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Su cierre supone también el final de la prensa vespertina de la que PUEBLO, a excepción del agonizante EL ALCÁZAR

El Gobierno socialista cierra el diario PUEBLO, el último periódico de ámbito nacional propiedad del Estado

HECHOS

El 17 de mayo de 1984 el Gobierno del PSOE decidió el cierre del diario PUEBLO.

En 1984 el Gobierno del Sr. Felipe González decidió liquidar toda la cadena de medios de comunicación del Estado, cerrando o sacando a subasta todas sus cabeceras. Muchas de ellas cerrarían, pero las más valiosas acabarían en manos del nuevo grupo de comunicación Prensa Ibérica de Francisco Javier Moll de Miguel, mientras que paralelamente otro grupo, Comecosa, de el País Vasco, iniciaba su expansión por provincias. ARRIBA ya había desaparecido en 1979, sólo quedaba PUEBLO, cuyo cierre se ordenó el 17 de mayo de 1984 con una llamada del ministro don Javier Solana. El periódico arrastraba unas deudas de 1.000 millones. El último director de PUEBLO fue don José Antonio Gurriaran, quién llevó una línea muy pro-PSOE. Según me contó un compañero de redacción, Sr. Valencia, “presumía de tener carné de UGT cuando todavía vivía Franco” y que fuera víctima de un atentado de los GRAPO que le dejó cojo. Para todos, el referente de PUEBLO seguía siendo don Emilio Romero, que publicó en YA su artículo “muerte anunciada”.El fin de la prensa estatal coincide con la desaparición en los quioscos de EL SOCIALISTA, los periódicos de partido quedarían limitados a la distribución interna.

17 Abril 1980

El caso "Pueblo"

Francisco Umbral

Me inquieta todas las tardes el caso Pueblo, el caso del diario Pueblo, cuando me acerco entre dos luces -la de la vida, la de la muerte, que diría un clásico tirando a romántico- a comprar la prensa vespertina, en su mayor parte épica. Informaciones había ido desgastando últimamente su fisonomía hasta ser un periódico sin rostro, como una vieja medalla mal labrada. Pero Pueblo seguía y sigue viviendo de la marcha que le metiera hace treinta años Emilio Romero, y está en una apreciable tirada de 80.000 ejemplares.La prensa del Movimiento hubo que cerrarla, aparte de exigencias democráticas, porque era ruinosa. Pero Pueblo sigue ahí. Lo que prueba (como siempre quiso sostener sofísticamente Romero) que Pueblo no era exactamente prensa del Movimiento, aunque quizá fuese algo incluso peor, más ambiguo y confusionarlo. Técnicamente, en todo cáso, era -¿y es?- mucho mejor. Pienso que Pueblo se vende por sus grandes reportajes, por lo que conserva de revista diaria, por su tratamiento ruidoso del fútbol y el crimen pasional. En todo caso, no ha caído en el error de querer ser EL PAIS de por la tarde. Así, el pueblo que compra Pueblo puede que lo haga apolíticamente, puede que compre un magazine más que un diario de opinión, ya que la opinión del Estado (que no debe tener opinión), filtrada por la opinión del Gobierno de Meliá, que siempre son contradictorios consigo mismos, y filtrada a su vez por la opinión de UCD, que quiere y no quiere ser algo más que el Gobierno, algo más que el Poder, Filtrada finalmente por la opinión del propio periódico, supone un proceso complejo de filtraciones, una destilería periodística de la que difícilmente puede obtener un trago el lector de media tarde.

Pero la estructura técnica de Pueblo, la inercia populista de Romero, ese medio millón escaso de lectores y, sobre todo, la variada botánica ideoIógica de obreros y redactores del vespertino, hacen de Pueblo, me parece a mí, una ternera de dos cabezas, o de mil, en el periodismo dernocrático.

