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El 'Wall Street Journal' se burla de la cobertura del caso dada por sus 'colegas' los diarios 'Financial Times', 'New York Times', 'Herald Tribune' y la revista 'Time' que presentaron al periodista relevado como un mártir del periodismo español

El despido de Martínez Soler como corresponsal de TVE en EEUU es ‘franquista’ según la prensa internacional

HECHOS

El 4.07.1996 el diario ‘Herald Tribune’ dedicó su editorial al relevo de D. José Antonio Martínez Soler como corresponsal de TVE en Nueva York.

MartinezSolerTribune

29 Junio 1996

Pluralismo y Tolerancia

Zigzag (Luis María Anson)

ABC no ha ocultado nunca sus discrepancias con la política informativa mantenida por Televisión Española en la etapa socialista y ha criticado a los profesionales que han cedido a las presiones del poder para utilizar un medio público en beneficio privado y no al servicio de los intereses generales de España. En esta línea inequívoca, José Antonio Martínez Soler ha sido algunas veces objeto de nuestras críticas cuando era directivo de Televisión Española como editor y como presentador de varios programas informativos. Pero lo cortés no quita lo valiente: su destitución como corresponsal de TVE en la ciudad de Nueva York no nos parece parece adecuado. Si no hay motivaciones profesionales ni económicas, ¿cuál es la verdadera razón de su despido, a los ocho meses de haber sido contratado por dos años, y a los tres meses de haber sido aceptado por los partidos políticos para realizar las entrevistas preelectorales a los seis principales candidatos aspirantes a la Presidencia del Gobierno? Nadie puede ser discriminado o perseguido en España por sus ideas políticas. Lo dice nuestra Constitución. Si José Antonio Martínez Soler, que ha apoyado a los socialistas en su larga trayectoria profesional, ha sido despedido de Televisión Española por sus ideas, debe ser inmediatamente recontratado para restaurar el derecho a la libertad de expresión, destinándose a un puesto acorde con su categoría. En este sentido, los nuevos directivos de Televisión Española no deben repetir los errores cometidos por los socialistas y deben quitarle la razón al diario británico ‘Financial Times’, que, en su página editorial del pasado martes, utilizaba este caso para poner en duda al espíritu de tolerancia del que tantas veces ha hecho gala el presidente del Gobierno, José María Aznar.

07 Julio 1996

Ecos franquistas

Luis Oz (Felipe Sahagún)

Juan Pedro Quiñonero dio la voz de alarma el jueves en su impagable resumen internacional de la prensa internacional desde París.

«Ecos de Franco en la destitución de veteranos redactores de TV». El titular de portada del International Herald Tribune leído por Quiñonero casi me hizo devolver el café.

Corrí al quiosco a comprobarlo. Para quienes hemos mamado durante veinte años cada mañana la información internacional en la edición europea del Washington Post y del New York Times, semejante desafuero, manipulación y desatino parecía increíble.

La primera manipulación es dar en portada en el periódico internacional de más prestigio lo que no se merece más de cuatro líneas en un periódico local español. Más de cincuenta periodistas llenan hoy las filas de corresponsales y comentaristas políticos de RTVE destituidos en los últimos veinte años.

Según Barry James, redactor del Herald, la sustitución de José Antonio Martínez Soler en la corresponsalía de TVE en Nueva York y de Amalia Sánchez Sampedro como redactora política son un retorno a métodos franquistas.

La segunda manipulación es afirmar que «esta opinión la comparten muchos en RTVE» y citar como única fuente a Ramón Colom. James debería hablar con los redactores de RTVE antes de escribir.

Nueve de cada diez de las 815 personas que hay en plantilla en los informativos de TVE le dirían quiénes son y qué han hecho Martínez Soler y Sánchez Sampedro para merecer llegar a donde llegaron con el PSOE en TVE: propaganda del PSOE, manipulación en el mejor estilo franquista. Su trabajo sí que ha sido durante años «ecos de Franco» y no su destitución.

La realidad impresa a veces es todavía peor que la palabra oída. A dos columnas nada menos venía la historia, compitiendo en espacio con la victoria de Yeltsin en las elecciones rusas.

