17 mayo 1996
Está considerado un hombre de confianza del vicepresidente económico del Gobierno, Rodrigo Rato
El Gobierno del PP nombra a Francisco González presidente del Banco público Argentaria, que será privatizado

Hechos
El 17.05.1996 D. Francisco González Rodríguez fue nombrado Presidente del Banco Argentaria en sustitución de D. Francisco Luzón López.
Lecturas
El 17 de mayo de 1996, apenas dos semanas después de la llegada de José María Aznar a la presidencia del Gobierno, el Partido Popular efectuó uno de sus primeros relevos al frente de las grandes empresas participadas por el Estado. El elegido fue Francisco González Rodríguez, financiero procedente del sector privado, que sustituyó a Francisco Luzón López como presidente de Argentaria, el tercer gran grupo bancario español. González anunció inmediatamente su intención de completar la privatización de la entidad, de la que el Estado conservaba entonces aproximadamente el 26,1 % del capital. El relevo no suponía, por tanto, la transformación inmediata de un banco íntegramente público en otro privado: cuando Aznar llegó al poder, casi tres cuartas partes de Argentaria ya estaban en manos de accionistas privados. Sin embargo, el Estado seguía siendo un accionista de referencia y conservaba capacidad para influir decisivamente en el nombramiento de su presidente. La designación de González puso de manifiesto esa influencia y convirtió a Argentaria en uno de los primeros símbolos de la nueva política económica del PP.

La historia de Argentaria se remontaba a 1991, cuando el Gobierno socialista de Felipe González, con Carlos Solchaga al frente del Ministerio de Economía y Hacienda, decidió reorganizar las principales entidades financieras públicas. Mediante el Real Decreto-ley 3/1991, de 3 de mayo, posteriormente desarrollado por la Ley 25/1991, se constituyó la Corporación Bancaria de España, conocida comercialmente como Argentaria. Su finalidad era agrupar bajo una dirección común seis entidades de larga trayectoria: el Banco Exterior de España, la Caja Postal, el Banco Hipotecario de España, el Banco de Crédito Local, el Banco de Crédito Agrícola y el Banco de Crédito Industrial. Se trataba de instituciones especializadas en comercio exterior, ahorro postal, financiación de viviendas, crédito a los ayuntamientos, agricultura e industria. Su integración pretendía superar la dispersión del crédito oficial y constituir un grupo bancario competitivo frente al Banco Santander, el BBV y los demás grandes bancos privados. Francisco Luzón, procedente de la banca privada, fue el encargado de dirigir aquel proyecto, que nació con el Estado como propietario de la totalidad del capital. La creación de Argentaria no significó la nacionalización de bancos privados, sino la concentración y reorganización de entidades que ya pertenecían al sector público.
Sin embargo, la estrategia socialista evolucionó pronto hacia la entrada de capital privado. En 1993, el Gobierno de Felipe González puso a la venta dos paquetes de acciones que sumaban aproximadamente el 48 % del capital. Una tercera operación, realizada en marzo de 1996, pocas semanas antes de la llegada del PP al Gobierno, redujo la participación pública hasta aproximadamente una cuarta parte. El nuevo Ejecutivo decidió completar el proceso mediante una última oferta pública de venta, realizada en febrero de 1998, que puso fin a la presencia accionarial del Estado. Argentaria dejó así de tener un propietario público para convertirse en una sociedad cotizada cuyos títulos estaban distribuidos entre inversores particulares, fondos, entidades financieras e inversores institucionales españoles y extranjeros. No fue vendida en bloque a un banco concreto ni entregada a un empresario determinado.
Cronología de Argentaria: de banco estatal a grupo privado (1991-1999)
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 03.05.1991 | El Gobierno de Felipe González aprueba el Real Decreto-ley 3/1991, que crea la Corporación Bancaria de España. |
| 27.05.1991 | Constitución formal de Argentaria, con capital íntegramente estatal. |
| 1991-1992 | Integración de las participaciones públicas en Caja Postal, Banco Exterior, Banco Hipotecario, Banco de Crédito Local, Banco de Crédito Agrícola y Banco de Crédito Industrial. Francisco Luzón dirige el grupo. |
| Mayo de 1993 | Primera oferta pública de venta (OPV): el Estado coloca el 24,99 % del capital. |
| Noviembre de 1993 | Segunda OPV: venta de otro 23,35 %. La participación privada se aproxima a la mitad del grupo. |
| Marzo de 1996 | Tercera OPV, todavía bajo el Gobierno socialista: colocación de aproximadamente otro 25 %. |
| 17.05.1996 | El nuevo Gobierno del PP impulsa el nombramiento de Francisco González como presidente, en sustitución de Francisco Luzón. |
| 28.06.1996 | El Consejo de Ministros aprueba el Programa de Modernización del Sector Público Empresarial, que establece la privatización total como criterio general. |
| 16.01.1998 | El Gobierno autoriza la última venta de acciones de Argentaria y establece un régimen temporal de autorización administrativa para determinadas operaciones societarias. |
| Febrero de 1998 | Cuarta y última OPV, por aproximadamente el 29,2 % del capital. El Estado deja de ser accionista. |
| Octubre de 1998 | Reorganización jurídica y operativa mediante la integración de varias entidades del grupo. |


