26 junio 1994
El juez Ignacio del Riego rechazó el pleito contra el columnista de EL MUNDO y PRISA cargó contra el magistrado desde EL PAÍS
El Grupo PRISA demanda al periodista Pablo Sebastián (EL MUNDO), tras una serie de artículos ‘Aurora Pavón’ contra ellos
Hechos
- El presidente del Grupo PRISA, D. Jesús Polanco y el Consejero Delegado, D. Juan Luis Cebrián, demandaron al periodista D. Pablo Sebastián por sus artículos ‘La Junta General’ (ABC, 24.06.1991), ‘Aznar y Anguita no quieren la libertad de expresión’ (EL MUNDO, 26.06.1994).
Lecturas
El 26 de junio de 1994 D. Pablo Sebastián Bueno publica un artículo en El Mundo con su seudónimo ‘Aurora Pavón’ contra D. Jesús Polanco Gutiérrez y D. Juan Luis Cebrián Echarri a los que acusa de haber realizado operaciones con dinero negro (1.300 millones de pesetas para adquirir acciones en Antena 3 Radio). Esa acusación llevará a ambos directivos de El País y PRISA a presentar una demanda contra el Sr. Sebastián Bueno que informará del pleito en otro artículo con el nombre “Polanco y Cebrián quieren empapelarme” (El Mundo, 10 de julio de 1994). El 21 de julio de 1995 el juez D. Ignacio Riego Valledor desestimará la sentencia llevando a El País a publicar un día 22 calificando a aquel juez como antiguo franquista y a D. Pablo Sebastián Bueno como ejemplo de corrupción periodística. Sebastián Bueno replicará desde El Mundo el día 24 sosteniendo que los franquistas son Polanco Gutiérrez y Cebrián Echarri.
Durante la lucha habitual que mantuvieron durante la década y media que coincidieron como directores de medios, los Sres. Anson y Ramírez compitieron por arrebatarse columnistas los unos y los otros, como el resto de periódicos. Uno de ellos fue D. Pablo Sebastián, que en 1993 abandonaba ABC y se pasaba a EL MUNDO (de lo que luego se arrepentiría) donde trasladó su popular firma ‘Aurora Pavón’.
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Una de los primeros artículos de D. Pablo Sebastián / Aurora Pavón en EL MUNDO se titulaba ‘Aznar y Anguita no quieren libertad de expresión’. ¿Cuál era el motivo por el cual el Sr. Sebastián hacía tan dura crítica de los líderes del PP y de Izquierda Unida? Pues porque esos líderes políticos no eran suficientemente agresivos contra el Grupo PRISA.
En el artículo, aparte de acusar a D. Juan Luis Cebrián de haberse comprado una casa de lo más pomposa, ‘de nuevo rico’, ‘novato banquerito’ aseguraba que este y D. Jesús Polanco, los máximos directivos del Grupo PRISA de haber pagado en negro cerca de 1.300 millones al Grupo Godó para la adquisición de ANTENA 3 RADIO.
A propósito de Polanco y de su violinista, el conde de Godó, quizás sería bueno investigar la siguiente información de personas allegadas al caso del espionaje en LA VANGUARDIA por encargo del propio Godó: ¿Hubo pago en negro de cerca de 1300 millones en la venta de Antena 3 Radio? ¿quién pagó, y quién cobró? Era lo que le faltaba a la muerte de Antena 3 Radio, cuya liquidación ha sido la más grave de la historia de la radio española. Polanco veía que los chicos de Martín Ferrand se comían la audiencia de la SER y, con laayuda de Mario Conde, el Conde de Godó y Narcís Serra, compró su competencia. (D. Pablo Sebastián “Aurora Pavón”, EL MUNDO, 26-6-1994)
El 22 de julio de 1995 se hacía pública la sentencia que – firmada por el juez D. Ignacio del Riego – absolvía a D. Pablo Sebastián. La sentencia decía textualmente: “La insinuación hecha por Pablo Sebastián Bueno de que Jesús Polanco pagó 1.300 millones de pesetas en dinero negro para la compra de ANTENA 3 RADIO, al juez le basta que un testigo haya declarado haber presenciado el pregunto pago. Es evidente que el deber de diligencia del demandado no se extiende a garantizar ni la fiabilidad del testigo ni la veracidad de su historia”.
