2 julio 2002

Inminente desmembración del conglomerado francés

El hundimiento del grupo francés Vivendi causa la destitución de Jean Marie-Messier como su presidente

Hechos

El 2.07.2002 Jean-Marie Messier abandonó la presidencia del Grupo Vivendi.

Lecturas

Fortou   Fortou será el nuevo presidente del Grupo Vivendi.

02 Julio 2002

Messier, al final de la escapada

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Leer

Decía Balzag que el éxito es un veneno que hay que tomar en pequeñas dosis. El éxito se le atragantó a Jean-Marie Messier, que, tras ser aclamado como un genio de los negocios hasta hace muy poco, dimitirá en las próximas horas como presidente de Vivendi.

Messier se jactaba de ser un entrepeneur a la amaericana y despreciaba la cultura francesa de hacer los negocios. Era un entusiasta partidario de crecer mediante una estrategia de fusiones y creía que el futuro estaba en la nueva economía  y las comunicaciones. Católico y conservador, se consideraba por encima de los dirigentes políticos a los que tachaba en privado de mediocres.

Jean-Marie Messier fue nombrado en 1996 presidente de CGE, empresa dedicada al suministro de agua y a los servicios, y se propuso desde el primer momento convertir al grupo en un gigante mundial de la comunicación. Lo consiguió gracias a la adquisición de Seagram, la multinacional canadiense que controla la productora Universal. Messier fusionó las dos compañías y bautizó al recién nacido con el nombre de Vivendi, un gigante con 320.000 empleados y una facturación de casi 60.000 millones de euros.

Vivendi llegó a ser el valor estrella de la Bolsa de París a comienzos de 2000, pero sus acciones descendieron desde 150 a 24 euros. Su elevado endeudamiento (19.000 millones de euros) y las astronómicas pérdidas experimentadas el año pasado, las mayores soportadas jamás por una empresa francesa, sellaron definitivamente la suerte de Messier.

Messier fue un visionario de los negocios, del a misma forma que lo fueron Kenneth Lay, el fundador de Enron, o Bernard Ebbers, el alma mater de WorldCom. Pero, al igual que en estos dos casos, su personalidad meglaómana llevó a su empresa a asumir riesgos indebidos y a expandirse a costa de incrementar el endeudamiento.

Su gestión ha sido sencillamente un desastre, lo que pone en cuestión el buen juicio de los que le nombraron para gestionar una compañía que ha estado a punto de destruir.

03 Julio 2002

Vivendi, la crisis de un modelo

LA RAZÓN (Director: José Antonio Vera)

Leer

Francia – los consejeros galos en Vivendi Universal – ha puesto fin al sueño americano de un visionario francés, Jean-Marie Messier, que ambicionó un imperio mediático en ambos lados del Atlántico bajo la bandera de la globalización y aún a costa de traicionar los valores de la excepción cultural francesa. Allí donde sólo hace unos meses fracasaron los intentos del derrocamiento del patrón, a manos de los consejeros americanos, sus viejos colegas han arrojado la toalla y puesto a su cabeza el precio de la factura para salvar lo que se pueda del grupo. Vivendi se ha contagiado por la misma explosión de la burbuja tecnológica que causa estragos en las empresas.com y devuelve todo su valor a la economía tradicional. Se endeudó en tiempo de vacas gordas para ingresar en un proyecto multinacional, con los estudios de cine Universal como insignia anglosajona y CANAL PLUS y Havas como contraparte europea; creó un entramado de empresas de telecomunicaciones, internet, comercio electrónico e incluso compró parte de la española FCC (que recupera ahora su rumbo tradicional y mejora en expectativas) para potenciar su división de servicios y distribución de aguas y no ha podido afrontar pérdidas de 14.000 millones de euros.

Messier se marcha para que la empresa tenga futuro, pero ante su catástrofe bursátil de ayer en París, nadie garantiza que no vaya a ser troceada, algo que puede tener consecuencias en España, donde posee parte de Sogecable y es una llave para el control de la plataforma resultante del a fusión de VÍA DIGITAL y CANAL SATÉLITE DIGITAL

02 Julio 2002

El símbolo Messier

LA VANGUARDIA (Director: José Antich)

Leer

Pendiente tan sólo de la correspondiente indemnización y, posiblemente, de una cierta inmunidad judicial, el hombre que transformó una venerable compañía francesa de agua corriente y alcantarillado, la Compagnie Generale des Eaux, en el segundo grupo  mundial de comunicación, Jean-Marie Messier, abandonó ayer en la práctica la presidencia de Vivendi Universal.