Hombres como Eduardo Rico, Antonio Casado, Raúl del Pozo, el poeta José Luis Jover, casi todos de la vieja guardia de Pueblo (que nada tienen que ver con la vieja guardia de Franco), más todo un elemento humano pululante de comunistas, socialistas, retrofranquistas, oficialistas, ucedistas, en redacción y talleres, de López-Negrín al fotógrafo Santiso, hacen de Pueblo un complejo humano y prof`esional difícil de definir, lamentable de eliminar y urgente de resolver. No costaba nada cerrar el Arriba, que era el santuario en huecegrabado de las sucesivas mitologías joseantoniano/franquistas, pero es más complicado, más doloroso, más difícil, cerrar Pueblo., y, sobre todo, que el caso está clamando al cielo de la Moncloa, por esos 80.000 compradores, por esos excepcionales profesionales que hacen el periódico, por la personalidad que aún le resta y por el delicado equilibrio político que se ha conseguido en el régimen interno, en el clima de trabajo, donde Raúl del Pozo baja a talleres con una botella como una antorcha de vino, para los obreros, o Eduardo Rico aplica análisis hegelianos al estreno de la noche anterior.

Después de la voladura simbólica o fáctica de diarios madrileños tan acuñados como Madrid o Informaciones, es posible que Pueblo vuele cualquier tarde, dejando en la calle, o en el anónimo burocrático, a una masa de obreros expertos y una gavilla de escritores con personalidad. UCD no debe hundir el torpedero inás importante de su anterior escuadra franquista, ni desguazarlo como el Canarias. Ese periódico, que es ya una cooperativa ideológica, debiera salvarse en forma de cooperativa económica y efectiva. Digo yo.

17 Mayo 1984

DESPEDIDA

José Antonio Gurriarán

"Por una decisión política, basada en razones filosóficas y económicas, se suprime la Prensa pública. PUEBLO, que cuando fue oportuno mostró su desacuerdo, acta, sin embargo esta decisión".

El Consejo de Ministros de ayer, a propuesta del ministerio de Cultura, ha acordado el cierre del diario PUEBLO. Completada la privatización de la Cadena de Medios de Comunicación Social del Estado, termina ahora con nuestro periódico la andadura de la Prensa pública en España. Inútil decir en esta hora que muchos de sus trabajadores permanecimos hasta el día de hoy fieles al espíritu que animó su defensa. No entendíamos – no entendemos – qué razones existen para que lo que justifica la existencia de la radio, la televisión o las agencias públicas no sea igualmente válido para la Prensa pública, cuando el mensaje a transmitir en en todos los casos el mismo y lo único que varía es el soporte técnico. Tampoco encontramos oposición o disyuntiva entre lo público y lo privado en el campo de la comunicación, y por ello hemos defendido con el mismo ahínco al presupuesto para los primeros y las subvenciones para los segundos, pues sabido es que en concreto la Prensa no podría subsistir sin la ayuda económica del Estado.

No vamos a insistir en l crisis mundial de la Prensa escrita, cuando en Europa y en España se cierran periódicos en insufrible goteo. Tampoco en la defensa de una Prensa pública plural, porque la batalla de la Prensa pública se agota hoy con la muerte de PUEBLO, y los que la perdimos hemos de tener la serenidad de reconocer que estábamos en minoría. Ni es tampoco hora en este momento de profundizar en la amenaza de la concentración de la empresa periodística a la que Jean Schwoebel, ex presidente de la Sociedad de Redactores de ‘Le Monde’ clasificara de ‘muerte del pluralismo’ entre otras razones porque en España la empresa periodística es, en la mayoría de los casos, de escaso potencial económico y no existen los grandes pulpos informativos de Alemania, Estados Unidos, Inglaterra o Francia. En esta hora de sensibilidad a flor de piel queremos despedirnos con elegancia, consecuente con el espíritu que ha animado las páginas de PUEBLO. Cualquier indirecta o exabrupto sería inconsecuente con nosotros mismos y con el respeto que nos merecen, por encima de todo, los propios lectores, a los que con mayor o menor fortuna nos propusimos servir y que con su fidelidad alentaban nuestra esperanza.

Gracias y adiós a estos lectores. También a diversos círculos profesionales y sociales de una u otra manera vinculados a PUEBLO. Todos los que hicimos el periódico estamos dolidos, y es que consumemos ahora un esfuerzo cuyos frutos son ya argumento de hemerotecas. De algún modo nos sentimos también herederos de la larga tradición de un diario cuyos condicionales coyunturales no impidieron que crecieran en él grandes periodista y escribieron algunas de las páginas más importantes del periodismo español. A lo largo de casi medio siglo nuestra cabecera ha visto a equipos y profesionales diferentes, muchos de los cuales figuran hoy entre las primeras firmas del periodismo nacional. En esta última etapa, PUEBLO ha tratado de acentuar sus características de diario plural y abierto a todos, al servicio del Estado y del a Constitución. Creemos que ello nos supuso un incremento de su crédito y una apreciable subida de la venta y la publicidad, como en su día podrán atestiguar los datos de los controles de difusión. Ahora, por una decisión política, basada en razones filosóficas y económicas, se suprime la Prensa pública. PUEBLO, que cuando fue oportuno mostró su desacuerdo, acta, sin embargo esta decisión.