¡Toma del frasco! Como dirían los antiguos, D. Pablo Sebastián había conseguido presentar a un testigo “que presenció el pago en negro” para que se entendiera que no había incumplido norma alguna al publicar aquella información. ¿Quién era ese testigo? Sólo podía ser un directivo del Grupo PRISA o del Grupo Godó o un intermediario en el proceso de compra. Pero el juez mantenía su anonimato para triunfo del Sr. Sebastián y para ira de los directivos del Grupo PRISA.
Lejos de ocultar su decepción el Grupo PRISA difundió un editorial el día 22 de julio con el poco original ataque de insinuar que el juez podía ser un magistrado franquista.
“La demanda contra Sebastián tenía, desde nuestro punto de vista un sentido ejemplarizante. Creemos que el juez Riego Valledor anclado quizá en antiguas militancias, no ha entendido el problema que tenía entre manos”. (…) “Sería absurdo suponer que en una sociedad en la que ha hecho mella la corrupción tal como sabemos, no se hubieran corrompido también los periodistas”.
Que había corrupción periodística era evidente y que para PRISA uno de los ejemplos era D. Pablo Sebastián era igual de evidente. Lo que no tenga tan claro es si para el común de los mortales el hecho de atacar por sistema a PRISA es suficiente para acreditar que un periodista ‘es corrupto’, que era la única acusación clara que PRISA lanzaba en ese editorial contra el Sr. Sebastián. En cuanto a la acusación del anclaje franquista del juez. Ha ataque obvio, respuesta obvia, lanzada por el Sr. Sebastián en su artículo de EL MUNDO el día siguiente.
“Conociendo los antecedentes franquistas de Polanco y Cebrián… si las antiguas militancias del juez son antagónicas está clar que el magistrado Riego Valledor es un demócrata”.
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D. Pablo Sebastián habla a J. F. Lamata sobre el Sr. Polanco:
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Tras un largo periplo judicial, las demandas habían sido rechazadas. “Demandas hemos tenido siempre todos, eso son gajes del oficio” comenta el Sr. Sebastián en relación al caso al ser preguntado por LA HEMEROTECA DEL BUITRE. Otra muestra de la influencia que había alcanzado la columna de Aurora Pavón son las referencias que a él hacían miembros del Gobierno como el ministro don José Luis Corcuera, que llegó a comentar que “Yo soy menos fino que don Pablo Sebastián, que firma como Aurora Pavón, hasta ahí no he llegado, porque con la pérdida de aceite no me gusta resbalar (23-11-1993)”.