17 Mayo 1996
Relevo en Argentaria
El PP movió ficha ayer por primera vez en la empresa pública. El nombramiento de Francisco González como presidente de Argentaria pone fin a la etapa de cinco años de Francisco Luzón al frente del grupo, del que ha sido hasta ahora el único presidente. El nombramiento cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que Argentaria es el tercer grupo financiero español en tamaño – tras Santander y BBV – y el primero en beneficio atribuible. El relevo se produce cuando está pendiente una cuarta y última privatización en la que el Estado se desprenderá del 25,1% que le queda del grupo y en la que se definirá el futuro modelo de propiedad. El PP, que no ocultó su disgusto por el hecho de que la anterior administración acometiera la tercera privatización de Argentaria justo en periodo electoral – el pasado mes de marzo – parece decantarse por una fórmula de continuidad y no de revolución, marco al que se adapta perfectamente el perfil de Francisco González. Argentaria conservará su unidad como grupo y no será despiezada, decisión sensata si se tiene en cuenta que en las tres colocaciones públicas en el mercado se ha vendido como un conjunto y así se ha valorado. La primera oferta pública de venta tuvo lugar en mayo de 1993, a 3.800 pesetas por acción, La segunda privatización, en noviembre de aquel año, se hizo a 5.805 pesetas para el tramo minorista; la tercera, a 4.927 pesetas. El valor cotizó ayer a 5.150 pesetas. El Estado ha captado en estas tres operaciones 455.915 millones de pesetas. El paquete del 25,1% que conserva por ahora vale, a precio de mercado, 161.581 millones.
El nombramiento de González irá seguido, probablemente, de otros cambios en las presidencias de empresas públicas. Argentaria, cuyo capital se encuentra, a parte de la posición del Estado como accionista mayoritario, muy diseminado entre 670.000 accionistas, no tiene núcleo duro de accionistas, lo que ha facilitado la rapidez en la decisión sobre el cambio. El Gobierno ha abierto un proceso de consultas entre los principales accionistas privados de otras empresas públicas – como Repsol, Endesa y Telefónica -, antes de tomar decisiones sobre estas compañías.
Francisco Luzón ha venido confiando hasta última hora en su permanencia al frente de Argentaria, un proyecto que asumió con entusiasmo y al que ha dedicado largas jornadas de trabajo.
El Análisis
La decisión del Gobierno de José María Aznar de completar la privatización de Argentaria anuncia el final de una etapa en la historia financiera española. El país que durante décadas mantuvo importantes entidades públicas especializadas en financiar la agricultura, la industria, la vivienda, los ayuntamientos y el comercio exterior se dispone a desprenderse de su último gran grupo bancario comercial de propiedad estatal. La paradoja histórica es considerable. El franquismo, pese a sus orígenes falangistas y a su retórica de intervención económica, nunca nacionalizó el conjunto de la banca privada española. Los grandes bancos conservaron su propiedad privada, aunque sometidos a una intensa regulación y a las directrices de la política económica del régimen. El Estado desarrolló paralelamente sus propios bancos oficiales, mientras las cajas de ahorros, instituciones de naturaleza fundacional y fuerte vinculación territorial, terminaron convirtiéndose en importantes competidoras de la banca privada, sin ser por ello bancos estatales en sentido estricto. La nacionalización del Banco de España en 1962 no alteró esa estructura de propiedad de la banca comercial. Resulta significativo que fuera un Gobierno socialista, el de Felipe González, quien reuniera en 1991 buena parte de aquellas instituciones públicas bajo la denominación de Argentaria, con Carlos Solchaga como principal responsable político de la operación. Pero también fue ese Gobierno quien inició en 1993 su venta al capital privado y quien, antes de abandonar el poder en 1996, había colocado en Bolsa la mayor parte de sus acciones. La privatización que ahora anuncia el Partido Popular no constituye, por tanto, una ruptura absoluta con la política anterior, sino la culminación de un proceso iniciado por los socialistas. La cuestión económica que permanece abierta es si la competencia bancaria y la regulación pública podrán sustituir satisfactoriamente las funciones que antes desempeñaban las entidades de crédito estatales.
Existe, sin embargo, una segunda paradoja que afecta directamente a la independencia de Argentaria. El Partido Popular sostiene que la privatización permitirá liberar al banco de la intervención política, pero una de sus primeras decisiones al llegar al Gobierno ha sido sustituir a Francisco Luzón por Francisco González, un financiero procedente del sector privado que accede a la presidencia por decisión impulsada desde el nuevo poder político. El nombramiento no demuestra por sí mismo que González carezca de capacidad profesional ni que vaya a dirigir Argentaria siguiendo instrucciones partidistas. Pero sí permite plantear una contradicción: ¿puede considerarse plenamente despolitizada una entidad cuyo máximo responsable ha sido elegido por el Gobierno precisamente cuando este se dispone a vender las acciones públicas restantes? La futura dispersión del capital entre miles de accionistas no resolverá automáticamente esa cuestión, porque los presidentes y consejos de administración pueden conservar un poder considerable aun sin disponer de una participación accionarial significativa. En consecuencia, la privatización debe distinguirse de la despolitización. La primera se producirá cuando el Estado venda sus títulos; la segunda solo podrá apreciarse si las decisiones empresariales se adoptan con autonomía respecto a los intereses de los partidos y de quienes facilitaron el nombramiento de sus dirigentes. Francisco González podrá convertirse en presidente de un banco enteramente privado, pero el origen político de su designación seguirá formando parte de su trayectoria. La desaparición del accionista estatal no garantiza, por sí sola, la desaparición de la influencia política sobre la banca.
JF