La salida de Messier se produce menos de tres meses después de que ‘l´enfant terrible’ de la nueva economía francesa fuera abucheado en la junta general de accionistas del consorcio empresarial  que había creado sobre la base de la adquisición de numerosas empresas y el correspondiente endeudamiento. La deuda y el hundimiento de la acción han supuesto el fin de Messier, de tan sólo 45 años.

Hasta aquí, nada demasiado novedoso; el clásico ejecutivo codicioso – tras anunciar las mayores pérdidas presentadas por una sociedad en la historia mercantil de Francia, reveló que él se había adjudicado un paquete salarial anual cercano a los 5 millones de dólares – que creyó que la nueva economía revolucionaría la medición del valor de las empresas.

Pero Messier fue más allá. A finales del año pasado, el presidente de Vivendi Universal afirmó, sin ningún pesar, que la llamada excepción cultural francesa, el sistema de proteccionismo cultural que garantiza las cuotas idiomáticas en el cine y la televisión del país vecino, debía morir, lo que provocó un considerable revuelo. El propio presidente Chirac afirmó que tratar la cultura y el arte como simples mercancías era una ‘profunda aberración mental’. El ultimátum a Messier se produce apenas 15 días después de la reelección de Chirac.

08 Julio 2002

Adiós a los últimos visionarios

Casimiro García Abadillo

Leer

La caída de Jean-Marie Messier va a tener repercusiones a corto plazo en el negocio de la televisión y el cine en Estados Unidos, y, por supuesto, en Europa.

Messier, dicen sus exegetas, ha sido un visionario. Transformó una compañía de aguas, Générale des Eaux, con intereses en el sector de la construcción (su ex compañía tiene una participación del 27,7% en la española Fomento de Construcciones y Contratas), en un conglomerado mediático con una fuerte implantación en la televisión de pago (Canal Plus), la publicidad (Havas), publicaciones (editoriales y revistas como L’Express), Internet (Vizzavi), telefonía (Cegetel), etcétera.

Hace dos años, Messier quiso convertir a Vivendi en un imperio mediático global y adquirió el grupo Seagram (propietario de los estudios Universal, cuyo último éxito ha sido Una mente maravillosa) mediante un intercambio de acciones por valor de 34.000 millones de dólares. A renglón seguido le compró a Barry Diller su empresa de televisión por cable USA Network, por la que pagó 11.000 millones de dólares. En fin, en 24 meses, Messier ha invertido 100.000 millones de dólares (unos 101.000 millones de euros o más de 16 billones de pesetas) en construir su grupo integrado de comunicación, del que separó el negocio tradicional de agua y ladrillos, ahora encuadrado bajo el paraguas de Vivendi Environnement.

Otros visionarios de la integración vertical, como Steve Case y Richard Pearson (AOL Time Warner), o, a un nivel mucho más modesto, Juan Villalonga (Telefónica), intentaron algo similar, pero Messier llegó mucho más lejos que ellos.

Crecer en un mercado alcista resulta relativamente fácil. Uno puede pagar sus adquisiciones con acciones infladas y endeudarse por encima de los recursos propios de la empresa, porque en esos momentos de euforia los expertos (los bancos de inversiones, los fondos, etcétera) sólo valoran las expectativas. Y, durante unos años, la burbuja financiera no dejó de inflar justo los negocios donde Messier había puesto el ojo: la nueva economía, las telecos y la televisión.

El estallido de la burbuja sorprendió a Vivendi en plena digestión.En 2001, sus pérdidas alcanzaron una cota histórica: 13.600 millones de euros. Sólo las deudas de Vivendi Universal alcanzan los 19.000 millones de euros (una cantidad que se eleva a 34.000 millones si se incluyen las de Vivendi Enviornnment). Desde que compró Seagram, en junio de 2000, Vivendi ha perdido en bolsa 71.000 millones de euros.

Aún con todo, echar a Messier no ha sido nada fácil. En abril, cinco días antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Messier despidió a Pierre Lescure, presidente de Canal Plus, a quien hizo responsable de las fuertes pérdidas del grupo. Aunque Lescure era bien visto por el gobierno que entonces encabezaba el socialista Lionel Jospin, Messier era objeto de críticas tanto por parte del presidente Chirac, como por parte de la izquierda por su política de abierta confrontación a la llamada excepción cultural, que impone duras restricciones a las televisiones en defensa de la cultura francesa.

Messier no supo medir sus fuerzas. En Francia estaba considerado como un gestor proclive en exceso a los gustos anglosajones y demasiado ostentoso. «No le pidas a un presidente ejecutivo que sea modesto; un fuerte egoísmo sienta bien», solía decir Messier cuando alguien criticaba su indisimulada egolatría.

