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El director del periódico de la Editorial Católica, Aquilino Morcillo, acusa a ARRIBA de actuar 'al dictado'

El diario ARRIBA acusa de «inmovilismo» al diario YA por su defensa de la democracia parlamentaria y petición de diálogo con terroristas

HECHOS

El 5.05.1973 el diario YA publicó un editorial ‘Nuestra respuesta’ como contestación del editorial ‘Inmovilismo’ que publicó el diario ARRIBA el día 4.05.1973.’

04 Mayo 1973

INMOVILISMO

Editorial (Director: Félix Morales)

Si alguna vez tuviéramos que poner un claro ejemplo de inmovilismo radical y recalcitrante, este reía inevitablemente, el del órgano de expresión de YA. Anclado todavía, en el espíritu trasnochado y repudiado de la primera mitad de los años 30

Desde luego, nuestro colega matutino y madrileño YA no tiene arreglo. Si alguna vez tuviéramos que poner un claro ejemplo de inmovilismo radical y recalcitrante, este reía inevitablemente, el del órgano de expresión de la Editorial Católica. Anclado todavía, en el espíritu trasnochado y repudiado de la primera mitad de los años 30, para el YA parece que desde entonces no ha pasado nada en España, ni en el mundo entero, ni está sucediendo nada en el momento presente. SU labor sigue machacona, reiterativa y siempre inmoviista, erosionando día a día, esto sí, con el más profundo respeto a las apriencias, el único sistema uqe ha sido capaz de dar al país, pulso, rumbo, contenido, paz, convivencia, progreso y participación, creando una gran empresa nacional de sentido integrador en la que caben todos los españoles honrados y de buena fé. Su dosis de cada día sembrando confusión, parece no perseguir otra meta que la misma que hace medio siglo sirvió para su fundación, la de ir paulatina sigilosa, melifluamente sembando las bases para la implantación de la fómrula decadente y caduca de la democracia liberal encarnada en la versión tan conocida de los últimos años de la democracia cristiana, aunque para ello haya que sustituir al Régimen vigoroso del 18 de Julio, el Movimiento Nacional de nuestras Leyes Fundamentales.

Y para este objetivo machaconamente ejercido durante casi medio siglo en la prueba más descarnada de inmovilismo histórico y político, no le duelen prensas, aunque para ello tenga que pisotear el dolor del pueblo español afligido y conmovido por un vil y vulgar asesinato, cometido bajo las banderas rojas y la hoz y el martillo por auténticos criminales a sueldo, en fiel repetición, después de más de treinta y siete años, de las mismas técnicas y procedimientos que hicieron precisa la dramática Cruzada nacional de 1936.

Si, con motivo de este brutal asesinato, para el que el pueblo español no puede encontrar paliativos, ni justificación y que ha provocado su justa y enconada indignación, el YA fríamente, sin respeto y sobre todo aprovechando tan dramático momento para seguir en su machacona política, afirma: ‘Acabaremos este comentario recordando una vez más que los problemas de orden público arrancan siempre de algo que ya no es en orden público y es donde pueden ser resueltos de manera definitiva. Nuestra sociedad tiene planteada la necesidad de que se le abran canales para que no se siga dando el caso de que los ciudadanos que podrán apoyar al Poder de una manera activa y eficaz, con su colaboración y sus iniciativas, no tienen manera de hacerlo, pero, en cambio, se deja libre terreno a la subversión. Ninguna autoridad puede actuar en el vacío y cuando no facilita esa colaboración social a la que nos referimos, lo único que hace es lo que alguna vez hemos llamado dar primas a la clandestinidad. No será a puñaladas cómo los elementos que se manifestaron el 1 de mayo ganarán simpatías para su causa; pero tampoco bastarán medidas de Policía – por justos y necesarias que éstas sean – para que los buenos españoles tengan asegurado el orden que les permita mirar sin zozobra el porvenir’

Nuestra perplejidad no tiene límites. ¿Puede hacerse esta afirmación cuando un grupo de asesinos constituidos como comandos comunistas juveniles se lanzan a la calle con cuchillos preparados, expresa y premeditadamente, para el crimen, provocan a una patrulla de la Policía gubernativa y se lanzan sobre ellos en la más terrible masacre, enloquecidos por el odio fomentado y el más reprobable instinto criminal? Pero, ¿es esto respeto para la conmoción nacional ante un hecho vandálico y salvaje?

¿Es que la siempre imprecisa aberración del YA le lleva hasta el extremo de pensar en cauces de participación para los asesinos o en que éstos llenen con su presencia activa estos cauces de participación?

Sí, sabemos que se nos dirá que no les hemos entendido y queremos salir al paso de esta afirmación diciendo que les hemos entendido perfectamente. Es, ni más, ni menos, que la expresión figurada del eco de una de los silencios más estremecedores que la sociedad española está presintiendo en estos momentos y que contrasta dramáticamente con el vocerío demagógico en otras ocasiones.

La actitud de los comandos comunistas autores de salvaje atentado, no es otra que la de subvertir el Régimen por el camino que sea. Estas son las claras consignas recibidas. Y a ello van, dentro de su imperceptible entidad, en medio de la sana actitud y clara conciencia nacional del pueblo español, acudiendo – cosa que importa poco a sus escrúpulos sociales – al crimen y a la grave alteración del orden como única forma de hacerse notar.