Este periódico cumple, como a lo largo de tantos días con su deber de informar. Y lo hace exhaustivamente relegando a segundo término la última noticia de su cierre. Nos despedimos afectuosa y tranquilamente, con la sensación del deber cumplido hasta el último minuto. Sin gemidos ni lamentos. Por el contrario, queremos animarles como lectores – esporádicos o cotidianos – de este diario a seguir siéndolo de otros con los que nos propusimos en todo momento mantener una noble competencia. Con absoluta firmeza les instamos a depositar en ellos la confianza que nos dispensaron. Triste es que muera un periódico; pero lo es más aún que muera un importante colectivo de lectores. Con esta idea finaliza el parlamento que inmodestamente encabeza hoy el ejemplar que tienen en sus manos. El resto, por mi parte, concluye con el agradecimiento a todo los trabajadores del diario y, una vez más, a sus lectores. Y lo que PUEBLO tiene que decir en su día final termina en el último punto de la última página.

José Antonio Gurriarán

17 Mayo 1984

LAS GAFAS

Raúl del Pozo

"Han desnacionalizado la mejor universidad que tuvo nunca el periodismo español. Se va hundiendo lentamente esta tarde, que llueve, y lloro porque ya no soy tan joven, ni creo en tantas cosas, como antes cuando era muy joven y mi única patria era este periódico".

Hace aproximadamente diecisiete años, en un día de lluvia como hoy, llamé por teléfono a Jesús de la Serna, subdirector de este periódico y le dije que Madrid estaba amenazada por las ratas y yo no tenía fotógrafo. Me envió a Boutelier y conté como los poceros mataban a los pequeños monstruos del averno de la ciudad. Han pasado diecisiete años y esta tarde llueve, también, pero ya no viviría como entonces aquel ‘deliriums tremens’ de periodismo. Tengo la vista cansada. He vivido en este diario dos décadas prodigiosas. Hablé con Sartre el día que llegó a Madrid y con Amstrong la mañana que salía de viaje para la Luna, en Cabo Kennedy. He dormido en el sofá, muchas noches, entre presentación de Sara Montiel y la llegada a Barajas de Robert Mitchum, y estuve allí en las calles de La Paz ensangrentada la mañana en la que el coronel Bancer acabó con la resistencia del ‘primer soviet’ de América. Creí en el periodismo.

Aún no sabía entonces que no eran astrólogos los que escribían los horóscopos. Me he educado entre los más grandes de aquellas dos décadas, cien mil voltios y este lustro de tedio. La pipa de Juan Luis Cebrián, Emilio Romero como almirante de navegación, escorado; José María García, que cuando hacíamos sucesos provocaba el llanto de la viuda del albañil para que la foto fuera de primera. Etc. He compartido el podio de primera página con los mejores periodistas y he titulado a veces a seis columnas.

PUEBLO ha sido mi juventud, mi universidad, mi compromiso vital. He visto muchas cosas: la dictadura, la libertad, los pases y los goles. Me he dejado aquí la esperanza y media vista y ya no creo que el periodismo es una pasión, sino una gaceta que cuenta cada día las relaciones de clase y las contradicciones sociales. Cuando suena el teléfono, aún mi corazón de reportero se acelera. Puede ser una noticia o una mujer. En realidad PUEBLO iba ya a la deriva, abandonado por los armadores, tocado del ala por la competencia, las nuevas tecnologías y los obuses que le lanzaban las casas privadas. Han desnacionalizado la mejor universidad que tuvo nunca el periodismo español. Se va hundiendo lentamente esta tarde, que llueve, y lloro porque ya no soy tan joven, ni creo en tantas cosas, como antes cuando era muy joven y mi única patria era este periódico. Cuando llegué aquí veía las ratas en la oscuridad, ahora tengo que ir cuando cobre a recoger las gafas a San Gabino. También se aprende a morir.

