30 abril 1994

Está acusado de haberse enriquecido al frente de la Benemérita desviando fondos públicos

El ex director de la Guardia Civil, Luis Roldán, se fuga de España para no tener que enfrentarse a los tribunales

El ex director de la Guardia Civil, Luis Roldán, se fuga de España para no tener que enfrentarse a los tribunales

Hechos

El 30.04.1994 se hizo público que el ex director de la Guardia Civil, D. Luis Roldán, había huído de España.

Lecturas

Luis Roldán Ibáñez (PSOE) había abandonado la Dirección de la Guardia Civil el 7 de diciembre de 1993, cargo que había ocupado desde 1986, coincidiendo con la salida de José Luis Corcuera Cuesta del ministerio del Interior. Desde el 23 de noviembre de 1993 su nombre estaba cuestionado tras haber publicado Diario16 el incremento de su patrimonio, lo que inició una investigación judicial hacia el político. En marzo de 1994 el diario El Mundo desveló que miembros de la cúpula de Interior cobraban sobresueldos procedentes de los Fondos Reservados. El 5 de abril de 1994 Luis Roldán Ibáñez comparece en la Comisión de Investigación del Congreso de los Diputados en la que se niega informar sobre su patrimonio.

El 29 de abril de 1994 la juez que investigaba el caso, Ana Ferrer García, ordena la detención provisional de Roldán, pero la policía no logra encontrarle, dado que se había fugado en España y se encontraba en paradero desconocido. 

En la comisión de investigación del ‘caso Roldán’ el PSOE aún defendía al ex director de la Guardia Civil investigado por corrupción. Sería la última vez que el PSOE defendiera a su compañero. La jueza de instrucción Ana Ferrer, y sus agentes encontraron cuentas de dinero de Roldán, hasta 20 millones de pesetas, que este no había incluido en su declaración fiscal, lo que abría el camino para procesar judicialmente a Luis Roldán. En ese momento comenzó a rumorearse que quizá Luis Roldán podría estar planteándose fugarse de España. El ministro del Interior, Antonio Asunción Hernández se apresuró a ratificar que Roldán no se iba a fugar de España, que había hablado con él y le constaba que seguía en el país. Incluso se llegó a asegurar que Asunción había afirmado que “se jugaba la mano derecha” en esa afirmación.

Mientras se especulaba sobre si Roldán estaba perdido en América Latina o por Indochina, en realidad se había escondido en un piso de Francia protegido por el espía Francisco Paesa, colaborador habitual del ministerio del Interior, que había diseñado una idea de negocio, cobrándole dinero a Roldán a cambio de esconderle y negociando con el ministerio del Interior otra cantidad a cambio de encontrarle cuando fuera preciso. Luis Roldán fue entrevistado mientras estaba escondido por dos periodistas del diario El Mundo, Antonio Rubio Campaña  y Manuel Cerdán Alenda (los interlocutores del periódico con el comisario Villarejo) y a través de ellos Roldán amenazó con que podía ‘tirar de la manta’ y revelar datos que perjudicaran la imagen del PSOE. Roldán afirmó “a mí no me van a callar como a Amedo”. En referencia al policía, único condenado por el caso GAL, que hasta ese momento (julio de 1994) aún no había señalado a sus superiores. Durante ese periodo Roldán, desde su escondite, mandó cartas a la prensa donde aseguraba disponer información sobre corrupción o actitudes ilegales que podía atribuir a dirigentes del PSOE como eran Narcís Serra, Rafael Vera, José Luis Corcuera, Juan de Justo, José María Rodríguez Colorado, Carlos Conde Duque, Agustín Linares, Agustín Valladolid, Manuel Ballesteros o Baltasar Garzón. Pero en sus cartas Roldán no hablaba de los que habían sido sus cómplices directos de fechorías (Jorge Esparza, Gabriel Urralburu o Francisco Paesa).

