6 febrero 1976

El mandatario sólo pudo estar siete meses en el poder

El dictador de Nigeria, Murtala Rufai Muhamed, asesinado en un intento frustrado de Golpe de Estado

Hechos

El 13.02.1976 fue asesinado el presidente de Nigeria Murtala Rufai Muhammed

El Análisis

Nigeria, el efímero sueño de Murtala Muhammed

JF Lamata

El 13 de febrero de 1976 Nigeria vivió un nuevo sobresalto en su convulsa historia política: el asesinato del general Murtala Rufai Muhammed en Lagos durante un intento de golpe de Estado encabezado por el teniente coronel Bukarsuka Dimka. Apenas siete meses después de haber tomado el poder derrocando a Yakubu Gowon, Rufai cayó víctima de la misma inestabilidad que decía combatir. Dimka y sus hombres intentaron aprovechar el desconcierto para hacerse con el control del país, pero el golpe fracasó estrepitosamente: en cuestión de horas la insurrección fue sofocada, sus cabecillas capturados y, posteriormente, ejecutados.

El balance del breve mandato de Murtala Muhammed es paradójico. En sus escasos meses al frente del Estado, se había ganado una imagen de reformador decidido, implacable contra la corrupción y favorable a modernizar el aparato estatal. Se le reconocía la voluntad de acelerar el regreso a un régimen civil, con un calendario de transición que pretendía desembocar en elecciones. Su estilo autoritario pero pragmático y su firmeza frente a las élites económicas le granjearon enemigos, pero también simpatías entre sectores populares. Su asesinato truncó ese proyecto y confirmó lo frágil de un país en el que el uniforme militar parecía el único pasaporte para gobernar.

La sucesión recayó en su segundo, el general Olusegun Obasanjo, quien, en un gesto poco habitual en la historia africana del momento, decidió mantener y culminar el calendario de transición iniciado por Rufai. Así, Obasanjo pilotó una lenta apertura que desembocaría en 1979 en elecciones democráticas y en la llegada al poder de Shehu Shagari, el primer presidente electo de la Segunda República nigeriana. Que una dictadura militar diese paso a un gobierno civil representó un hito en la historia de Nigeria, aunque la democracia resultante sería frágil y efímera.

El asesinato de Murtala Muhammed dejó la sensación de una promesa rota: la de un líder que, con todos los defectos del militarismo, parecía dispuesto a encaminar a Nigeria hacia un futuro diferente. Paradójicamente, fue su abrupta desaparición la que abrió la puerta a la experiencia democrática más duradera que hasta entonces había conocido el país.

J. F. Lamata