Raúl del Pozo

18 Mayo 1984

UNA MUERTE ANUNCIADA

Emilio Romero

"El centrismo gobernaba los periódicos del Estado, y especialmente PUEBLO. Era todo lo contrario de las exigencias democráticas. El centrismo quería voceros y no críticas. Aquel periódico empezaba a desvirtuarse".

Querido director y queridos lectores: Hoy tenéis que tener conmigo una licencia y dejarme hablar de la desaparición del diario PUEBLO. Es el caudal más importante de mi vida profesional de periodista. Había dirigido periódicos de provincia, jovencísimo, cuando terminó la guerra civil, y en 1946 ese gran periodista que llenó tantos años de la vida política y profesional alrededor de la prensa, Juan Aparicio, me llevó como editorialista político a PUEBLO. En 1952 fui designado director, y salvo un paréntesis de dos años, en que fui cesado por haber firmado un escrito en favor de Torcuato Luca de Tena, director de ABC, que había sido suspendido de su cargo, estuve hasta 1975.

Tengo que decir sin petulancia, sin vanidades que ya he aplacado y sin recordatorio para desmemoriados, que me correspondió ser director de este periódico en su gran esplendor. Nuestra gran competencia eran dos excelentes periódicos, INFORMACIONES y MADRID, dirigidos por dos catedráticos del periodismo, que fueron Víctor de la Serna y Juan Pujol y tuvimos la fortuna de dejarlos atrás. En la década de los 60 éramos la primera tirada de la prensa de la tarde, cuando todavía entonces era muy prestigiosa ‘la prensa de la tarde’ y en seguida constituimos con ABC, YA y LA VANGUARDIA de Barcelona, las cuatro grandes tiradas nacionales o los cuatro grandes periódicos diarios. Cuando me marché en 1975 dejé el periódico en las proximidades de los trescientos mil ejemplares; cuando lo había recogido, en 1952, aproximadamente en treinta mil. Mi permanencia en este periódico fue exactamente en este periódico veintinueve años. Pero esta crónica de hoy no es de pura nostalgia, sino de referencia histórica de algunas cosas que merece la pena decir. La primera de ellas es que fue una verdadera escuela de periodismo, y que por allí pasaron varias generaciones de periodistas. Una buena parte de los que hoy lucen con brillantez su profesión proceden de PUEBLO.

Y en todas las áreas. Tanto en las políticas como en las deportivas, el suceso, el espectáculo, el reportaje y las corresponsalías en el extranjero. Estos dos ilustres corresponsalías en el extranjero. Esos dos ilustres corresponsales o especialistas de política exterior que brillan hoy en ABC, Manuel Blanco Tobío y Carrascal se hicieron en PUEBLO. Ese famoso personaje que brilló espectacularmente en los Estados Unidos, en la Televisión de nuestro país y ahora en la Radio, Jesús hermida, también procedía de PUEBLO. Ese gran moderador de ‘La Clave’ en televisión, que es José Luis Balbín, fue corresponsal en Alemania y ese personaje de las barbas rojizas que dice la información por la noche en la televisión, y en la segunda cadena, Felipe Mellizo, fue correspnsal en Londres. Ese monstruo de la crítica deportiva que es José María García procede también de PUEBLO. El director de EL PAÍS, Juan Luis Cebrián y un ode sus subdirectores, Jesús de la Serna, allí comenzaron. Y esos extraordinarios articulistas que son Copérnico, Raúl del Pozo – más izqueirdista que una rosa de mayo – también estaban allí. Pilar Narvión triunfaba en París y Martínez Reverte en Inglaterra ye en Francia. Tuve la fortuna también en la tercera página a Diego Jalón y a Fernández Asís y a Torre Enciso y a Florentino López Negrín. Por allí pasaron esos soberbios andaluces que fueron José María Bujella y Luis Pérez Cútoli. Y Amilibia, y Yale, y plaza, y Julio Camarero, y Alfredo Marquerie y Eduardo Rico, y Luis Arranz, y Epifanio Tierno, y García de la Puerta, y Damaso Santos, y Vicente Talón, y Mario Rodríguez Aragón, y Tico Medina, y Gilera, y Miguel Ors, y Gurria´ran, y Merino, y Carlos Castro, y Manuel Salvador Morales, y Álvaro Luis, Y Emilio Romero Jr., y Raquel Heredia, y Carmen Rigalt y Antonio Casado, y Alejo García Ortega. La lista es muy grande y pido escusas a los que no he mencionado, porque es un artículo que estoy escribiendo sobre la marcha. Toda esta gente está unida a mi vida de una manera sensible.

