25 marzo 2014

El columnista de EL PAÍS (y ex productor de programas de Wyoming) le defiende al presentador

El diario ABC critica al Gran Wyoming, presentador de ‘El Intermedio’ aireando todas sus propiedades inmuebles ‘Don Piso’

Hechos

El 22.03.2014 el diario ABC publicó un reportaje sobre las propiedades del presentador del programa ‘El Intermedio’ de Atresmedia «Gran Wyoming».

Lecturas

El 22 de marzo de 2014 el periódico ABC que dirige D. Bieito Rubido publica un reportaje del periodista de investigación D. Javier Chicote Lerena titulado a desgranar todas las propiedades inmobiliarias del artista conocido como Gran Wyoming [D. José Miguel Monzón] con el título ‘El Gran Wyoming, un hombre muy rico en todos los campos’.

El 26 de marzo de 2014 en el diario El País el columnista D. David Rodríguez Trueba, publicaba el artículo ‘Calla, rico’ para defender a Gran Wyoming del diario ABC. Al Sr. Trueba se le atribuye una amistad con Gran Wyoming con quien trabajó en ‘El Peor Programa de la Semana’ y ‘La Azotea’.

El 27 de marzo de 2014 es D. Álvaro Martínez quien desde ABC replica los argumentos del Sr. Rodríguez Trueba.

donpiso  El diario ABC dirigido por D. Bieito Rubido, dedicó un amplio reportaje de su periodista de investigación D. Javier Chicote a desgranar todas las propiedades inmobiliarias del Gran Wyoming en un reportaje que fue muy criticado por D. David Trueba en el diario EL PAÍS. Se daba la circunstancia de que el programa de televisión que presentaba el Gran Wyoming en Atresmedia estaba considerado ideológicamente de izquierdas mientras que el diario ABC estaba considerado ideológicamente de derechas.

 Chicote_periodista  La información llevaba la firma de D. Javier Chicote, aunque fuentes de su entorno consultadas por LA HEMEROTECA DEL BUITRE aseguran que la investigación no había partido de él.

26 Marzo 2014

Calla, rico

David Trueba

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Dos páginas en el periódico ABC prolonga la idea recurrente de que el rico y el famoso, si no es para exhibir su estatus envidiable, están mejor callados.

En Estados Unidos, el toque de rebato de la opinión más conservadora hizo fortuna en el canal Fox, expresión caudalosa y firme vigilante de los valores tradicionales. La catástrofe asociada a la guerra de Irak, lejos de servir para otra cosa que no fuera el enriquecimiento de ciertas empresas cercanas al poder, significó la pérdida de influencia y el fracaso del diseño de una estrategia global de defensa. Una fidelidad ciega, cuando está equivocada, perjudica más que ayuda. Para enfrentarse a ese chorreo informativo, el público joven recurrió a los programas de humor, que se fueron transformando en líneas de pensamiento y terminaron por consagrar a gente como Jon Stewart, Bill Maher o Stephen Colbert, que han marcado una tele irónica y crítica difícil de batir por la tribuna enfebrecida.

La velocidad de las redes sociales, que funciona como una máquina de agujerear la realidad hasta dejarla como un gruyer, amenazó las tribunas dominantes. En España, con un Gobierno conservador cuyo primer empeño fue controlar los medios públicos y rebajar su cariz informativo y crítico, permitido durante el zapaterismo, era cuestión de tiempo que un programa como ‘El Intermedio’ se convirtiera en un éxito incluso en un canal minoritario. A El Gran Wyoming le tocó asumir el papel por incomparecencia de los rivales y los huérfanos de información ácida y viva lo elevaron al nivel de los informativos serios. Su último éxito es un libro donde expresa posiciones en defensa de la protección social y la igualdad de oportunidades, contadas desde su persona real, más que desde el personaje que interpreta en la tele. La consagración le viene concedida por dos páginas en el periódico ABC dedicadas a detallar sus ingresos. La noticia no es que posea estupendos ahorros y rentas suculentas, algo probable en todo presentador de tele que lleve tres décadas de trabajo continuado en las pantallas, sino que se recurra a ese ataque para intentar desactivarlo. Prolonga la idea recurrente de que el rico y el famoso, si no es para exhibir su estatus envidiable, están mejor callados. Para ciertas mentalidades, solo hay una cosa más despreciable que el pobre y el marginado, con ese fracaso que supuestamente se han ganado a pulso, y es que alguien exitoso sostenga un discurso solidario.

