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Manuel Contreras, ex Jefe de la policía secreta de Pinochet (DINA), es encarcelado por crímenes cometidos durante la dictadura en Chile

HECHOS

El proceso a Manuel Contreras en Chile fue noticia en junio de 1995.

01 Junio 1995

Contreras, a la cárcel

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

LA CONFIRMACIÓN por la Corte Suprema de Chile de las condenas del general Contreras y del brigadier Espinoza a siete y seis años de cárcel, respectivamente, es un acontecimiento de importancia para el desarrollo democrático de aquel país y un motivo de satisfacción para todos los demócratas. En torno a la condena de estos dos implicados en algunos de los más siniestros episodios de la represión en ese país se habían multiplicado las especulaciones en los últimos tiempos. Ahora se demuestra que los estamentos judiciales ya tienen la fortaleza necesaria para dictar las sentencias que reclamaba la normalización democrática de Chile.Pero queda ahora el «cúmplase» de la decisión judicial. El general Contreras, desde su retiro dorado, ha hecho unas declaraciones, televisadas a todo el país, que necesariamente retrotraen a la memoria de cualquier demócrata las imágenes más terribles de la implacable dictadura militar. Sólo un personaje que ha sido capaz de ordenar la muerte de sus compatriotas puede ahora aparecer en televisión calificando al Gobierno del democristiano Eduardo Frei de «ralea marxista». Contreras, con la arrogancia de los que siempre han quedado impunes, ha proclamado que nunca pondrá los pies en una cárcel, en abierto desafío a los tribunales y al poder civil en general. El presidente Frei, y con él toda la sociedad civil que ha respaldado la acción libre de la justicia, se enfrenta ahora a la necesidad de imponer los principios básicos de cualquier Estado democrático. El Gobierno ha tomado medidas para eliminar todas las razones que el condenado pueda aducir para poner obstáculos a su entrada en prisión. Se está construyendo un pabellón penitenciario que podría habilitarse especialmente para el nuevo reo.

Medidas de este tipo, aunque no dejen de ser un privilegio, pueden estar justificadas en la medida en que, al privar a Contreras y a sus partidarios de todo pretexto contra el cumplimiento de lo que ha decidido la Corte Suprema, crean condiciones más favorables para que se descarten los proyectos insensatos y antidemocráticos agitados en ciertos medios militares en pro de la actitud de Contreras, y que se convierten, nada más y nada menos, en todo un desafío contra el sistema democrático.

Es cierto que la transición pacífica de un régimen dictatorial a una democracia impone una política de reconciliación de la que muchas veces se benefician culpables de crímenes atroces. En el caso de Chile, el hecho de que Pinochet siga como jefe de las Fuerzas Armadas demuestra algunos de los sacrificios que se hacen en aras de la reconciliación.

No obstante, el asesinato del diplomático Orlando Letelier hace 19 años, por orden de Contreras, había sido marginado explícitamente de los decretos de amnistía. Sin duda, porque el asesinato, a diferencia de los otros miles llevados a cabo por la dictadura en el interior del país, tuvo a Washington como escenario y en el atentado hubo además una segunda víctima de nacionalidad norteamericana. Por unas u otras razones, el caso Contreras tenía que poner a prueba la disposición de la Corte Suprema de imponer justicia. Así ha sido, y ello explica el entusiasmo con que gran parte de la sociedad chilena recibió la sentencia. Muchos intuyen que al menos en algún caso tan simbólico como éste había que imponer criterios morales que permitan también a Chile cerrar la terrible herida de la dictadura, con sus miles de desaparecidos, muertos y torturados. Para culminar con bien la operación, el caso ahora sentenciado sólo debería tener un final: «General Contreras, a la cárcel».

09 Junio 1995

¡A la cárcel!

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

YA SÓLO falta que vayan a la cárcel. La Corte Suprema chilena ha tenido incluso la gentileza de computar 14 meses menos de la pena de siete años dictada para el general Contreras, jefe de la policía secreta durante la dictadura de Pinochet, y la de seis años a su colaborador, el brigadier Espinoza, por el tiempo de una anterior prisión preventiva que cumplieron ambos. Espinoza sólo pide que le encarcelen, pero sin hacérselo pasar muy mal -así hay que interpretar su declaración de que el confinamiento no atente contra su dignidad- Contreras porfía en que a él no le enchirona nadie; y Pinochet, en medio de la confusión, o la incoherencia verbal más extrema, parece que se somete, pero haciendo acopio de resentimiento y amenaza velada.El encarcelamiento de Contreras por el asesinato en Washington del que fuera ministro de Exteriores del presidente Allende Orlando Letelier y de una ciudadana norteamericana no equivale, sin embargo, a una condena de punto final, como la de Argentina contra su propia dictadura militar. Es así porque el caso Letelier había quedado explícitamente excluido de la amnistía que se autoadjudicó Pinochet como garantía de que al restablecimiento de la democracia el Ejército no pagaría por los desmanes cometidos en el periodo de 1973-90.

Quizá no había mejor salida y, puesto que Pinochet no fue derrotado en una guerra, como la Junta argentina en las Malvinas, su suerte no será la de Videla y compañía. Seguramente lo que cabe pedir ahora sea tan sólo que Pinochet enmudezca y acate la sentencia, tras pro testar lo imprescindible para salvar la cara ante los militares que consideran una afrenta de lesa patria el que el poder civil ose encarcelar a uno de los suyos por lo que hicieron tantos. Lo que importa es que veamos cuanto antes a Contreras y a Espinoza entre rejas.

26 Octubre 1995

Justicia incompleta

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

EL GENERAL Manuel Contreras, ex jefe de la policía política (DINA), uno de los máximos artífices, de la guerra sucia que causó miles de víctimas en Chile tras el golpe de Pinochet en 1973, fue homenajeado el martes por unos compañeros de armas antes de ingresar en prisión para hacer frente a sus responsabilidades criminales contra el pueblo chileno. Que se celebrara el homenaje demuestra que quedan militares irredentos. que no acatan la democracia. Que sólo fueran cincuenta indica que la democracia, chilena, pese a la tutela del ex dictador, avanza hacia un pleno Estado de derecho.El presidente Frei ha dicho con razón que el hecho de que Contreras se pliegue al dictado de la justicia es un triunfo para Chile. Que se aclare la suerte de los desaparecidos sería un paso más hacia un Chile libre de los fantasmas del terrible pasado. Justo sería que Pinochet compartiera celda con Contreras. Pero las transiciones pacíficas requieren más paciencia y realpolitik que tensiones de incierto desenlace. A veces llevan a situaciones, tan repugnantes como ésa en la que Pinochet arengó a sus seguidores insultando a sus víctimas.

El pueblo chileno debe tener paciencia, aunque sea dificil pedírsela. Pinochet será pronto un anciano despreciado por su pueblo. Y el Estado democrático tiene el deber de introducir en los cuarteles y en amplias capas de la clase media la convicción de que Chile será más digno, más libre y a la postre más rico con un Gobierno que responda a la voluntad popular. Su ingreso en Mercosur y sus mayores vínculos con Europa a través de esta organización tienden a crear un espacio con gran potencial económico en la mitad meridional de Iberoamérica. Estamos ante una ocasión histórica de hacer del Cono Sur una región de bienestar y libertad. Personajes detestables como Pinochet y Contreras han perdido la batalla de hacer de Chile un pozo negro del terror.

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