25 enero 1978

Los criminales le adosaron una bomba al cuerpo con la amenaza de hacerla explotar si no se les pagaba, pero el explosivo detonó antes de los esperado

El franquista Joaquim Viola Sauret, ex alcalde de Barcelona, asesinado junto a su esposa Montserrat Tarragona Corbella

Hechos

El 25.01.1978 fue asesinado en una explosión D. Joaquim Viola junto a su esposa D. Montserrat Tarragona, tras un breve secuestro.

Lecturas

Viola había dejado la alcaldía en diciembre de 1976. 

El 25 de enero de 1978 fueron asesinados en un atentado terrorista el exalcalde de Barcelona, D. Joaquim Viola Sauret [Joaquín Viola] y su esposa Dña. Montserrat Tarragona Corberlla.

El crimen es atribuido al comando de D. Carles Sastre Benlliure, de la organización terrorista   Exèrcit Popular Català (antecedente de Terra Lliure), en un atentado similar al que asesinó al Sr. Bultó. Junto con Sastre Benlliure fueron detenidos los Sres.  Àlvar Valls Oliva, Montserrat Tarragó Domènech y Josep Lluís Pérez Pérez.

26 Enero 1978

Crímenes y orden público

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián Echarri)

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EL ASESINATO del señor Viola y de su esposa ha sido de inmediato condenado, con las más duras expresiones, por todos los partidos representados en el Parlamento. De seguro, en las próximas horas también lo harán las organizaciones que aún no se han sumado a la condena de un crimen tan salvaje y brutal.Esta observación no es tan obvia como se puede creer. Porque en nuestro país es un hecho nuevo, nacido con las elecciones del 15 de junio y la ley de Amnistía, que todo el espectro político coincida en rechazar crímenes como el perpetrado ayer y abandone hasta la más mínima reticencia al afirmar que hechos así no guardan el más remoto parentesco con cualquier tipo de motivación política.

Este nuevo asesinato confirma las sospechas de que la serie de atentados cometidos recientemente en España no se propone sino crispar la situación, desestabilizar el proceso democrático y ,servir de fulminante a un golpe de signo reaccionario. Hemos repetido ya en otras ocasiones los argumentos que hacen plausible esa conjetura; el asesinato del señor Viola y de su esposa sucede en el marco general de una estrategia antidemocrática perfectamente congruente.

Por eso parece inevitable volver a ocuparse también de la tendencia que muestran algunos dirigentes de partidos como Alianza Popular y las plumas a sueldo de la ultraderecha que tratan insistente y hasta irritadamente de poner en relación estos bárbaros crímenes con la situación general del país, la eficacia de los servicios de seguridad y la capacidad política del Gobierno. Así, el comunicado de Alianza Popular no condena el asesinato del señor Viola y de su esposa con mayor firmeza que el resto de los partidos, pero lo convierte en prueba definitiva e incontestable de «la total degradación del orden público y de la seguridad ciudadana, reiteradas veces denunciada». Al diagnóstico de la enfermedad sigue la localización del agente patógeno que la provoca: «El Gobierno ha de responder de la situación que él mismo está creando con su debilidad.»

Esas vociferaciones suscitan, sin duda, en la opinión pública la impresión de que los terroristas están logrando algunos de sus propósitos: la crispación en los sectores políticos nostálgicos del franquismo. El deterioro reciente del orden público es un hecho preocupante que se inscribe tanto en la delincuencia común como en el terrorismo político. Los países sin libertades públicas no padecen esta plaga, aunque el terrorismo y la delincuencia se suelen practicar en los despachos ministeriales y en las comisarías de policía. Adquieren entonces el apellido de la razón de Estado y la responsabilidad del poder, pero son, sin embargo, tan condenables o más que el execrable crimen que hoy comentamos.

El deterioro reciente del orden público es un hecho preocupante. Por lo demás, los gángsters a sueldo y los terroristas camparon también libremente por sus respetos cuando el franquismo ejercía su más dura represión en las paredes de fusilamientos. El señor Arias no pudo evitar desde el Ministerio de Gobernación el asesinato de Carrero Blanco, ni desde la Presidencia del Gobierno la actividad terrorista de ambos signos. Pero durante esas épocas el orden público, además de soportar las infracciones de los criminales, era también alterado en otro sentido por los propios gobernantes al no reconocer a los ciudadanos los derechos de expresión, de asociación, de reunión y de voto, que constituyen la esencia misma del orden democrático. Es, sin duda, necesario mejorar la eficiencia de los servicios de seguridad para mantener este orden público democrático, y la ley debe caer con rigor sobre quienes la infrinjan.