Ernesto Sáez de Buruaga se defendió bien ayer en Onda Cero. «Decir que la destitución de estos señores ha sido una purga política es una solemne tontería y una historia totalmente distorsionada», dijo. «Ni se ha inculcado la Constitución ni se les da una indemnización millonaria. Simplemente, tengo gente mejor que ellos».

El tercer error o la tercera manipulación en la información del Herald es calificar de «senior» o veteranos a redactores fichados para TVE en la etapa socialista y que nunca estuvieron en plantilla en la casa.

La cuarta -y concluyo porque no caben más en una columna- es presentarse como pobres víctimas profesionales, sin carnet de partido, del nuevo Gobierno del Partido Popular. Afortunadamente para todos, los archivos de Torrespaña permiten ver a quien quiera comprobarlo, en imagen y por escrito, los miles de favores que Martínez Soler y Sánchez Sampedro hicieron al PSOE desde TVE.

14 Julio 2021

Martínez Soler, el purgado

Martín Prieto

En una de sus conocidas truculencias verbales que mucho nos divirtieron, tanto le perjudicaron y tan poco se compadecen con su verdadera personalidad, Alfonso Guerra durante la primera oposición socialista afirmaba que había que despedir a toda la plantilla de Radiotelevisión Española, colocarlos en fila india a la puerta de «Prado del Rey» y, tú sí, tú no, tú sí, tú no, readmitir sólo a los que pasaran un mínimo examen de profesionalidad u honradez. Cosas de Alfonso, aunque bien es cierto que eran aquellos tiempos en los que él y Felipe se habían personado en el juzgado de guardia para denunciar al pobre Fernando Arias-Salgado, a la sazón director general de RTVE, poco menos que por malversación de caudales públicos, y en medio de unas auditorías que extraían a la superficie un caos financiero y contable de pronóstico reservado, hasta darse el portentoso caso de que una gallina llegó a disfrutar de su correspondiente contrato laboral aunque nadie supiera nunca cómo firmaba la nómina, por más que el Ente sea pródigo en más retorcidas extravagancias.

Por ello resulta sorprendente que José Antonio Martínez Soler, quien poseyendo un gran sentido del humor también lo tiene del ridículo, haya movilizado dos columnas de la primera página del prestigioso Herald Tribune para denunciar que la cancelación de su contrato como corresponsal de TVE en Nueva York es una purga de los franquistas recién regresados al poder en España. Le envidio porque aunque se extienda su calva y se acentúen los rictus de su rostro es hombre de permanente ánimo juvenil y, acaso por ello, guarde demasiados recuerdos de las postrimerías del franquismo que protagonizó de mala manera para su integridad física.

MERCANCIA ANTIFRANQUISTA.- Eran aquellos tiempos en que se fundaban revistas de información económica, aparentemente inocuas, para meter en ellas de contrabando noticias políticas y hasta retazos ideológicos. Martínez Soler dirigía Doblón y tanta era la mercancía antifranquista que introducía en ella de matute que una tarde agentes del servicio de información de la Guardia Civil le secuestraron, le llevaron a un monte escurialense, le interrogaron, le amenazaron en todo momento de muerte, dejándole de noche en una trocha tras haberle dado tal mano de hostias que apenas le reconocía Ana Wesley, su serena y emprendedora esposa estadounidense.

Llegaron las libertades porque se murió Franco, estábamos en Europa y no cabía otra. Continuar a estas alturas de la película el reparto de acreditaciones entre demócratas y franquistas más que una falacia es una soberana pérdida de tiempo.

Pero volvamos al personaje por lo demás simpático, parlanchín, hiperactivo, cinético y culo inquieto donde los haya, que tiene la inteligente y americana costumbre de no oxidarse demasiado tiempo en un mismo trabajo, en el que en ocasiones ni debuta. Contratado para poner en marcha la sección de Economía de un diario se marchó de inmediato a Estados Unidos con una beca. Su entonces director le quería matar y me tocó templar gaitas así como posteriormente aceitar sus deseos de regreso. En otras ocasiones él recabó mi modesto concurso y mantenemos una buena relación en la lejanía que me impide mantener hacia él la más pequeña de las malicias, siendo importante mi afecto y mi respeto profesional.