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LOS CASOS RUBIO Y ROLDÁN SE SOLAPAN:

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En pocos días al Gobierno de Felipe González Márquez se le amontonaron los escándalos:

  • 30 de abril de 1994 – Se fuga Luis Roldán Ibáñez de España. Antonio Asunción Hernández dimite como ministro del Interior.
  • 3 de mayo de 1994 – El fugado Luis Roldán Ibáñez concede una entrevista al diario El Mundo en la que amenaza al PSOE con ‘tirar de la manta’.
  • 4 de mayo de 1994 (mañana) – El ministro Vicente Albero Silla dimite como ministro de Agricultura tras ser salpicado por el caso Ibercorp que afecta a Mariano Rubio Jiménez.
  • 4 de mayo de 1994 (noche) – A instancian del fiscal socialista Mariano Fernández Bermejo son encarcelados Mariano Rubio Jiménez y Manuel de la Concha López-Isla.
  • 5 de mayo de 1994 – El presidente del Gobierno Felipe González Márquez comparece en rueda de prensa para anunciar que, tras aceptar la dimisión de Antonio Asunción Hernández y Vicente Albero Silla, nombra a Luis Alberto Belloch Julbe y a Luis Atienza Serna como sus sustitutos. En la misma rueda de prensa el Sr. González Márquez anuncia la dimisión de Carlos Solchaga Catalán como presidente y portavoz del grupo parlamentario socialista, así como anuncia que tanto Carlos Solchaga Catalán como José Luis Corcuera Cuesta renuncian a sus actas de diputados del PSOE como asunción de sus responsabilidades por haber defendido a Roldán Ibáñez y a Rubio Jiménez, respectivamente. Ese mismo día Solchaga Catalán comparece también en rueda de prensa comparece para anunciar su dimisión.
  • 6 de mayo de 1994 – Baltasar Garzón Real dimite como secretario de Estado del Plan Nacional Sobre Drogas. Ese mismo día Felipe González Márquez da un mitin en el que dice que el PSOE estaba preparado para mucho, pero no estaba preparado para asumir que habría «sinvergüenzas» en sus propias filas.
  • 9 de mayo de 1994 – Baltasar Garzón Real comparece a los medios para anunciar la renuncia a su acta como diputado del PSOE. En dicha comparecencia Garzón Real acusa a Felipe González Márquez de haberle utilizado para ganar las elecciones de 1993, y anuncia que vuelve a la judicatura. Ese día Corcuera Cuesta y Solchaga Catalán formalizan la renuncia a su acta de diputado.
  • 10 de mayo de 1994 – Joaquín Almunia Amann asume el cargo de portavoz parlamentario y presidente del Grupo Parlamentario socialista en sustitución de Solchaga Catalán. Ese mismo día Carmen Mestre Vergara dimite como presidenta de la Cruz Roja.
  • 11 de mayo de 1994 – Felipe González Márquez comparece en el Congreso de los Diputados y se enfrenta a los feroces ataques de los diputados de la oposición encabezados por José María Aznar López (PP) y Julio Anguita González (IU) que se le solicitan dimitir, pero González Márquez anuncia que terminara su mandato «con honor» y «sin bajar la cabeza».

 

EL MUNDO (DIrector: Pedro J. Ramírez)

30 Abril 1994

El caso Roldán, el caos Roldán

EL MUNDO (DIrector: Pedro J. Ramírez)

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EL ministro de la Presidencia, Alfredo Pérez Rubalcaba, afirmó ayer que el Gobierno no tiene obligación de conocer el paradero de los ciudadanos que la Justicia no busca. Pero la cuestión no era ésa. La cuestión era saber si tenía localizado a Roldán, en concreto. Asunción se había jactado de ello la víspera. Y también Garzón, que sostuvo que el ministro del Interior le había asegurado que el ex director general de la Guardia Civil estaba «perfectamente localizado». ¿Saben dónde está? Si lo saben, ¿por qué no lo conducen de inmediato hasta el Juzgado que lo reclama? Y si no lo saben, ¿cómo es posible que hayan perdido el rastro de un individuo que hace semanas que ya se suponía que podía poner los pies en polvorosa? ¿Es cierto que Roldán prescindió el viernes de su escolta policial? Y, si fue así, ¿no sospecharon de lo que podía ocultar esa decisión?

