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Su nombramiento se produce en un momento de guerra total en la Audiencia Nacional entre los 'fiscales indomables' y el fiscal jefe de la Audiencia, Aranda

El Gobierno Aznar cesa al progresista Carlos Granados como Fiscal General del Estado, será reemplazado por Juan C. Ortiz Urculo

HECHOS

En agosto de 1996 se hizo pública la decisión del Gobierno de designar a D. Juan Cesaro Ortiz Urculo nuevo Fiscal General del Estado en sustitución de D. Carlos Granados.

UN FISCAL CONSERVADOR

ortiz_urculo D. Juan C. Ortiz Urculo había sido presidente de la Asociación de Fiscales, la organización mayoritaria de fiscales, considerada conservadora. Desde ese puesto criticó reforma de la ley orgánica del Poder Judicial que hizo en su día el Gobierno de D. Felipe González (PSOE) a la que calificó de «inconstitucional».

13 Noviembre 1996

El arte de la injuria

Javier Pradera

Al contrario de las dictaduras, donde el flujo de los vituperios desciende unilateralmente desde las alturas gubernamentales hasta los amordazados opositores al régimen, el sistema pluralista garantiza al menos la reciprocidad universal de las críticas; la alternancia en el poder a través de elecciones libres asegura que ofendidos y ofensores, íncubos y súcubos, intercambien sus papeles periódicamente.Si Eligio Hernández, designado fiscal general del Estado por el Gobierno de Felipe González entre 1992 y 1994, hizo las delicias de la oposición popular con su cerrado sectarismo, ahora Juan Ortiz Úrculo, nombrado para ese mismo cargo por el Gobierno de Aznar, se dispone a ofrecer parecidas satisfacciones al PSOE. Así como los hijos dan a los padres muchas alegrías, pero también muchas preocupaciones, el nuevo fiscal general del Estado, belicoso presidente de la conservadora Asociación de Fiscales durante la anterior legislatura, ha comenzado ya a suministrar a los dirigentes y publicistas del PP esas contradictorias emociones. Con motivo del recurso dé apelación interpuesto ante la Sala Segunda del Supremo para que Felipe González fuera citado como imputado en el caso Marey, Ortiz Úrculo se desmarcó a título personal de la posición oficial del ministerio público, contraria a la comparecencia del ex presidente, interpolando una morcilla en el libreto y guiñando el ojo desde el escenario como los característicos de las astracanadas. No contento con esa anomalía, también interrumpió la deliberación de los magistrados del Supremo con una llamada telefónica justificada -de manera harto inverosímil- por el invencible deseo de saciar su curiosidad y conocer el fallo antes que nadie.

Javier Pradera

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