24 Julio 1991
LA JUNTA GENERAL
Él estaba allí en segunda fila. Esta vez el gran conspirador del periódico y del partido tenía que dar la cara en público, cosa que le produce un cierto rubo porque lo suyo es la penunbra o la clandestinidad. Por ejemplo, vacaciones secretas en compañía del presidente del Gobierno y otros genios de la conocida banda del mamporro en el coto de Doñana, residencia oficial del primer ministro de la nación. Pues sí, esta vez no tuvo más remedio que ir porque por eso cobra del Consejo de Administración, y además tuvo que ponerse chaqueta y corbata, vamos aseadito, con la melenita a lo Gimferré, pero algo más enregada y pegajosa Sí, el pinchapremios, el alférez de aviación, el muñidor de ministros y otras intrigas, Javier Pradera, soplaba y resoplaba en el cogote de Juan Luis Cebrián, cuando en un intento desesperado el consejero delegado iba desgranando los grandes resultados de la empresa, con pérdidas en todos los sectores y tendencia a la pendiente, que podía haber sido mayor si no interviene el bueno de Polanco y cierra EL GLOBO o simplemente no ofrece y costea el lanzamiento del Atlas dominical con el que se oculta la pérdida de más de 50.000 ejemplares diarios por parte de EL PAÍS y por culpa de su gubernamental entusiasmo y apoyo. Tiene razón don Jesús cuando dice a los jefes de la Redacción: si yo no pongo el atlas y la campaña de televisión, ¿dónde estaríamos? Donde estarán, respondo yo, a no ser que regalen como otro que me sé, Palmerín de Bracamonte, un tomo del Espasa cada domingo. Caída en picado y rebelión ocultada del comité profesional que se atrevió a criticar la falta de medios y el cierre de la verbena que ya celebró Panchito en aque lprado hortera lleno de antenas parabólicas como si fuera Robledo de Chavela o Falcon Crest y en el que Augusto ‘on the rocks’ intentaba ahogar a Cebrián en la piscina.
Como dos almas gemelas, la crisis del partido llega a su periódico. A la caída de la venta, se anuncia una baja de la publicidad que puede ser mayor si la vigilancia exige un reparto más justo y proporcional de la publicidad estatal de la que casi tiene el monopolio EL PAÍS. De CANAL PLUS, mejor no hablar, y menos en ausencia de Mandy, la traviesa que vendía chocolatinas y tabaco en top-less durante la junta general. Aquí se han palmado más de mil millones a pesar de fútbol y del porno duro, con o sin vibrador. La SER, sin embargo, y a pesar de la caída de la audiencia, sigue dando dinerito gracias a los espléndidos ’40 principales’ y no por otra cosa. Es decir, el Atlas, Mandy y e Rock sostiene el imperio. ¡Que le vamos a hacer! El mercado exige esto, se acabaron los tiempos de libertad de expresión y del periodismo independiente.
La segunda confesión de Cebrián (la primera fue su escrito de los mugidos de la vaca y la tercera es su impresionante declaración de Hacienda, en calidad de banquero y actividades diversas) no pudo tampoco eludir las pérdidas de CINCO DÍAS, el boletín de don Mariano. Pradera se aflojaba el nudo de la corbata como si fuera el de la horca pensando en el tema del discurso dominical, ¿de quién copio? Los palos a la derecha y al guerrismo, le salen solos, pero los del apoyo a los liberales, País Vasco o temas jurídicos los chupa Almunia (convertido en confidente de la Redacción), Patxo Unzueta o Clemente Auger, a quien consuela de la pérdida del Poder Judicial con sendos garrotazos a Múgica y De la Cuadra esta vez por causa de la Ley Corcuera, donde no le falta razón.
Lo que no deja de tener gracia en esta historia es el hecho de que sea Pradera, culpable de la imagen gubernamental del diario, que se inició con su lista de intelectuales españoles de la OTAN (los únicos del mundo), quien ahora malmete y dice que hay que responder a las críticas exteriores, bajar a la arena, dar caña. Eso que la den otros como el mugido de la primera confesión de Cebrián, y él a Doñana a comer pato a la naranja con el presidente y a poner de tontos para arriba a los ministros en aquel inolvidable concurso de pedantes que, repito hasta la saciedad, ganó Juan Benet.
Aurora Pavón
26 Junio 1994
AZNAR Y ANGUITA NO QUIEREN LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
A la Conferencia Episcopal hay que decirles que lo único antinatural, malo para la salud y para el espíritu, es el celibato y la virginidad. Y no digamos la represión sexual. Los apóstoles estaban casados y en la naturaleza humana y animal la pareja, homo o heterosexual, siempre existió y existirá al margen de las bendiciones y de la legalidad. Y es bueno que el Estado, que tanto paga a la Iglesia para el desarrollo de su función religiosa y el mantenimiento de su célibe y antinatural situación, se ocupe de los derechos de las parejas y normalice lo que era una discriminación injusta y, precisamente, en contra de lo natural.