De ahí precisamente mi sorpresa ante la politización que acaba de hacer de un caso personal moviendo a los amigos del Herald Tribune, a la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard y hasta enviándole una carta al Rey en defensa de una corresponsalía televisiva en Nueva York hacia la que se abrió camino a machetazos. Cuando tras dirigir brevemente un diario prosocialista como el desaparecido El Sol su propietario le despidió, supongo que abonándole la correspondiente y legítima indemnización pactada, nuestro amigo no pió, ni solicitó amparo, sino que hizo lo que se suele: buscarse otro empleo y no hacer olas.

LAS REGLAS DEL JUEGO.- En las pasadas vísperas electorales, tiempos poco proclives a las mudanzas, la antigua dirección de RTVE realizó una espectacular carambola de corresponsales en el exterior para dejar contratado en N.Y. a Martínez Soler, no sé yo si ajeno a los cadáveres que dejaba en el sendero. Mediante el acreditado argumento de que esto son lentejas y o las tomas o las dejas a Angel Gómez Fuentes y a Nuria Ribó, que no son menos que nadie, se les desplazó a Roma y a Londres; y a Rosa María Calaf que acababa de llegar a Italia se la reclamó a Madrid. Conociendo las reglas del juego ninguno se entregó a lamentaciones jeremíacas ni el beneficiario del juego de manos enjugó una lágrima por sus compañeros hasta que alzó la voz llegando al disparate por la pequeñísima reorganización del trabajo realizada por el nuevo director de Informativos de la Casa, el viejo y reconocido franquista de toda la vida Ernesto Sáenz de Buruaga, conocido censor y hoy reciclado en sicario de Miguel Angel Rodríguez y José María Aznar, a quienes les tira miguitas de pan en las cenas del PP tal como antaño María Antonia Iglesias a Txiqui Benegas.

Me vienen a la mente otros recuerdos. Ramón Sánchez-Ocaña dimitió de la dirección y presentación de un telediario por no anunciar los últimos fusilamientos de Franco y se entregó a la divulgación de la medicina sin esperar a que nadie le agradeciera el gesto. Fernando Castedo, otro franquista redomado, cesó de un día para otro a Iñaki Gabilondo, director de Informativos y presentador del telediario vespertino, quien hubo de irse a la calle a buscarse el pan en condiciones familiares dramáticas. Santiago López Castillo, Joaquín Castro Beraza, colgados en el espacio y dados felizmente a la pintura; tantos profesionales en su sazón haciendo pasillos por ver si cae algo que hacer; toda la historia de José Luis Balbín, capítulo aparte.

De tantos desastres personales sólo quedará la bronca regia e internacional de Martínez Soler, trabajador, cordialísimo, correcaminos, buen periodista, mejor militante de lo suyo, futuro consejero de RTVE si lo desease, víctima del franquismo, del posfranquismo, del tardofranquismo y del neofranquismo que, como ha quedado anteescrito y reseñado, tiene una cara que no se la rompe ni la Guardia Civil.

17 Julio 1996

Por quien doblan las campanas

Lorenzo Contreras

Andamos siempre confesando asombros. Y no es para menos. Admitimos que deberíamos estar curados de ellos, pero no hay mmanera. En nuestra España no hay día sin sorpresa, como se dice que no hay día sin afán. Viene esto a cuento de la persecución que asegura sufrir el periodista Martínez Soler, uno de esos budas de la profesión que siempre caen de pie, como los muñecos con peana de plomo. Ahora se le ha torcido un poco la vertical y ha tenido la suerte o el privilegio de que a su socorro acudan varios periódicos de renombre internacional, entre ellos el mismísimo ‘New York Times”. Casi nada. El periódico bíblico de América consumiendo líneas editoriales por la suerte – o la mala suerte – de un periodista que no ha perdido la vida, ni ha sufrido adversidad heroica. Tampoco se ha significado por el infortunado abanderamiento de alguna causa especial. Simplemente ha perdida una sinecura en TVE, desde la que sirvió ejemplarmente al felipismo sin una queja, sin un gemido, sin una crítica ante el espectáculo que a tantos y tantos observadores nos agobiaba.

