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"El problema del idioma catalán es el de calificarlo como problema, hay pueblos bilingües, eso es todo"

El franquista-monárquico José María Pemán publica un artículo en defensa del idioma catalán en La Tercera de ABC

HECHOS

El 19.04.1970 el periodista y escritor D. José María Pemán escribio en La Tercera de ABC el artículo: «El Catalán: Un vaso de agua clara».

Desde el diario ABC en 1970 quisieron sumare a la campaña de sectores catalanes en defensa del idioma catalán. El detonante de la campaña en favor del catalánfue que se hizo público que el veterano procurador franquista D. Adolfo Muñoz Alonso se había posicionado en contra de introducir el catalán en la Ley de Educación de ese año y había usado la expresión ‘virus’ para referirse a ese idioma. El ABC salió en defensa del catalán a través de D. José María Pemán con la tribuna  ‘El Catalán: Un vaso de agua clara’, que pronto se hizo popular en toda España y especialmente en Catalunya, donde fue reproducida por periódicos como LA VANGUARDIA o TELE/EXPRES.

MuñozAlonso D. Adolfo Muñoz Alonso

A modo de Respuesta D. Adolfo Muñoz Alonso Mandó al Sr. Pemán El Diario de Sesiones donde no figuraba que él hubiera usado la palabra ‘virus’. Como respuesta el Sr. Pemán publicó una nueva ‘Tercera’ en ABC titulada ‘El Majo y la Corrección de Estilo’ donde replicaba al Sr. Muñoz Alonso que ese ‘Diario de Sesiones’ estaba manipulado, pero que en el fondo le importaba poco si lo había dicho o no.


19 Abril 1970

El catalán, un vaso de agua clara

José María Pemán

En las Cortes, con ocasión de discutirse la Ley de Enseñanza se ha dicho que se tuviera cuidado con el catalán, que podía ser portador de virus políticos. El primer problema del catalán es calificarlo 'problema'. Hay pueblos bilingües, eso es todo.

Venir a Madrid, de cuando en cuando, es un modo de encontrar los problemas socio-políticos ya planteados ; ya en su período emocional y confuso. Es como llegar a una comedia en el segundo acto : cuando el desenlace se vislumbra cercano, y las fuerzas dramáticas presionan para que ese desenlace sea de este modo o del contrario.

En esta ocasión me encuentro – ¡otra vez !- el problema del idioma catalán revivido con ocasión de la enseñanza en las escuelas. Pienso que el primer problema del catalán como idioma es este de calificarlo como «problema». En este caso, como en otros muchos, el problema es el modo de manipular una cosa que en sí misma no lo es. El catalán, en sí, no es un problema : es una evidencia. Lo que ocurre es que las evidencias cobran fisonomía contorsionada de problema cuando son manejadas por los políticos, ¡que ésos sí son problema !.

Ahora el tema hecha chispas, porque en las Cortes, con ocasión de discutirse la Ley de Enseñanza se ha dicho que se tuviera cuidado con el catalán, que podía ser portador de virus políticos. Es otra vez la suspicacia renacida. Desde el día siguiente de la liberación de Cataluña se vio el camino que iban a emprender algunos, reincidiendo en pasados errores. Estuve en Barcelona en los primeros días. Aparecieron calles y esquinas empapeladas de tiras o rótulos inoficiales con este texto : «No hables catalán, habla la lengua del Imperio». Se iniciaba esa fórmula que había de emplearse en muchas cosas : contestar a los hechos con los vocabularios. A mí me invitaron poco después para ser mantenedor de los » Jos Florals», que iban a reanudar la vieja tradición provenzal. La invitación iba acompañada de unas notas en las que se me adelantaba que no admitirían poemas escritos en catalán. También confidencialmente se me rogaba que no hiciera la exaltación de Joan Boscán, el primer poeta catalán que , a finales del siglo XV, escribió versos en castellano. Contesté excusándome, porque vi claramente que se organizaba un acto «separatista» : que de una raya o frontera tanto puede uno separarse de un lado como de otro ; y por una ley dinámica social el tirón hacia dentro es correlativo e inseparable del empujón hacia fuera.