Otra cosa es que el Estado, por la ambición audiovisual de sus oligarcas y en un régimen de corrupción, se dedique a la promoción de lo cutre, del despelote y de la horterada nacional. Y esto es lo que está ocurriendo en España con la televisión, pública y privada. Y vamos a entrar en materia de este importante asunto del momento español: el control de la radio y la televisión por el PSOE y sus aliados. Y el miedo que a la Prensa libre le tienen Julio Anguita y José María Aznar
Para empezar una adivinanza: ¿quién tiene una casa de lo más pomposa, de nuevo rico, de novato banquerito, lo único que va a quedar del siglo XX? Adivínenlo y envien sus respuestas a don Luis María Ansón. Les voy a dar unas pistas muy coquetas de la gran mansión, situada en los lares madrileños del Parque Conde de Orgaz. Está llena de cortinas, cortinonas, cortinones, telones, cojines, borlas y borlones. Cuadros de poca monta, modernillos, y muebles de estilo inglés, ¡George III! comprados en Londres a granel. Salones de colorines, dormitorio ¡amarillo!, gimnasio, y el cuarto del niño con una cama con forma de coche y un suelo con las curvas de Le Mans.
¿Cuántos cuartos de baño tiene la mansión hortera de JLC? Más o menos como la de Boyer. Ni me acuerdo. Sé, y Juanín Cueto lo confirmará, que la caseta del perro tiene televisión y está abonada a «Canal Plus». ¿Les va sonando la canción? Es, en suma, la mansión del «delator». Uno que quiere meter la mano en todo el tinglado de la televisión donde su amo ya tiene puesto el pie en el ámbito del satélite, del decodificador y que quiere un canal abierto de TV, sitio en el cable, telefonía móvil y todo lo que sea comunicación antes de que Felipe González se desmaye y se acabe el chollo del poder.
¿Pertenece nuestro hombre al imperio de don Jesús de Polanco?, caliente caliente. Pero ya no digo más. Aunque a propósito de Polanco y de su violinista, el Conde de Godó, quizás sería bueno investigar la siguiente información, oriunda de personas allegadas al caso del espionaje que el CESID montó en LA VANGUARDIA por encargo del propio Godó: ¿Hubo pago en negro de cerca de 1300 millones en la venta de ANTENA 3 RADIO? Si lo hubo: ¿quién pagó, y quién cobró?
Está en marcha la investigación y podría haber testigos que se encargaron de recibir el dinero en Barcelona que llegó por avión. Era lo que le faltaba a la muerte de Antena 3 Radio, cuya liquidación ha sido la más grave de la historia de la radio española. Polanco veía que los chicos de Martín Ferrand se comían la audiencia de la SER y, con la ayuda de Mario Conde, el Conde de Godó y Narcís Serra, compró su competencia.
Pero volvamos a la investigación. Porque los asuntos de don Mariano Rubio pueden ser una nimiedad si se confirma el pago de centenares de millones en negro. Testigos de la operación dicen que datos «haberlos haylos» y que en todo el mare magnum de cintas y grabaciones podría haber una, la mar de mona, contando la operación. ¿Me siguen? Pues dejémoslo ahí de momento, a la espera del fin de la investigación judicial, periodística y policial, si es que Serra, el Cesid y Belloch no paran este juicio y declaran nulas las actuaciones o cosa similar.
