17 julio 1980

Samaranch fue un destacado colaborador de la dictadura franquista desde Catalunya

El español José Antonio Samaranch, hasta ahora embajador de España en la URSS, se convierte en Presidente del Comité Olímpico Internacional

Hechos

El 17 de julio de 1980 la prensa informó de la elección del Sr. Samaranch como presidente del COI.

17 Julio 1980

Samaranch

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

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LA ELECCION de Juan Antonio Samaranch como presidente del Comité Olímpico Internacional no ha constituido una sorpresa. Sin embargo la circunstancia de que su candidatura saliera triunfadora en la primera vuelta y por mayoría absoluta otorga una especial relevancia a la designación.No se puede decir que Samaranch deba su éxito a otros factores que no sean su perseverancia de propósitos, su buen trabajo en las organizaciones deportivas internacionales y su habilidad negociadora. Todo el mundo sabe que el bajísimo nivel de nuestro deporte sólo es superado esporádicamente por individualidades que, como el fallecido Blume, Federico Bahamontes, Manuel Santana, Angel Nieto, Mariano Haro o Severiano Ballesteros, logran por sus propios y exclusivos méritos conquistar un lugar bajo el sol en las competiciones internacionales. En este sentido, sería un imperdonable espejismo que el deporte español considerara la designación del señor Samaranch como un reflejo de sus inexistentes merecimientos, en vez de tomarlo como una buena ocasión para que el Estado, las sociedades deportivas y los centros escolares reflexionaran sobre el contraste entre la posición española en el Comité Olímpico y el indigente panorama de incentivos y fomento de la cultura física en nuestro país.

Aunque Samaranch ocupaba el cargo de embajador en Moscú, tampoco se puede decir que la postura oficial del Gobierno español en favor del boicoteo a los Juegos de 1980, afortunadamente no secundada por el Comité Olímpico Español, haya favorecido en lo más mínimo su candidatura. Muchos países se negaron a meter en el mismo saco los intereses coyunturales de la campaña electoral norteamericana y la causa del olimpismo, y recordaron, mientras condenaban la ocupación soviética de Afganistán y el destierro de Sajarov, que los Juegos Olímpicos de 1936, en Alemania, y el Campeonato Mundial de Fútbol de 1978, en Argentina, tuvieron como anfitriones a Gobiernos dictatoriales edificados sobre las ruinas de las instituciones representativas, y que los Juegos Olímpicos de 1968, en México, se abrieron con la brutal matanza de Tiatelolco.

La elección de Samaranch es, en cualquier caso, una buena noticia que merece la pena ser destacada y un motivo de satisfacción para este país.

17 Julio 1980

El muerto olímpico

Xavier Domingo

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Después de ocho años de espera, Juan Antonio Samaranch sucedió ayer a Lord Killanin en la presidencia del CIO y recibió la misión imposible de resucitar al catatónico movimiento olímpico. Cuarenta periodistas españoles, el equipo de fútbol olímpico español y miembros de la delegación, nos enteramos de la elección cuando el avión estaba aún a 30 minutos de la capital soviética. El hombre de negocios catalán culminó ayer una carrera alcanzando el puesto que constituía la meta de todas sus ambiciones y no defraudó al gobierno que le confiara un día la Embajada en Moscú, con la esperanza de que llegara al cargo de más relevancia internacional jamás alcanzado por un español. Samaranch hereda la dirección de un olimpismo muy enfermito, el pobre, y ya casi sin respiración, sin que los Juegos que comenzarán pasado mañana en Moscú puedan ser el revulsivo. Pero para Samaranch, estos Juegos ya son casi el pasado. Los próximos han de celebrarse en Los Ángeles y ya comienzan a pesar sobre ellos amenazas fatales. Curioso, y vean lo raro que es esto de las asociaciones de ideas. Veinticuatro horas después de que Samaranch llegara a la realización de su sueño más querido, Raimundo Saporta conseguía en Moscú un puesto clave en la Federación Internacional de Baloncesto. Se está triunfando en toda la línea burocrática. Ahora falta por ver lo que hacemos en las pistas, con eso de la carrera y del brinco, que al fin y al cabo es para lo que hemos venido.