10 mayo 1977

Le adosaron al cuerpo una bomba y le pidieron 500 millones de pesetas a cambio de no hacerla explotar, pero al final esta fue detonada

El industrial catalán, José María Bultó Marqués, asesinado por terroristas independentistas liderados por Carles Sastre

Hechos

El 10.05.1977 la prensa informó del asesinato D. José M. Bultó Marqués.

Lecturas

El 9 de mayo de 1977 muere asesinado D. José María Bultó Marqués [Josep María Bultó], después de que un grupo de terroristas le colocaran una bomba en el pecho. El crimen fue realizado por el grupo terrorista Exèrcit Popular Català (EPOCA). Los responsables fueron detenidos el 1 de julio de 1977: se trataba de D. Carles Sastre Benlliure, D, Àlvar Valls Oliva, Dña. Montserrat Tarragó Domènech y D. Josep Lluís Pérez Pérez.

LOS ASESINOS:

D. Àlvar Valls Oliva, D. Montserrat Tarragó Domènech y D. Josep Lluís Pérez Pérez. Del Ejército Popular Catalán (EPOCA) que más tarde se integrarían Terra Lliure. Terrorismo de ideología independentista catalana. A estos criminales, que se verían beneficiados por la Ley de Amnistía, también se les responsabiliza del crimen de 1978 a D. Joaquín Viola Sauret

El Análisis

La bomba que quiso aterrorizar a Cataluña

JF Lamata

El 9 de mayo de 1977 Cataluña quedó sacudida por un crimen tan cruel como insólito. El empresario José María Bultó Marqués, uno de los industriales más reconocidos de Barcelona, fue asesinado en su propio domicilio tras un acto de terrorismo que aún hoy resulta difícil de asimilar: un comando del Exèrcit Popular Català (EPOCA) le colocó en el pecho una bomba adosada con esparadrapo y le exigió una fuerte suma de dinero bajo la amenaza de hacerla estallar. Al negarse Bultó a ceder, el artefacto explotó, segando su vida en cuestión de segundos.

El crimen conmocionó profundamente a la sociedad catalana. Bultó pertenecía a una familia de gran arraigo en la industria y en la vida social barcelonesa. Era, además, un hombre de carácter discreto, alejado de la política, símbolo de esa burguesía catalana que había sobrevivido a los vaivenes del franquismo manteniendo su influencia en el tejido económico y cultural de la región. Su asesinato no solo fue un ataque contra una persona, sino un mensaje de terror dirigido a toda una clase social.

Los responsables fueron identificados en el entorno del EPOCA, un grupo independentista radical que ya había perpetrado acciones violentas y que sería considerado el germen de lo que, pocos años más tarde, daría lugar a Terra Lliure. Entre sus integrantes se encontraba Carles Sastre Benlliure, cuya sombra también está en el asesinato del exalcalde franquista de Barcelona, Joaquim Viola, y que con el tiempo se convertiría en un nombre recurrente en el mundo independentista catalán. Condenado por el crimen, Sastre terminaría su vida pública como sindicalista de la Intersindical-CSC y figura controvertida en el independentismo, encarnando la difícil herencia de aquellos años de plomo.

El asesinato de Bultó dejó varias lecciones. En primer lugar, puso de manifiesto que el terrorismo no era solo una lacra del País Vasco o de la extrema izquierda, sino que podía prender también en sectores del independentismo catalán. Aunque la diferencia es que mientra en el discurso del PNV se percibía cierta comprensión hacia el terrorismo de ETA, el nacionalismo catalán de Jordi Pujol, se declaró enemigo acérrimo de cualquier tentatiba terrorita, lo que reduzco a sus terroristas a un mero puñado de ciudadanos con escasa comprensión social, aunque, eso sí, con capacidad destructiva de quienes confundían liberación nacional con prácticas mafiosas.

La Transición española, ya en marcha en 1977, no solo tuvo que lidiar con el franquismo residual y con los retos de la apertura política; también con el terrorismo en todas sus formas: el de ETA, el del GRAPO, el de la extrema derecha y el de grupúsculos como el EPOCA. Todos ellos se movían en un terreno donde el miedo era la principal arma y la vida humana, una simple moneda de cambio.

El nombre de José María Bultó quedó grabado como símbolo de esa violencia irracional. Su muerte recordó a la sociedad catalana que el terrorismo, viniera de donde viniera, no podía legitimarse en ninguna causa política. Ni el independentismo ni ninguna otra ideología podían justificarse en bombas adosadas al pecho de un hombre indefenso.

J. F. Lamata