10 abril 1983

Según el diario económico CINCO DÍAS los ataques forman parte de una maniobra del Grupo16 de Juan Tomás de Salas para presionar al nuevo Gobierno de Felipe González

El Grupo16 inicia una campaña contra su ex accionista Enrique Sarasola, por su condición de amigo millonario de Felipe González

Hechos

Durante el año 1983 DIARIO16 y CAMBIO16 publicaron varios reportajes sobre el empresario D. Enrique Sarasola Lerchundi.

Lecturas

D. Enrique Sarasola Lertxundi había sido uno de los 16 fundadores del Grupo16, el grupo que encabezaba el empresario D. Juan Tomás de Salas Castellano, que era titular del periódico DIARIO16 y de la revista CAMBIO16. En agosto de 1976 el Sr. Sarasola Lertxundi (junto a D. José Félix de Rivera) vendió sus acciones y rompió con el Sr. Salas Castellano.

El 10 de abril de 1983 el periódico DIARIO16 dirigido por D. Pedro J. Ramírez Codina publica un reportaje firmado por D. Horacio Sanglade titulado ‘Sarasola, negocios a la sombra del PSOE’ en elq que se presenta al Sr. Sarasola Lerchundi como un amigo personal del nuevo presidente del Gobierno, D. Felipe González Márquez y en el que se dá a entender que este está siendo beneficiado en sus negocios por el PSOE, presentándosele como alguien controvertido.

D. Lorenzo Contreras consideraba en un artículo publicado en CINCO DÍAS el 21 de mayo de 1983 que los reportajes del Grupo16 contra el Sr. Sarasola Lertxundi eran «el golpe más grave que había recibido informativamente D. Felipe González Márquez» desde que era presidente del Gobierno». Insinuando que el Grupo16 quería hacer valer su influencia sobre La Moncloa. No en balde destacadas figuras provenientes del Grupo16 ocupaban ahora cargos en la administración como D. Ricardo Utrilla Carlón (exdirector tanto de CAMBIO16 como de DIARIO16 al que D. Felipe González había nombrado presidente de EFE).

Coincidiendo con la campaña de ataques contra D. Enrique Sarasola Lertxundi desde el Grupo16 el periódico EL PAÍS publicó un elogioso reportaje sobre su persona el 26 de junio de 1983 firmado por D. José Antonio Martínez Soler.

El 9 de julio de 1983 D. Lorenzo Contreras publica un nuevo reportaje sobre el tema en CINCO DÍAS asegurando que «no se descarta que el precio de una eventual reconciliación entre el Gobierno del PSOE y el Grupo16 sea el sacrificio de Pedro J. Ramírez» dado que – según el Sr. Contreras – D. Juan Tomás de Salas podría estar dispuesto a entregar al PSOE la cabeza del director de DIARIO16 culminando un proceso de discrepancias personales recíprocas».

A pesar de la tensa relación que desvelaba el Sr. Contreras entre el director y el editor de DIARIO16 la ruptura entre ambos no se produciría hasta 1989.

10 Abril 1983

Sarasola, negocios a la sombra del PSOE

Horacio Sanglade

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El hombre de los negocios del PSOE ha saltado a la opinión pública española por la entrevista que mantuvo hace días en Túnez con el dirigente palestino Yasser Arafat. ¿Misión encomendada por Felipe González? o ¿Negocios personales usando la amistad que le depara el presidente del Gobierno? Enrique Sarasola, cuarenta y tres años, es un hombre de negocios muy peculiar que conoció al secretario general del PSOE cuando todavía como ‘Isidoro’ Felipe González llegó a Madrid. Desde entonces, Sarasola no se ha separado de su lado, pese a los enfrentamientos y enfados de Alfonso Guerra para que Felipe deje la amistad de este controvertido empresario que no hace ascos a ningún negocio.

Hace unos días, un hombre desconocido para la gran mayoría de los españoles saltaba a los titulares de los medios de comunicación por haber protagonizado en Túnez, una reunión que tenía el marchamo de secreta o, al menos de ‘reservada’, con el líder palestino Yasser Arafat.

El personaje cumplía, al parecer, un encargo del presidente del Gobierno español. El hombre: Enrique Sarasola Lerchundi, conocido como Pichirri. Su cualidad, ser amigo personal de Felipe González.

