26 junio 2002

El primer ministro italiano había acusado a los periodistas que dirigían los dos programas suprimidos de hacer un uso 'criminal' de la televisión pública por haberle comparado con el dictador Mussolini y a su partido con la Mafia

La televisión pública italiana suprime los programas de Enzo Biagi y Michele Santoro después de que insultaran a Berlusconi

Hechos

  • El 26.06.2002 la RAI (televisión pública italiana) anunció la supresión de los programas ‘Il Fatto’ de Enzo Biagi y el debate semanal que presentaba Michele Santoro. El 31 de diciembre de 2002 Enzo Biagi finalizó su relación contractual con la RAI tras 40 años en esa empresa.

Lecturas

El 31 de mayo de 2002 se emitió el último capítulo de Sciuscià del presentador Michele Santoro en la televisión pública italiana RAI. Santoro es un detractor del nuevo primer ministro Silvio Berlusconi. La junta directiva de la Rai, de mayoría centroderecha, canceló el programa por «motivos de protección empresarial»; Biagi (la relación cesó debido a la expiración del contrato y no se renovó) y Luttazzi también fueron despedidos y retirados de Rai. El presidente de la Rai, Antonio Baldassarre , llegó a decir que «el programa de Santoro no es digno de un país civilizado. Puede ser bueno para Venezuela, no para Italia». A partir de ese momento Santoro inició su batalla legal contra la RAI para volver a conducir un programa en la televisión pública en atención al contrato firmado en 1999, pero a la vez se meterá en política aceptando en ir en candidaturas de izquierda para diputado (El Olivo).

LA SALIDA DE BIAGI

Este es el final para Enzo Biagi, de una larga disputa entre él y Rai, con numerosos giros y vueltas y una interminable serie de negociaciones que vieron primero el cambio de la franja horaria del Hecho, luego su transferencia a Rai 3 y finalmente su cancelación de los horarios. Biagi, sintiéndose burlado por la alta dirección de Rai y creyendo que nunca le confiarían ninguna transmisión, decidió en septiembre no renovar su contrato con la televisión pública, que fue rescindido tras 41 años de colaboración el 31 de diciembre de 2002 . Durante 2002 las relaciones con Berlusconi se deterioraron cada vez más por el prejuicio moral que era fundamental para Biagi; de hecho, al respecto decía: «cualquiera que haga chistes como los de Berlusconi demuestra que, por más que pise los talones, no está a la altura. Un Primer Ministro que tiene cuentas abiertas con la justicia debería haber tenido la decencia de saldar primero sus trámites legales y luego proponerse como líder del país. ( Il Fatto , 8 de abril de 2002)» En noviembre del mismo 2002 se convirtió en uno de los fundadores y garantes de la asociación cultural Libertà e Giustizia , a menudo crítica con la labor de los gobiernos encabezados por Berlusconi.

La nota de LA VANGUARDIA:

La Federación Internacional de Periodistas ha definido como “intolerable” la actual situación de la RAI, la televisión pública italiana, donde dos espacios políticos criticados por Silvio Berlusconi han sido retirados de la programación. Los presentadores de estos programas son dos prestigiosos periodistas italianos de talante progresista, Enzo Biagi y Michele Santoro, de quienes Berlusconi dijo que mostraban una actitud “delictiva” que no tenía cabida en un servicio público como la RAI. Adam White, secretario general de la federación de periodistas, ha deplorado estas medidas y criticado las ingerencias políticas.

BERLUSCONI A SONTORO: «¡CONTÉNGASE, ES USTED UN EMPLEADO DE UN SERVICIO PÚBLICO!»

berlusconi_santoro_2002  Silvio Berlusconi llegó a llamar telefónicamente en directo al programa de Michelle Santoro en la RAI para protestar en directo con su actitud contra él y su partido: «¡Santoro es usted un empleado del servicio público! ‘¡Conténgase!», a lo que Santoro respondió: «¡Yo soy un empleado del servicio público, pero no soy un empleado suyo, Berlusconi!».

 

 

09 Marzo 2002

Yo, Silvio

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Leer

Silvio Berlusconi está ocupando el Estado como si de una de sus empresas se tratara. El último paso es la amenaza de purgar a directores de institutos de Italia en capitales como Londres o París, pues, como ha indicado el subsecretario de Cultura, Italia tiene hoy otras ‘exigencias culturales’ y quiere proyectar otra imagen, criticando que estos centros hayan dado espacio a intelectuales y artistas de la izquierda. El caso más destacado es el del escritor Mario Fortunado, en el centro cultural italiano de Londres, que ha recibido el apoyo de intelectuales como Umberto Eco, el dramaturgo Harold Pinter o el novelista Salman Rushdie, perseguido por el fundamentalismo de Jomeini.

Si lo que pretende Berlusconi es evitar que se proyecte una mala imagen de Italia, no podría obrar peor. Tras la dimisión del consejo de administración de la Bienal de Venecia, que el nuevo régimen quiere tomar bajo su tutela, el Gobierno de Berlusconi da muestras de un total partidismo, que refleja también la necesidad de buscarles cargos públicos a los suyos.

Con ser importantes para el mundo cultural, estos pasos, sin embargo, son la gota de agua en la ocupación del poder por Berlusconi, tras su indudable triunfo en las urnas. Pero el magnate mediático reconvertido en político parece apuntar a una peligrosa democracia plebiscitaria, sin renunciar a ninguna de sus propiedades. Frente a sus promesas en la campaña electoral de que resolvería la anomalía que supone que el presidente del Gobierno sea también el principal propietario de medios de comunicación en Italia, ha hecho aprobar por su mayoría parlamentaria una vergonzante ley que no sólo no resuelve, sino que consagra este conflicto de intereses. Sólo obliga a dimitir de sus puestos a los directivos de empresas que pasen a cargos públicos, no a sus propietarios. Ridículamente, a resultas de esta ley, Berlusconi sólo tiene que renunciar a la presidencia honoraria del A. C. Milan, como si en lo único que tuviera que ser neutral un presidente del Gobierno es en materia de fútbol.

Él suma. Ha nombrado a la cabeza de la RAI, la radiotelevisión pública italiana, a una persona de su confianza. Todo apunta, además, a que romperá la tradición italiana de repartir el control de las cadenas públicas de televisión entre los diversos partidos del espectro parlamentario. Sumado esto a las cadenas de su propiedad, Berlusconi se garantiza el control sobre el 90% de la audiencia televisiva, acumulación que choca con un principio democrático elemental como es del pluralismo de los medios de comunicación.

Se ha hecho aprobar otras medidas legislativas que frenan la colaboración judicial, especialmente la internacional, y cercenan las posibilidades de que prosperen los casos aún pendientes contra él en Italia, España u otros países. Ha aceptado la orden europea de captura y entrega, pero está por ver cuándo adaptará la legislación italiana que permita trasladarla al ordenamiento interno.

Una izquierda dividida ha despertado tarde, y sólo empujada por movimientos ciudadanos o por llamamientos de intelectuales y artistas, como el del director de cine Nani Moretti. Pero, finalmente, logró reunir a varios centenares de miles de personas el pasado fin de semana en Roma en una manifestación contra los abusos de Berlusconi, en cuyo horizonte de abril apunta una convocatoria de huelga general. Mientras, algunos líderes europeos, como Aznar, Blair y ayer Schröder, parecen cortejar al italiano, pese a los insultos proferidos contra la UE por uno de sus socios, Umberto Bossi, líder de la Liga Norte. Por menos se tomaron medidas contra el austriaco Haider.