27 junio 1994
El juez madrileño de lo civil Jesús Rueda absolvió a la locutora en su sentencia de diciembre de ese mismo año
El director de TVE, Ramón Colom, demanda a la locutora radiofónica Encarna Sánchez (COPE) por atentar contra su honor
Hechos
El 7.06.1994 la prensa se hizo eco de la demanda civil de D. Ramón Colom, director de TVE contra la locutora, Dña. Encarna Sánchez, directora del programa ‘Directamente Encarna’ de la COPE.
Lecturas
Entre el 18 de enero de 1994 y 7 de abril de 1994 Dña. Encarna Sánchez Jiménez realizó desde su programa ‘Directamente Encarna’ una campaña contra el director de TVE D. Ramón Colom Esmatges. Se le reprochaba de una mala gestión de la televisión pública, de estar conduciendo a una desastre económico a TVE y de estar favoreciendo a productoras privadas propiedad de socios o amigos, en concreto las productoras Video Zapping S. L. y Spinto S. L. “La gestión de Colom es nefasta, está malgastando los fondos que tiene a su cargo mediante contrataciones económicas excesivas”. “Usted no roba, pero también es corrupción que haya cuatro millones de parados mientras usted da 40 o 50 millones a impresentables por hacer programas que además fracasen”. Las acusaciones de la Sra. Sánchez Jiménez fueron respaldadas por D. Bernardo Fuentes Bobo (programador de TVE despedido por sus críticas a la gestión del Sr. Colom en Época), D. José Manuel Santome López (Secretario de la Unión de Ténicos y Cuadros de TVE, entidad que presentó una querella contra la dirección de RTVE por malversación de cuaudales públicos), D. Gregorio Fernández (periodista de Época).
Dña. Encarna Sánchez se referia al Sr. Colom como ‘La Ramona’ en lo que este considera en su demanda que es insinuar que es homosexual.
El 7 de diciembre de 1994 la demanda fue rechazada.
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Encarna Sánchez emprendió una campaña perseverante contra Ramón Colom a quien no perdonó a Ramón Colom que autorizara el especial de Nochevieja del 31 de diciembre de 1991, donde los humoristas Martes y Trece parodiaban su «amistad» con la cantante Isabel Pantoja. La locutora hizo todas las gestiones que pudo para cambiar su emisión a través de Lluís Reverter, entonces fontanero en el Gobierno. Encarna Sánchez llegó incluso a contactar con los humoristas. «Nosotros no nos metemos con los contenidos de su programa, usted no se
meta con los nuestros. Además, cuando lo vea verá que es sólo un hilo conductor de los otros gags». Encarna Sánchez contactó con Colom. Las buenas maneras se acabaron cuando entendió que el programa se emitiría: «¿Eres así de idiota desde nacimiento?», comentó la diva de la radio antes de colgar.
El programa de Encarna Sánchez se convirtió en un espacio de ataque a la gestión de RTVE en general, y a Colom en particular. En- carna no estaba sola en su campaña; con ella estaba su jefe de investiga- ción, Juan Luis Galiacho, que sacó a la luz todo contrato irregular que encontró de sus productoras amigas (Tesauro, Spinto y Video Zapping). Importantes enemigos sindicalistas también se apuntaron a la cruzada. José Manuel Santomé López, que tanto contribuyó a hundir a Pilar Miró, y el programador Bernardo Fuentes Bobo (de CCOO) fueron habituales en el programa de Encarna Sánchez cuando deseaba rajar contra Colom. «¿Pero qué es lo que haces, Ramón? ¡Primero el ABC y ahora la COPE!», comentaban al directivo familiares seguidores de aquellos medios. El punto más duro fue que Encarna entendió que si TVE la había atacado por lo personal, ella también jugaría a lo mismo y deslizó la idea de que Colom, al que apodaba como «la Ramona», estaba favoreciendo la contratación de empleados, como ordenanzas, porque mantenía relaciones con ellos. Colom presentó una demanda por injurias contra la locutora de radio, pero perdió el pleito porque el juez consideró que las críticas y burlas entraban dentro de la libertad de expresión.