Para muchos millones de españoles, el nombre de Enrique Sarasola no dice absolutamente nada; en cambio, para los hombres y mujeres del entorno de Felipe González, para algunas decenas de político y empresario, el nombre es bien conocido.

Entre la cúpula dirigente del PSOE, Sarasola es sinónimo de dinero y de negocios complicados. Y así lo ha sido mucho antes de que conociera a un ‘Isidoro’ que llegaba por primera vez a Madrid con el cargo de secretario general del PSOE, recién estrenado en el congreso de Suresnes.

Amistad

Desde 1975, con toda la larga y azarosa transición política por medio hasta hoy, Sarasola ha seguido conservando la amistad de Felipe González. Los pesólogos mejor informados no dudan en afirmar la estrecha amistad que le une con Sarasola, tanto es así, que el 23-F el matrimonio González confió sus hijos a Enrique Sarasola. Si bien el empresario, para mayor seguridad llevó a su vez a los hijos del secretario general del PSOE a casa de un vecino, por si los acontecimientos terminaban trágicamente.

Estas muestras de amistad llevan a decir a los íntimos del matrimonio González que Sarasola es más amigo de Felipe que de Guerra.

«Son dos conceptos de amistad distintos – sentenciaba una personalidad bien situada en el entorno del poder socialista – ; lo que pasa es que Alfonso, por s forma de ser, le impone a Felipe una seriedad que a veces, después de muchas horas de trabajo, le cansa al secretario general. Es el tono didáctico y profesoral de Guerra de estar arreglando constantemente el mundo lo que llega a sacar de sus casillas a Felipe».

Enrique Sarasola es el reverso de la moneda. No va impartiendo doctrina, le gusta la juerga, mujeriego, amigo del cachondeo, no dramatiza la vida y es una válvula de escape a los problemas cotidianos. Y a Felipe González le gusta evadirse, al menos le gustaba evadirse antes de llegar a la Moncloa, después de trabajar duro.

Hombre de mundo, amigos y adversarios coinciden en calificar a Sarasola como «un hombre muy trabajador y emprendedor, lo que no quita que sus negocios sean del todo claros». A sus cuarenta y tres años Pichirri, como le llaman sus íntimos, conoce a gente influyente de varios continentes y sabe donde encontrar dinero.

¿Pero quién es este hombres que se mueve discretamente a la sombra del poder, es recibido por Arafat, no guarda antesala en las cancillerías de América Latina, tiene negocios de los más variados y sus adversarios llegan a decir, incluso, que «se le dan muy bien las armas»?

Enrique Sarasola es un señor bajito, de unos cuarenta años, que nació en el País Vasco en una familia de clase media y un día deja la Caja de Ahorros donde trabaja porque, según él mismo dice, «allí no habái futuro». Así lo define la periodista Fernando Barciela en su libro «la otra historia del PSOE» editado por Emiliano Escolar en 1981.

Sarasola abandona su País Vasco natal y se va, como tantos otros, a hacer las Américas, se instala en Colombia y comienza a vender libros. La vida es muy dura y hay que afinar bien. Conoce a una rica herdera colombiana con la que se casa, a pesar de las reticencias paternas hacia el españolito sin dinero».

A partir de ese momento se le abren las puertas de la gran burguesía colombiana y comienza a entrar en el mundo de los negocios, específicamente en el campo de las empresas financieras en su relación con valores inmobiliarios. Las versiones son contradictorias llegando a este unto de la vida de Sarasola.

Unos afirman que hizo bastante dinero y se lo trajo a España; otros, que llegó a nuestro país con cierta fortuna, pero no escandalosa: diez o quince millones de pesetas de principios de los años setenta.

Sarasola aterriza en Madrid con José Félix Rivera, español a quien conoció en Colombia. Unidos ambos por los negocios, forman un tándem inseparable. Sarasola se compra una lujosa casa y empieza a pensar dónde invertir el dinero restante.

Estamos en 1971. Es la época de los fondos de inversión, de las empresas fantasmas que surgen de la noche a la mañana para captar los ahorros de los españolitos del desarrollo y poner a trabajar la revalorización del dinero en urbanizaciones de la Costa del Sol que prometen cuantiosos beneficios. Animados por las facilidades legales con que el sistema permite operar, Sarasola y Rivera montan un fondo de inversiones al que llaman Iseco.