Como algunos de sus colegas visionarios de finales del siglo XX (¿no les recuerda en todo esto a Villalonga?), Messier se creyó un rey del universo y, por tanto, se sintió con derecho a vivir como tal. Dejó París, se marchó a Nueva York e hizo que Vivendi le pagara un lujoso apartamento en Park Avenue valorado en 17,5 millones de dólares (casi 3.000 millones de pesetas).A pesar de las críticas de sus accionistas se aferró al cargo como una lapa. A finales de junio la situación era ya insostenible.Bernad Arnault, presidente de la compañía de artículos de lujo LVMH, abandonó el consejo. Edgar Bronfman (heredero de la familia propietaria de Seagram, que ahora es la principal accionista del grupo) encabezó la rebelión en Estados Unidos. Cuatro días antes de presentar su forzada dimisión, declaró a un grupo de analistas: «Estaré encantado de seguir gestionando esta compañía con la colaboración de mis accionistas durante los próximos 15 años». Genio y figura.

Al final, la pérdida de apoyo de sus principales bancos acreedores, Société Générale, Banque Nationale de Paris y Deutsche Bank, y la decisión adoptada el pasado lunes por Moody’s de situar el status de su deuda al mismo nivel que los bonos basura, fue la puntilla para el orgulloso Messier. Aún con todo, la compañía tendrá que pagarle por su blindaje una indemnización de 18 millones de euros (casi 3.000 millones de pesetas, el triple de su salario en un año).

Messier (a quien algunas publicaciones llamaban Mr. Universe) ha sido sustituido al frente de Vivendi por Jean-René Fourtou, un experto en reestructuraciones, educado en la elitista Escuela Politécnica, que sacó de apuros a la farmacéutica Rhóne-Poulenc y la fusionó con la alemana Hoechst, matrimonio del que nació Aventis, donde, hasta hace unos días, ocupaba la vicepresidencia.

Fortou es el anti-Messier. Partidario del refrán «zapatero a tus zapatos», considera que Vivendi debe refugiarse en su negocio tradicional. Rehuye a los medios y es, en cuestiones de gestión, un clásico: lo importante es el cash flow, adiós al ebitda. Además, Fourtou mantiene una fluida relación con el presidente Chirac (quien le llamó en su día para reconducir Rhóne-Poulenc). Fourtou tiene ahora pocas opciones para resolver su gran urgencia: atender el pago de la deuda. Antes de que termine este mes vencen créditos por valor de 1.800 millones de euros (casi 300.000 millones de pesetas).

Los analistas no ven otra salida que la venta de activos con el fin de recabar ingresos que alivien la losa de los créditos.

Conociendo a Fourtou es muy difícil que opte por desprenderse de los activos tradicionales. La venta de los negocios relacionados con el ocio y las publicaciones (es decir, Universal Studios, Universal Music, VU Publishing y Networks TV) podría reportarle a Vivendi los 20.000 millones de euros que necesita para saldar su deuda. Sin embargo, es probable que necesite deshacerse de otros activos que le generan pérdidas, como es el caso de su participación en Sogecable.

La decisión final la conoceremos en septiembre, pero nadie duda de que si Fourtou recibe una buena oferta por su participación en la compañía española, la venderá.

La perspectiva de un nuevo cambio de dueño en Sogecable ensombrece un poco más el futuro de la fusión con Vía Digital. En este nuevo escenario, es casi seguro que Mario Monti va a reclamar la jurisdicción de la Comisión Europea para decidir si se lleva adelante o no la unión de las dos plataformas digitales.

Las incógnitas que se ciernen sobre el embrión de monopolio en la televisión de pago aumentan exponencialmente si se tiene en cuenta que el acuerdo de accionistas que liga a Canal Plus Francia al Grupo Prisa concluye a finales de este año. Las especulaciones sobre el futuro de la plataforma única aumentan a medida que se conocen los datos sobre la verdadera situación financiera de Vivendi. Sin embargo, la lista de posibles compradores no es como para tirar cohetes.

Según está el panorama (el estallido de la burbuja ha afectado a todo el mundo), sólo BSkyB (propiedad de Rupert Murdoch), o el grupo alemán Bertelsmann, estaría en disposición de comprar.Otra alternativa sería que Telefónica se decidiese a dejar en minoría a Polanco y optara por comprar la participación que le corresponde a Canal Plus Francia en la plataforma única. Si esa opción se lleva a cabo, será contra la opinión del presidente de la compañía, César Alierta.

En todo caso, suceda lo que suceda, es casi seguro que Polanco ya no va a tener la llave para decidir el futuro de la televisión de pago en España. Lo que no ha podido hacer el Gobierno en varios años, es probable que lo logre un vendaval que se ha llevado por delante a los últimos visionarios.