Estaba claro que algunos estaban dispuestos a reincidir en la viciosa distribución arbitraria de buenos y malos. Por aquellos días en el orden cultural se armó revuelo cuando D’Ors publicó una «lista de las cosas que los griegos no tenían», en la que enumeraba, al lado de las gafas o la bufanda, la confesión vocal. Ahora se redactaba la nueva lista de cosas malas con igual convencionalismo : los partidos, el parlamento, la Prensa… el idioma catalán. Clasificadas así las cosas se les aplicaban soluciones absolutistas : enmendándole la plana a Dios ; que , por ejemplo, prohíbe el adulterio, pero no prohíbe, curándose en salud, que salgan las mujeres a la calle, que las puertas tengan llavines, que los hombres se suban el cuello del abrigo, y otra porción de cosas que indudablemente facilitan la consumación del pecado. Guillotinando el enfermo se cura evidentemente su dolor de cabeza. Prohibiendo aprender a hablar el catalán, es seguro que en catalán no se dirá ninguna cosa desagradable o contraria al pensamiento del que hace la prohibición.

Para darse cuenta de que el catalán es una realidad evidente y biológica, basta observar el actual episodio. Plantean el tema restrictivamente los políticos, y le replican a coro la cultura, la antropología, el romanticismo. Se cita la Pacem in Terris, de Juan XIII, donde dice que hay que «promover el desarrollo humano de las minorías, con medidas eficaces en favor de su lengua, su cultura o sus costumbres». Se citan también parecidas consignas de la UNESCO. Está bien claro que el tema tiene raíces trascendentales muy por encima de la pura política. Es bien claro que si se anuncia un proyecto de ley económico, mercantil, financiero, acuden a opinar ; convocados o espontáneamente, las cámaras profesionales, las empresas, los sindicatos. Pero cuando lo que se plantea, como ahora, es el tema de la lengua catalana, acuden con una ensordecedora espontaneidad los ateneos, los clubs de fútbol, los catedráticos, los teatros de aficionados, las parroquias, los grandes almacenes… Está bien claro : es la «vida» en su totalidad espiritual y física la que se ha sentido convocada.

Todas estas realidades vivas se sienten dolidas al ver que como se propone cachear a los viajeros de las líneas de aviación, previendo la piratería aérea, se propongan algunos cachear al catalán por si lleva por si lleva virus escondidos. No se comprende que estamos ante hechos biológicos que se escapan de las manos. El día en que Menéndez Pelayo fue mantenedor de unos «Jocs Florals», pronunciando en catalán parte de su discurso ; y en que el poeta premiado con la «englatina de oro» era Jacinto Verdaguer, que declamó parte de su «Atlántida» ; desde ese día había un hecho irreversible, que la política no podía desconocer : porque no era de la familia de las leyes o los decretos, sino de la familia de la biología y la física como la montaña de Montserrat, el Llobregat o el Mediterráneo.

Todavía son muchos los que escriben preguntando si el catalán o el gallego son lenguas o dialectos. Creen que ésta es una jerarquía administrativa que se dictamina desde fuera. Se es lengua cuando se tiene alojada en sus palabras una gran literatura. Nadie puede votar a Curros Enríquez, Rosalía de Castro, Verdaguer, Maragall o Sagarra. Hay pueblos bilingües, eso es todo. Son muchos los catalanes que aunque hablen perfectamente el castellano piensan en catalán. No vale dar distinto valor al hecho de pensar en una lengua cuando hay dos, según el enfoque polémico del tema. En Puerto Rico, cada día más, se habla el inglés por personas que piensan en español. Le puede salir el tiro por la culata y herir la Hispanidad al que no valora en el pleito del catalán lo que es la lengua del pensamiento.

Hay que superar esa tendencia muy española a enfocar las cosas en un sentido positivo y resignado, en vez de creador y activo. Es el caso de los beatos y escrupulosos que cuando el Papa decretó el permiso de beber agua, sin límite de tiempo, antes de la Comunión, encaraban el hecho como una condescendencia melancólica a la que había llegado el Papa porque no tenía más remedio. Sin entender que el episodio tenía un valor positivo ; y lo que el Papa hacía era ensanchar las posibilidades de los comulgantes contra las dificultades y limitaciones de la antigua regla del ayuno : que es a lo que el Papa quería poner remedio. Lo que nos asombra no es que lo hiciera así, sino que durante tantos años y siglos se mantuviera esa suspicacia de impureza, frente a una criatura tan limpia y transparente como el agua.