Aznar y Antena 3 TV
Pero siguiendo el hilo de Canal Plus ya estamos en Antena 3 TV donde me cuentan que, a través de Antonio Asensio, sigue teniendo don Mario Conde peso, control e influencia en el canal. Conde no se resigna a su «liquidación» y piensa que algún día volverá y sabe lo importante que es lo del canal y lo peligroso que es para él y los suyos que Emilio Botín se haya quedado con la parte del león en la caza de Banesto. Conde aparecerá pronto en la pantalla de esta televisión y se va a enterar don Mariano Rubio de lo que vale un peine. Y además tiene preparado el libro «El Sistema», un mamotreto de ciencia política que lee a sus amigos y que, según Ramón Tamames, es confuso hasta la saciedad.
Pero Conde espera y todos esperan a ver qué pasa con esa televisión, con ANTENA 3 TV, donde algunos directivos tienen sociedades en Panamá, como los de Schaff -Manolito Campo, Manolito Chen, ¿dónde estás?- otros tienen sociedades intermedias para repartirse servicios de intermediación y otros sueldos multimillonarios que permiten organizar fiestas fastuosas en sus chaléts con fuegos de artificio como el tal Gimeno, el «yuppie» traidor Y así cómo no va a haber pérdidas. ¡Pocas son!
Y luego vienen las cuentas del Gran Capitán: créditos 100.000 millones, pérdidas el pasado año 13.000 millones (camufladas en atípicos y cosa fiscal), accionariado en la total ilegalidad y servicios informativos al servicio del poder felipista, con un pellizco para José María Aznar, quien tiene «nombrados» un par de consejeros como en la televisión estatal. Eso es, Aznar se conforma con que lo traten como el «número dos» y ya está. Y ello nos hace suponer lo que ocurrirá con las televisiones varias el día que Aznar llegue al poder: que seguirá todo como está, sólo que el PSOE dejará el primer sitio al PP.
Por eso Aznar no quiere presentar la moción de censura a González porque su programa político es igual que el del PSOE: un quítate tú que me pongo yo. Y si no que diga Aznar en público y ahora ¿cuál será su política en prensa, radio y televisión? No lo dirá, todavía les tiene miedo a los dueños de los canales, sabe que les hacen falta para ganar las elecciones y no meterá la mano antes de tiempo en tan rico panal. Pero eso es una cosa y otra la verdad.
Anguita y Telemadrid
¿Y don Julio Anguita? Pues lo mismo. IU tiene la presidencia de Telemadrid donde no hay periodistas -están prohibidos- independientes al mando de los programas y de la información (aunque tienen la mejor presentadora, Pilar Gassent). Al final, en lo audiovisual, sigue dominando el PSOE, hasta que llegue el PP. Como en la TV Andaluza. ¿Se imaginan un Telemadrid presidido por José Luis Balbín? No, Anguita no puede poner a un demócrata y de izquierdas al mando de «su» televisión.
Aznar y Anguita los escaladores de la oposición se montan a hombros de la prensa democrática, de los diarios de oposición y de las tertulias, para alcanzar el poder pero no quieren que esos mismos periodistas lleguen a la televisión. Ellos tienen a Trillo, Ramallo, Romero y a unos cuantos más subidos en los titulares de la información y haciendo carrera política con la corrupción, ideas democráticas y denuncias de la prensa. Pero cierran El Independiente y todos callados, Anguita y Aznar. Se comen ANTENA 3 TV, y ANTENA 3 RADIO, y todos callados, Anguita y Aznar. Y ésta es la cruda y peluda realidad.
Los jefes de la oposición temen a la Prensa libre como los teme el PSOE. Y cuando se les pide una entrevista en prensa o en radio lo primero que preguntan sus jefes de prensa es ¿quién se la va a hacer? Y si es en radio y en directo Aznar y Anguita dicien: voy si no están los feroces tertulianos. Vamos, igualitos que González, pero peor. Porque estos dos lo hacen en aras del cambio, de la «rectificación», de la «regeneración».
Y de RTVE española qué les voy a contar. Lo de Jordi García Candau es la ruina y el bochorno y lo de «los desayunos de la radio» la propaganda más repugnante que nunca se vio en RTVE, y no digamos las tertulias de RN. ¿Cambiará todo esto alguna vez? Mucho me temo que no.