Veremos qué pasa al final. Rubalcaba aseguró ayer que Roldán será conducido ante la jueza, pero no sabemos si lo hizo para mostrar que es hombre de fe o si tiene -y calló- algún dato que le permita hacer esa profecía. Esperemos que no se basara en informaciones del género de las que llevaron a Asunción a proclamar enfáticamente hace un mes: «Pongo la mano en el fuego por Luis Roldán».

Lo del ex director general de la Guardia Civil -incluida la exclusiva de la SER informando con todo lujo de detalles sobre su detención en un piso de Madrid- es ya un puro esperpento. El happening de ayer, con sus dos intercesoras -su compañera y la de su abogado- asegurando en el Juzgado que él no quiere escapar a la Justicia, pero negándose a la vez a revelar dónde está, y arguyendo que no puede declarar porque se siente profundamente deprimido -como si la costumbre fuera que los perseguidos por la Ley bailen de contento-, es de los que hacen época.

Todo se ha vuelto un perfecto caos. Pero hay algunas cosas que están clarísimas.

La primera, que la vigilancia del Gobierno sobre sus altos cargos no existe, sencillamente. Por lo que ya sabemos, no es que Roldán haya hecho alguna vez alguna pifia: es que se dedicaba en cuerpo y alma a ello. ¿Nadie se enteró? ¿Nadie quiso enterarse? ¿O tal vez se enteró, pero no dijo nada por miedo a que Roldán contara lo que sabe de algunos otros?

Está igualmente claro que, ya descubiertas las actividades de Roldán, la actuación del Gobierno ha sido de una incompetencia supina. Alguien que ha estado en el más alto mando de la Policía y es acusado de delitos de la mayor importancia no puede «perderse». Si lo hace, o hay gravísima negligencia o hay perfecta connivencia. ¿Tontos o cómplices? No son pocos los que se inclinan por esta última hipótesis. En todo caso, está claro que, si Roldán se escapa, Asunción no puede seguir en el cargo. Para estas alturas, sobre el Gobierno planean casi tantas sospechas como sobre el propio Roldán. Que ya es decir.

Consuelo Álvarez de Toledo

30 Abril 1994

Al borde del abismo

Consuelo Álvarez de Toledo

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La sombra de sospecha sobre la huida de Luis Roldán ponía ayer a España al borde del abismo.

¿Había huido llevándose con él esa basura amenazante que esgrimió recientemente ante la Comisión de Investigación Parlamentaria?

¿Le habían dejado, acaso, huir?

Señor, Dios mío, que aparezca, porque de no ser así ya estaremos en caída libre del sistema, hacia las profundidades del cubo de la basura desde donde habrá dificultades en salir.

El hombre que sabía demasiado está en paradero desconocido para un Gobierno que ha podido vigilar hasta la más pequeña hormiga periodística, ciudadana o contribuyente que osara cruzarse en el camino de su prepotencia.

Grave situación de España cuando su presidente del Gobierno no sabe, no quiere, no puede, comprometerse en afirmar que un ciudadano preso de toda sospecha llamado Roldán está bajo control policial.

El balbuceo ignominioso de Felipe González, cuando por tres veces, tres, dice «creo» para salir del paso, revela cuanto hay de mezquino en su reserva mental.

Quiere curarse en salud para poder utilizar la coartada de su supina ignorancia en caso de que Roldán haya optado por la fuga y el silencio.

Esto no es un gobernante, es simplemente un petrimetre.

Jamás hubo en España tamaña golfería engarzada en las entrañas del Estado.

Si los avatares de Roldán revelan la sordidez de algunos personajes, las filigranas de Mariano Rubio ponen al aire lo más cínico del sistema.

Entre las putillas pagadas, los impuestos de los españoles y los sofisticados lujos logrados por el fraude y el tráfico de influencias, median dos Españas que han sustentado el régimen felipista, que ahora se cuartea.

Entre lo zafio de Roldán y lo perverso de Rubio está sentado Felipe González, sin otra defensa que su ignorancia.

El presidente no sabe, no conoce, no se entera.

Es decir, que es como el idiota de mi pueblo, sólo que vive en el palacio de La Moncloa y nos gobierna.

Roldán es el hombre que sabía demasiado y González el que no sabía nada.

Aviados estamos los españoles con tamaño trajín de irresponsables, apalancados unos en el poder y otros, los chorizos, en paradero desconocido.