David Trueba

27 Marzo 2014

Vivir es fácil sin mirarse al espejo

Álvaro Martínez

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Criticar a la izquierda es propio de la 'caverna' sacarle las tripas a la derecha es libertad de expresión

«Vivir es fácil con los ojos cerrados», asegura el título de la última película de David Trueba, columnista en un diario global [EL PAÍS] a quien, en su último escrito, le ha parecido fatal que ABC haya dado información precisa y escrupulosa sobre el colosal patrimonio inmobiliario (16 casas a su nombre) que acumula José Miguel Monzón, conocido como El Gran Wyoming y uno de los principales arietes contra la injusticia social que esta ‘derecha troglodita’ ha tendido como un negro manto sobre los españoles, según la salmodia recurrente de la izquierda ibérica. Son vibrantes las filípicas de Monzón contra el capital, los ricos, los bancos y el resto que la utillería progre que nutre sus intervenciones televisivas, que han incluido severas críticas a la voracidad inmobiliaria de los bancos y al contradiós que supone que se desahucie a la gente con la cantidad de pisos vacíos que hay. Sostiene Trueba – al que sin duda se le dan mejor las películas que los análisis – que la intención última de la información publicitaria aquí es amordazar a Wyoming al grito de «calla, rico», para lo cual el cineasta regresa al viejo complejo de la izquierda acaudalada a la que parece que le da vergüenza tener mucho dinero y prefiere que no se airee mucho el asunto no se vaya a desinflar el discurso. En realidad Trueba llega tarde al orfeón porque otros medios de ese espectro ideológico le han tomado la delantera en la teoría y rápidamente incluyeron el reportaje de ‘Don Piso’ (como ya es conocido Wyoming) en una presunta campaña contra el presentador, el único habilitado al parecer para ejercer la crítica universal sin que a él se le pueda decir ni mú.

De nuevo la doble vara de medir del progre canónico, que desde su supuesta superioridad moral ética ya ha deparado otros ejemplos clamorosos. Así, resulta del todo legítimo que medios o artistas de izquierdas apoyen la llegada al poder de un socialista (y editoriales y vídeos – ceja incluida – hemos visto) y en cambio es de un ‘alfombrismo trapacero respaldar que lo haga un conservador. De la misma manera, la crítica a un político de izquierdas le instala a uno en la ‘caverna’, mientras que sacarle las tripas a uno de derechas supone un ejercicio de libertad de expresión rayano con la justicia social y el bien común.

Argumenta Monzón que ‘la cuenta corriente no está en relación directa con la conciencia’. Sin duda, pero sí ofrece algunas pistas concluyentes sobre la robustez de los discursos de cada cual, dado que no resulta muy cabal acaudillar la cruzada contra los poderosos cuando uno necesita Ikea y medio para amueblar sus casas. Pues sí, vivir es fácil con los ojos cerrados, pero más sencillo aún es hacerlo sin mirarse al espejo.

Álvaro Martínez

El Análisis

ESTUPIDECES

JF Lamata

Los medios tienen todo el derecho de enumerar las propiedades inmobiliarias de cualquier persona que les de la gana, lo que es una estupidez es pretender con ello invalidar discursos. Si es cansino que la izquierda use como argumento para deslegitimar a alguien el hecho de que tenga dinero, es aún más patético que desde la derecha se copie la estrategia y se invierta, que es tanto como ratificar el estúpido argumento de que si alguien tiene mucho dinero es más malo o malvado.

La defensa del Sr. Trueba, tan enamorado de los Évole y los Wyoming es un acto de lealtad entrañable en quien ha compartido años de trabajo con Wyoming, ¿no eran acaso los Trueba los que estaban detrás de programas que dieron fama a Wyoming como ‘El Peor programa de la Semana’ o ‘La Azotea’? Pero si el Sr. Trueba  reivindica que Wyoming tiene derecho a ser rico por los muchos años de trabajo y eso no le convierte en un ladrón, se estará dando cuenta que muchos empresarios – tan demonizados por el entorno mediático de estos – tendrían derecho a decir que son ricos por sus años de trabajo y que eso tampoco les convierte en ladrones.

No hubiera estado de más que ABC o EL PAÍS hubieran insistido un poco en el tema de que la bondad o maldad de un personaje no está ligada a que tenga mucho o poco en su cuenta. Como el ser pobre tampoco es un plus de honradez, que al final los esquemas cursis nos llevarán a evitar decir que hay el mismo porcentaje de cabrones entre pobres que entre ricos.

J. F. Lamata