Del mismo modo, el catalán no es un hecho que se «conlleva» o al que se resigna uno. Es un hecho, no pasivo, sino activo, que significa enriquecimiento y aumento para España. Transparente el contenido y el cristalino continente, nada hay en este tema que sea resignación o componenda. Hablar o leer o aprender el catalán es un hecho simplicísimo. Se trata de beber un vaso de agua clara.

José María Pemán

20 Abril 1970

Los virus del señor Pemán

EL ALCÁZAR (Director: Lucio del Álamo)

Don José María Pemán publicó ayer en ABC un artículo que tiene un bello título: “El catalán: un vaso de agua clara”. El acierto acaba en el título. El señor Pemán monta una defensa del idioma catalán contra el ataque de los políticos, en Madrid. ¿Pero es que, a estas alturas, alguien ataca el catalán – o el gallego o el vascuence – y nada menos que en las Cortes? Según el señor Pemán sí. Textualmente escribe: “Ahora, el tema echa chispas porque en las Cortes, con ocasión de discutirse la ley de Enseñanza, se ha dicho que se tuviera cuidado con el catalán que podía ser portador de virus políticos’. Y más adelante remacha “como se propone cachear a los viajeros de las líneas de aviación previendo la piratería, se propongan algunos cachear el catalán por si lleva virus escondidos”.

El ilustre académico de la Española se suma así, desde su gloriosa senectud a una campaña de tergiversación y de resurrección de enconos ventuosamente enterrados. Estamos seguros de que en esta campaña pefectamente orquestada, don José María Pemán toca de buena fe y de oído. Lo que se dijo en las Cortes sobre los virus está en el Diario de Sesiones del día 2 de abril. En nombre de la ponencia habla por primera vez el profesor Muñoz Alonso – que así ‘inaugura la lengua’ – u dice, según el texto taquigráfico.

“Agradezco al señor presidente las facilidades que ha dado para la exposición oral, porque donde esté la lengua, la tinta por muy brillante que sea, no puede suplirla jamás y hasta los ojos hablan mejor con la voz que con la pluma. Quiere esto decir que no son una reiteración los argumentos que han sido expuestos, sino que es algo más profundo que ha afectado a la ponencia, como van a ver inmediatamente. Me voy a restringir en lo que a mi atañe como representante de la ponencia, sólo al artículo 1, párrafo 1. Mis fuerzas, lo siento mucho, no dan para más. Pero sucede algo extraño a este representante de la ponencia que inaugura el lenguaje; esa cosa, señor Viola, tan tremendamente difícil y compleja que no sólo es vehículo de comunicación o la sangre del alma, cmo diría Unamuno o como San Agustín se lo atribuía a las lagrímas, que quizá es más hermoso; el lenguaje es algo más profundo y muchos están llegando al marxismo a través de la incomprensión de lo que el lenguaje significa como expresión del trabajo. Por tanto, mucho cuidado con creer que la lengua es sólo vehículo a través del cual los hombres se comunican, porque también a través de ella se filtra el alma y, a veces, los virus del alma”.

Hasta aquí el texto del ‘Diario de Sesiones’. ¿Dónde se habla de que el catalán pueda ser portador de virus políticos? ¿Dónde pide cachear al catalán, ni al castellano, ni al inglés? EL orador habla de la exposición oral y de la lengua, del valor y del temor del lenguaje. ¿Por qué se falsan unas palabras hondas y claras? ¿Por qué con José María Pemán suma la fuerza de su firma y la resonancia nacional de la tribuna de ABC a la maniobra? En alguno de los organillos orquestados se ha llamado al profesor Muñoz Alonso, al atacarle por lo que no ha dicho: “El filósofo de la Falange”. ¿Habrá que buscar por ahí? Pero desasosiego por una Falange que – según ells – está muerta y enterrada resulta excesivo.

En fin, lo que nos duele es que el admirado señor Pemán monte un artículo de bello título sobre tergiversaciones de segunda mano que su innata caballerosidad le obligará a rectificar. Porque, efectivamente, el catalán es un vaso de agua clara que nadie tiene derecho a manchar de barro.