España no puede sobrevivir en estas condiciones sin que todos nos muramos de vergüenza.

Con Roldán y su basura; con Rubio y sus excrecencias; con los Filesas y los Kios, y los de más allá….

Mientras, el presidente Felipe González pretende hacer de este país un limbo habitado por la inmoralidad.

Luis María Anson

03 Junio 1994

Otra vez la inquisición

Luis María Anson

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Me lo advirtieron expresamente, en una larga conversación telefónica, en la que se aportaron datos minuciosos y reveladores.

  • Te están vigilando hasta la basura.
  • ¿Cómo hasta la basura?
  • Sí, incluso las cosas que tiras a la papelera.

Unos meses después, el confidente fue más explícito

  • Roldán ha puesto en marcha un investigación total contra el director de ABC.

Naturalmente continué con mi vida normal, un poco abrumado por las horas extraordinarias que estarían haciendo los agentes encargados de espiarme.

Pero no pretendo referirme a un caso particular, sino a algo que se ha generalizado de forma alarmante. Porque la prepotencia de las mayorías absolutas, el entendimiento adulterado de la democracia, que debe consistir, antes que nada, en el respeto a las minorías, y la desfachatez del ‘todo nos está permitido’ – ya que la victoria socialista de 1982 en las urnas convirtió a España en botín electoral – han conducido a nuestro pueblo, desde aquella ciudad alegra y confiada de UCD, a la situación actual de crispación y me miedo.

Durante tres largos siglos, la Inquisición fue transformando la psicología del español medio hasta convertirle en un policía moral. Ya de por sí, la condición del hombre parece inclinarle a meter las narices en la vida de los demás, al chismorreo y la delación. Pero en algunas naciones la educación cívica se ha basado en luchar contra esa tendencia y estimular el respeto al contrario. En España ha sido al contrario. La Inquisición perseguía al discreto y premiaba al delator. Somos el país del chisme, de los comadres, las cotorras, los azuzones, las cotillas y los soplones. Sólo aquí podían tener éxito, tan generoso y permanente, las revistas del corazón y los periódicos del hígado.

La política prepotente del Gobierno ha hecho renacer una especie de Inquisición que se ha extendido ya desde el poder hasta la sociedad. El PSOE empieza a recoger las tempestades generales por los vientos que sembró. Los poderosos de la economía y de la política pagan a delatores y espías, y se levantan pirámides de informes, unos contra otros y todos contra todos. Algunos periódicos y revistas, con los altavoces de las tertulias radiofónicas, cumplen eficazmente con su obligación de contrapoder y denuncian los abusos de políticos y banqueros. Sabuesos de distinta índole olfatean después el hedor de otros albañales y deportistas, de putas de alta cama, cantantes célebres, insignes maricones, alcahuetas de lujo que favorecen el trato, matrimonios rotos y quebrados juguetes. Nada ni nadie queda libre de la investigación. Todo se fiscaliza. Todo se sondea. Todo se escarba. Todo se lincea. Todo se escudriña. (…)

El Gobierno del PSOE tiene, en fin, que renunciar a los métodos de la dictadura; la sociedad debe recobrar la templanza y reorganizar la moderación. Sólo así se evitará que los barrenderos de la política puedan recoger, otra vez ensangrentadas, las hojas de la Historia de España.

Luis María Anson

Francisco Umbral

02 Mayo 1994

Felipe, dimisión

Francisco Umbral

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No es ya una cuestión ética, señor González, que eso se lo dicen claro los periódicos y las encuestas. Es una cuestión estética. Se ha puesto usted feo de mentiroso, enfermo de gloria, triste de soledad, infartado de amigos pilletes, agachadizo de fracasos, hostiazos y cosas, chafado de contradicciones y torpón de remos, aunque luego salga muy perejil por la tele camino de la Europa, que es su oficina.