Libertad y política

PUEBLO fue, desde sus comienzos, hasta su final, empresa pública. El título se adquirió a la familia Blasco Ibañez, y la empresa propietaria era los sindicatos del antiguo régimen. Inmediatamente impuse – y me aceptaron – que, dentro del territorio de limitaciones que se tenía en aquellos años, se hiciera ver todo lo que se pudiera la libertad informativa y de opinión, y un clima de independencia que pudiera respirarlo el lector. ¿Acaso los sindicatos no eran una posición crítica ante la sociedad y ante el Estado por su demanda social? ¿Acaso los empresarios – que estaban dentro de este sindicalismo – no tenían también litigios con el poder en cuanto a las directrices de la política económica? Las respuestas a estas preguntas no eran otras que la propia libertad del periódico para manifestarse. Aquel régimen no tenía el pluralismo político de los partidos, que se corresponde con una democracia; pero tenía el pluralismo de las familias políticas que adscribieron al alzamiento nacional, y aquel régimen, y que eran varias. Cada una de ellas tenía su visión de la política, de los acontecimientos, de la sociedad y del Estado. Eran los falangistas, los monárquicos, los tradicionalistas y los católicos de las dos rasas. El periódico PUEBLO estuvo fuera de todo esto, por mi propia decisión, y la tolerancia de los que regían el mundo sindical. Esa era razón principal de la credibilidad con los lectores, de la ascensión del periódico, independientemente de que tuve el buen cuidado de rodearme de grandes profesionales. Yo no era maestro de nadie, ni de nada. Era, simplemente, un localizador de ingenios, que además tenía la calentura de la profesión. No tuve ningún reparo en las ideas políticas de los que estaban conmigo. Los había de todas las creencias, peor el compromiso no era otro que el de aceptar el territorio y hacer causa común para un periódico que fuera lo más abierto posible.

En lo cultural y con Dámaso Santos a la cabeza, rompimos las restricciones al ingenio español cualquiera que fuera su situación política. En lo político teníamos una clara línea social y apetecíamos una evolución de las formas políticas de poder de representación para alcanzar alguna vez la convivencia entre los diferentes. Y en la noticia del mundo, carecíamos de tabúes. No pudimos hacer muchas cosas que nos gustaban, pero llegábamos hasta los límites posibles. Nunca me sentí un periodista subversivo, pero fui el rector más expedientado de mi tiempo. Cuando publiqué mi primer libro en 1949, cuyo título era ‘La Conquista de la libertad’ pasa a engrosar las filas de los desviacionistas hetederodoxos. No me arrepiento, ni de mis lealtades a algunas cosas de aquel régimen, ni de mis censuras, bastantes personajes, ideas y situaciones. Fui un director polémico que es lo que tiene que ser siempre un director de periódico y en ningún caso obediente, tranquilizante o servil. Entra la carrera política y la carrera periodística preferí esta ultima. Y en ningún caso obediente, tranquilizante o servil. Entre carrera política y carrera periodística, preferí esta última. Es un problema de formación intelectual y arbitraria. Aquel régimen me premió en ocasiones con estas medallas. Me case tres veces,  en muchas cosas no estuve a punto de ser todo esto, me aprecia el ajetreo normal de un periodista.

La decadencia

Tengo que registrar con dolor y sin espíritu crítico, que después de mí comenzó a aparecer la decadencia. Era en aquellos momentos en los que el centrismo gobernaba los periódicos del Estado, y especialmente PUEBLO. Era todo lo contrario de las exigencias democráticas. El centrismo quería voceros y no críticas. Aquel periódico empezaba a desvirtuarse. Uno de sus directores agredía a mi persona, en unos infamantes artículos, con la clara indicación del poder, cuando yo había sido el autor de toda aquella obra.