Ha caído Martínez Soler. Casi nada. Casi nadie. La gran prensa internacional, la más cualificada, bate por él tambores de duelo. Hasta los confines del mundo llega el redoble tétrico y sombrío. Dicen – dice él mismo – que se le escapó una pregunta letal entrevistando a José María Aznar en los días dolorosos y televisivos de la campaña electoral del 93. Y no digo que esta no fuera la causa de su desventura. Frío y memorioso, Aznar es de los que no perdonan. Pero hay que considerar que en España ha habido un relevo político y que los cambios de personal son inherentes, con o sin razones particulares, a esas alternancias. José Antonio Gurriarán, que estaba en Lisboa, también en TVE, lo ha comprendido deportivamente. Y ha puesto el cuello bajo la guillotina política con la elegancia de Carlos I Estuardo.

Martínez Soler ha sufrido un accidente de los catalogados como normales. Y ha organizado para sí mismo un estrépito que otros habrán querido en más noblres empeños. Habría que dar homenaje a tantas víctimas profesionales de represiones oscuras durante el propio felipismo y en la mismísima RTVE. Tantos excelentes periodistas apartados de su cometidos sin un ‘ay’ que llevarse al ‘New York Times’, ni tampoco a ‘La Voz de Albacete’, que también podría tener un cierto don de lágrimas. Se fueron por el sumidero de la frustración sin haber servido antes a nadie simplemente por el hecho de no haber servido al felipismo o no haber sabido o querido alfombrar su llegada.

Volverá Martínez Soler, que para eso es joven, a su torreón filoamericano, cuando dentro de siete u ocho años se desplome el campanario neoliberal. Otros no tendrán su suerte o simplemente no lo han tenido. Cállate, niño, no llores más.

Lorezo Contreras

19 Julio 1996

Días de gremialismo

Víctor de la Serna

Desde todas partes, en España, le llueven críticas a José Antonio Martínez Soler, a la vez que, desde Estados Unidos, le llega el respaldo de poderosos colegas tras su cese como corresponsal de TVE en Nueva York. Es un cese que según el New York Times nos hace recaer en las simas de la represión franquista.

A uno le parece que no se debe culpar a Martínez Soler por los vistosos excesos de ciertos medios anglosajones en su defensa. Todos tenemos nuestro corazón y todos los profesionales, en su fuero interno, sienten que la libertad de expresión y su propia persona están inextricablemente ligadas. El excelente periodista murciano pagó un precio aterrador y doloroso, apaleado y vejado, en los momentos la Transición en que esa libertad estaba en el alero.

Lo que sucede es que muchos periodistas pagaron su peaje de otras muchas formas, algunas menos sonoras pero en el fondo tan angustiosas y humillantes, como la de colocarse en la cola del paro tras dimitir fulminantemente por no aceptar un cambio radical en la línea editorial de un medio. Pero tampoco hay que aburrir colgándose medallas, porque los avatares van con el oficio, y todo ello lleva a recordar esa tarjetita que algunos llevaban antaño consigo para mostrarla a los «palizas»: «No me cuente usted su vida, yo también he sufrido mucho».

Más en serio, habrá que recordar, como hacen algunas organizaciones no gremialistas de defensa de la libertad de Prensa, que ésta «es la libertad de los ciudadanos», que los periodistas no somos más que sus circunstanciales intermediarios, y que lo que importa es que el ciudadano no se vea privado de ella. No parece que el episodio neoyorquino de Martínez Soler, como el precedente (e ignorado por los «reporteros» anglosajones) de Angel Gómez Fuentes, hayan menoscabado esa libertad.

Lo que sí es reprochable es que periodistas y responsables del Herald Tribune o del Times neoyorquino no sepan echar el freno a las exageraciones ajenas, y que por un mal entendido gremialismo cierren los ojos y los oídos a las evidencias que pondrían en su justo contexto el pleito de Martínez Soler. Antaño, esa Prensa era más seria y no habría aceptado que el tal Barry James aseverase que «sus compañeros respaldan a Martínez Soler» ¡sin apuntalar tal afirmación con una sola cita de uno de esos compañeros… salvo Ramón Colom!