Y lo normal sería que una comisión del Parlamento, no de investigación sino de debate, clarificara el mercado de los abusos, monopolios e ilegalidad manifiesta del mundo audiovisual español, como centro de poder que es y de control manifiesto de cualquier proceso electoral. Pero el Parlamento está en manos de los aparatos de los partidos, y éstos en manos de los oligarcas y los oligarcas sentados juntos repartiéndose el poder.
No hay nada que hacer. Ni con González, ni con Aznar, ni con Anguita. El régimen felipista es perverso en sí mismo y ata a sus amos y a sus herederos. En él hay matrimonios de conveniencia homo y heterosexuales, en lo ideológico y sentimental. Los «extraños compañeros de cama», que decía Manolo Fraga, que hace tanto tiempo que perdieron la virginidad democrática, o que no la tuvieron jamás.
Aurora Pavón
22 Julio 1995
INSULTOS Y SENTENCIAS
«Toda información es, por definición, una manipulación de los hechos que se quieren exponer». Toda sentencia también, habría que añadir a las expresiones del magistrado Ignacio Riego Valledor, autor de la resolución que desestimaba la demanda por intrusión ilegítima en el honor interpuesta por Jesús de Polanco y Juan Luis Cebrián, presidente y consejero delegado del Grupo PRISA, contra Pablo Sebastián. La sentencia, contra la que se ha elevado el correspondiente recurso es digna de atención. En primer lugar, porque el juez no se limita a desestimar la demanda, interpuesta, sino que pretende sentar cátedra sobre. materia tan importante como la libertad de expresión. En segundo lugar, por que llevado de un entusiasmo digno de mejor criterio, aprovecha el viaje no ya para negar a los demandantes la reparación dé los derechos que creían lesionados, sino para establecer una serie de juicios peyorativos para ellos, en una especie de condena añadida contra quienes habían recurrido a los tribunales en busca de amparo.
Los principios defendidos por Riego Valledor pueden resumirse en dos:
1. La exigencia de veracidad que obliga a un periodista acerca de los hechos que cita «tiene distinto alcance» según se trate de informaciones o artículos de opinión. Así, tildar a un juez de prevaricador exigiría menos comprobaciones si se hace en un editorial que en una gacetilla.
2. La insinuación de la comisión de un delito -y la exigencia de investigarlo- no implica un deber de diligencia informativa para comprobar la veracidad de los hechos por parte del articulista, si éste se basa en el testimonio de un tercero que dice haber oído algo al respecto. No sería obligación del periodista «garantizar ni la fiabilidad del testigo ni la veracidad de la historia». Y el honor de los calumniados por la maledicencia no merece protección jurídica, de acuerdo con la decisión del magistrado Riego Valledor. O sea que bastaría haber oído a alguien asegurar que el juez en cuestión ha cobrado por dictar tal sentencia, y pedir una investigación al respecto, para poder sugerirlo impunemente.
No aplicaremos a este magistrado, que esperamos sea desautorizado por la Audiencia, el tratamiento de su misma medicina, pero su sentencia merece una reflexión añadida por cuanto afecta a cuestiones de amplio debate público y, que tienen connotaciones sociales y políticas de primera categoría.
Es sabido que en el crispado ambiente de la vida española los medios de comunicación han jugado y juegan un papel estelar. Gracias a ellos, en gran medida, se han podido descubrir y denunciar las corrupciones, errores y fracasos de muchos gobernantes. La prensa ha desempeñado otra vez, y con notable éxito, su misión de controlar al poder y denunciar sus abusos. Este es un mérito atribuible a muchos diarios y publicaciones. Pero al hilo de este protagonismo se han establecido prácticas dudosas por parte de algunos informadores y columnistas o comentaristas de radio, basadas con mucha frecuencia en la difamación y la injuria, que utilizan métodos desleales en la competencia o sirven simplemente a su propia vanidad y lucro. Sería absurdo suponer, por lo demás, que en una sociedad en la que ha hecho mella la corrupción tal como sabemos, no se hubieran corrompido también periodistas.