Inmobiliaria

Se meten en dos negocios: la urbanización de la costa de Madrid, aledaña a los pantanos, y la construcción de un hotel de apartamentos en Cádiz, que recibe el mismo nombre del fondo de inversiones, que han creado, Isecotel. Los dos negocios traen problemas con los tribunales. Personas físicas y empresas jurídicas se sienten estafadas y ponen pleito a Sarasola.

En el caso del hotel gaditano, sin efectuar los primeros pagos a la empresa constructora contratada, Huarte y Cia., los promotores de Isecotel inician la venta de los apartamentos. Era una práctica habitual de los fondos de inversión de la época que vendían la perdiz antes de cazarla.

La picaresca de lo catálogos a todo color con urbanizaciones lujosas al borde del mismo mar y atractivas señoritas atraían los ahorros y la confianza de los ahorradores. Evidentemente cuando llegaban al paradisiaco rincón se encontraban con una obra a medio terminar en un paraje de polvo y arena. Era la época del escándalo Sofico. Con Isecotel, la empresa constructora Huarte y Cia., entabló pleito contra Enrique Sarasola.

Independientemente de esta actividad financiero-inmobiliaria, Sarasola prueba en la prensa y decide meter un dinero en la sociedad editora de CAMBIO16, que estaba preparando su salida a la calle. Sarasola llegó a la empresa que preside Juan Tomás de Salas de la mano de José Félix de Rivera. Ambos intentaron atraerse a una parte de los dieciséis accionistas que crearon la empresa Información y Publicaciones S. A., para formar un grupo de presión fue desbancara a Salas. Fue en 1976 cuando entraron en pública colisión con Juan Tomás de Salas. El tira y afloja duró un año largo, provocando una muy seria crisis que se saldó con la salida de Sarasola y Rivera de CAMBIO16, obteniendo por sus acciones unos dieciséis millones de pesetas, al venderlas en varias veces su valor nominal. Parte del dinero obtenido fue a parar a la revista CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO.

21 Mayo 1983

CAMBIO Y EL PRESIDENTE

Lorenzo Contreras

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La revista CAMBIO16 ha propinado a Felipe González el peor ataque que éste ha recibido desde que ocupa la presidencia del Gobierno. Lo que algunos columnistas han venido insinuando desde hace algún tiempo ha encontrado en las páginas de la revista una abierta y abrupta expresión que extraña sobremanera. Y extraña porque el POSE y su Gobierno han venido siendo políticamente cortejados por el mundo de ‘los 16’. El ataque informativo invita a suponer que, de alguna manera, se hace ‘pressing’ sobre el inquilino de La Moncloa. Lo extraño es que esta crítica se produzca justamente con posterioridad a las elecciones municipales. Se ha evitado, pues, una denuncia de las amistades de Felipe González con el negociante Enrique Sarasola antes del 8 de mayo.

La revista madrileña de la impresión de comunicar al presidente del Gobierno un aviso sobre sus amistades empresariales y políticas. Decir a los lectores a estas alturas que el Sr. Sarasola es un personaje implicado en asuntos turbios, relacionados con negocios inmobiliarios en la zona norte de Madrid, es tanto como plantearle a Felipe González una especie de ‘affaire Guillaume’ de tono menor, por analogía al conflicto que se le planteó al canciller Willy Brandt. Buena cosa si se piensa que se da al presidente la oportunidad de reflexionar sobre la calidad de sus amigos periodísticos y sobre la lealtad que le profesa el Grupo16, uno de cuyos miembros más representativos, el Sr. Utrilla, fue nombrado hace poco tiempo presidente del consejo de Administración de la Agencia EFE.

La escenografía utilizada por la revista CAMBIO16 no puede ser más hiriente. En preferente lugar aparecen en atuendo popular el jefe del Gobierno español y su íntimo Enrique Sarasola, bajo un epígrafe que les presenta como ‘inseparables’ y que pregunta con enorme carga intencional: “¿Un amiguismo de altos vuelos?”.