Francamente, el ex director de TVE es parte muy interesada y no ejercía de compañero cuando contrató a Martínez Soler. La solidaridad errada hace que se desdeñen principios periodísticos primarios, como el de atender a las diferentes partes implicadas en una controversia. Esa pérdida de rigor explica mucho de la caída del prestigio de la Prensa, que tanto preocupa a nuestros colegas anglosajones…

21 Julio 1997

¡Silencio: ‘The New York Times’!

Federico Jiménez Losantos

‘The New York Times’, Biblia de la opinión norteamericana, dedica un editorial a España. ¡Silencio! Algo importante ha tenido que detectar en nuestro país, al que no suele dedicar nunca atención editorial, para concedernos este honor. ¿Será por el año del Goya? ¿Será por las cifras del turismo del 96? ¿Será por el descubrimiento de más casos de latrocinio socialista que comprometen el futuro de González? ¿Será por el plan de privatizaciones del Gobierno Aznar? No: ni Goya, niturismo, ni corrupción socialista, ni planes del nuevo Gobierno. ¿Será tal vez por los problemas de conservación de las catedrales españolas, legados de valor universal? Tampoco. Digámoslo ya: ‘The New York Times’ dedica un editorial a la sustitución del corresponsal de TVE en Nueva York. Reconozcamos que a ningún periódico español se le hubiera ocurrido.

Muy importante, aunque inadvertida, tiene que ser esa corresponsalía para dedicarse un editorial. ¿Suele dedicarse atención similar a los cambios de corresponsales de las televisiones extranjeras: la inglesa, la francesa, la alemana, la portuguesa o la canadiense? No. El importante será, pues, el corresponsal. ¿Dio ese periódico noticia de su nombramiento o concedió rango editorial a su venida? Claro que no.  ¿Es acaso un periodista especialmente prestigioso por sus libros, sus artículos, sus programas de radio y televisión? Ni hablar. SI por algo es conocido Martínez Soler en España es por ser uno de los comisarios políticos fijos en el largo periodo de manipulación informativa felipista. ¿Tiene en su haber la dirección de algún prestigioso diario? El único que se le recuerda fue EL SOL de Alfonso Guerra, con la financiación de Sánchez Ruipérez, una de las aventuras más malolientes y ruinosas de los trece años de socialismo, que nació para defender los intereses de Mienmano el vicepresidente frente a la animadversión de Polanco y acabó en un fracaso costosísimo, del que salió despedido Martínez Soler. ¿Hubo entonces alguna protesta del personaje? Ninguna. Se supone que cobró la indemnización y luego maniobró para colocarse de nuevo en TVE. ¿Es TVE una empresa de reconocida solvencia ni información? Ni solvencia ni información: debe más de mil millones de dólares y su descrédito informativo es total. En fin ¿llegó Martínez Soler a cubrir un hueco difícil? Todo lo contrario: movió sus influencias políticas para que echaran al corresponsal que había, que tuvo que abandonar Nueva York a mitad de curso con los niños a cuesas.

Pues bien, con estos antecedentes, el editorial, tras asegurar que Aznar ganó porque convenció a los españoles que su partido había abandonado el franquismo, pero que Franco no está muy lejos dice: “El señor Aznar es libre de colocar a quien considere al frente de los informativos pero los periodistas para tener credibilidad, deben estar libres de presión política” (sic). “Soler le hizo una pregunta embarazosa a Aznar (en represalia por la cual habría sido destituido, según insinúa el diario), del mismo modo que hizo preguntas incómodas a los socialistas’ (sic); “las libertades democráticas en España son demasiado recientemente como para no tratarlas con sumo cuidado. El señor Aznar debe moverse rápidamente para evitar este peligro (requetesic).

Nunca hubiera amenazado el NYT a un presidente de Gobierno democrático europeo, ni le hubiera achacado una herencia genética dictatorial. Tampoco hubiera defendido a un periodista que puede simbolizar la corrupción informativa de la era socialista. Pero España, para los racistas de izquierda, sigue siendo el predio de Franco y la Inquisición. Así pueden permitirse darnos lecciones democracia. Y como saben tanto de España, de información y de libertades, defienden editorialmente a Martínez Soler contra Aznar. Por cierto, que el título del editorial es ‘Un escalofrío en España’. ¡Estremecedor!

Federico Jiménez Losantos

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