Posteriormente con la llegada del socialismo al poder, el actual director, que es ese gran profesional José Antonio Gurriarán, recibía una mala herencia, pero el clima del periódico era también el que se correspondía con otra situación del poder: en este caso con el socialismo. Los periódicos solamente se acreditan en nuestro tiempo si los lectores advierten dosis de independencia. El caso es que PUEBLO ha dejado de salir, ha desaparecido y procede hacer este registro objetivo. Ha tenido más me dio siglo de existencia y ha jugado papeles decisivos en los episodios nacionales, en la defensa de una sociedad moderna y en el amor a la libertad. Y como el personaje de más larga duración en el periódico, doy fe de todo esto, manifiesto mi orgullo de haber estado allí. Esta es la historia de una muerte anunciada.

Emilio Romero

17 Mayo 1984

El fin de la prensa pública

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

Con la liquidación de la Prensa del Estado -suave, eufemismo que designaba los medios de comunicación de propiedad pública al servicio del Gobierno-, el Gabinete socialista ha dado un paso plausible en la consolidación de unos criterios de libertad de información homologables a los del resto de los países de Occidente. También ha contribuido a sanear la Hacienda Pública. Sería cínico por nuestra parte no reconocer estas cosas, pero no deben ser las únicas a analizar en un proceso que acaba ni más ni menos que con el cierre casi a traición y por la espalda de un diario de tanta solera como PUEBLO y con el saldo de que sólo uno de los medios de la cadena, SUR, ha sido adjudicado a sus redactores y trabajadores, que han resultado ser, además, quienes han pagado más alto precio por su periódico.Desde un punto de vista político, además, dos pequeños diarios locales, en Córdoba y Jaén, quedarán ligados a una empresa de hálito socialista, mientras que los más potentes de Valencia, Alicante y Oviedo han sido comprados por otra con tendencia a alinearse con las posiciones de la oposición fraguista. En Cantabria, la solución tomada ayer entrega el diario también al partido del Gobierno. A la compra d ALERTA había optado también la sociedad editora de EL PAIS con una oferta 100 millones de pesetas más baja que la que ha obtenido la adjudicación. PRISA había decidido no acudir a ninguna de las subastas anteriores, la de ALERTA incluida, por estimar que los precios y condiciones en que los diarios salían al mercado eran excesivos. Sólo ante el conocimiento de que ALERTA podía cerrarse, dado que nadie había ofrecido el precio de licitación, y debido a vinculaciones personales de buen número de personas de esta empresa con Cantabria, decidió prestar eventualmente su ayuda para tratar de evitar el cierre del diario, cuya continuación está ahora asegurada.

El Gobierno ha venido soportando durante la liquidación de la cadena una campaña de sectores reaccionarios que le acusaban de querer entregar al marxismo y cosas por el estilo los medios del Estado. El balance es que han sido precisamente esos conspicuos denunciantes, o personas afines a ellos, los teóricamente más beneficiados por la liquidación. Decimos teóricamente, dado el elevado precio pagado por la mayoría de los títulos, que si bien resarcirá en algo las escuálidas arcas del Estado, pone en situación de más difícil rentabilidad o estabilidad económica a los medios.

Es lástima que un Gabinete de izquierda no se haya mostrado más imaginativo a la hora de resolver este problema. El PSOE ha pasado casi sin solución de continuidad de defender a voz en grito la onírica posibilidad de una Prensa institucional pagada por todos los ciudadanos a cancelar un diario cómo PUEBLO de un plumazo. Todo indica que desde que subieron al poder los socialistas andan huérfanos de ideas en política de comunicación. De todas formas, hay muchas cosas positivas en las medidas adoptadas, y el reconocimiento de que no es posible una Prensa pública en un país de las estructuras políticas del nuestro merece el aplauso y el apoyo. Ojalá la linealidad de esta lógica que parece haber seguido el ministro de Cultura entrara en la sesera de los responsables de la televisión pública, tan decididos a servirse de ella como si fuera suya. También hay que elogiar el valor político del señor Solana al dar carpetazo a un tema que los otros Gobiernos de la transición no hicieron sino empeorar. Por lo demás, la desaparición de un medio de comunicación es siempre algo triste para la sociedad a la que pertenece. Quizá el cierre de PUEBLO resultara necesario, pero no por eso es menos doloroso.