A pesar de lo muy conocido que fue el episodio de Encarna y Martes y Trece, es llamativo lo poco que lo fue la reconciliación que Colom desveló en la revista Fotogramas. En 1994, tres años después del conflicto, los responsables de la Iglesia acudieron a ver a Colom para pedirle más presupuesto para los programas religiosos. Colom, cristiano, estalló recordando todo lo que la Iglesia había permitido que se dijera contra él desde la emisora episcopal COPE, ante lo cual ofrecieron la intermediación del sacerdote José Luis Gago, el cura que había fichado a Encarna para la COPE. Gago y Colom fueron a visitar a Encarna Sánchez, que ya estaba enferma, a la Moraleja. En una nada fácil conversación, acabaron rezando juntos y Encarna Sánchez declarando que Colom era «un caballero». No obstante, miembros del equipo de Encarna Sánchez, como su productor Pedro Pérez, se niegan a creer que hiciera las paces con Colom: «Cuando ella ponía la cruz era para toda la vida». Pero ¿qué sentido tendría que Colom se inventara una reconciliación inexistente?
Si Ramón Colom hubiera querido podría haber hecho caja pasando por Telecinco y Antena 3, rajando contra Encarna cuando se demandaban esos testimonios en televisión a precio de oro en el periodo 2005-2007 y no lo hizo. Colom y Encarna enterraron su hacha de guerra y Colom nunca la desenterró.
01 Octubre 2003
Mira por dónde (algunos peligros públicos)
Las últimas semanas nos han permitido asistir a un bochornoso espectáculo (uno más) dentro de un programa de TV de ‘corazón’ (uno más): El del revival de la historia de Isabel Pantoja y Encarna Sánchez a cargo de Mila Ximénez, quizá sea el momento de explicar en público una parte de la historia, hasta el momento nunca contada y que evidencia lo duro que es ocupar algunos cargos públicos. Lo sufrí en carne propia, como director general de TVE.
Debía ser el 27 de diciembre de 1991. Estaba en el despacho de la Dirección de TVE en Torrespaña, cuando sonó un teléfono que no debe sonar nunca, el que te une al Gabinete de Comunicaciones de la Presidencia del Gobierno. Era un buen amigo, L. [Lluís Reverter], que se interesa por un programa de televisión, a resultas de la visita que Encarna Sánchez había hecho al Palacio de la Moncloa. Según la popular comunicadora, TVE había hecho un programa con Martes y Trece, con el fin de denostarla y hundirla profesionalmente. Me pregunta si conozco el asunto y se queda algo sorprendido cuando le contesto que no tengo ni idea.
¡A ella, que nadie la toque!
Dadas las fechas, ese espacio sólo podía ser el de Fin de Año de Martes y Trece. Me comunicó con Javier Caballé, el productor ejecutivo de la emisión, para que me explique de qué va el programa: hay un roling gag con Encarna, esta vez sin la empanadilla y con una presunta Isabel. Me explica que ya está todo grabado y que se procede al montaje debido a las fechas. Solicito que acelere la edición para verlo.
También quedamos con Josema y Millán en mi despacho al día siguiente: les explico lo que sucede y su respuesta es unánime, cosa que no siempre sucedía con la genial pareja. “Encarna cree que ella puede criticar a todo el mundo, calumniarnos a todos, insultarnos, pero que a ella no la toque nadie”, vinieron a decir. Es verdad que, desde el episodio de la empanadilla y Móstoles que reventaron al país con carcajadas, Encarna iba a por ellos. Había dicho, según me habían contado, que Millán era un camello, además de otras muchas calumnias. “Ramón, Encarna es muy mala persona”, sentenciaron. También quisieron saber cuál era mi postura y la de la casa: “Tenéis mi apoyo como no puede ser de otro modo, salvo que los Servicios Jurídicos nos demuestren que hemo cometido una brutalidad. A estas alturas, 28 de diciembre, todavía no he visto el programa, ni he leído el guión. Quien piensa que en TVE todo está absolutamente controlado desde arriba o desde fuera se equivoca. Entre otras muchas razones, porque ese control es imposible. Y el 30 de diciembre organizo un visionado en mi despacho al que viene el Jefe de la Asesoría Jurídica de RTVE, José Luis Castillo, abogado del Estado, y algunos colaboradores. Es imposible no reírse, como tampoco es posible no preocuparse. Castillo, al finalizar el pase, nos da su apoyo y sólo siente un recelo; el plano en donde la presunta Encarna llama a la otra “actriz”, a Isabel. Les pido permiso a Josema y Millán para quitar ese plano. “Sin problemas”, me contestan.