En ese clima de enfrentamiento civil que algunos han provocado en la prensa española, nuestro periódico, sus profesionales y directivos y los del grupo de empresas en su entorno, han sido frecuente objeto de ataques calumniosos, operaciones y campañas de desprestigio, a las que habitualmente no hemos querido contestar, ya que siempre hemos creído que el respeto a los lectores exige no marearles con este tipo de historias. También nos resistimos durante años a acudir a los tribunales, ante los que hemos comparecido no pocas veces en calidad de acusados y en necesidad de defender los principios, para nosotros irrenunciables, de la libertad de expresión. Pero siempre hemos estimado que estos principios tienen un límite, pues no hay libertad absoluta ni derecho que pueda ampararla como tal, y hemos trabajado, inútilmente, por la creación de un sistema de autocontrol, mediante códigos deontológicos, por parte de los propios periodistas.
La demanda contra Sebastián tenía, desde nuestro punto de vista, un sentido ejemplarizante. Es necesario que la jurisprudencia marque las reglas de juego en el uso de la libertad de prensa, en un momento en que bajo esa bandera se amparan ejercicios de chantaje y amenaza. Los ciudadanos de cualquier país libre deben tener confianza en la existencia de una Administración de justicia independiente, rápida y barata, que responda a estas cuestiones. Creemos que el juez Riego Valledor, anclado quizá en antiguas militancias, no ha entendido el problema que tenía entre manos. No se trataba de juzgar sobre una reparación económica, a la que la demanda no apelaba sino de forma simbólica, ni de sancionar penalmente a quien con toda desfachatez había imputado la comisión de un delito a los directivos de Prisa. Se trataba y se trata de impedir que se instaure un clima de ofensas, guerracivilismo, agresiones y difamación en la vida española. Si los criterios de Riego Valledor se convierten en doctrina jurídica, por extravagante que parezca, la calumnia y la injuria entenderán su terreno de acción con total impunidad. Si los métodos de extorsión, amenaza y destrucción sistemática de la reputación ajena que emplean algunos columnistas merecen el amparo de los tribunales -objeto, lo mismo que otras instituciones, del chantaje de la vanidad o del miedo-, podremos decir con razón que la convivencia democrática se verá seriamente amenazada. Entronizar el insulto como método de debate político o como sustituto de una leal competencia comercial no es la mejor manera de trabajar por la libertad, sino la forma más rápida de acabar con ella.
24 Julio 1995
POLANCO Y CEBRIÁN
Los dos, Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián han perdido el juicio y la razón. Perdieron la demanda que injusta y arteramente interpusieron contra mí, en defensa de su presunto honor mancillado, y la razón ante el juez tras la sentencia y al publicar, con ocho días de retraso y sin firma, un comentario y una información en los que ejercían, desde el mayor de los ridículos, su derecho al pataleo y la lectura sesgada de la decisión judicial atacando al juez con descalificaciones de diversa índole, incluso personales.
Conociendo los antecedentes franquistas de Polanco y Cebrián (uno editor de libros de texto que hacían la apología del régimen dictatorial y otro director de los Servicios Informativos de la televisión oficial de Franco) resulta fácil comprender que ambos, a través del editorial de EL PAÍS titulado «Insultos y sentencias», acusen al juez de «sentar cátedra», emitir «juicios peyorativos» o, incluso, de ser un viejo demócrata como se desprende de la frase: «Creemos que el juez Riego Valledor, anclado quizá en antiguas militancias, no ha entendido el problema que tenía entre manos».
