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Tras su llegada como director Pi y Romero habían polemizado públicamente sobre su distinta percepción del liberalismo

El director del YA, Ramón Pi, fulmina a su columnista estrella Emilio Romero por un artículo elogioso hacia EL PAÍS y Juan Luis Cebrián

HECHOS

  • El 2.04.1987 la agencia EUROPA PRESS informó de que D. Emilio Romero abandonaba su condición de columnista del periódico YA (donde había escrito diariamente desde 1981) por la decisión del director de este medio, D. Ramón Pi, de no publicarle un artículo sobre D. Juan Luis Cebrián.

Meses de enfrentamientos

En octubre de 1986 D. Ramón Pi asumía la dirección del YA y en noviembre ya se producía un primer enfrentamiento público entre este y el columnista estrella del diario YA, D. Emilio Romero. El Sr. Pi dio una conferencia anunciando que el YA sería un periódico liberal, el Sr. Romero replicó desde su columna el YA de sus recelos hacia esas intenciones y la necesidad de tener algo de socialismo. El Sr. Pi respondió a la provocación publicando una respuesta en la que acusaba a su columnista de mantener argumentos propios «de quien se ve en la necesidad de mantener alguna presencia pública a lo largo de tantos años y en circunstancias políticas tan distintas», en alusión al pasado franquista de este.

El artículo sobre Cebrián

El 1.04.1987 D. Emilio Romero redactó un artículo de elogio hacia el diario EL PAÍS en el que defendía «la calidad» del periódico de PRISA y descalificaba a quienes le acusan de gubernamentalismo, y afirmaba, entre otras cosas, que por primera vez en la historia periodística un periódico es temido y solicitado tanto por la derecha como por la izquierda. El director del YA, D. Ramón Pi se negó a publicar un artículo que elogiara a la competencia, lo que llevó al Sr. Romero a anunciar su ruptura con el diario. El artículo, pues, no pudo ser leído en Madrid, aunque si en provincias, dado que fue publicado por algunos periódicos regionales en los que también colaboraba el DIARIO DE AVISOS de Canarias.

En declaraciones a EUROPA PRESS,  la agencia dirigido por D. Antonio Herrero Losada, el Sr. Romero comentó:

A estas alturas de mi biografía a mí no se me censura ningún artículo. Es contradictorio que el presidente del Club Liberal de Madrid haya sido la persona que ha impedido la libertad de expresión a un periodista.

01 Abril 1987

Juan Luis Cebrián

Emilio Romero

Cada tiempo de historia tiene periódicos de gran novedad e influencia, independientemente de los clásicos. El periódico más importante de la democracia de 1977 es EL PAÍS. Es un periódico técnicamente muy bien construido, tiene un gran retablo de corresponsales en el exterior, su área de opinión, que son los editoriales, tiene grandes especialistas de cada cuestión, y luego hace suplementos diarios de diferentes expectaciones informativas. Y tiene también su línea política ideológica: utilizando términos actuales, su identidad es de un progresismo intelectual – en lo político y en lo cultural – de la izquierda. Este periódico tiene prestigio y circulación y su director, desde los comienzos de su fundación, es Juan Luis Cebrián. Anteanoche pronunciaba una conferencia en el Club Siglo XXI y había, sorprendentemente, una escasa representación de la izquierda política.

Vi a Nicolás Redondo y a Pablo Castellano, aunque luego hubiera profesionales del periodismo en la cena, con fervor y obediencia socialista, como Alfonso S. Palomares, presidente de la Agencia EFE, Pilar Miró, directora general de la televisión. Pero no veía a ministros socialistas o altos dirigentes del partido, y de los comunistas solamente se encontraba allí Santiago Carrillo. En estos momentos, EL PAÍS, que en su línea editorial reduce a la derecha política a las cavernas, está sosteniendo una posición crítica respecto al socialismo que en ocasiones es dura o implacable. El gubernamentalismo como acusación a este periódico es una sandez. Lo que ocurre a EL PAÍS es que su identidad y sus simpatías se dirigen hacia la izquierda, y entonces el socialismo les está pareciendo a poco en algunas cuestiones.

Por primera vez en la historia periodística de este siglo, un periódico es temido por todos, por la derecha y por la izquierda, y además solicitado por todos. Este es el caso de EL PAÍS. Es un verdadero ‘cuarto poder’. Tal vez el único que tiene en estos momentos la realidad periodística española. No es función de lo que consiga, sino de lo que aterra. ¿Y qué es Juan Luis Cebrián, su director, políticamente? Pues tiene todo el viejo aire de aquel anarquismo intelectual del primer tercio de este siglo, aunque sin el concepto de revolución en sus objetivos. Sus deseos o sus postulaciones se enmarcan claramente en una idealización de sociedades libres y de utopías grandiosas. Hasta el elegido para presentarle en su conferencia era otro anarquista intelectual famoso: Fernando Savater.