Pero pretender volcar sobre el Estado la acusación de estos hechos tan lamentables, en la forma como el YA lo hace es, además, un gravísimo error.

Si los cauces que el YA viene propugnando son los que hicieron en los años 31 al 36 vivir al noble pueblo español permanentemente, en el clima que por espacio de unos minutos se vivió en Antón Martín la tarde del 1 de mayo, sepa el YA que esto no lo conseguirá el pueblo español, abrazado solidariamente con su Caudillo, con su orden, con su paz, con su progreso y con la enorme esperanza que nuestro Régimen ha sabido por obra de los españoles poner en todos los hombres de trabajo, pese a las siembras mal intencionadas con que desde algunos sectores se pretende erosionar una convivencia que avanza ilusionada por los claros caminos de un amanecer ideal y para todos.

05 Mayo 1973

NUESTRA RESPUESTA

Editorial (Director: Aquilino Morcillo)

¿quién leerá sin que asome una sonrisa a sus labios, que ARRIBA – precisamente ARRIBA – nos acuse de ‘inmovilismo radical y recalcitrante’? No hemos pensado nunca que estábamos polemizando con ARRIBA. El editorial delirante que reproducimos es, en el fondo, algo mucho más triste: es un editorial al dictado.

Podríamos haber prescindido de este comentario, puesto que el lector tiene a la vista y puede compararlos, nuestro editorial del pasado día 3 y el que ARRIBA le ha dedicado. Podríamos incluso haber prescindido de reproducir el nuestro. Basta con su último párrafo que ARRIBA se ha dignado a recoger, para que cualquiera pueda juzgar sobre una acusación como la que se nos hace, cuya gravedad, por su contenido y por su tono, carece seguramente de precedentes en la prensa española de los últimos treinta años. Tendríamos que remontarnos a los años de la II República, que tan gratuitamente evoca ARRIBA para descubrir algo parecido, para descubrirlo naturalmente del lado de aquellos que acaban de encontrar sus continuadores en los criminales agresores del 1 de mayo pasado. Si contestamos es por consideración a nuestros lectores, a los que pudiera extrañar nuestro silencio; pero esamos seguros de que también ellos comprenderán que en nuestra respuesta prescindamos del vocabulario que tan pródigamente derrocha ARRIBA. Hay armas que por sí solas delatan al que las emplea; las nuestras no son ésas.

Podría serlo la ironía. Porque ¿quién leerá sin que asome una sonrisa a sus labios, que ARRIBA – precisamente ARRIBA – nos acuse de ‘inmovilismo radical y recalcitrante’? Ocurre, sin embargo, que esa acusación se hace a propósito de un suceso sangriento y doloroso, que como españoles hemos condenado y como a españoles nos ha herido, y entonces la sonrisa irónica se convierte necesariamente en protesta indignada, cuando se nos acusa de ‘pisotear el dolor del pueblo español’ y hasta de pensar que se abran ‘cauces de participación para los asesinos’. Todo porque hemos recordado (como hicimos, por ejemplo, con motivo del estado de excepción acordado en 1969; como ha hecho ahora algún colega, aunque nosotros seamos los destinatarios exclusivos de la ira de ARRIBA) que no bastan medidas de orden público – por justas y necesarias que éstos sean, según puntualizábamos – si no resuelven los demás problemas que nuestra sociedad tiene planteados. ¿Se dirá que la advertencia era inoportuna? Aunque lo fuera, no justificaría el editorial de ARRIBA. ¿Pero se la puede considerar inoportuna cuando tantas veces medidas de aquella naturaleza han sido esgrimidas por los itneresados en desviar la atención de los otros problemas y como un medio de aplazar su solución? Aunque así se comprometa gravísimamente el porvenir de la nación.

Son innumerables los testimonios que hemos recibido, incluso de altas autoridades, de aplauso a nuestro editorial. Y, en general, nos conforta la convicción de que son infinidad los españoles, buenos patriotas y leales al régimen, que vienen compartiendo nuestro punto de vista, y nos respaldan, y nos alientan, precisamente porque desean como nosotros, que el ´régimen desemboque en un futuro de paz y no se malogren tantos esfuerzos y sacrificios. Nos preocupa que la obcecación de una minoría pudiera hacerlo Imposible. Y es claro que al decir esto no pensamos en ARRIBA. Porque es hora de aclarar que a lo largo de este editorial no hemos pensado nunca que estábamos polemizando con ARRIBA. El editorial delirante que reproducimos es, en el fondo, algo mucho más triste: es un editorial al dictado.

No nos referimos, pues, tanto a ARRIBA (cuyos criterios, por cierto, aparecen en notoria contradicción con los de otras organizaciones muy en esa línea) como a quienes le inspiran; y a éstos nos dirigimos no por lo que nos hayan imputado, ni por el tono en que lo han hecho, ni por lo que nos afecta exclusivamente a nosotros, sino por lo que afecta a la Patria común para pedirles que midan muy estrechamente su responsabilidad para con ella por cuanto hacen, por cuanto dejan de hacer, por cuanto impiden que se haga, intentando cerrar los caminos que otros, con más generosidad y previsión del futuro, supieron abrir. Por nuestra parte, tenemos la conciencia tranquila.

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