08 Mayo 1970

El majo y la corrección de estilo

José María Pemán

Tú, tranquilo, majo. Yo no te he nombrado en mi artículo. Escribo contra el concepto mismo que contiene el pensamiento cicatero que sólo piensa en agraviar a Cataluña. Por lo demás, me es indiferente quien lo emitiera en la Comisión: y no me he metido en averiguaciones de la paternidad.

Don Adolfo Muñoz Alonso con sus cejas conectadas y sus pelos firmes como soldados en formación me envía, con una tarjeta deslizante de cortesía, una fotocopia del Boletín Oficial de las Cortes’, donde aparece su discurso en la Comisión: versión en la que los peligros del lenguaje y sus virus no aparecen específicamente atribuidos al catalán.

Y yo le dijo: Majo, quédate tranquilo (Eso de majo es un tratamiento peculiar que él suele dar a sus interlocutores y que puede uno devolverle. Al cabo la ‘majeza’ es calidad viril: y los gaditanos recibimos esa calificación de la mano de don Armando Palacios Valdés, en su libro: ‘Los majos de Cádiz’) Pues sí; majo, quédate tranquilo. Ya podrás comprender, majo, que la conexión del catalán y los virus fue extendida por las agencias y cronistas de toda España, y por eso han levantado tan extensísima protesta en toda Cataluña y aun fuera de ella: Prensa, Ateneos, Universidades, empresas mercantiles. Todo esto sería inexplicable ante la redacción virginal y para todos los públicos del Boletín. En todo este mar mi artículo no fue más que una gota de agua clara. Ni te nombré en mi artículo, majo. Lo que me importaba no era la paternidad de la frase, sino su contenido. Porque parecía anunciar una reincidencia en el error y tono de aquello Juegos Florales, a raíz de la liberación de Barcelona, de los que ya contaba en mi artículo cómo tuvieron más espinas.

Pero yo tengo la idea de que no hay artículo periodístico si no se le encuentra una punta que establezca contacto con la amenidad ye sentir general. No vale el mantener diálogo dos personas o polemizar dos escritores, si ello  se paga con el aburrimiento del lector. Y sobre ese caso planea una extraña dualidad incitante que ensancha y vitaliza e el tema. EL diario de sesiones nos da un texto neutro y los cronistas oyentes nos dieron un texto malévolo. El ‘catalán’, que estaba en todas las referencias de Prensa muy cerca de los virus, desaparecía en el texto oficial. ¿Es que el boletín de las Cortes viene a ser un cajón para afeitar toros? ¿Existe todavía en nuestro aguado parlamentarismo, como en el anterior, una Comisión de corrección de estilo? Al amparo de esa revisión interior, los parlamentarios podían corregir sus propios textos. La colección del ‘Diario de sesiones’ podía terminar cada año con esa frase del Evangelio de Sna Juan: ‘Otras muchas cosas obró Jesús, que no cabrían en este libro’. El itinerario de toda intervención parlamentaria empieza por ‘En el principio era el Verbo’: pero puede acabar ‘en el final fue la corrección de estilo’. Yo recuerdo que cuando Queipo de Llano pronunciaba sus famosas y desgarradas charlas desde la Capitanía de Sevilla había un ayudante siempre con la mano en el conmutador de la electricidad para cortar la emisión cuando don Gonzalo empezaba a caer en picado sobre lo más gordo y popular. Así, el día de la Virgen de los Reyes, en que se restauró la bandera roja y amarilla, cuando Queipo comparó la franja morada que desaparecía con el color del permanganato que se usaba para curar ciertas enfermedades. Yo sospecho que al o largo de más de un siglo en los subterráneos del diario de sesiones yace, por lo menos una tercera parte del vocabulario recogido por Camilo Cela en su diccionario secreto y escatológico. Creo que muchos ‘burros’, ‘cursi’, ‘pelagatos’, yacen enterrados como estiércol fertilizante, en las subterráneas raíces del árbol de la democracia. Como también aquel mote, genizaros, que puso en pie a toda la oposición que creyó que genizaros significa ‘eunucos’.

