junio de 1960 se proclamó oficialmente la independencia del Congo.
Lecturas
El 30 de junio de 1960 se proclamó oficialmente la independencia del Congo, que deja de ser una colonia de Bélgica para ser un Estado independiente, en un acto en el que estuvieron el primer Jefe del Estado del Congo Josep Kasavuba, el primer Jefe de Gobierno Patrice Lumumba y el rey de Bélgica Balduino, pero la ceremonia no pudo ser más tensa por el discurso de Lumumba.
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EL DISCURSO CONCILIADOR DEL REY BALDUINO DE BÉLGICA:
«Permaneced unidos y sed dignos del papel que se os ha encomendado. Durante ochenta años, Bélgica ha enviado a sus mejores hijos a trabajar en vuestro suelo. De todos los territorios de ultramar solamente Congo abrió sus fronteras desde el principio al tráfico internacional y Bélgica nunca ejerció u monopolio destinado a su exclusivo interés'»
EL DISCURSO ANTI-BELGA DE LUMUMBA
«Aunque la independencia del Congo se proclama hoy de acuerdo con Bélgica, un país amigo con el que trataremos en pié de igualdad, ningún congolés merecedor de este nombre podrá olvidar merecedor de este nombre podrá olvidar jamás que su patria fue conquistada en una lucha día tras día, en timamos privaciones, una lucha ardiente e idealista, en la que no escatimamos privaciones, sufrimientos y sangre. Libramos una justa y noble lucha para poner fin a la humillante esclavitud impuesta a nosotros por un vergonzoso régimen de opresión. Nuestras heridas son demasiado recientes para que las olvidemos»-
JOSEP KASAVUBA, PRIMER JEFE DE ESTADO
Tan sólo dos meses después de la proclamación de la independencia: Kasavuba y Lumumba ya estaban enfrentados a muerte y el país entraba en una escalada de guerra civil.
El Análisis
La independencia del Congo, proclamada ayer en una ceremonia solemne en Léopoldville, debería haber sido un acto de transición serena y solemne, un símbolo de concordia entre la antigua metrópoli y la nueva nación. El rey Balduino de Bélgica viajó hasta el corazón de África con la voluntad de sellar una relación futura de cooperación. Sin embargo, su discurso —tan medido como paternalista— ignoró los horrores de la colonización: los millones de muertos bajo el yugo del rey Leopoldo II, las amputaciones, el expolio y la brutalidad institucionalizada. Y frente a ese olvido, Patrice Lumumba, el nuevo primer ministro, respondió con una verdad que dolía: la independencia del Congo no era un regalo, sino la conquista dolorosa de un pueblo que sufrió lo indecible.
El discurso de Lumumba, valiente y crudo, fue recibido como un acto de justicia por muchos, pero también como una bofetada diplomática por parte de la delegación belga. En él había verdad, sin duda, pero también una imprudencia política. Enfrentar al país que aún posee las llaves de muchas estructuras económicas y logísticas del nuevo Estado, antes de tener consolidado el poder interno ni el apoyo internacional, es jugar con fuego. El Congo nace libre, pero frágil: con un ejército apenas disciplinado, con regiones que ya insinúan deseos separatistas y con élites internas divididas. El órdago verbal de Lumumba puede levantar pasiones, pero también acelerar tempestades.
Lo cierto es que el Congo ha despertado a su independencia con las cicatrices aún abiertas y con una clase política aún en construcción. Si Lumumba quiere evitar que su país se desangre en luchas internas o caiga bajo nuevas formas de tutela extranjera, deberá aprender a distinguir entre el justo clamor y la peligrosa provocación. En África —y más aún en el Congo— la legitimidad no basta: también hace falta prudencia, alianzas y visión de largo plazo. Porque las cadenas coloniales han caído, pero el peligro de nuevos grilletes no ha desaparecido.
J. F. Lamata