Entre las manos se le deshace el espectro de la rosa, como a un Hamlet/Paulova que ya no encuentra la postura en el plató ni siquiera ante Canal Más Plus Yes, que se está volviendo crítico con el Gobierno. Un caballero, un hombre de bien, un demócrata a lo Major, tan hombre como la Thatcher o más, un señor no puede seguir jugando al mus de la corrupción con un banquero mojarra, un guardia civil civilón que ni siquiera era guardia, un navajón de pelo blanco a quien dejó la primera con un mensaje de carmín en el espejo y a quien se le va la segunda a los sanisidros, o sea a los toros y a ver la verbena y a meterse en la cama después. Un premier, que encima es un señorito sevillí, no puede seguir en el naipe canalla de los bufones chepuditos con acento tafallero, de los sisleros de la calle las Sierpes, de los brokers sentimentales que lavan su dinero por las noches y luego dicen a la press que el frotar se va a acabar, de los guapos con yate y las viejas usurarias que llevan el muerto al bingo de la Bolsa para jugárselo a un cartón, como están haciendo con Pedro Toledo.

Es por ética/estética, don Felipe, es por política poética, como ya nos advirtiera Juan Ramón Jiménez, es porque está usted impresentable, coño, y ya da igual que a Roldán le hayan mandado abrirse o Roldán se haya abierto solo, mientras su rosario de mujeres, queridas, jais, amantes, tiorras y cosas va haciendo la ruta del papel timbrado, o sea los juzgados, y José Borrell, el Gran Gatsby del Gobierno, tiene que cachear a sus hombres de confianza, porque, como dice Robert Hughes en su último libro (Anagrama), estamos viviendo «la cultura de la queja».

Aquí todo dios ya se queja de algo, mayormente el paro, el subsidio, la corrupción y el bajonazo de Hacienda, que le ha dejado tieso hasta al Cordobés. Que no es por nada, señor jefe, que es por la imagen, o sea, la figura, la compostura, el apresto, eso que usted tenía y ya no tiene, que lleva el alma desplanchada por dentro. Nos da ya lo mismo, figúrese, que sea usted don Corleone o Caperucita Encarnada, que sea usted Pablo Iglesias sin visera, Olof Palme sin hucha o Willy Brandt en burra ibicenca. Hemos llegado, los españoles estadísticos, me refiero, a tal hastío, cansancio de usted y sus largues, que ya no tenemos fe ni en Medinaceli. Le hemos perdido la cosa que le teníamos (hasta se lo dice Martín Prieto, que le era colegui) y nos la suda muchísimo saber si la pastizara iba a Ferraz, a Bosnia, a Suiza, a De la Concha/De la Rosa (que encima están repetidos). Sólo tenemos claro que usted, oiga, ya no puede arreglar esto, ha mentido demasiado, se le traslucen Amedos, y lo mejor es que se largue con cuatro marianitos en el bolsillo, para una necesidad.

Le pesan a usted, don, los cien años de honradez, los doce o trece de ética felipista, toda la barrila sociata que nos ha dado, tanto barrenar para parar en esto, los muertos del Pérsico, los parados de Santana, las huelgas del gentío, la OTAN, vieja ferralla, el cambio del cambio, el mensaje recibido y los miles que no quiere recibir, el pasón de Solchaga, el mus marcado con los Bancos, el discurso de Aznar, la pandecta de Santesmases y los tripicallos de Corcuera. Váyase a la oposición, a Maastricht, a Triana, pero no se crea imprescindible. Lo único imprescindible es España.

Francisco Umbral

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

30 Abril 1994

Aturdidos

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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Hay momentos en los que uno quisiera ser foráneo. Ayer nos pasó a muchos españoles. La vergüenza nos tiene aturdidos. Luis Roldán, ex director general. de la Guardia Civil, institución armada con vocación de vigilancia del cumplimiento de la ley y persecución de sus violaciones, huyó como un descuidero, según todos los indicios, de los requerimientos de la justicia. Cumplidos con creces los plazos de la citación judicial, no comparecía, no aparecía. Su esposa, que se presentó en su lugar ante la juez, no exhibió justificación ninguna para semejante incumplimiento de la orden judicial.El jueves, el ministro del Interior, Antoni Asunción, aseguraba que le constaba que Roldán estaba en «España y que comparecería ante la justicia. Anoche el ministro ya no estaba tan convencido de sus afirmaciones. ¿Estaba Roldán en Benavente? ¿Estaba en Ferrol? ¿Estaba en alguna parte de esta geografía española? ¿Se había fugado al extranjero? Las certezas de algunos se convirtieron en incertidumbres. Va a serle difícil a este Gobierno explicar cómo una persona sobre la que se han desgranado en las últimas semanas tantos testimonios de culpabilidad en el Parlamento y que contaba con escolta policial haya conseguido burlar a las fuerzas de seguridad. Despidió la escolta hace una semana. ¿Nadie se preguntó por qué? ¿No informaron los escoltas a sus superiores? Estaba deprimido, decía su abogado. Enfermo, según su esposa.