EL famoso Villanueva, clérigo y diputado en las Cortes de Cádiz, cuenta el alboroto que se armó en el hemiciclo el día que a un espectador de la galería alta se le cayó el paraguas al patio. Muchos creyeron que era el general Soult que llegaba. Pero estas cosas pueden leerse en los diarios particulares de los diputados, no en el oficial. Los sustos de los diputados están siempre eludidos por la Prensa oficial. Así el día en que entró en el Congreso el general Pavía y se hicieron unos disparos en las galerías. Minutos antes habían dicho muchos diputados: tendrán que pasar sobre mi cadáver; pero los soldados no encontraron cadáver alguno sobre el que ejercitarse en carrera de obstáculos, ni candidatos dispuestos a ser cadáveres publicitarios. Tampoco recoge el diario oficial las anécdotas colaterales. Así la de Tomás Luceño, taquígrafo del Congreso y luego sainetero famoso. Con el pánico no se acordó de coger su capa, y se echó a la calle a cuerpo gentil con ser una cruda noche de enero. Iba llegando a su casa cuando se le adelantó don Nicolás María Rivero, quien era un gigantón. Don Nicolás, que vivía enfrente a Luceño, le anunció que ya estaba todo acabado en el Congreso, y le cedió su capa para que volviera a rescatar la suya. La capa de Rivero le sobraba a Luceño, que era menudito, por todos sus puntos cardinales y le arrasaba como una cola de penitente. Así, envuelto en su latifundio de paño llegó Luceño al Congreso. Silencio. Todo oscuro. Hasta que tropezó con un centinela.   (…)

–          Alto ¿a qué viene?

Y Luceño tartamudeando de pánico

–          Venía… venía a recoger mi ca… ca… capa.

–          ¿Todavía más capa… si la que lleva le debe bastar para toda la familia?… Circule. ¡Y no pretenda chunquearse con la fuerza armada!

Tampoco llegó a la letra impresa del boletín, el famoso episodio del diputado Conde de Esteban Collantes. Peroranda sobre un tema apasionante se le cayeron los pantalones hasta los zapatos, dejándolo en calzoncillos ante toda la Cámara. Con serenidad olímpica, se subió los pantalones, se apretó el cinturón y dijo con pausa y sosiego:

–          Puestas así las cosas en su sitio…

Y siguió su discurso sobre el presupuesot. Se dice que, sin embargo, el episodio le costó una cartera ministerial, que esperaba: y que no llegó a sus manos porque el país conocía con exceso sus intimidades. Ni pudo evitar que el pueblo le conociera

Y siguió su discurso sobre el presupuesto. Se dice que, sin embargo, el episodio le costó una cartera ministerial, que esperaba: y que no llegó a sus manos porque el país conocía con exceso sus intimidades. Ni pudo evitar que el pueblo le conociera en adelante por el ‘Conde le estaban colgantes’.

No sé si ahora la redacción oficial se ocupa de prohibir palabrotas gordas, pantalones inseguros y conceptos desafortunados. Pero tú, tranquilo, majo. Yo no te he nombrado en mi artículo. Escribo contra el concepto mismo que contiene el pensamiento cicatero que sólo piensa en agraviar a Cataluña. Por lo demás, me es indiferente quien lo emitiera en la Comisión: y no me he metido en averiguaciones de la paternidad. A fin y al cabo, si fuiste tú qioen lo dijo, el concepto mismo ni peirde por eso trascendencia ni gana autoridad… Tan amigos, majo.

José María Pemán

El Análisis

UN HOMBRE CONSCIENTE DEL COMPÁS DE LOS TIEMPOS

JF Lamata

El académico Sr. Pemán, el hombre que puso letra franquista al himno de España, que tanto había apoyado al dictador Franco en artículos y Terceras de ABC, fue precisamente el primer gran columnista que salía en defensa del uso del idioma catalán, alinéandose con los líderes nacionalistas D. Josep Benet o D. Jordi Pujol. Y además lo hacía en un diario tan poco sospechoso de ‘nacionalista catalán’ como ABC. ¿Significaba acaso que el Sr. Pemán se había vuelto un converso? ¿Un arrepentido? Probablemente nunca se arrepintió de su pasado, ni renegó de nada. Lo más probable es que, simplemente el Sr. Pemán había sabido ‘evolucionar’ al compás de su tiempo. En 1970 la cosa ya no estaba para inmovilismo, se visualizaba una inminente monarquía parlamentaria aperturista. Reconocer la realidad del catalán formara parte de esa apertura.

J. F. Lamata

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