Me toca llamar a Encarna, tal como le había prometido a L. Le explico [a Encarna Sánchez] que nos lo hemos visto, que no le gustará pero que los Servicios Jurídicos no ven ningún inconveniente en su emisión. Quiere que lo levantemos. Le hago ver el escándalo que se organizaría si el 31, sin previo aviso, no salen Martes y Trece. Le es igual. Como aquella conversación no termina, le hago saber nuestra última postura: es nuestro programa y lo vamos a emitir. Me pregunta por mi opinión personal. “Yo no hubiera hecho las cosas así, pero yo no soy ni humorista, ni Martes y Trece. Mi obligación y mi voluntad es defender el programa”. Le sugiero o un perfil bajo o que se ponga al frente de la manifestación. Me dice que si soy idiota de nacimiento y que impedirá la emisión por la vía judicial.
Y llegan las (malas) reacciones.
El programa se emite, mucha gente no se entera de quién es la persona que acompaña a Encarna en la función, pero los tambores de guerra comienzan a sonar el mismo día 1. En la radio se habla del espacio que ataca a Encarna Sánchez e Isabel Pantoja. A partir de aquí, Josema, pero, sobre todo, Millán y yo nos convertimos en sus enemigos. Cada tarde disparaba sobre mí. Dice cosas bárbaras. Explicaré una. En la 7ª planta de Torrespaña, el ordenanza que se encuentra allí por las tardes, es un lector de Jane Austen y Virginia Woolf EN INGLÉS. Un día, a instancia mía, me explica que es licenciado en Filología inglesa y el por qué ocupa esa plaza de ordenanza. No es el único sabio que había en la compañía desaprovechado. Hay un licenciado en informática, otro en Exactas. Meses después, la directora de Personal, Soledad Sanz, me expone la dificultad de cubrir determinados servicios (un técnico con inglés perfecto para los intercambios de Eurovisión, un reportaje del sistema informático de Emisiones, etc.). Me acuerdo de los ordenanzas y le sugiero una adscripción temporal de estas personas. Todo fue bien hasta que Encarna explicó en sus programas que el director de TVE se beneficiaba a los ordenanzas y los ascendía.
Todo lo demás.
Me acordé de Martes y Trece: Encarna es mala. A raíz de lo anterior, decidí interponer una demanda que perdí. Me pareció que lo que contaba era calumnioso y denigratorio para mí y mis compañeros. No podía más. Estaba pagando el precio de la libertad de un modo muy caro. Me podía sentir orgulloso, pero lo cierto es que me sentía muy solo.
Tres años después vino a mi despacho un amigo sacerdote que trabajaba en la Casa. Me desahogué con él. Le dije que no entendía como la COPE, la cadena de radio de la Iglesia, podía permitir un discurso tan lleno de odio, de rencor, de desamor. Y todo en nombre de la verdad. Pero ¿es que la verdad exige calumniar a las personas? Añadí que, como cristiano, tenía derecho a exigir un cambio. Me ofreció la posibilidad de hablar con otro amigo suyo también sacerdote, ex director de la COPE [José Luis Gago] y que había contratado a Encarna en la radio. Me llamó poco después, volví a encenderme y me preguntó si estaba dispuesto a entrevistarme con ella. “Por supuesto. No hay algo que me pueda complacer tanto”, respondí.
Fuimos los dos a casa de Encarna a La Moraleja. Salió otra vez el programa de Martes y Trece, el daño que le habíamos causado a ella, pero, sobre todo, a Isabel (Pantoja), que sí queríamos hundirlas profesionalmente… Sabía que estaba muy enferma. No quise entrar en muchas honduras, ella tampoco, pero defendí lo que habíamos hecho. Después del desahogo mutuo, pareció que empezaba un período de tranquilidad. Nuestro intermediario nos pidió que orásemos brevemente antes de irnos y así comenzó un periodo de paz que duró hasta su muerte.
Se preguntarán por el sentido de esta página. El primero: cuando oigo a Isabel dolerse por lo que le hacen y dicen, debería recordar todo el daño que ha hecho, sola o acompañada. El segundo: lo duro que es desempeñar determinadas responsabilidades. El tercero: la cantidad de disparates que hemos dicho y hecho en nombre de la verdad. Y podríamos seguir…
PD. Todo este relato, necesariamente abreviado está en mi memoria. Pido disculpas si algún matiz de ha escapado…
Ramón Colom