La falta de noticias sobre su paradero durante todo el día de ayer dio pábulo a las más inverosímiles especulaciones. Suponiendo que en este caso siga teniendo sentido la distinción entre lo que es y lo que no es verosímil. Lo que de él se sabe es ya tan desmesurado, tan insólito, que nada puede excluirse. O Roldán aparece en las próximas horas o días y es llevado ante la justicia para que demuestre su inocencia o sea condenado por sus delitos, aún supuestos, o el escándalo de este caso dará un golpe brutal a la imagen del casi recién estrenado ministro del Interior.

El Análisis

ROLDÁN: DE MINISTRABLE A PRÓFUGO

JF Lamata

30 de abril de 1994. En apenas cinco meses, Luis Roldán Ibáñez ha pasado de figurar entre los posibles sucesores de José Luis Corcuera Cuesta al frente del Ministerio del Interior a convertirse en un prófugo de la Justicia. Su huida supone algo más que el último episodio del escándalo sobre su patrimonio: convierte al antiguo director general de la Guardia Civil en uno de los grandes símbolos de la corrupción de la etapa socialista y proyecta inevitablemente una mancha sobre la institución que dirigió entre 1986 y 1993. El ministro del Interior, Antoni Asunción Hernández, que había garantizado que Roldán seguía localizado, ha presentado su dimisión.

El cerco judicial se había estrechado durante las últimas semanas. La magistrada Ana María Ferrer García, titular del Juzgado de Instrucción n.º 16 de Madrid, investigaba el origen de su espectacular incremento patrimonial a partir de una querella presentada por José María Ruiz-Mateos Jiménez. Las diligencias examinaban posibles delitos de malversación y falsedad, mientras afloraban indicios sobre fondos reservados, ingresos no declarados y posibles comisiones relacionadas con adjudicaciones de obras de la Guardia Civil. Sólo dos días antes, el fiscal había solicitado la retirada de su pasaporte y su comparecencia judicial cada diez días para impedir precisamente una fuga. Las revelaciones de su administrador, Jorge Esparza Martín, que aseguró haber recogido del propio despacho oficial de Roldán bolsas y maletines con decenas de millones de pesetas, habían abierto además una nueva vía a la investigación.

Comienza ahora la búsqueda del fugitivo y, con ella, inevitablemente, las especulaciones: Europa, América, Asia o cualquier otro lugar donde pudiera disponer de apoyos y del dinero que se le atribuye. La realidad, conocida posteriormente, resultaría todavía más novelesca. Roldán salió hacia Portugal y pasó por París, permaneció después escondido en Uruguay y Argentina y acabó regresando a Francia antes de la operación que concluiría en 1995 en Laos y Tailandia. En aquella trama aparecería una figura especialmente turbia: el agente y financiero Francisco Paesa Sánchez, antiguo colaborador de los servicios policiales, cuya relación con el fugitivo y con el dinero de éste sería objeto de investigación y de versiones contradictorias.

La fuga cambia definitivamente la dimensión del caso. Hasta ahora podía discutirse el origen de cada millón, de cada propiedad y de cada adjudicación; desde hoy existe además una responsabilidad política incontestable por un fallo del Estado: el hombre sobre cuya fortuna investigaban simultáneamente los tribunales y el Parlamento ha conseguido desaparecer cuando la Fiscalía acababa de advertir expresamente del riesgo de que lo hiciera. Roldán deja de ser simplemente un antiguo alto cargo bajo sospecha. Desde este 30 de abril es también un prófugo y el rostro de un escándalo que amenaza con acompañar durante mucho tiempo al Gobierno, al PSOE y a la propia Guardia Civil.

J. F.