18 Mayo 1984

El último día en el periódico

Eduardo G. Rico

El de ayer fue un día doblemente doloroso. Una voz enmudecía para siempre y uno de los sartrianos caminos de la libertad se cegaba. Decenas de profesionales perdíamos la cotidiana posibilidad de usar la palabra, de informar a los demás de las cosas que pasan, analizándola, criticándolas, y la imagen de la realidad se empobrecía sin remedio. Sin la voz del periódico se nos ahogaba la propia voz, la cual, por muy modesto que fuera su tono, añadía al concierto de todos un acento insustituible.

Empezamos la jornada engañándonos. Se nos había anunciado que al atardecer nos llegaría la noticia de una decisión sobre nuestro destino, pero el trabajo debería desarrollarse como si nada fuera a ocurrir.

¡No, no van a cerrarnos! Gritó alguien. Y hasta se abrió un juego de apuestas protegido por el instinto de conservación. La apuesta de la esperanza resultó mayoritaria y ayudó a levantar los desmayados ánimos. Los teléfonos sonaban con la insistencia de todos los días. Se recibían las convocatorias para ruedas de Prensa… La realidad contaba con nosotros, luego existíamos.

Se preparó la edición del día siguiente. Los ánimos volvían a desmayarse a la hora de la sobremesa. El Comité de empresa estaba reunido. El director esperaba una llamada telefónica. Javier Solana saldría del Consejo de ministros para darle cuenta de la decisión.

El ministro informó al director. No había salvación. Se nos reunió con urgencia en la sala grande de la Redacción. El director nos habló con voz trémula. Hubo gestos y palabras de estupor, de incredulidad, de indignación y de exasperación.

Los comunistras distribuyeron un comunicado de protesta. Fraga llamó interesándose por la suerte del personal. Hubo una llamada de UGT al director. Un alto responsable de Comisiones nos visitó como muestra de solidaridad. Y el periódico siguió haciendo puntualmente, respondió al plan de exigencias del taller.

La noticia se difundió en seguida por la circular, según pudimos comprobar muy pronto Alejo García formuló por la radio un llamamiento de solidaridad dirigido a nuestros antiguos compañeros. Llegó minutos después el propio Alejo; llegaron Alfredo Amestoy, José María García… Profesionales de otros periódicos nos visitaron: Lola Galán, Plaza, Vázquez de Sola, Aberasturi… ¿Por quién doblan las campanas? Micrófonos de la SER, de Antena 3 Radio, cámaras de televisión. Nos habíamos convertido en noticia. La tristeza presidía todas las frentes; algunas compañeras lloraban quedamente. En su despacho, el director de PUEBLO recibió al portavoz del Gobierno.

Me tocó cerrar la sección de Cultura. Dije adiós a los actos del día: habría tenido que elegir entre la conferencia de Rafael Ansón en Siglo XXI, la de Gamallo Fierros en el Ateneo y la de Ramón Tamames en el Colegio Mendel. Pero ya no me cabía elección. EL director me anunció, que, por fin, entraba la crítica del a obra dramática de Jaime Salom. Era el trabajo de despedida.

Fui rompiendo, no sin melancolía, aunque también con sosiego, las comunicaciones de los actos de la semana, las invitaciones a comidas, cenas, conferencias, presentaciones. Preparé ordenadamente las colaboraciones que tendría que devolver, las justificaciones y disculpas a ausencias irremediables. Era el final.

A partir de la medianoche bajamos al taller. Se trabajaba intensa y aceleradamente en la ‘Nasa’, como llamábamos a los equipos de la nueva tecnología recientemente incorporados. Trabajadores y compañeros, visitantes solidarios, rodeamos la rotativa. Marcaba la una y veinte el gran reloj de la cabecera de la nave cuando la máquina empezó a funcionar. Hubo un nutrido aplauso y muchas lágrimas cuando apareció el primer periódico.

Ya no hubo más, ya no hay más. Se ha ahogado la voz de PUEBLO y sufre la libertad. En la redacción reinan el frío y la soledad. Escribo mientras se me insta a que me apresure porque se procede al cierre definitivo del local. Me dan un minuto. El tiempo justo para firmar. Todo se ha consumado. PUEBLO acaba de morir.

Eduardo G. Rico

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