Las imágenes de estos dos hombres se corresponden con las de aquellos racionalistas e ilusos que partían de la ilustración y que luego hicieron la vida imposible a Maura en este siglo, y tampoco se integraban con la resurrección de los republicanos, ni con la de los revolucionarios del marxismo, porque estaban en la liquidación del Poder, cualquiera que fuese su origen. Lo que hace muy bien Juan Luis Cebrián es el suceso de la denuncia de los males actuales y su descuartizamiento. “Hoy en España – dijo – asistimos a un reforzamiento decidido del aparato estatal, por voluntad del Gobierno, al tiempo que este aparato es cada vez más incapaz de dar respuesta a las demandas sociales”. Pero cuando dice esto otro: “Modernizar España es gran parte era y es todavía, hacer por fin la revolución francesa”, se introduce espectacularmente en las nubes de sus utopías. Establece que las fuerzas de la izquierda y de la derecha se parecen “como un huevo a otro huevo”, y esto no es rigurosamente exacto. Únicamente les acerca la evolución misma de sus diferentes ideologías. Los mandobles de Juan Luis Cebrián a la derecha fueron despectivos y de pasada, pero su objetivo era el socialismo, sencillamente, porque los comportamientos del socialismo moderno a quien más irrita es a la izquierda radical y a la izquierda intelectual. “La esperanza – afirmó – apenas puede venir ya del PSOE, incrustado en un ideologismo estatal creciente, en las reverencias y las admiraciones hacia los símbolos del Estado, pero mucho menos de la derecha actual, todavía ,hoy por hoy, hecha a la medida de los intereses de los altos funcionariso que la dirigen y sus cómplices sociales”.

Pero donde tuvo lugar la coronación de su crítica furibunda a los modos de sociedad y de Estado actuales, fue en una frase, cuya pedrada sentí en mi propia conciencia, y en la de muchos. Fue ésta:  “Dentro de dos mil años, lo que quedará de esta civilización no son los templos, sino los aeropuertos. Esas cosas que los dirigentes parecen ignorar, la gente las comprende bastante bien. Estoy seguro de que si hubiera una cuestión pública para ampliar y mejorar Barajas, obtendría mucho mayor éxito que la campaña de donaciones a favor del cursi empeño constructivo de la catedral de la Almudena”. Esta profecía de mi viejo y antiguo compañero Juan Luis no era otra cosa que un desahogo de insensatez iconoclasta. Prefiero imaginarme que la moral de los hombres dentro de dos mil años, tenga sus orígenes en principios religioso inmarchitables, y que los templos, y otros monumentos de la cultura o de la huella del hombre, sean una crónica viva de la historia. La imaginación  la fantasía consisten en desterrar las utopías deleznables.

En la polémica de los dos mundos representados por Gorbachov y Reagan, hubo cierto equilibrio aunque su desdén mayor era para el norteamericano. Pero no se planteaba el tema de las libertades, que son el gran beneficio del hombre para diferenciar, con nombre y personajes, quiénes las secuestran en mayor escala, y en nuestro mundo moderno, como el ejemplo más importante de la tortura. No se me va a ocurrir la acusación que se ha hecho a Juan Luis Cebrián de prosoviético. No es tal cosa. Le conozco demasiado y estoy seguro que tampoco fue feliz con la visita que hizo una vez a Cuba y hasta fue acompañamiento de Fidel en un viaje. A Juan Luis Cebrián le gustan las libertades. Pero hubiera sido bueno que hubiera hecho la distinción, en cuanto a la libertad, sobre cuotas de su existencia, en uno y otro lado de nuestro mundo contemporáneo. El anarquismo intelectual solamente es posible en el mundo libre, porque es una figura entusiasta de la libertad.

Otra cosa que eché de menos fue la manera de organizar la sociedad sin la organización del Estado. Este es nuestro gran problema actual, porque estoy de acuerdo con Juan Luis en que ‘las construcciones ideológicas tradicionales se han vuelto obsoletas’. Pero la justificación del Estado es la idea de un orden impuesto por la sociedad. Y en este capítulo también es necesario saber el territorio de las libertades individuales y sociales. En fin: Juan Luis Cebrián metió su piqueta en nuestro mundo contemporáneo, ante la incitación del postmodernismo, y nos dejó un desierto sin construcciones. La conferencia fue brillante, aunque el auditorio, tal vez impresionado, estuvo poco expresivo en los aplausos. Y en la cena – coloquio acreditó sus buenas dialécticas. Estuvo muy afortunado.

Emilio Romero

02 Abril 1987

Según EUROPA PRESS Emilio Romero abandona YA

YA (Director: Ramón Pi)

El periodista Emilio Romero dejó de publicar sus habituales artículos en YA, de Madrid, por discrepancias profesionales. Declaró a EUROPA PRESS que la causa directa ha sido que envió un artículo dedicado a la reciente conferencia de Juan Luis Cebrián en el Club Siglo XXI y que no le fue publicado. En este artículo defendía la calidad del periódico EL PAÍS, pero discrepaba con el contenido de la conferencia.

Emilio Romero manifestó también que, de momento, no publicará artículos en la prensa de Madrid, y que la colaboración que tenía en YA pasará a ser publicada en diarios de provincias a través de una agencia.

Hace unos meses el citado periodista había tenido otras dificultades con la dirección de YA al serie cambiada la tipografía con que aparecía su artículo; dificultades que se resolvieron satisfactoriamente.

Había iniciado su colaboración en YA hace unos años, siendo director de José María Castaño y consejero para redacción el ex subsecretario para Información y ex director general de Prensa, Manuel Jiménez Quilez.

N de la R – No nos consta fehacientemente que Emilio Romero haya decidido abandonar de forma definitiva su colaboración habitual en YA. Pero dada la fiabilidad de las informaciones de la agencia EUROPA PRESS, nos limitamos a dar la noticia por cierta, máxime cuando ayer no se recibió en este periódico el original del ‘Diario de un espectador’ sin que mediase explicación alguna.

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