Pero no se debe aprovechar un hecho tan abominable como el asesinato del ex alcalde de Barcelona para hacer demagogia política sobre una sangre que desgraciadamente es hoy de todos los españoles.

26 Enero 1978

Viola faltó a la cita

Manuel Tarín Iglesias

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Cuando muy temprano de la mañana, un alto funcionario del Ministerio de Cultura dio cuenta a Pío Cabanillas del asesinato de su entrañable amigo Joaquín Viola Sauret y su esposa, el ministro no quería creerlo. No existía motivo para el crimen. Pero era verdad. La sorpresa de Pío, la experimentaba la ciudad y el país.

Por una serie de circunstancias, durante los últimos tiempos he mantenido trato constante y permanente con Viola, payés de Ávila, criado en Lérida, y que estaba atravesando una de las épocas más felices de su vida; el matrimonio Viola, especialmente Joaquín, estaban satisfechos y orgullosos de que el menor de sus hijos hubiera ganado, hace poco, oposiciones a notarías. Era la culminación de una vida matrimonial feliz.

Lo celebraremos bien en el ‘Más’. MI mujer prepara unas estupendas perdices. Ya sabes que es una cocinera fuera de serie.

Joaquín Viola era feliz en esta etapa, pero estaba inquieto, aunque el acontecimiento del nen colmaba sus ilusiones. Había quedado atrás los tiempos de sus duras oposiciones a Registrador, en las que obtuvo el número uno; quedaba atrás la amargura de no haber sido delegado de servicios de Hacienda del Ayuntamiento, con la versión de que el ministro del ramo le vetaba, y no era verdad. Incluso había quedado atrás su dura época de alcalde, alcalde ejemplar, aunque combatido, y en este otoño del guerrero, se mostraba alarmado por el rumbo del país, preocupado por la manipulación de la sociedad y su deseo de crear nuevos canales de difusión para que la verdad se abriera paso. Esto hizo que aumentara nuestro trato y nuestra amistad, que abriera el arca de sus plurales saberes en cada conversación sobre los temas más diversos.

Viola estuvo la semana anterior en París, regresando el lunes día 23 a Barcelona. El martes, anteayer, a primera hora de la mañana hablamos largamente por teléfono. Venía preocupado especialmente por el deterioro del orden público, por la agitación que se registraba a lo largo y ancho de la geografía, por el tema de las autonomías. Su voz era una voz cansada y aplazamos seguir el diálogo de inmediatos proyectos para el día siguiente, miércoles.

Joaquín Viola Sauret no pudo asistir a la cita.

Nada más lejos de mi intención aprovechar la trágica muerte de don Joaquín Viola Sauret para contribuir a la ceremonia de la confusión y demagogia. En esta ciudad amada, la cacería sigue sin novedad. Pronto las víctimas deberán ser numeradas. Un día es Bultó, otro el desorden en las Ramblas, otro la destrucción de Scala, hoy Viola. ¿Quién será la próxima?

Sin embargo, nada de esto quiero comentar, cuando los dedos se van nerviosos a la máquina y están deseando escribir palabras que no quiero; no quiero aprovechar el cadáver de Viola y  de su esposa para agrandar mi dolorida protesta.

Que descansen en paz, Montserrat Tarragona y Joaquin Viola. Adiós, amigo.

Manuel Tarín Iglesias

El Análisis

Un crimen casi sin resolver

JF Lamata

Nadie reivindicó el crimen a Joaquín Viola y a Montserrat Tarragona y nunca hubo juicio alguno por aquel abominable crimen que no aportó en nada a la historia ni de Barcelona, ni de Catalunya, ni de España.

Pero era inevitable no considerar que que era el mismo modus operandi que el usado en el crimen de Bultó, y por tanto aparecía la sombra de esa pequeña banda de asesinos que era el Ejército Popular Catalán (EPOCA). A esto hay que añadir que el hijo de Viola aseguraría identificar a Carles Sastre i Benlliure y a Montserrat Tarragó Domenech como los asesinos.  No podían ser juzgados por el crimen de Bultó, dado que este quedó amnistiado en octubre de 1977, pero sí podían serlo por el crimen de Viola. 

En la conciencia de estos, como de los asesinos de Terra Lliure, queda la sangre en sus manos que no logro nada más que destrozar de dolor a una familia.

J. F. Lamata