Si las «antiguas militancias» del juez son antagonistas de las de Polanco y Cebrián está claro que el magistrado Riego Valledor, a quien no conozco -en su ausencia recibió mi declaración el juez suplente- es un demócrata. Algo que probablemente querrá ser ahora el letrado escogido para el caso por Polanco y Cebrián, quien fue años atrás juez del Tribunal de Orden Público del régimen franquista, las salas donde se perseguían la libertad de prensa y política, como lo recordó José Luis Martín Prieto días atrás.
Con esas armas, y seguros de su inmenso poder e influencia, Polanco y Cebrián se fueron de «juicios» contra un modesto periodista al que acusaban, desde su imperio informativo, de haber montado con una docena de artículos una «campaña» -ya estamos otra vez con las ¡campañas!- difamatoria contra tan poderosos, «indefensos» y «ejemplares» señores del mundo de la comunicación. En principio, y vista la demanda, parecía que un simple columnista tenía rodeados y compungidos a tan importantes personajes y, por ello, acudían a la Justicia en defensa de su honor.
Luego se vio que no era así. Primero porque el juez del caso desestimó la demanda razonando que no había -como no podía haberla- atentado alguno al honor o intimidad de Polanco y Cebrián, sino artículos de opinión en los que se criticaba, algo tan público como las ventajas políticas, económicas e informativas que empresas de Polanco y Cebrián recibieron del Gobierno de Felipe González, en favor de un claro oligopolio informativo y concentración de medios de trayectoria felipista, que constituyen un claro peligro para la libertad de expresión. Cosa que confirmó el juez en la sentencia: «No puede censurarse que este fenómeno de concentración se vea sin agrado, con preocupación e, incluso, como un peligro para la libertad de expresión».
Pero sobre todo, lo que se ha demostrado, tras la demanda de la «campaña», la sentencia y el editorial de EL PAÍS, es que el objetivo de Polanco y Cebrián -lo reconocen en su diario: «La demanda contra Sebastián tenía, desde nuestro punto de vista, un sentido ejemplarizante»-, no era defender su honor sino la de buscar un castigo ejemplar frente a un grupo de medios y periodistas a los que llaman insultadores y difamadores y que da la casualidad de que son los mismos que han investigado y denunciado la impostura democrática y de progreso del felipismo, la corrupción, el crimen de Estado, el robo de fondos públicos y la prevaricación del poder de González a quien apoyan, agradecidos o cómplices, el diario EL PAÍS y las empresas informativas de Polanco.
Este es el fondo de la cuestión. Desde el primer grupo editorial y felipista de España se estaba buscando en los tribunales, con un castigo ejemplar contra un periodista, la jurisprudencia o puesta en práctica del «delito de opinión» -por el que Cebrián sufrió una sentencia condenatoria en el Supremo hace años-, como se piden con insistencia desde ese Grupo «sistemas de autocontrol» y «códigos deontológicos», que son nuevas formas de censura, para impedir que la prensa libre pueda criticar al poder y su entorno financiero y cultural, donde Polanco y Cebrián están tan instalados.
El castigo ejemplar se lo han llevado, de momento, Polanco y Cebrián que fueron a por lana y salieron trasquilados. Los mismos que en su editorial -ese sí lleno de insultos- desvelaron sus claras y pérfidas intenciones, probando que ambos, desde sus posiciones de poder adquiridas a la sombra de González, constituyen un serio peligro para la libertad de expresión. Incluso para sus empresas, que han perdido el pulso de la información, la investigación y la opinión, así como la independencia política y credibilidad, a medida que sus primeros gestores, Polanco y Cebrián, iban ampliando su control, «lucro y vanidad», por decirlo con sus palabras. Y todo ello a la sombra un régimen corrupto de poder que, como el franquista, les fue propicio aunque ahora está a punto de estallar. De ahí sus «miedos» y el que busquen la ley del silencio de los demócratas con un «castigo ejemplar».
Pablo Sebastián