Las conexiones de Felipe González con Sarasola eran conocidas desde hace bastante tiempo. De todos modos, muchos periodistas evitaron el aprovechamiento temático de esta equívoca amistad. Entre otras razones, porque esa relación no tiene por qué descalificar al presidente del Gobierno. Una cosa es el señor Sarasola y otra la conducta correcta del presidente, al que no cabe imputar una relación comprometedora con el hombre que actuó como enviado especial suyo en una entrevista con el líder de la OLP. Yasser Arafat.

La revista CAMBIO16 utiliza la fecha del pasado 28 de marzo, es decir, casi mes y medio antes de los comicios municipales, para encuadrar temporalmente los hechos que sirven de punto de partida a su relato. En otras palabras, la revista, al referir los negocios presuntamente irregularidades de Sarasola, cuida el momento en que su crítica se emite. De todos modos, pregunta: “¿Cómo es posible que el señor González, cuyo discurso político lleva siempre por delante la palabra ‘ética’ ampare con su amistad al señor Sarasola, y, en definitiva, quién es el señor Sarasola?

El Partido Socialista Obrero Español da la impresión de no saber cuidar cuáles son sus verdaderos adictos periodísticos.

Al combatir al ‘extraño amigo del presidente’, la revista CAMBIO16 produce en el ámbito de la opinión pública la sensación de que utiliza una cierta independencia crítica. Lo cierto es que el ataque se registra en plena luna de miel de la revista TIEMPO, rival directa de CAMBIO16 con el PSOE. En las últimas horas la esposa de Felipe González y éste mismo, por consecuencia, entraban en la relación de personajes del año designados o elegidos por la publicación dependiente del señor Asensio.

En el relato que CAMBIO16 hace de los negocios de Sarasola en la zona madrileña de San Martín de Valdeiglesias se formula la siguiente interpretación: “La opinión pública en el pueblo, las víctimas del asunto y hasta algunos de los cómplices atribuyen el letargo judicial a las grandes influencias de que alardea don Enrique Sarasola y, en especial, actualmente, a su facilidad para entrar en la Moncloa”.

Resumiendo: el reportaje de CAMBIO16 puede ser interpretado como el golpe más grave que ha recibido el presidente desde que ocupa el cargo al que le elevaron los votos populares del 28 de octubre de 1982.

Lorenzo Contreras

26 Junio 1983

Enrique Sarasola, el empresario que siguió a Felipe

José Antonio Martínez Soler

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Este joven vasco de 45 años, impulsivo e intuitivo, listo como el hambre y rápido como un lince, tierno y bruto, desdramatizador y hombre de mundo, algo chulo de apariencia y de modales, cambió el Jaguar por el Ritmo y, según sus palabras, ‘la riqueza de la felicidad’. El apóstol de Felipe, que predica sin éxito en el desierto de la derecha, sigue luciendo una simpatía cautivadora, se declara fiel a sus amigos hasta morir y es, a la vez, empresario, socialista, católico, descarado y sentimental.

Cunado sonaron las metralletas en el Congreso de los Diputados, en la tarde del 23 de febrero de 1981, Enrique Sarasola dio un brinco en su despacho y salió disparado hacia la casa de Felipe González. Lo primero era poner a salvo a la mujer y a los hijos del actual presidente de Gobierno. Dicho y hecho.

A la mañana siguiente, cuando los diputados del Partido socialista fueron liberados y se dirigieron hacia el hotel Palace, entre abrazos y llantos de emoción y agotamiento, sólo un hombre podía haber previsto, en aquel dramático instante, que los padres de la patria tenían hambre y sed. Por orden de Sarasola, apóstol de la intendencia en el PSOE, los camareros del Palace distribuyeron bocadillos y refrescos para levantar los ánimos, destemplados por la tensión del largo secuestro.

Tanto en los pequeños detalles de andar por casa (para colocar a un botones o a una asistencia) como en las graves cuestiones de Estado (se tutea con más de una docena de actuales jefes de Estado o de Gobierno), la figura de Enrique Sarasola, como la de Juan el Bautista, aparece con frecuencia preparando silenciosamente los caminos de su señor.

