6 marzo 2010

La posición del socialista fue criticada por TV3 y La Sexta, pero respaldada por Salvador Sostres

El dirigente del PSC, Miguel Ángel Martin, acusa a la directora de TV3 Mónica Terribas de estar «mal follada» tras una entrevista a José Montilla

Hechos

El 20.03.2010 D. Salvador Sostres publicó en su blog su artículo: «¿Dimitir por haber llamado mal follada a la directora de TV3′.

Lecturas

El dirigente del PSC, D. Miguel Ángel Martín publicó los siguientes comentarios en Facebook contra la directora de TV3, Dña. Mónica Terribas.

Terribasss

SOBRE L' ENTREVISTA TERRIBAS-MONTILLA

Joan Ferrán (PSC)

Blog Joan Ferran

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Ahir el President de la Generalitat, José Montilla, va ser entrevistat per la Directora General de la Televisió Catalana Mónica Terribas a TV3. Cap problema al respecte. Com és obvi aquesta excel·lent professional pot i ha de preguntar el que li vingui de gust. Ara bé, la senyora Terribas potser hauria d’assumir que la persona entrevistada és la màxima autoritat del país i que, com a tal, mereix un tracte deferent. A un President de Catalunya – sigui qui sigui- no se’l pot interrompre constantment, ni intentar fer-lo caure en paranys o contradiccions. Cal respectar el seu ritme i deixar que expliqui els seus posicionaments sense pressa, fent servir tot el temps que calgui. Una entrevista al President de Catalunya no pot esdevenir, o semblar, un interrogatori.
Suggeriment… de bon rotllo:
Preguntes? si, totes i més, però acompanyades d’una conducció menys incisiva i un xic més tranquila…

20 Marzo 2010

¿Dimitir por haberle llamado mal follada a la directora de TV3?

Salvador Sostres

blog

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‘Si a este chico socialista le hacen dimitir por haber dicho que Mònica Terribas está mal follada será por culpa de la tontería políticamente correcta con la que su partido ha idiotizado con tanta insistencia a Cataluña. Decirle a una mujer que está mal follada no creo que sea ni insultarla, ni nada lo suficientemente grave como para que tenga que dimitir de ningún cargo. Y menos de un cargo de no se qué de los taxistas. Hay una lírica de los taxistas: “mal follada”. Es una expresión como cualquier otra. No es la que más me gusta, pero es solo por cuestiones fonéticas. Un país en el que un cargo de cuarta fila no puede hacer este comentario en su blog es un país enfermo. Enfermo de falta de libertad. Enfermo de enfermos que mandan como si en vez de un país tuviésemos un sanatorio. ¿Mal follada? ¿De verdad no podemos hablar de nada que sea un poco más importante? Por ejemplo, de la labor de la directora de TV3, que cada día difunde mensajes mucho más potentes e insultantes que decirle a alguien que está mal follada. Lo que la señora Terribas ha dicho de los Estados Unidos, del ex presidente Bush o de Israel; y lo que la señora Terribas ha permitido que en la tele que dirige se dijese sobre estos asuntos -y sobre el presidente Laporta, y sobre Convergència, etcétera- es mucho más hiriente que una expresión que tanto si se dicie en sentido figurado como si se dice en sentido literal tiene un alcance limitado, una eficacia pobre -de tan repetida- y muy poca importancia. Cosas de taxistas. Pero he aquí que esta Cataluña sórdida y ocupada, premental, totalmente abandonada, sin ningún rigor intelectual, se entretiene como siempre con debates secundarios, y nos pasamos el día hablando de una expresión o de otra, sin ir al drama de fondo que es que tenemos una televisión pública de muy mala calidad y un presidente de la Generalidad de una calidad todavía peor y disminuido en sus funciones porque no puede cesar consejeros de los otros dos partidos de este tripartito que se sostiene entre perdedores. ¿Dimitir por haberle llamado mal follada a la directora de TV3? Y es que además, efectivamente, la señora Terribas tiene cara de mal follada. Y aquellos movimientos compulsivos adelante y atrás. Y aquel tono de voz. Mal follada, sí, ¿y qué? Como pueden comprender, es una especie de debate totalmente menor que solo puede interesar a los provincianos de cerebro y alma’.

21 Marzo 2010

Zafios

Francesc Valls

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La entrevista que Mònica Terribas hizo al presidente de la Generalitat en TV-3 ha resultado polémica. La directora del canal catalán fue incisiva y cortante en exceso con un José Montilla que se sometió estoicamente a sus preguntas. Son signos de los tiempos. En un ejercicio de ucronía, ¿quién es capaz de imaginar a un Jordi Pujol sometido a un martirologio periodístico de esta intensidad en un medio público?

Muchas cosas han cambiado en Cataluña, para bien y para mal, según gustos. El fin del pujolismo ha hecho transparente la política. Ahora, si el rey va desnudo, además de verlo, todo el mundo se atreve a decirlo en voz alta. Y eso es bueno, aunque lleve en su aguijón el veneno del descrédito para la política y los políticos.

Sobre la entrevista de Terribas a Montilla, hay opiniones que no son críticas: son insultos y los firman personajes zafios

Durante la hegemonía de CiU, el fuego del poder era sagrado y, como tal, su misterio no era cognoscible para los mortales. El entonces presidente de la Generalitat administraba los tiempos, marcaba la agenda política con su indudable liderazgo y, desde luego, no hubiera dudado en ejecutar a quien desde un medio público hubiera osado emular el pressing periodístico de la agresiva Terribas del pasado lunes. Como el episodio jamás llegó a plantearse, quedará el terreno literario abonado para quien se aventure en la ciencia ficción.

