4 julio 1981
Junto con él son también expulsados otros seis miembros por decisión del IX Congreso del POUP
El ex dictador de Polonia, Edward Gierek, ex expulsado del Partido Comunista de Polonia acusado de haber llevado una gestión errada
Hechos
El 16.07.1981 el Partido Obrero de Unificación Polaca expulsó a Edward Gierek.
El Análisis
Edward Gierek, el hombre que durante una década reinó como amo y señor del Partido Obrero Unificado Polaco (POUP), ha sido expulsado del partido que alguna vez lideró con mano de hierro. En un país donde el comunismo es sinónimo de poder, ser borrado del POUP es más que una humillación; es una condena al olvido político. Gierek, que gobernó Polonia de 1970 a 1980 como un virrey al servicio del Kremlin, se encuentra ahora en el basurero de la historia, repudiado por su propio partido y por un pueblo que lo culpa de una década de promesas vacías. Mientras Lech Walesa, encarcelado por el régimen de Jaruzelski, se alza como un héroe para los polacos, Gierek es un espectro, un recordatorio de lo que pasa cuando un líder apuesta por la lealtad a Moscú sobre las necesidades de su nación. Y los rumores dicen que en diciembre podría enfrentar la prisión, un giro final para un hombre que alguna vez se creyó intocable.
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La caída de Gierek es el epílogo de una década de ilusiones rotas. Cuando asumió el poder en 1970, tras la sangrienta represión de Gomulka, prometió un comunismo más humano, financiado con préstamos occidentales que llenarían los estantes y modernizarían Polonia. Pero la crisis económica global, la mala gestión y la corrupción convirtieron su sueño en una pesadilla de colas interminables y deudas impagables. Las huelgas de 1980, lideradas por Solidaridad y avivadas por el mensaje de Juan Pablo II, expusieron la fragilidad de su régimen. Gierek fue relevado en septiembre de 1980 por Stanislaw Kania, pero su expulsión del POUP ahora, y la posibilidad de un arresto inminente, son la puntilla. A diferencia de Walesa, cuya detención ha galvanizado a las masas, Gierek no inspira simpatía: los polacos lo ven como un símbolo de la bancarrota moral y económica del comunismo, un sistema que solo se sostiene por la sombra de los tanques soviéticos al otro lado de la frontera.
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La caída de Gierek es el epílogo de una década de ilusiones rotas. Cuando asumió el poder en 1970, tras la sangrienta represión de Gomulka, prometió un comunismo más humano, financiado con préstamos occidentales que llenarían los estantes y modernizarían Polonia. Pero la crisis económica global, la mala gestión y la corrupción convirtieron su sueño en una pesadilla de colas interminables y deudas impagables. Las huelgas de 1980, lideradas por Solidaridad y avivadas por el mensaje de Juan Pablo II, expusieron la fragilidad de su régimen. Gierek fue relevado en septiembre de 1980 por Stanislaw Kania, pero su expulsión del POUP ahora, y la posibilidad de un arresto inminente, son la puntilla. A diferencia de Walesa, cuya detención ha galvanizado a las masas, Gierek no inspira simpatía: los polacos lo ven como un símbolo de la bancarrota moral y económica del comunismo, un sistema que solo se sostiene por la sombra de los tanques soviéticos al otro lado de la frontera.
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JF Lamata