09 Julio 1983

GRUPO 16 – GOBIERNO ESBOZO DE UNA RIÑA

Lorenzo Contreras

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El ruido organizado con las escuchas telefónicas tiene todos los visos de responder a una definitiva tensión entre el Grupo16 que edita CAMBIO16 y el DIARIO16 y el Gobierno de Felipe González. Estamos ante una sorprendente historia. El mundo de Juan Tomás de Salas parecía perfectamente avenido con aquel. El presidente asistió, por ejemplo, a la fiesta de aniversario del periódico, e hizo con De Salas y Pedro José Ramírez, la escena del sofá. Resultaba verdaderamente espectacular ver al gran triunfador de las elecciones dando con su presencia una especie de espaldarazo a estas personas. Era toda una conexión con el poder la que parecía recomponerse. El Grupo16 había estado ligado financieramente a UCD y a su Gobierno. Podía ocurrir entonces que la liaison con la Moncloa no llegase a conocer en la práctica ninguna interrupción, o como suele decirse, solución de continuidad. La victoria de González había sido saludada en DIARIO16 clamorosamente. La palabra “pre-si-den-te” ocupó con caracteres catastróficos toda la expresión de primera página. Los liberales De Salas y Ramírez daban la impresión de arrojar por la borda toda la doctrina de Manchester. Garrigues era un horizonte eclipsado. Una luna de miel con el PSOE y su Gobierno iniciaba su trayectoria aparente. Ricardo Utrilla, hombre de confianza de Salas, se convertía en director de la agencia EFE. Las relaciones de Oneto, director de CAMBIO16, seguían manteniendo un buen tono y un correcto nivel. De pronto, sin que nada o muy poco trascendiera, Hacienda envió inspectores a la revista. ¿Por qué? La impresión de una operación de castigo estaba creada. CAMBIO16 no tardó en reaccionar. Apuntó al panel de las relaciones personales de Felipe con el industrial Enrique Sarasola, hombre del Grupo16 en otro tiempo y luego mortalmente enemistado con De Salas, y disparó sus baterías periodísticas. El reportaje fue duro, pero su eco, aparentemente escaso. Se había trasladado a la persona del presidente. La crítica de una amistad. Era como si, por la vía de los sentimientos cordiales, se pudiese incurrir en contaminación. Varias semanas después, el suplemento dominical de EL PAÍS publicaba una hagiografía de Sarasola. Su figura pasaba rápidamente del entredicho al santoral.

Esta era la situación, cuando sobrevino el episodio de las escuchas telefónicas atribuidas por DIARIO16 al vicepresidente Guerra, cuya vida privada, por otro lado, había sido ya puesta en voz de pregonero desde las páginas del periódico.

El desenlace de esta lucha es incierto. No se descarta que el precio de una eventual avenencia o reconducción sea el sacrificio de Pedro José Ramírez. El señor De Salas podría entregar su cabeza, culminando un proceso de discrepancias personales recíprocas. DIARIO16 es un periódico que indiscutiblemente ha crecido bajo la batuta de su joven director actual. Su tirada es alta para lo que se estila en la Prensa española. Ahora bien, le falta más soporte publicitario. Este puede ser el drama que explica una dificultad.

La otra historia – el porqué de la interrupción de las buenas relaciones iniciales entre el Grupo16 y el PSOE – forma parte de lo hasta ahora oculto. La situación se ha politizado grandemente. Coalición Popular ha enviado a los 16 un mensaje de amistad. La proposición no de ley suscrita por los fraguistas para que las inspecciones fiscales pasen por el tamiz de la Comisión Constitucional del Congreso, es todo un síntoma.

Lorenzo Contreras

El Análisis

EL MAYOR ENEMIGO SIEMPRE ES UN EXAMIGO

JF Lamata

Enrique Sarasola tuvo mucha fortuna en muchos negocios, pero entre ellos no estuvo el sector mediático donde no consiguió tener medios potentes para poder apoyar a su amigo Felipe González. Su intento de controlar CAMBIO16 le salió mal y optó por abandonar el barco. Durante los primeros años posteriores a su marcha CAMBIO16 guardó silencio. Pero en 1983, tras llegar Felipe González al poder y mejorar Sarasola en sus negocios, el principal dueño de CAMBIO16, Juan Tomás de Salas, inició una campaña en su contra. Sarasola entonces optó por no contestar. Aunque los constantes ataques de su exsocio Salas, terminarían por hartarle y hacerle romper su silencio en 1990.

J. F. Lamata