9 julio 1981
Nicaragua: Edén Pastora, «el comandante cero», rompe con los sandinistas y se levanta en armas contra ellos
Hechos
El 9 de julio 1981 Edén Pastora renunció a sus cargos en el Gobierno de Nicaragua.
Lecturas
En septiembre de 1980 fue asesinado Anastasio Somoza Debayle.
El dirigente guerrillero nicaragüense Edén Pastora, hasta ahora viceministro del Interior y director de Correos y Telecomunicaciones, ha renunciado a esos cargos y anuncia que volverá a la lucha guerrillera, esta vez contra sus antiguos compañeros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSNL), a quienes acusa de haber instaurado una dictadura comunista.
Pastora, conocido como héroes de la revolución contra el régimen de Somoza, desde que al frente de un comando ocupó en 1978, el palacio presidencial y tomó como rehenes a varios ministros.
Esta acción resultó decisiva para el derrumbe final de la dictadura.
En noviembre de 1984 Daniel Ortega será elegido presidente de Nicaragua.
El Análisis
La renuncia de Edén Pastora, el legendario “Comandante Cero” de la toma del Palacio Nacional en 1978, marca un punto de inflexión en la historia reciente de Nicaragua. Su salida del Gobierno sandinista no es un gesto aislado ni menor. Es, más bien, el reflejo de una profunda fractura dentro de la revolución triunfante de 1979. Pastora abandona los despachos del poder acusando al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de traicionar los principios democráticos de la lucha contra Somoza y de querer imponer un modelo socialista de partido único, centralizado y alineado con los intereses de la URSS y Cuba. Su salida es tanto una denuncia como una advertencia.
Lo que agrava aún más la situación es que Pastora no se limitará a la crítica desde el exilio o la marginalidad. Ha decidido tomar nuevamente las armas, esta vez contra los que fueron sus compañeros de trincheras. En la selva del sur, prepara una nueva guerrilla que, junto a los ya activos «Contras» al norte (financiados y armados por sectores estadounidenses), mantiene viva la imagen de una Nicaragua en permanente guerra civil. El sueño de una nación libre y soberana se convierte en una pesadilla de balas cruzadas, donde los antiguos símbolos de la liberación se transforman en enemigos mutuos.
El régimen sandinista, dirigido por Daniel Ortega, se encuentra ahora atrapado en un dilema: continuar profundizando su proyecto revolucionario al estilo cubano —con control total del Estado, la prensa, la economía y el ejército—, o abrir espacios de pluralismo que permitan reconciliar a los diversos sectores que lo llevaron al poder. La ruptura con Pastora no es solo personal ni ideológica; es el síntoma de que la revolución no ha sabido integrar la diversidad que le dio origen. Con dos frentes armados en su contra, el sandinismo enfrenta una amenaza que ya no viene solo del exterior o del pasado somocista, sino del corazón mismo de su memoria histórica.
J. F. Lamata