Es evidente que la situación actual es hija de la victoria de las izquierdas. En 2003, el tripartito devolvió el fuego a los hombres y con ello el poder perdió su halo sacro devotamente alimentado durante 23 años. Se democratizaron las estructuras de los medios públicos y quedó constancia de la pluralidad y, al tiempo, de la flaqueza del Gobierno de izquierdas. Aprendimos entonces que una de las virtudes del tripartito es su mayor debilidad: su transparencia era su fragilidad. Ningún consejero de la era de Pujol recibió de los medios públicos el trato dispensado ahora a los de los ejecutivos tripartitos. Las vísceras del Gobierno no eran sometidas al microscopio como lo son ahora, a veces con ensañamiento. Ha valido la pena, porque los aires que se respiran son distintos. Hay más libertad en los medios públicos. ¿Alguien se imagina un Polònia -o, mejor, un Lituània– en la era de Pujol? ¿Alguien puede visualizar que un imitador del fundador de Convergència hubiera aparecido en pantalla después de un mensaje del president, sin mediar advertencia? Pues eso mismo o asimilable ha sucedido con Montilla y sucedió con Maragall. La actividad controladora de los medios que antaño se ejercía desde los despachos del poder, ahora ha aflojado. Siempre hay quien juzgue, con razón o sin ella, que en TV- 3 o Catalunya Ràdio pervive una suerte de costra nacionalista.

Pero son puntos de vista que no llegan a ser asumidos oficialmente por sus propios partidos. Todo es opinable y queda en el estricto terreno del debate y la confrontación democrática. Luego hay otro género de opiniones que no son críticas: son insultos, los ha habido siempre, y los firman personajes zafios. Dos de ellos han dejado huella en Internet esta misma semana a propósito de la entrevista de marras. Es difícil apreciar quién ha hecho más merecimientos para la palma de oro, si el alto cargo socialista que insultó a Terribas por haber sido dura con el president o el periodista Salvador Sostres, que apeló a conocimientos personales de Terribas sobre el síndrome de Down para explicar el tratamiento, a su juicio misericordioso, que había dispensado a Montilla. El cargo socialista Miguel Ángel Martín, gerente del Instituto Metropolitano del Taxi, desde su plataforma personal en Facebook llamó «mal follada» a la directora de TV-3 por su agresividad con Montilla. Unas horas después, retiró el comentario, lo tachó de machista, lo consideró «fruto de la ofuscación» y pidió perdón. En estos momentos se ignora si ha presentado su dimisión por manifestar en público una opinión que, a buen seguro, no se atrevería a mantener sobre un grupo de taxistas en huelga.

Lo de Sostres es patológico. A juicio de este liberal, integrante de la Fundación Catalunya Oberta, próxima a CDC, no hay ni que pedir disculpas. Dijo que el problema es que toda Cataluña no le entendió. Sí se le entendió todo. Él y su compañero accidental del taxi son rematadamente zafios.

22 Marzo 2010

Terribas

David Trueba

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La periodista Mònica Terribas dirigía un informativo nocturno en la televisión pública catalana llamado La nit al dia. El rigor en el análisis de la actualidad y la capacidad para conducir una entrevista buscando las contradicciones o la riqueza del personaje invitado le ganaron un prestigio al alcance de pocos. Con mi habitual perspicacia tuve claro que sería tentada por algún canal nacional. No fue así, olvido a menudo que el periodismo no cuenta. Sin embargo, terminó de directora de la cadena catalana y nos quedamos sin programa. A uno le gustaría ver siempre a los grandes periodistas fuera del despacho, quizá porque intuye que éstos tienen el suelo viscoso y al final dar pasos adelante desde ellos es como hacer correr a Usain Bolt en arenas movedizas.

El lunes pasado celebramos la bajada de la Terribas desde el despacho hasta la silla de interrogadora. Enfrente tenía al president Montilla. Entrevistarlo es como sacarle muelas a un cocodrilo. Es un personaje de poca distensión, de una seriedad que asusta, con respuestas de una frialdad que a veces más que presidente de un lugar en el Mediterráneo parece que dirige los destinos de una comunidad de esquimales. Pero entre sus cualidades está la prudencia extrema para no caer en desatinos lenguaraces. La entrevista no desmintió ninguno de los perfiles. De un lado preguntas serias, repreguntas incisivas, alfilerazos atinados. Del otro, respuestas concisas, golpes eludidos y gelidez. Lo increíble es lo que se ha montado después. Críticas desatadas a la periodista de algunos dirigentes socialistas catalanes que aún ignoran que lo mejor que le puede pasar a un gobernante es que desde la televisión pública le sometan a preguntas audaces. Algunas descalificaciones de un nivel tan bajo, que sólo se justifican por haber sido proferidas en cibertabernas, ahora llamadas Facebook, o por colegas abonados al resentimiento. Lo maravilloso es que una entrevista a un responsable político levante polvareda, insultos, acusaciones desde las trincheras. Terribas tendría que sentirse orgullosa de desempeñar su oficio con incomodidad y esmero. Ojalá sobreviva con piel de elefante a los ataques al periodismo bien hecho que siempre lanzarán los que persiguen la sumisión, juegan al peloteo y practican la ciencia de trepar sin más mérito que el lametazo al poder.